¿Alguna vez te has sentido invisible?

2 septiembre, 2017

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Este verano he vivido varias situaciones que llamaron poderosamente mi atención y me gustaría compartir.

La primera ocurrió cuando una noche salimos mi marido y yo a cenar, hecho bastante insólito porque con los peques lo de tener tiempo para nosotros es un lujo que suele escasear; y al finalizar la velada, con la mayor de las normalidades pedí la cuenta. Mientras esperábamos saqué de la cartera el dni y la tarjeta y los coloqué sobre la mesa, pero cuál fue mi sorpresa, cuando a pesar de haber pedido yo la cuenta, el camarero sin ni siquiera mirarme y dándome la espalda le entregó directamente a mi marido la bandejita para que lo abonara. Mi marido cogió mi tarjeta, tecleo los números y cuando se fue el camarero entre risas me dijo “ala ya tienes para escribir en el blog”. Dicho y hecho.

Me sentí invisible…, como si fuera un jarrón….el camarero tenía ya interiorizado que mi marido, por ser hombre, era quien iba a costear la cena. Me quedé tan alucinada que desde entonces he ido observando situaciones cotidianas y en apariencia absurdas pero en las que por desgracia salen a relucir en negativo, las diferencias de género.

En la playa, esto me da hasta la risa decirlo porque me parece una situación tan absurda…, cuantas veces seguro que como yo has visto la situación que voy a describir. Familia que acaba de llegar a la playa, y después del desembarco de Normandia llega la hora de echarse la crema. Esa madre que primero reboza bien a sus pequeños (raras veces he visto a los padres hacer esto, a no ser que vayan solos) y cuando acaba con ellos, empieza con el marido, el cual se queda igual de quieto que los niños mientras su madre-mujer le esturrea la crema para que no se queme. Pero ojo, que también ocurre esto en las parejas jóvenes de enamorados y sin descendencia.

¿Pero acaso ellos no tienen manos?, ¡que no son niños por el amor de dios!. Porque lo contrario no lo he visto nunca, lo máximo que me he encontrado es que el chico le eche a ella crema en la espalda por aquello de no llegar bien con las manos, pero ¡ya está!.

Lo peor de todo es que lo consideramos algo normal…y ya sé que lo de la crema es algo insignificante, el problema es que es un fiel reflejo de lo que una gran mayoría de hombres y mujeres dan por hecho en sus relaciones y en sus vidas, independientemente de la edad y la clase social.

Y la última ocurrió hace poco, cuando después de llevar dos horas en una reunión, el marido de una amiga ya la estaba llamando porque se había quedado él con los niños y ya no podía más. Todos nos podemos saturar de los peques porque en ocasiones son agotadores, cierto es. Pero cuántas veces se queda la mujer horas y horas con los retoños mientras el padre trabaja, sale a hacer deporte o está en casa pero es como si no estuviera. Da la sensación de que lo normal es que sea la madre la que se quede con los niños, y si lo hace el padre, sin duda es un padrazo o le está haciendo un favor a su mujer (debe ser que los hijos sólo son nuestros).

Escribo este blog con la intención de que revises tu vida, tal vez te estés cargando con mas cosas de las que te corresponden o por el contrario, estés delegando en exceso. Si estás en la segunda opción, piensa que todo aquello que no haces tú lo hará otra persona que seguro está sobrecargada, y lo de “es que se le da mejor” o “está mas acostumbrada/o” son excusas para niños o para personas que buscan el escaqueo porque las responsabilidades no van asociadas sólo al área laboral. Ah y lo de “yo ayudo ” no es valido si de lo que hablas es también tu casa o tus hijos, imagino que tu pareja busca un compañero, no un colaborador.