Respira….técnicas de respiración

¿Te has fijado alguna vez en cómo es tú respiración? ¿Has visto que ésta cambia en función de tu estado emocional? Por ejemplo, cuando estás nervioso o cuando algo te da miedo, probablemente notarás que tu respiración se vuelve más rápida, agitada, suspirosa….lo que da lugar a un exceso de oxigenación y provoca una disminución drástica de los niveles de dióxido de carbono….situación frente a la cual el organismo reacciona aumentando las sensaciones de ahogo, provocando sensación de ahogo, opresión en el pecho, calor, hormigueo, visión borrosa, sensación de irrealidad… Fíjate, sin embargo como es tu respiración cuando te encuetras totalmente relajado y tranquilo…¿Notas la diferencia?

Y es que la respiración es fundamental en los seres vivos. La respiración es un proceso de suma importancia en la regulación fisiológica y metabólica del organismo. En los problemas de ansiedad tiene también una incidencia crucial.

A través de la respiración introducimos aire limpio en nuestros pulmones del que extraemos el oxígeno que necesitamos, expulsando anhídrido carbónico de nuestra sangre. Por ello, respirar correctamente tiene gran importancia para nosotros. La correcta respiración nos permite una adecuada oxigenación.

Una correcta respiración es clave para tener una buena salud física y mental. Podemos distinguir diferentes tipos de respiración:

  1. La respiración torácica: el aire entra y sale de los pulmones por efecto de la apertura y cierre de la caja torácica, como si de un fuelle se tratara. Se  eleva el pecho cuando respiramos. El aire ocupa la parte alta y media de los pulmones.  La respiración torácica favorece en el organismo efectos metabólicos que propician la activación fisiológica. Es una respiración que se da preferentemente durante el día , periodo el que el organismo está movilizado o listo para actuar en función de las demandas o exigencias del medio y de sus propias necesidades o intereses, y muy particularmente en situaciones de actividad física, ansiedad y estrés.
  2. La respiración  abdominal o diafragmática: el aire entra y sale de los pulmones por efecto del movimiento ascendente y descendente del diafragma, como si del émbolo de una jeringuilla se tratara. El diafragma es  un músculo en forma de arco situado donde terminan las costillas. Se eleva la zona del abdomen cuando respiramos. El aire ocupa la parta baja, media y alta de los pulmones. Este tipo de respiración favorece procesos fisiológicos que propician la desactivación,  la recuperación y la reparación  del  equilibrio homeostático del organismo, alterado por la actividad diaria. Es una respiración que se da preferentemente por la noche y  a veces en situaciones de reposo durante el día, tanto más cuanto más entrenado se está en practicarla.
  3. Respiraciones mixtas: respiraciones combinadas de movimientos torácicos y diafragmáticos, con posible predominio de uno u otro. Se elevan el tórax y el abdomen cuando respiramos de este modo.

Consideramos que la respiración aporta grandes beneficios, a saber:

  • Lleva gran cantidad de aire a los pulmones
  • Promueve la oxigenación de la sangre
  • Es muy relajante
  • Actúa sobre el plexo solar liberando la ansiedad (y ese “nudo en el estómago”)
  • Estimula el movimiento del corazón y mejora la circulación
  • Con el movimiento constante del diafragma los órganos abdominales reciben un buen masaje
  • Descongestiona el hígado
  • Ayuda al tránsito intestinal

Queremos daros alguna pauta para su práctica:

  1. Para aprender es útil acostarse boca arriba cómodamente, y más adelante practicar la respiración abdominal sentados, de pie, caminando… según practiques la podrás incorporar a tu vida cotidiana.  Procura, para empezar, estar realmente cómodo, así que túmbate colocando un cojín bajo tu cabeza y tus rodillas.  Posa tus manos en el abdomen.
  2. Antes de empezar expulsa a fondo el aire de tus pulmones varias veces, si quieres haciendo algunos suspiros, con el fin de vaciarlos bien de aire residual, lo cual automáticamente provocará la necesidad de inspirar más profundamente.
  3. Una vez provocado este impulso de respiración profunda, inspira llevando el aire “hacia tu abdomen” como si quisieras empujar hacia arriba las manos posadas en él.  Mientras más  extiendas el diafragma y más profundo respires, más se “hinchará” tu vientre.
  4. Retén unos instantes el aire en tus pulmones
  5. Cuando sientas la necesidad de expulsar el aire, hazlo relajando tu vientre (este se “desinflará” y las manos bajarán con él). Y al final de la exhalación empuja voluntariamente el diafragma hacia los pulmones para expulsar todo el aire.
  6. Quédate un instante con los pulmones vacíos, sintiendo cómo te vas relajando, y en cuanto sientas nuevamente el impulso de inspirar, hazlo profunda y lentamente volviendo a llenar tus pulmones mientras tu abdomen sube.

Practica esta respiración durante el tiempo que te plazca.  Puedes usarla para relajarte antes de dormir o para comenzar el día oxigenándote plenamente.

 


Miedo al miedo. Los ataques de pánico

Siento como un hormigueo por todo el cuerpo y me mareo. Siento como si estuviera circulando hielo a través de mis venas. Lo único que quiero es huir de mi cuerpo pero no puedo. Siento una respiración muy superficial y el corazón acelerado. Entro en pánico total” Sara

Los míos son  como si no pudiera ponerme de pie, no pudiera hablar. Todo lo que siento es una intensa cantidad de dolor por todas partes, como si algo estuviera aplastando un espacio muy pequeño. Cuando a veces son ataques muy fuertes no puedo respirar, empiezo a hiperventilar y vomito” Jose

” Es un sentimiento de estar atrapado y sofocado, como si estuvieras en un edificio en llamas y no tienes escapatoria. Es muy miedoso y alarmante” Elena

Todos estos testimonios reflejan los temidos y desagradables síntomas definen el ataque de pánico.

El ataque de pánico,  es un trastorno muy frecuente, entre un 2% y un 4% de la población lo padece y las mujeres presentan cifras más altas. Algunos estudios arrojan incluso tasas que alcanzan el 14%.

En el ataque de pánico concurren dos circunstancias:

  1. un estado de ansiedad que predispone a padecer molestias en la regulación del sistema nervioso (dificultad de relajarse, disparo automático de la sensación de alerta, cambios bruscos de ritmos).
  2. la percepción de este estado no como una molestia física menor, sino como algo terrible, enigmático y sumamente  desagradable.  Tenemos la sensación de perder el control voluntario y sentirnos débiles, desvalidos e impotentes.

Esta experiencia es vivida como extremadamente desagradable lo que lleva a la persona a estar demasiado pendiente, auto observándose, movido por el temor de que tal experiencia vuelva a repetirse, y así,  al percibir el más mínimo estado corporal que nos parezca extraño o simplemente pensar en ello, se produce un estado de ansiedad intenso que desencadena el ataque de pánico.

De acuerdo al manual DSM V ,son trece los síntomas que pueden estar presentes en un trastorno de pánico. Formalmente se requiere la concurrencia de un mínimo de cuatro síntomas en la presentación de las crisis para hacer un diagnóstico.Los síntomas más comunes de una crisis de pánico son: palpitaciones, sudoración, miedo a morir, a desmayarse, a perder el control o a volverse loco, dolor en el pecho, mareos, temblores, sensaciones de frío o calor, ahogos, náuseas, debilidad y sensación de irrealidad, entumecimiento de extremidades, sensación de hormigueo, sensación de atragantamiento.

La buena noticia es que los ataques de panico se pueden tratar. La recuperación puede ocurrir en cuestión de meses, aunque depende de las circunstancias individuales de la persona afectada. Desde nuestra experiencia vemos que los programas de tratamiento más exitosos incluyen la convinación de terapia conductual y terapia cognitiva.

La terapia conductual es una terapia encaminada a cambiar el modo en que la persona se comporta habitualmente ante los ataques de panico. Las tecnicas de relajación como la de control de la respiración son recursos útiles empleados en esta terapia. La exposicón gradual, es una tecnica altamente efectiva para el tratamiento de aquellas personas cuyas vidas estan dominadas por la evitación de situaciones. Como el propio nombre indica, los pacientes son gradualmente introducidos a la situacion temida y se les va enseñando a afrontarla con éxito. Las técnicas conductual es se combinan con la terapia cognitiva orientada a entrenar al paciente para analizar sus pensamientos y separar creencias catastróficas de las reales.

La terapia cognitiva se ocupa de la reestructuración de los pensamientos distorsionados en relación al problema. El terapeuta pretende desarrollar las habilidades del paciente para controlar su ansiedad y le enseña nuevos modos de expresar sus emociones.


¡Pero qué ganas de que llegue el verano!

El otro día, hablando con unos amigos de las vacaciones de Semana Santa, me contaban lo bien que les había sentado estar unos días disfrutando del sol. En tono de broma llegábamos a la conclusión de que por ley, aquellas personas que disfrutan casi todo el año del buen clima, deberían cambiarnos la casa durante un tiempo a los que somos del norte. Ay…eso sería estupendo.

Pero, ¿qué tiene el sol que tanto nos atrae?, por que no sé vosotros pero estoy soñando con que llegue el verano… la playa, el salir de excursión con los peques, el tomarte algo en una terraza, ponerte las chanclas, los días largos, comerte un helado gigante de chocolate, dejar de cargar con el abrigo, caminar descalzo por la hierva, una caña bien fresquita y muchas más cosas que no pongo porque creo que ya estoy salivando como los perros de Pavlov.

Y es que qué bien nos sienta el buen tiempo…

Respondiendo a la pregunta de antes, diré que el sol está directamente relacionado con nuestro estado de ánimo. La exposición al sol favorece la producción de la serotonina, una sustancia que en la sangre se comporta como una hormona, y en el cerebro como un neurotransmisor (no voy a dar una clase, prometido).

La serotonina:

– nos ayuda a regular el tracto intestinal además de influir en la aparición o ausencia del apetito

– regula el ciclo del sueño

– controla el nivel de temperatura corporal

– influye en el deseo sexual

– reduce los niveles de agresividad

– y por supuesto, regula los estados de ánimo positivos y negativos

De echo, los antidepresivos, principalmente se encargan de estimular la producción de serotonina.

Así que si quieres un consejo, sal a la calle, y si el tiempo te lo permite intenta tomar tu dosis diaria de serotonina. Busca que el sol caliente tu cuerpo, basta con 10 mín, seguro que tu ánimo te lo agradecerá.


Paren el mundo que yo me bajo

Hacia tiempo que no lo pensaba, pero hoy es lo único que me apetece parar el mundo y bajarme, llevo un par de semanas que ni a mi peor enemigo se las deseo, han sido demasiadas cosas las hormonas revolucionadas, trabajar fuera de tu zona de confort, tener a tu hijo a 500 kilómetros, tu marido estresado por los nuevos acontecimientos, recibir malas noticias….y hoy he decidido plantarme.

Claro que es muy fácil decirlo pero hacerlo….y no sentirte mal, pues bien este va a ser mi nuevo reto, os voy a contar mi plan:

  • Voy a dormir, pero a pierna suelta, dejando los pensamientos que me agobian fuera de mi habitación, en su lugar voy a pensar en mis próximas vacaciones en la playa.
  • Me impondré un rato cada día para no hacer nada, solo concentrarme en mi respiración y sentirme liberada, quizá en este paso también aproveche para tomarme un té.
  • Pondré música que me haga revivir recuerdos agradables y me haga sentir bien, la pondré a todo volumen y cantaré aunque a los vecinos les guste lo justo, un día es un día.
  • Voy a reeducar mis pensamientos, aunque no lo creáis llevo años intentándolo, muchas veces resulta pero otras….así que voy a pensar y concentrarme solo y únicamente en el momento que vivo ahora. Dejando el mañana para después.
  • Jugaré con mi hijo aunque haya un millón de cosas por hacer, tirarme en el suelo y sentirme una niña más seguro que me rejuvenece por dentro, empezaré a pensar como los niños? Ojalá sería maravilloso, vivir sin preocupaciones.

Quizá hoy no sea el día en el que necesitáis bajaros del mundo pero por si a caso os dejo mi canción favorita por lo bien que me hace sentir.


¿Cómo regulo mi malestar?

Hoy en día resulta complicado no estresarse, no sufrir algún episodio ansioso, que no aparezcan la incertidumbre e inseguridad o incluso el enfado.

El ritmo de vida, las expectativas tremendamente exigentes que a veces nos marcamos y el millón y medio de obligaciones que tenemos y nos ponemos, no ayudan a conseguir que nuestro día a día sea un remanso de paz.

Por eso en Cips Psicólogos te recomendamos:

1.- Antiguamente existían unas radios que constaban sólo de dos botones, uno para buscar la emisora y otro para controlar el volumen. A mi me gusta imaginar que somos como uno de esos viejos aparatos. Uno de los botones es para regular la intensidad de mi malestar y el otro para la frecuencia. Así, no tengo que valorar las cosas que me agobian en función de si pasan o no, sino más bien depende de si antes este problema me preocupaba un 10 y ahora un 8, significa que la intensidad va bajando y hay un avance. Lo mismo ocurre con la frecuencia, si anteriormente pensaba en mi ex 6 veces al día y ahora me sorprendo teniéndolo en la cabeza 4, ídem de lienzo. Evalúate en función de estos parámetros y serás más justo contigo mismo.

2.- Nos suele dar la sensación de que el enfado, el miedo o la preocupación aparecen de repente, pero no es cierto. El cuerpo que es muy sabio, te envía señales, pero vamos, como el que oye llover, normalmente no solemos hacerle ni el más mínimo caso. Intenta observarte u observar a alguien cercano para averiguar si cuando empiezas a molestarte aprietas los dientes, sientes tensión en el cuerpo, calor en el rostro, te cuesta tragar o notas una presión en el pecho. Si eres consciente de que eso pasa, te resultara más sencillo regular la intensidad y una de las herramientas más importantes a poner en marcha es la respiración. Te animo a que veas este vídeo sobre la importancia de la respiración, seguro que te sientes identificado con lo que dice, y si tienes niños, que se unan a ti para verlo.


Errores que quizá cometa al hablarme

Todas las personas nos expresamos de formas distintas, las hay con  más vocabulario,  que gesticulan mucho e incluso modelan constantemente el volumen y tono de su voz. Hoy no voy a centrarme en cómo te diriges a la gente que te rodea, si no que lo que me interesa es que poco a poco vayas siendo consciente de cómo te hablas a ti mismo; y te diré algo al respecto, habitualmente somos muy “malotes” con nosotros mismos, y no nos pasamos ni una.

Hay ocasiones en las que me siento mal y no sé bien porqué. Quizá se deba a que caigo en algún error de los que ahora paso a detallar.

  1. El Soy. “Soy idiota, soy tonto, soy feo, soy poca cosa….”. Mucho cuidado con lo que yo añado al Soy, ya que eso me hará creer que todo está perdido y no hay opción a cambio. Aparecerá el sentimiento de inferioridad, la tristeza, la angustia y la ansiedad. En mi caso “Soy madre (es cierto), soy psicóloga (es cierto), soy imbécil (depende de para quién o de la situación, por lo tanto ya no es un soy, es un me siento) “Me siento feo, me siento tonto…” eso sí, las emociones van cambiando y la visión que tengo de mi mismo también.
  2. El Y si. “Y si me despiden, y si me deja, y si algo sale mal…” Me acabo creyendo a pies juntillas lo que va detrás del Y si, no lo dudo en ningún momento, así que acabo viviendo con un 100% de ansiedad una situación futura, es decir, me agobio y preocupo por algo que no ha pasado como si estuviera ocurriendo en este mismo instante. ¿Cómo puedo combatirlo? Centrándome en el presente, en lo que sí es real, no en miedos y suposiciones.
  3. El interpretar el pensamiento de otras personas. “Está pensando esto fijo, si lo conoceré yo. Con ese gesto que hizo”. Hasta que la otra persona no me diga qué es lo que pasa por su cabeza, por mucho que yo le conozca, no lo sabré con exactitud. A veces lógicamente acertaré, pero muchas otras no. Por tu bienestar te aconsejo que preguntes antes de sacar conclusiones, probablemente consigas que desaparezcan muchos enfados y sentimientos de inseguridad.
  4. El razonamiento emocional. Le doy un valor total a mis emociones, y las utilizo de base para tomar decisiones o llegar a conclusiones. “Hoy estoy triste y me doy cuenta de que mi vida es una mierda (con perdón)”, “ estoy enfadado con mi pareja y ya me creo  que no estamos hechos para  estar juntos”, “estoy cansado y me está costando estudiar y llego a la conclusión de que la carrera no la voy a sacar en la vida”. Las emociones van y vienen, esa es la razón por la que no son buenas consejeras. No son un buen pilar para cimentar mis decisiones.

Si reconoces que en tu cabeza se repiten alguna de estas  distorsiones , el intentar no caer en ellas te ayudará  a que muchas emociones negativas se mantengan alejadas de ti. Para cualquier duda o consulta puedes contactar con Cips Psicologos.


¿Te pones nervioso ante los exámenes?

Han pasado 20 años, que se dice pronto, de mis exámenes de selectividad. Y me resulta curioso que aún hoy, tanto tiempo después, aún puedo recordar vívidamente las sensaciones que me invadían en los días y horas previas a realizar los exámenes que marcarían en parte mi futuro profesional. Sentimientos encontrados, por un lado deseos de parar el mundo y tener más y más horas para poder estudiar y por otro lado deseos de poder mover el reloj más rápido para terminar cuanto antes con aquella especie de tortura que durante meses me llevaba atemorizando. Y lo curioso es que han pasado los años y aún cuando miro a los jóvenes que hoy día tienen que enfrentarse a la dura prueba de la selectividad aún veo en sus ojos el miedo, la ansiedad, la irritabilidad, las horas sin dormir, los dolores de estomago y los pensamientos del tipo…”voy a suspender”, “no lo conseguiré”, “no entraré en la carrera que quiero”…..y eso ¿por qué?, ¿por qué nos sigue invadiendo la ansiedad ante los exámenes?

La ansiedad aparece cuando nos enfrentamos a una situación que evaluamos como peligrosa, una situación que puede provocar un cambio no siempre positivo en nuestra vida y que además puede ser definitivo. Y es entonces cuando empiezan a aparecer en nuestra mente pensamientos atemorizantes, anticipatorios, que nos amargan el presente y provocan multitud de desagradables y variadas emociones y respuestas fisiológicas que nos paralizan y hacen sufrir. Y aunque el estrés en su adecuada medida es una reacción normal y positiva que moviliza los recursos del organismo para afrontar los desafíos que nos plantea la vida y que adecuado y regulado contribuye positivamente a la concentración, en algunas ocasiones la ansiedad deja de ser adaptativa y se convierte en un inhibidor del rendimiento, entorpeciendo la capacidad de atención y concentración.
Cuando esa ansiedad incapacitante aparece debemos de tener recursos para poder hacerle frente. En primer lugar es muy importante aprender a relajarse. Cualquiera de las técnicas de relajación que existe puede ser adecuada para controlar las manifestaciones fisiológicas de la ansiedad. La respiración relajada, la relajación muscular progresiva o las actuales y muy utilizadas técnicas de mindfulness pueden ser una alternativa.
Es también muy importante, aprender a controlar nuestros pensamientos. Debemos tomar conciencia de cómo es nuestro discurso interno, de como nos hablamos a nosotros mismos y qué tipo de exigencias nos hacemos ante un examen. Es importante cuestionar y desmontar la validez de tales pensamientos negativos, plantearnos de que nos sirve pensar así y tratar de sustituir esos pensamientos por otros más positivos y que no produzcan malestar.
Por último, cuidar ciertos aspectos de la vida cotidiana como realizar ejercicio físico, mantener una alimentación sana y equilibrada, no abusar de sustancias estimulantes y descansar al menos 7 horas al día son también aspectos a tener en cuenta.
Trata de mantener una buena confianza en ti mismo, en tu capacidad para lograr tus metas y relativiza las consecuencias de una mala calificación y si aún no has realizado los exámenes ¡¡¡¡ muuuuucha suerte !!!!


¿Qué harías si no tuvieras miedo?

De todas las frases que circulan por internet, “¿qué harías si no tuvieras miedo?” sin duda me impactó desde el principio. Y es que si te paras a pensar un solo instante, probablemente te des cuenta de que el miedo tiene más peso en tu vida del que pensabas.

“No le digo eso por si se enfada, no quiero problemas”( miedo a hacer daño a otra persona), “¿si hago esto y meto la pata?” (miedo a fallar), “y si me echan del trabajo…” (miedo al futuro), “ y si me vuelve a pasar…” (miedo a lo que no puedo controlar), “no me atrevo a decirle que le quiero porque quizá no sea correspondido” (miedo a sufrir), “no como eso por si acaso engordo” (miedo a no tener una buena apariencia), “ y si no les caigo bien…” (miedo a la soledad), “me asusta que algo negativo pueda suceder” (miedo al miedo).

Lo peor de sentir temor es que me limita, dejo de hacer cosas dando por hecho que las consecuencias serán demoledoras. Por eso te vuelvo a preguntar, ¿qué harías si no tuvieras miedo?.

Cierra los ojos un momento y piensa.

Para empezar, seguramente sentirte más liberado y tranquilo. El miedo es una emoción que tapa las verdaderas necesidades y deseos que uno tiene. Quizá me de cuenta de que no dejo a mi pareja, no tengo un hijo, no hablo con esa persona, no me atrevo a ponerme esa prenda de vestir, no hago ese viaje, no quiero ir al médico, no tengo iniciativa por MIEDO.

¿Cuánta vida le estás permitiendo al miedo que te robe?.

La decisión es tuya, y créeme siempre habrá peros y justificaciones, pero busca mas allá o es fácil que acabes viviendo en una cárcel sin barrotes llamada mente.

Si en tu lenguaje habitual el  “Y si…” es el rey, ahí tienes la respuesta a tus males. El “y si…” es una distorsión cognitiva, un error que si está presente de forma constante en mi vocabulario no hará más que conseguir que mi ansiedad aumente una y otra vez. Por eso te aconsejo que para deshacerte de él busques pruebas reales de lo que te estás diciendo porque posible en la vida es todo, pero no probable. ¿Es posible que ocurra todo lo que sigue al “y si…”?, por poder…, pero ¿cuánto hay de cierto?, ahí está la clave y también la realidad.

 

 

 


La temida operación bikini

Estos días primaverales de solecito hace que se despierten las ganas de que llegue el verano, las vacaciones, el tomar algo en una terraza, el por fin quitarse las botas, los calcetines y guardar el abrigo y el paraguas. Sin embargo, el pensar en ir a la playa puede que provoque que se me pongan los pelos como escarpias, porque después de que mi cuerpo lleve meses y meses hibernando bajo capas de ropa cual cebolla, el hecho de que mi piel quede al descubierto hace que en mi mente aparezca ¡mamá, miedo!.

Y es que damos gracias de que exista la ropa, porque  además de abrigarnos cumple con un requisito especial, tapar todas esas cosillas de mi cuerpo que no me gustan nada. Con la preocupación de estar más o menos presentable para cuando llegue el destape, empiezo a preparar la temible operación bikini. Venga va, todavía me da tiempo, aun no he hecho el cambio de ropa de invierno-verano.

Todo este trasiego genera mucha ansiedad, me cambia el humor, me enfado con el mundo, y mi autoestima empieza a desinflarse. Me comparo con otras personas y me da la sensación de que están mejor que yo,  o persigo un canon de belleza que ni siquiera sé si me gusta, pero doy por hecho que es lo que tiene que ser.

Que me quiero cuidar para verme  mejor, me  parece estupendo, pero por favor  no te olvides de que en tu cuerpo ya hay cosas buenas, para empezar si tienes la suerte de que todo funciona, valóralo. La imagen es un envoltorio que irá cambiando. Piensa si quizá estás siendo injusta  contigo misma y haz una prueba, date un día de descanso, no te estudies al detalle, sólo sal a la calle sin centrarte en ti, en lo que no te gusta de ti. Si consigues sentirte liberada, está claro que tú eres tu propia carcelera, así que pisa un poco el freno. “Si yo pudiera darte una cosa en la vida, me gustaría darte la capacidad de verte a ti mismo a través de mis ojos. Sólo entonces te darás cuenta de lo especial que eres para mí”, Frida Kahlo.

La primera vez que vi este vídeo me hizo pensar muchísimo. Espero que te guste tanto como me gustó a mi.


¿Qué fue de los JASP (jóvenes aunque sobradamente preparados)?

Lo prometido es deuda, y haciendo caso a una de nuestras  fieles seguidoras en  facebook,  me voy a adentrar en el maravilloso y esperanzador mundo laboral que tenemos hoy en día.

Antes eran nuestros abuelos los que con una mano delante y otra detrás viajaban a Suiza con el ánimo de encontrar allí un futuro. Hoy son nuestros hijos, hermanos, amigos los que traspasan nuestras fronteras hacia cualquier parte del mundo buscando a alguien que se digne a darles una oportunidad.

En mi época se hablaba de los JASP, jóvenes aunque sobradamente preparados, de hecho incluyo el anuncio que causó furor por aquel entonces para los más nostálgicos. La gran mayoría de nuestra juventud está tremendamente preparada; antes, a los 30 estabas probablemente casado y con alguna criatura a tu cargo y ahora puede que  siguas en casa de tus padres estudiando un máster y poniéndote al día con el chino.

Idiomas, informática, cursos de postgrado…, hasta es difícil que en tu curriculum sólo haya dos páginas, se tiene tanta formación que ¡no coge!. Por no hablar de las entrevistas personales, si es que tienes suerte de tenerlas claro, “estás demasiado formado para este puesto”, “necesitamos a alguien con más experiencia” o “queremos que la persona tenga un inglés nativo, también hable holandés, no tenga problemas para viajar y ya puestos que haga malabares con una mano…”

El problema de que todo esto se relentice es la gran frustración que genera en  esas personas que con mucho esfuerzo, tiempo y dinero han dedicado años y años a su formación con el objetivo de encontrar un puesto en el que se valore toda esa preparación que poseen.

Las noches sin dormir, la angustia, la ansiedad , la baja autoestima debido a las comparaciones y a pensar que uno no es suficiente, es fácil que en algún momento aparezcan. Por eso es esencial rodearse de personas que te quieren, te apoyan y animan a seguir, las personas tóxicas cuanto más lejos mejor, y si éstas son familiares y lógicamente no nos podemos distanciar, busca el descanso en los amigos o la pareja.

Vive el presente en la mayoría de lo posible, tu vida no empezará cuando encuentres ese trabajo que tanto buscas, sólo hay un momento y es este, así que intenta disfrutar de esa película que te gusta, de ese rato con los amigos o de ese momento que estas sentado al sol.

Y lo más importante de todo, no permitas que nadie te haga sentir que no vales, no le des ese poder, la formación es algo que cualquiera puede adquirir con tiempo, pero hay habilidades que son innatas, asi que piensa en todas esas cosas buenas que tienes y que son solo tuyas y para las que seguramente no tienes ni  que esforzarte. Y no te olvides, no eres más ni menos por el trabajo o puesto que tienes, eso no te define como persona. Mucho, mucho ánimo y estate orgulloso de ti, te lo mereces.