A padres y profesores…

15 septiembre, 2018

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Cuando algo en nuestra vida no va como desearíamos e intentamos solucionarlo, en ocasiones, lo que puede aumentar aún más la dificultad, es continuar haciendo lo mismo. Insistimos e insistimos pero inevitablemente llegamos al mismo punto. Para salir de ese callejón sin salida, tal vez la solución esté en escapar de las premisas autoimpuestas. Si quiero obtener resultados distintos tendré que hacer cosas diferentes.

En el ámbito de la educación es sencillo caer en todo lo dicho anteriormente, pero atreverse a cambiar no es tarea fácil. ¿Qué profesor no desea que sus alumnos vayan motivados al colegio?, ¿qué padre no quiere que su hijo aprenda?, ¿qué alumno no desearía ir al cole con la sensación de “voy a un sitio que me gusta”?, entonces, si todas las respuestas a estas preguntas son obvias, ¿por qué eso no ocurre?.

Claudio Naranjo, en una de sus entrevistas dice que “hoy en día se estudian las competencias que están ligadas al HACER, a lo productivo y hay poco del desarrollo humano. Hoy se educa para pasar exámenes”.

Entendemos que una persona adulta  en un trabajo de ocho horas, termine agotada, estresada y frustrada si en este hay objetivos semanales a cumplir, tiene que entregar cada poco evaluaciones a sus jefes y además llevarse trabajo a casa casi todos los días. Es más, nos parecería lógico que quisiera cambiar de empleo. ¿Por qué es sencillo entender esto en un adulto, y no en un niño y adolescente cuando quizá lo que está viviendo es lo mismo?

Si la educación es lineal y sin cambios, los resultados tampoco variarán. Es más fácil que me apetezca estudiar, aprender, atender si siento que en clase puedo participar y me enseñan a hacerlo y no a aprender por repetición, si siento que cómo niño/adolescente que soy, es decir, como persona, se me escucha y se tiene en cuenta lo que digo y pienso, no se me etiqueta en función de unas notas y si las clases no fuesen tan previsibles seguramente mi curiosidad entraría en juego haciendo que apareciese la motivación para ir al colegio.

En todo esto padres y profesores tenemos una responsabilidad fundamental. Los profesores pueden ser esas personas a las que sus alumnos admiren y consideren un referente. ¿Y si soy yo quien descubre que ese niño al que se le dan mal las matemáticas tiene un talento asombroso para la narrativa? ¿cómo se sentiría ese alumno? Seguramente estaría muy agradecido por el descubrimiento y por sentir que alguien confió en él y vio algo que nadie más tuvo en cuenta. Esa es la razón por la que cada niño merece ser educado de la manera en la que él lo va a aprovechar mejor.

Todos tenemos un talento, algo que comprendemos con facilidad y que nos gusta, algo que nos hace únicos; y la educación es la generadora de ese talento, como explica Jose Antonio Marina, por eso es tan importante que yo aliente a mis alumnos, a mis hijos a encontrarlo, y si descubro algo que me apasiona, el tiempo que dedico tomará una cariz diferente e ir al colegio se convertirá en algo que elija.