¿Qué es la depresión postparto?

A pesar de las cada vez mayores medidas sanitarias de control y seguimiento del embarazo aún se pasa por alto un aspecto fundamental de la salud de la mujer en esta época de su vida: la salud mental. Hasta un 20% de las mujeres embarazadas tiene algún problema psíquico en el embarazo. La depresión postparto se convierte así en la gran olvidada.

Hablemos de la depresión postparto:

 


Ser mamá de nuevo

No sé por donde empezar, si por compartir con vosotros lo inmensamente feliz que me siento con el nacimiento de mi segundo hijo, o con lo agotada y agobiada que me tiene esta situación, la verdad que parezco una montaña rusa, paso de la felicidad absoluta a la agonía en cuestión de minutos.

Es increíble, esta vez pensé que la maternidad no me iba a descolocar tanto, se supone que soy una experta es el segundo que  tengo y dicen que la experiencia es un grado, pues nada de eso todavía estoy aterrizando y hace dos meses que ya nació Martín.

No paro de pensar en el día que vuelva a trabajar, ¿cómo vamos a organizarnos?, y eso no es lo peor…porque de una u otra manera sé que lo solucionaremos, lo que realmente me preocupa es volver a dejar a mi pequeño un montón de horas sin su mama, como hice con su hermano mayor, ya sé que muchos estaréis pensando anda esta y el resto como crees que lo hacemos?, pues imagino que como yo, con mucha pena.

La maternidad marca un punto de inflexión en nuestras vidas, hay un cambio de prioridades. Hasta que no eres madre en primera persona ni siquiera imaginas, que vas a comenzar una etapa de nuevas responsabilidades en las que tienes menos tiempo para ti misma, pero no te importa, y eso es algo mágico, es una emoción que no creías tener, poder querer/amar de manera incondicional a los hijos.

Hay una canción de Alejandro Sanz que me encanta, se la escribió a su hijo pequeño y dice tantas verdades….


Madre de un héroe, no de una víctima

El otro día una madre cercana a mí, me dio una carta con la intención de poner voz a los que no pueden.  Aseguro que cada palabra que en ella aparece es tan real como dolorosa. Con su permiso la comparto.

Cuando tu hijo de 7 años se despierta llorando sin consuelo una fría noche de enero diciendo que no aguanta más que no quiere volver al Colegio, que su vida es un infierno que le hacen la vida imposible “mi vida es insoportable e injusta” … una nube negra recorre mi mente, mi voz enmudece intentando consolar tan desgarrador despertar, con sudores fríos una mirada llena de lágrimas me pide “no dejes que me hagan más daño, mamá”.

Lo que menos te esperas que pueda pasar en tu casa…  llegó sin más… mil preguntas me atormentan, pero lo que más me dolía es porque no fui capaz de ver que mi hijo no era feliz en su Colegio…

Mi hijo que actualmente tiene 8 años, ha sufrido Acoso escolar durante 1º y 2º de primaria (6 y 7 años respectivamente), tras todo el lastre que llevamos; no sólo hemos tenido que cambiar de Colegio, sino que también nos hemos mudado de ciudad, han sido unos meses muy duros e intensos, ya que él se atrevió a verbalizarlo el sábado 21 de enero de 2017.

Mi mundo se desmoronó.

Fue la noche más larga de mi vida, oír relatos de crueldad que han estado pasando durante meses ¿Por qué no me di cuenta?… he estado llevando a mi hijo a una sala de torturas donde otros alumnos, por el mero gusto de divertirse le hacían daño gratuitamente; y lo que es más grave, la comunidad educativa del centro hacia caso omiso de las situaciones.

Desde el primer momento que lo supimos estuvimos rodeados de muchas espaldas y pocas manos que tendiesen ayuda. El equipo directivo del Colegio ni siquiera nos llamó ni se reunió con nosotros. Desde el lunes 23 de enero de 2017 subía todos los días al Colegio mañana, mediodía y tarde sin apenas ser escuchada por su tutora, que lo único que consiguió en que se ganase más palizas y vejaciones, ya que quedó de chivato en el patio del Colegio. El 3 de marzo en una de las múltiples consultas al pediatra, descubrimos que tenía y aún tiene una mina de lápiz clavada en su muslo derecho por que los niños se dedicaron a jugar utilizándole a él como diana. El pediatra llamo al Colegio para pedir explicaciones… el niño tenía terrores nocturnos, (aún tenemos episodios) apenas dormía, no quería salir de casa por si se los encontraba, había dejado de comer por sus burlas…. El director del Centro afirmó no tener conocimiento de la situación (aún habiendo notas manuscritas y mails a la tutora), dijo que activaría Protocolo…. Hasta hoy no se nada más de él.

Como madre, oír de la boca de tu pequeño que tal y como le tratan en el Colegio no desea vivir, que prefiere suicidarse que volver a ese sitio; ver y oír la pasividad de los miembros de la Comunidad educativa hacía  lo sucedido, diciendo que eran “chiquilladas”, tener que acudir a urgencias porque a esos “chiquillos” se les ocurrió hacer una competición a ver quién hacia sangrar antes a mi hijo clavándole lápices por los muslos, salir ensangrentado del Colegio, que le tiren por la escalera y la tutora afirmar que en ese momento no estaba mirando por lo que ni vio ni escucho nada, aunque estaba a su lado…es indescriptible.

 Lo que tuvo que sufrir mi pequeño…., nosotros somos afortunados, hemos abandonado el infierno con gran sacrificio, mi marido, viene y va todos los fines de semana para estar con nosotros, yo estoy de excedencia en mi trabajo, con la total certeza que no volveré jamás; porque nuestro hijo es nuestra prioridad, lo que implica un sueldo menos, una casa más abierta… pero eso es lo de menos.

Ver como él se va recuperando y ganando confianza en sí mismo, eso es lo único que quiero.

Hemos retornado a nuestra ciudad de origen Oviedo. Va  tranquilo al nuevo Colegio, han dejado de ser tan frecuentes las migrañas, que empezó a tener cuando la situación se hizo insostenible.

Me gustaría que algún día, se hablase de ello, ya que hay mucho silencio al respecto y muchos niños estarán asustados y no sabrán como contarlo, no todos los moratones se los hacen jugando en el patio, no todos los niños bajan su rendimiento escolar…. Simplemente tienen miedo de contarlo.

Muchísimas gracias de antemano por leerme.

Un abrazo.

María Manso Rodríguez

Madre de un héroe, no de una víctima.

 

 


Para todas las mamas, feliz día

¿Por qué celebramos el día de la madre? Yo pienso que tendríamos que celebrarlo los 365 días al año, menuda tarea difícil de desempeñar y a veces que poco reconocida, pero aún así es el papel más importante de mi vida.

Ahora mismo soy madre de un retoño, pero si las cosas van bien me gustaría tener más, aún sabiendo que tengo muchas probabilidades de que vengan dos de golpe, si tal cual  mellizos y cuando lo pienso me muero de miedo,  es que ni me imagino como me podré apañar: trabajo, colegio , noches sin dormir, pañales y biberones, juguetes, parque…una auténtica locura pero una inmensa felicidad.

Pero pese a todos mis miedos estoy dispuesta a correr ese riesgo y me hace inmensamente feliz, creo que la peor etapa durará  2 o 3 años…pero podré sobrellevarla, por suerte tendré muchos apoyos, por supuesto el mayor y principal es mi marido pero además cuento con la incondicional ayuda de mi madre, que haríamos sin ellas…todo sería más difícil.

Y no es que mi madre sea perfecta que por supuesto no lo es, claro que yo tampoco, por eso hay días que me saca de mis casillas y me apetece no volver al verla en mucho tiempo, o cuando se pone pesada por tonterías y no hay quien la baje de la burra, o se enfada por la mayor tontería…la estrangulaba, pero luego te llama y como si nada vuelve a ser tu querida mamá que está para lo que necesites.

Este es el espejo en el que yo me miro a diario para en lo que pueda imitarla y desempeñar mi papel de mami lo mejor que puedo, aunque eso habrá que preguntárselo a mi pequeño. Me atrevo a decir que seguramente me pondría  buena nota.

Felicidades a todas las mamas!!!!!!!!!!!!!

 

 


Querido Rey Melchor, soy padre y te pido…

Ni puenting, ni crossfit, ni saltar en paracaídas, si quieres emociones de verdad ten un hijo y verás que sin duda ese es el deporte más agotador y peligroso que existe.

Cuando te planteas ser padre hay una parte que en la imaginación no aparece y en eso he de decir que la publicidad tiene bastante culpa. En la tele los bebes duermen, no lloran cuando se les cambia el pañal, se comen lo que se les da y abrazan a sus padres con un amor que enternece. ¿Eso es real? Si por supuesto, pero yo añadiría las noches de insomnio que te dan para escribir la tesis, ese momento de sacar los mocos en que se mueven tanto que es como si estuvieran poseídos, todas las veces que parecen tener la boca cosida por que no la quieren abrir y te acaban tirando el plato, las salidas de casa en las que llevas tantas cosas que realmente parece que te mudas, los momentos de pataleta por la calle en las que todo el mundo te mira, los ríos de dalsy y apiretal que corren por casa debido a los cambios de tiempo, como se te parte el alma cuando tu hijo está preocupado o angustiado por algo y no hablemos de si se ha perdido el chupete o el muñeco con el que duermen, entonces compañero, que dios reparta suerte.

Cuento todo esto no porque esté en contra de los niños, todo lo contrario, me encantan, de hecho tengo dos y son sin duda la razón por la que intento ser mejor persona, pero cuando idealizas mucho una situación, el que de repente te notes cansado, con ganas de que alguien te releve y se lleve a los niños, o que es todo más complicado de lo que esperabas porque desde que nació el retoño discutes con tu pareja, eso puede llevarte a sentirte culpable e incluso a pensar que no lo estás haciendo bien y que eres un mal padre. Nada más lejos de la realidad, todo lo dicho anteriormente es normal y las dudas y la incertidumbre también.

En estas fechas casi navideñas en las que estamos, me gustaría compartir una de las cartas más bonitas que he leído y con la que si eres madre o padre, seguro que te sientes identificado; es un pelín larga pero merece la pena. Mucho ánimo en esta difícil tarea que es educar y no lo olvides, todo se resumen en pasar tiempo con ellos .

Queridos Reyes Magos:

Les escribo esta carta con un lápiz rojo de mi hijo, en el dorso de un recibo, sentada al lado de la lavadora entre un lavado y otro, y quien sabe cuando volveré a tener un poco de tiempo libre en los próximos 18 años.

He sido una buena madre durante todo el año.

He alimentado, aseado y cuidado a mis hijos todos los días.

He visitado al pediatra muchas más veces de lo que he visitado a mi propio médico aún encontrándome mal.

He vendido sesenta y dos papeletas de lotería de navidad del fútbol de mi hijo, he cambiado cromos, comprado chuches…..

Llevo a mis hijos al cole, a las actividades extraescolares, les ayudo con los deberes, a preparar los exámenes, juego con ellos, les llevo al parque con sus amigos, a montar en bicicleta y patinar…

Recojo y ordeno su habitación, que queda como una leonera tras pasar por ellos allí un ratito, es increíble cómo se trasladan los juguetes de las estanterías al suelo porque ¡ninguno los ha cogido!!.

Les preparo la ropa, sus mochilas, el almuerzo para el recreo… para que todo esté listo y no les falte nada…

En fin, me esfuerzo en hacer que su vida sea lo más feliz posible, sin problemas ni preocupaciones.

Pensaba que quizás, visto que no les he pedido nunca nada, este año podrían traerme algunas cositas…

Aquí tienen mis deseos:

Me gustaría una barriga plana, de esas de las artistas de Hollywood, unos brazos que no dolieran y fueran lo suficientemente fuertes como para apartar a mi hijo del estante de las golosinas, mientras hace una rabieta en medio del supermercado.

También quisiera una cintura, ya que en algún sitio perdí la que tenía, hacia el séptimo mes de mi último embarazo.

También me gustarían unos cristales y paredes resistentes a las huellas y a las pintadas, un rinconcito secreto donde poderme esconder para hablar por teléfono.

En el aspecto práctico, quisiera una muñeca que hable y diga, “Sí, Mamá” para ayudarme en mi autoestima como madre, así como dos niños que no peleen, y tres pares de vaqueros que se abrochen sin necesidad de tanta fuerza.

También me gustaría una voz nueva, ya que mi voz parece estar fuera del alcance auditivo de mis hijos ya que por mucho que me esfuerce no parece que me escuchen.

Sería maravilloso si consiguiera que mis hijos ayudaran en casa sin necesidad de pedir un premio a cambio.

Si fuera tarde para encontrar todo esto, quisiera al menos el tiempo suficiente para mí, para cepillarme los dientes, peinarme decentemente, para maquillarme, ir de tiendas a la sección femenina y no sólo a la infantil.

Tiempo para tener el lujo de sentarme y comer la comida caliente, y no fría o sin que tenga que comerla antes o después de que mi familia cene.

Me gustaría experimentar, qué se siente durmiendo una noche entera del tirón, sin interrupciones de ninguna clase…

Bueno, Queridos Reyes, la alarma de la secadora me indica que ha terminado su ciclo y mi hijo se ha dado cuenta que estoy aquí encerrada. Creo que quiere que le devuelva su lápiz. Que tengan un buen viaje y recuerden sacarse el polvo de sus sandalias antes de entrar.

Pueden comerse las galletas que les dejamos en la mesa, pero cuidado con echar migas a la alfombra.

Con cariño…… MAMÁ!!

P.D. Ah!… otra cosa, pueden anular todos mis deseos con tal de que hagan que mis hijos crezcan felices, sanos y se conviertan en personas de bien.


Los niños lo ven, los niños lo hacen

Estás con tu hijo en el parque,  y de repente ves como otro niño le quita un juguete,  y tu peque ni corto ni perezoso, responde dándole un sopapo al que considera su enemigo. Tú, como si tuvieras un resorte, sales disparado a por tu hijo y dándole un cachete en la mano le dices : “¡No se pega eh, que no te vuelva a ver yo pegar a nadie!”.

O cuantas veces quizá le has dicho,” ¡¡¡¡que dejes de gritar!!!” gritando tú claro. O tal vez mi pareja y yo nos peleamos delante de él, nos llamamos de todo, pero eso si,   luego le exijo a mi hijo que a mí me trate con respeto. Estoy preocupado porque mis niños están todo el día con la maquinita,  pero yo no me despego del teléfono para leer el periódico, consultar el whatsapp o mirar mi correo. O lo mejor de todo, a la hora de comer para que estén entretenidos y me dejen un poco tranquilo les enchufo los dibujos en la tablet y a correr; luego me quejo de que no me cuentan nada.

Todo son incoherencias, todo. Los niños, mis hijos, no se quedan con lo que les digo, en ellos permanece lo que yo hago. Soy un espejo en el que se miran, y me tienen muy estudiado; no dejan de observar con atención mi comportamiento, cómo me relaciono con otras personas, lo que digo, mis gestos…

Por eso, si hay algo en ellos que te molesta, que quieres que hagan de otra manera, primero obsérvate a ti mismo, puede que te sorprendas

 

 


Conciliación familiar…¡deja que me ría!

En una ocasión, una persona a la que quiero mucho me dijo “la conciliación familiar no existe, hay que apretar una pierna contra la otra (ella no lo dijo tan fino) y tirar  pa’ lante”; primero me entro la risa por la espontaneidad de  mi compañera, y luego casi que las ganas de llorar por la realidad del mensaje.

Y es que, ¿¿qué es eso de la conciliación familiar??. Si buscas su significado más literal, éste se refiere a la compatibilidad de los tiempos dedicados a la familia y al trabajo. O dicho de otra manera, que exista un equilibrio entre el tiempo que dedico a las distintas áreas de mi vida: laboral, familiar, de ocio y para mí misma. Estas dos últimos habitualmente suelen ser inexistentes.

Si eres mujer como yo, me da igual que trabajes dentro o fuera de casa, estarás de acuerdo conmigo en que la conciliación familiar deja mucho que desear. Las horas que pasamos en el trabajo son una realidad, y como mucho, si tu familia se lo puede permitir, puedes pensar en reducir tu jornada. Apenas hay ayudas para las guarderías (si es que las hay) y dios bendiga a los abuelos que nos sacan de un sinfín de apuros.

Pero en gran parte, la dificultad de hacer malabarismos entre familia y trabajo se debe a que nos sobre cargamos con responsabilidades que no nos tocan. Si tanto tú como tu pareja trabajáis fuera de casa, porqué casi siempre da la sensación de que el trabajo de él es más agotador. Digo esto porque  si a pesar de llegar  hecha polvo a casa, eres tú la que sigue funcionando “tengo qué hacer la comida para mañana, acordarme de que el niño lleve al cole el papel firmado y ponerme con sus deberes, y después planchar todo lo que hay en la silla que si no…”está claro que me estás dando la razón.

Y qué me dices del runrún de cabeza que aparece cuando tienes cinco minutos de descanso “creo que no le estoy dedicando suficiente tiempo a los niños, seguro que me estoy perdiendo algo, paso mucho tiempo en el trabajo…y cuando estoy en casa tengo tantas cosas que hacer que luego no tengo paciencia… ¿seré mala madre?”

Lógicamente cada uno coloca sus prioridades donde le parece, el problema está cuando por sistema lo primero en mi lista son  las tareas hogareñas, casi si me apuras, antes que los niños y la pareja, y al final de todo por supuesto aparece una misma. Soy la primera a la que le gusta tenerlo todo recogido, pero entre tener la casa como un quirófano y que no te coma la porquería, hay un término medio. “¿Mamá, te sientas a ver un poco la tele conmigo?; no puedo cariño, tengo que fregar los platos” a cosas como esta me refiero cuando digo que priorizamos lo que hay que hacer en casa y no a la gente de mi casa. Y repito, las cosas hay que hacerlas, por supuesto, pero quizá no sea necesario que se haga todo en el tiempo que tú quieres, o al ritmo que te gustaría que muchas veces suele ser al borde de la embolia de la rapidez con la que vamos.

Quizá, y sólo quizá debas replantearte a que quieres dedicar tu tiempo cuando no estás trabajando. Aprende a posponer y a delegar; probablemente que los peques dejen las cosas tiradas sólo te molesta a ti, así que puede que no sea tan importante, sólo molesto.

Y sobre todo y por encima de todo no te olvides de ti, de cuidarte, de quererte y no exigirte lo imposible. Estoy convencida de que ya lo estás haciendo muy bien.


¿Lo estoy haciendo bien con mi hijo?

Si eres un padre o una madre que quiere y se preocupa por sus hijos y su educación, probablemente ronde por tu cabeza de vez en cuando la cantinela de “¿lo estoy haciendo bien?”, pero la pregunta que en un principio parece inofensiva tiene trampa, ya que la respuesta la sabes incluso antes de hacerte la pregunta, y solemos ser tan exigentes con nosotros mismos que ésta suele ser NO. Y digo yo, en esa valoración incluyes las noches sin dormir, los momentos de juego aunque estes agotado, todas las veces que hablas a tu hijo con amor aunque él este chillando, los besos y abrazos o sólo tienes en cuenta ese grito que diste, el cachete que se te escapo o el pensamiento de “¡ya no puedo mas!”, porque vamos, el que no haya caído alguna vez en esto último que acabo de decir, que tire la primera piedra.

En Cips Psicólogos queremos compartir contigo algunos errores que en ocasiones cometemos los padres sin darnos cuenta. Pero antes de seguir escribiendo quiero dejar algo claro, y es que cuando leemos sobre niños, es muy fácil ir a la caza del error y “¡ay es verdad, cómo puedo estar haciéndole esto a mi hijo…cómo no me he dado cuenta…si es que soy mala madre!” y casi si me apuras aparece media lágrima en el canto del ojo y una culpa tan grande que me deja echo polvo. No, no, no, no. Intentemos hacer otra lectura, y es que es importante conocer y saber qué puedo cambiar, ya no porque lo este haciendo mal, si no porque quiero hacerlo mejor.

   1.-Creer que los demás, otros padres, profesores, familiares, me están juzgando como padre. Si sí lo pienso, seguramente sea mucho más extremista en las reacciones que tengo con mi hijo, seré muy duro o muy blando. Qué alguien me juzga, puede ser, hay gente para todo, pero el que realmente lo está haciendo eres tú mismo, y si la persona que tengo en frente también es padre, seguro que ya ha vivido lo que te está ocurriendo y te entiende mejor de lo que crees, o sólo me ha pasado a mí el tener que recoger a mi hija del suelo con una perreta tremenda porque no quiero montarse en la silla, seguro que no eh, y yo como madre, bastante tengo con mirar para mí como para andar pendiente de lo que hacen los demás.

   2.-Comparar a mi hijo con su hermano, otro niño, primo, etc. Todos sabemos por experiencia propia que las comparaciones son odiosas, sólo sirven para hacerme sentir pequeño y que hay algo que hago mal, con lo cuál la autoestima de tu peque se  debilitará y aumentará el enfrentamiento, la distancia y la competición con su hermano.

   3.-Pensar que constantemente me toma el pelo. Cada uno conoce a su hijo, está claro, pero normalmente ese pensamiento descansa sobre el miedo que yo como padre puedo tener a perder el control “y si acabamos como los de hermano mayor…”. Tu hijo y tú valoráis las cosas de diferente manera, lo que para ti es perder el tiempo, para él es jugar, y las mil veces que le dijiste que recogiera, que hasta ya pensaste que igual el chiquillo no oía bien, aunque parezca increíble (doy fe cual notario) puede que sólo escuchara una voz de fondo pero le parecía mucho más entretenido lo que estaba haciendo, o sí, simplemente no le apetecía. Pero digo esto, para que nos demos cuenta de que no tiene que haber siempre desobediencia ni mucho menos maldad en la reacción de nuestros hijos.

   4.- Quererlo de forma condicional. Este va unido al anterior, ya que si me dejo llevar por el miedo a que mi hijo se me suba a las barbas, puedo usar el amor como recompensa y la obediencia del niño será entonces el resultado del miedo a no conseguir la aprobación de los padres. Que yo quiera a mi hijo, no significa que él lo sienta. Que las cosas por hacer y los horarios no vayan siempre primero que él, pospón de vez en cuando las conversaciones del móvil, los recados y las tareas domésticas, el tiempo pasa y él no dejará de crecer.

Y sobre todo, tú eres su padre, su madre, nadie lo va a querer como tú, siempre vas a ser fundamental para su vida, asi que nada de tirar la toalla ni venirse abajo. ¡Mucho ánimo!


Ser mamá, lo que no nos han contado

 

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“Yo me imaginaba que sería más fácil, no pensaba que María fuera a ser tan dependiente de mi y que requiriera tanta atención. Al principio es difícil, porque no sabes como cogerla, como bañarla… Yo pensaba que era bonito ser mamá, que todo sería de color de rosa. La realidad es más fuerte, porque hay que crecer mucho para ser mamá y hay muchas cosas que hacer cuando tu estás muy cansada…”          

   Lucia Suárez, 34 años, mamá de María 

 

 

 

En general, las mujeres tenemos muchas expectativas respecto a lo que significa ser una buena madre, muchas de ellas influídas por la cultura y la construcción social de lo que son los roles maternales. La abnegación, el amor incondicional, la ternura,el sacrificio…son algunas de ellas. Para muchas mujeres esto es una fuente de tensión, porque tienen miedo a fallar y a no saber cuidar al recién nacido/a, como interpretar su llanto, como amamantarlo, a no tener suficiente leche, como cuidarlo si enferma…en definitiva a fracasar.
Como mamíferos que somos, disponemos de reacciones espontáneas frente a nuestras crías , si bien, debido al entrenamiento y control producido por la socialización, éstas se han perdido y nuestros instintos luchan ante preguntas como, ¿que debo hacer?, ¿hay que dejarlo llorar?, ¿y si le estoy malcriando?, ¿se acostumbrará a mis brazos?,¿cómo va a tener hambre otra vez?, ¿habrá comido bastante?…
Por otro lado, después de dar a luz, la mujer sigue teniendo otras funciones como atender las demandas de la pareja o del grupo social, las tareas domésticas, el trabajo fuera de casa, las actividades para el desarrollo personal o de autocuidado , la necesidad de descanso, etc, las cuales entran en conflicto con el deseo de ser una buena madre. Además, debido al gasto de energía que significa la lactancia y la falta de sueño por las demandas del lactante durante la noche la mujer se enfrenta a todas sus funciones con un tremendo cansancio físico. El resultado es un sentimiento de culpa ante este conflicto de intereses.

Desde Cips psicologos, consideramos que desde un punto de vista psicológico y social, el postparto es una experiencia difícil para las mujeres, por las demandas del recién nacido, el deseo de cumplir con las funciones maternales de la mejor manera posible, sin desatender las otras funciones dentro y fuera de casa, y por la inseguridad que con frecuencia tienen a cerca de la manera en que deben cumplir con ellas.
La mujer vive un periodo difícil ya que experimenta no sólo cambios a nivel anatómico y fisiológico, sino un cambio de roles, en la relación con la pareja y la familia y sobre todo cambios importantes en el plano emocional y en los intereses y prioridades. Esto es especialmente difícil en las primeras semanas, en las que la mamá tiende a tener centrada su atención en el bebé y difícilmente cambia su foco de atención a otras tareas.

El periodo del postparto constituye una etapa de transición, en la que de la estrecha relación que hay entre la madre y el hijo/a durante el embarazo, se da paso a un periodo de mayor autonomía para ambos. Esta transición a ser madre, es de gran importancia para la mujer, para su autoestima, su satisfacción personal y la construcción de una identidad positiva de si misma.
El postparto es por tanto, una etapa fundamental para la madre y para el hijo. En el caso de la madre lo es no sólo para su recuperación física sino también para el aprendizaje de las funciones parentales. En el caso de los hijos, constituye un periodo esencial en su vida y en su desarrollo personal. Pero sin duda es una etapa crucial en el establecimiento del vínculo afectivo entre el recién nacido y sus padres.

Consideramos por todas estas razones, que los profesionales sanitarios, debemos trabajar conjuntamente para prestar una atención integral a la mujer tras el parto, atendiendo no sólo los aspectos médicos sino también los aspectos psicológicos y sociales que surgen en esta etapa. Es nuestra obligación trabajar en proporcionar a la madre, al padre y a los bebés la atención y el apoyo que les permita vivir esta experiencia de una manera saludable y enriquecedora a nivel personal.


Se hacen mayores… Empieza el cole

   vuelta al cole Desde que nuestros hijos nacen pasamos por muy diferentes etapas, unas más complicadas que otras, pero de momento, para mí que empezara el cole de mayores ha sido la más difícil.

He tenido que parar un momento y adaptarme a las necesidades de mi hijo, que por supuesto no eran las mismas que las mías, utilizando la empatía he sido capaz de ver lo que sin hablarme me estaba diciendo: “tengo miedo, no vas a estar a mi lado”, “el cole es muy grande y yo muy pequeño”, “y si…¿los niños no quieren jugar conmigo?, “y si… ¿no vuelves a buscarme?”

Durante este periodo que ha sido muy corto, apenas un par de días, he puesto en práctica algunas de las pautas que yo doy a los papas de mis pacientes, en consulta, y aunque ya sabía que funcionan, mi adaptación y la de mi hijo a la nueva etapa, el cole de mayores, ha sido espectacular. Por eso, desde Cips Psicólogos, quiero compartirlas con todos vosotros:

• Tener paciencia: empezar el cole es un cambio importante, es normal que todos estéis algo más nerviosos, tomároslo con calma, es cuestión de días, hasta que todos os acostumbréis a las nuevas rutinas.
• Transmitir seguridad: explicarles lo importante que es hacerse mayores y lo bien que lo están haciendo. A veces los padres no llevamos bien los primeros días de cole, yo la primera, pero es importante no contagiarles nuestros miedos, en la mayoría de los casos serán infundados por el desconocimiento.
• Recoger a vuestros hijos del cole con una sonrisa: aunque hayamos tenido un día duro de trabajo, vuestros peques llevan esperando muchas horas el momento del reencuentro.
• Preguntarles: hay que saber cómo les ha ido el día, eso sí, sin agobiar con infinidad de preguntas. Además de lo que os cuente su profe, no tenéis que perder de vista las impresiones de vuestro hijo.

Por eso el cole de mayores de mi hijo me ha enseñado un montón de cosas que seguro ya sabía pero de las que no era consciente: tenemos que dejarles crecer y evolucionar, estando a su lado, respetando sus tiempos y dándoles la autonomía que necesitan.

Carmen Calvo