¿Qué es la depresión postparto?

A pesar de las cada vez mayores medidas sanitarias de control y seguimiento del embarazo aún se pasa por alto un aspecto fundamental de la salud de la mujer en esta época de su vida: la salud mental. Hasta un 20% de las mujeres embarazadas tiene algún problema psíquico en el embarazo. La depresión postparto se convierte así en la gran olvidada.

Hablemos de la depresión postparto:

 


Errores que quizá cometa al hablarme

Todas las personas nos expresamos de formas distintas, las hay con  más vocabulario,  que gesticulan mucho e incluso modelan constantemente el volumen y tono de su voz. Hoy no voy a centrarme en cómo te diriges a la gente que te rodea, si no que lo que me interesa es que poco a poco vayas siendo consciente de cómo te hablas a ti mismo; y te diré algo al respecto, habitualmente somos muy “malotes” con nosotros mismos, y no nos pasamos ni una.

Hay ocasiones en las que me siento mal y no sé bien porqué. Quizá se deba a que caigo en algún error de los que ahora paso a detallar.

  1. El Soy. “Soy idiota, soy tonto, soy feo, soy poca cosa….”. Mucho cuidado con lo que yo añado al Soy, ya que eso me hará creer que todo está perdido y no hay opción a cambio. Aparecerá el sentimiento de inferioridad, la tristeza, la angustia y la ansiedad. En mi caso “Soy madre (es cierto), soy psicóloga (es cierto), soy imbécil (depende de para quién o de la situación, por lo tanto ya no es un soy, es un me siento) “Me siento feo, me siento tonto…” eso sí, las emociones van cambiando y la visión que tengo de mi mismo también.
  2. El Y si. “Y si me despiden, y si me deja, y si algo sale mal…” Me acabo creyendo a pies juntillas lo que va detrás del Y si, no lo dudo en ningún momento, así que acabo viviendo con un 100% de ansiedad una situación futura, es decir, me agobio y preocupo por algo que no ha pasado como si estuviera ocurriendo en este mismo instante. ¿Cómo puedo combatirlo? Centrándome en el presente, en lo que sí es real, no en miedos y suposiciones.
  3. El interpretar el pensamiento de otras personas. “Está pensando esto fijo, si lo conoceré yo. Con ese gesto que hizo”. Hasta que la otra persona no me diga qué es lo que pasa por su cabeza, por mucho que yo le conozca, no lo sabré con exactitud. A veces lógicamente acertaré, pero muchas otras no. Por tu bienestar te aconsejo que preguntes antes de sacar conclusiones, probablemente consigas que desaparezcan muchos enfados y sentimientos de inseguridad.
  4. El razonamiento emocional. Le doy un valor total a mis emociones, y las utilizo de base para tomar decisiones o llegar a conclusiones. “Hoy estoy triste y me doy cuenta de que mi vida es una mierda (con perdón)”, “ estoy enfadado con mi pareja y ya me creo  que no estamos hechos para  estar juntos”, “estoy cansado y me está costando estudiar y llego a la conclusión de que la carrera no la voy a sacar en la vida”. Las emociones van y vienen, esa es la razón por la que no son buenas consejeras. No son un buen pilar para cimentar mis decisiones.

Si reconoces que en tu cabeza se repiten alguna de estas  distorsiones , el intentar no caer en ellas te ayudará  a que muchas emociones negativas se mantengan alejadas de ti. Para cualquier duda o consulta puedes contactar con Cips Psicologos.


Así pienso, así me siento

Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta el martillo. “Quizá mi vecino tenga uno”, piensa. Así pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda. “¿Qué, y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada.; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada una herramienta, yo se lo dejaría encantado. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como éste le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo. “

Así que nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir “buenos días”, nuestro hombre le grita furioso….
“!Quédese usted con su maldito martillo, so penco!”

Estoy segura que después de leer esta metáfora, muchos de vosotros no habéis podido evitar dibujar una sonrisa en vuestros labios…y es que sin duda alguna, resulta tremendamente irónico y divertido ver los mecanismos que utilizamos los seres humanos para vivir nuestra vida agónicamente, ya sea con enfados desproporcionados, preocupaciones, o miedos exagerados.
Es la vida, quien a veces nos plantea experiencias y momentos que nos hacen sentir tristes o deprimidos, pero hemos de reconocer,que en muchas ocasiones, somos nosotros mismos los responsables de nuestras amarguras. Y en esto de amargarse la vida, algunos somos verdaderos expertos….
Ya decía el filósofo griego Epiceto, hace muchos miles de años, que “No nos afecta lo que sucede sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede”. ¿Cómo es posible?, ¿acaso no todos vivimos y sentimos las situaciones que nos ocurren de la misma manera?, ¿ acaso no existe una única realidad objetiva? Espero que después de leer este post tú mismo encuentres la respuesta.
De manera inconsciente hemos ido configurando una determinada identidad, con nuestros valores y creencias sobre la vida, con una valoración positiva o negativa sobre nosotros mismos y sobre el mundo. Dicho de otro modo, desde nuestra más tierna infancia vamos haciendo valoraciones, afirmaciones y evaluaciones sobre nosotros mismos, el mundo y el futuro que van formando unos “filtros” a través de los cuales interpretamos todo lo que nos sucede. Si esos “filtros” están limpios tendremos creencias racionales, basadas en la realidad, que se acompañarán de emociones sanas, sin embargo si están sucios dispondremos de creencias irracionales, distorsionadas, que no se ajustan a la realidad y que provocarán un gran sufrimiento a la persona.
De esta manera es sencillo concluir, que realmente no son las situaciones que vivimos y que la vida nos plantea las responsables de nuestro malestar, es decir, no hay una conexión directa entre esas situaciones y como nos sentimos, sino que existe un elemento importante entre la situación y la emoción que es nuestro pensamiento, el diálogo interno, la manera que tenemos de hablar con nosotros mismos.
Y si por tanto, mi objetivo es deshacerme del malestar, mis esfuerzos quizás no han de ir dirigidos a cambiar la situación ( algo imposible en muchas ocasiones) , sino a tratar de identificar qué es lo que pasa por mi cabeza , lo que me estoy diciendo a mí mismo, y una vez identificadas las creencias irracionales a través de las cuales estoy filtrando la realidad, pelearme con ellas, combatirlas mediante la confrontación y demostrarme a mí mismo que son irracionales y cambiarlas por otras más racionales y adaptativas.

Ideas irracionales hay muchas. Albert Ellis, uno de los psicólogos fundador del cognitivismo, planteó las siguientes ideas irracionales básicas:

  1. “Necesito amor y aprobación de cuantos me rodean” o “tengo que ser amado y tener la aprobación de todas las personas importantes que me rodean”.
  2. “Para ser valioso debo conseguir todo lo que me propongo” o “si soy una persona valiosa, tengo que ser siempre competente, suficiente y capaz para conseguir todo lo que me propongo”.
  3. “Los malos deben ser castigados por sus malas acciones”.
  4. “Es horrible y catastrófico que las cosas no salgan, no sean o no vayan como yo deseo o quiero”.
  5. “Las desgracias humanas se originan por causas externas y no puedo hacer nada o casi nada para evitar o controlar la pena y el sufrimiento que me producen”.
  6. “Debo pensar constantemente que puede ocurrir lo peor”.
  7. “Es más fácil evitar que enfrentarse a las responsabilidades y los problemas de la vida”.
  8. “Hay que tener a alguien más fuerte en quien confiar”.
  9. “Mi pasado es determinante de mi presente y de mi futuro”.
  10. “Debo preocuparme constantemente de los problemas de los demás”.
  11. “Cada problema tiene una solución acertada, y es catastrófico no encontrarla”

Por lo tanto, la clave para convertirnos en personas emocionalmente fuertes es aprender a pensar bien. La clave está en controlar lo que nos decimos a nosotros mismos sobre las cosas que nos pasan en la vida. Hay que intentar cambiar nuestra manera de pensar, nuestro diálogo interno.


Depresión: ¿existe o se exagera?

La primera vez que vi en consulta a una persona con depresión, lo cierto es que quedé impactada. Lo recuerdo perfectamente. Estaba haciendo prácticas, y cuando abrí la puerta para conocer al paciente y dirigirlo a la sala de espera, madre mía, ni tan siquiera levantaba la cabeza, miraba al suelo constantemente, tenía la postura curvada, apenas le salía la voz del cuerpo e incluso el color de su piel era gris. Ahí fue cuando realmente me di cuenta de la tremenda responsabilidad e importancia de este trabajo.

Y es que muchas veces lo de la depresión nos suena un poco a cuento chino, hasta nosotros mismos en ocasiones nos diagnosticamos “ay es que estoy tan deprimido…”, “creo que tuve una depresión”…a ver, a ver, hablemos con propiedad, estar un poco tristón o de bajón está muy, pero que muy lejos de padecer una depresión. No utilicemos estos términos a la ligera, primero porque nos hacemos un flaco favor a nosotros mismos dando por echo que estamos peor de lo que realmente estamos, y segundo porque no es justo para las personas que sí la padecen.

La depresión es un trastorno emocional que afecta a la persona en su forma de pensar y sentir, la cambia por completo, se convierte en alguien mas sensible, dubitativo, cansado física y psicológicamente que sólo quiere meterse en la cama y que el tiempo y el dolor pasen.

¿Qué puede llevar a una depresión? un hecho que provoque un cambio importante en la vida de la persona y que ésta no sepa encajar, pero también aguantar demasiado en una vida que no me gusta, el ir sintiendo poco a poco, como si de un goteo se tratara que estoy en una cárcel de oro de la que no puedo salir, ya me he acostumbrado y siento que no hay opción para el cambio.

Nada más lejos de la realidad. Quizá el momento que vivo es difícil y me hace daño, y probablemente puede incluso que parte de la situación sea  inamovible, pero tu forma de vivirla, tu actitud, tus pensamientos, eso es lo que te ayudará a ver el vaso medio vacío o medio lleno. Sé que es complicado, porque en ocasiones uno quiere, pero no sabe cómo hacerlo.

Y qué me dices del que cuida, del compañero, del que permanece al lado sufriendo muchas veces incluso mas. Es fácil sentirse perdido, pues lo de “lo que tienes que hacer es salir más”,  “pues deja de pensar en eso”, o “hazlo por tus hijos o por mi” está claro que no funciona. Y es que ahí es dónde el trabajo del profesional es necesario, tanto para el que lo padece, como para guiar al familiar que llora en silencio.

Por eso en Cips psicólogos te animamos a que nos consultes si tú o alguien de tu entorno puede estar sufriendo una depresión.