Decálogo para padres separados

Uno de los mayores temores que tienen las parejas cuando se separan es como abordar el tema con sus hijos, sobretodo si son pequeños, son muchas las preguntas  que nos hacen en consulta, por eso hace tiempo decidí hacer un pequeño decálogo para facilitar la labor a unos padres angustiados y algo perdidos, como es lógico, ante una separación.

Espero que os sirva como guía para afrontar la situación.

Sinceridad. No dejes que tu hijo crea que “papá está de viaje por trabajo” o “todo va a ir bien“. Nuestros hijos son muy perspicaces. Saben si un padre está tratando de ocultar algo, aunque el propósito sea para protegerles. Los hijos necesitan respuestas sencillas que puedan entender fácilmente, sin tener que echar la culpa a nadie.

No es su culpa. Deja que tus hijos sepan que no es por su culpa. Todos los hijos piensan que pueden ser responsables de la ruptura de sus padres. Durante los dos primeros años los niños necesitarán que les recordemos, de forma cariñosa, que el divorcio es una decisión tomada por sus padres en la que ni ellos ni su comportamiento tienen nada que ver.

Escuchar. Los niños tienen muchas preguntas, sentimientos, suposiciones y preocupaciones sobre el divorcio. Muchos padres encuentran difícil algo tan simple como sentarse y escuchar en silencio lo que sus hijos dicen, sin interrumpirles con nuestras ideas preconcebidas. Necesitan sentirse tranquilos y relajados sabiéndose escuchados de forma atenta y paciente.

Sentimientos. Déjales saber que es bueno que expresen sus sentimientos, cualesquiera que sean. Muchos niños ocultan sus sentimientos de tristeza, ira o dolor porque tienen miedo de que eso moleste a sus padres. Necesitan saber que todos sus sentimientos son aceptables.

Volver. Tus hijos deben saber que es normal que quieran que sus padres vuelvan a estar juntos. Puedes explicar a tus hijos que, una vez divorciados, es improbable que los padres vuelvan a vivir juntos de nuevo, pero que su deseo de reconciliación es lo más normal del mundo. No deben sentirse avergonzados de sentir ese deseo, por otra parte, tan lógico.

Seguridad. Transmite a tus hijos toda la seguridad de que seas capaz. A muchos niños les preocupa que, a causa del divorcio de sus padres, tengan problemas de comida, ropa o incluso alojamiento.

Amigos. Habla con tus hijos acerca de amigos suyos con padres separados o divorciados. Esta es una buena manera de conocer los temores de tu hijo y sus ideas sobre los padres divorciados, y dan la oportunidad de aclarar conceptos erróneos y recordarles que muchos otros niños han pasado antes por lo que ellos están pasando.

En medio. No angustiatrates que tu hijo tome partido por uno de los dos. No hables mal de tu expareja delante de tus hijos y tampoco utilices a tu hijo de mensajero. Los niños deben ser capaces de querer a ambos padres. No permitas que tus hijos se enganchen a un solo progenitor.

Salir. Pasa tiempo con amigos. Tener una red de amigos que te apoyen evitará que tu hijo se convierta en tu confidente y en el responsable de tu bienestar emocional. Estar mucho tiempo a solas con ellos puede limitar tu capacidad para tolerar el día a día con tus hijos.

Leer. Lee con tu hijo un libro (adecuado a su edad) que trate sobre el divorcio. Esto te ayudará a hablar con él de temas importantes y le permitirá formular preguntas que, de otra manera, no se le habrían ocurrido o no se atrevería a hacer.

 


Cómo comunicarme con mi pareja

La comunicación dentro de la pareja no siempre es fácil, y en muchos momentos las interferencias emocionales pueden llevarme a decir u omitir cosas de las que luego me arrepiento. Por ello vamos a darte ocho pautas que quizá te ayuden a entenderte con quien compartes tu corazoncito.

1.- Las opiniones sólo son opiniones, no verdades absolutas. Que pensemos de forma distinta con respecto a un tema no significa que uno tenga razón y por tanto es el otro quien se equivoca, ni tampoco que te quiera menos por ello.

2.- Hablar más alto no hace que se me entienda mejor.

3.- Una buena forma de dar una opinión diferente a la de mi pareja es: “puede que tengas razón; es verdad…pero yo creo…; opino; siento…”

4.- Una opinión no tiene por qué excluir a otra, a veces son válidas hasta 100 opiniones diferentes.

5.- Cuando una parte de la pareja está irritada, lo mejor es darle tiempo para relajarse ya que en ese momento no estará receptiva para hablar y si insistimos hay probabilidad de que acabemos discutiendo.

6.- La empatía, la capacidad para ponerme en el lugar del otro, es fundamental. De la misma situación siempre hay dos visiones y si consigo entender la parte de mi pareja me resultará más sencillo dirigirme a ella.

7.- Acepta cuando estés enfadado y díselo a tu pareja, sino es fácil que el malestar cada vez vaya a más y se acabe convirtiendo en una bola de nieve gigante. Pregúntate, ¿cuál fue el motivo de mi enfado?, si no lo recuerdas probablemente no fuera tan importante.

8.- Un mal entendido es sólo eso, no le des más importancia.

Y lo más importante, una pareja está formada por dos personas no sólo una, por eso no caigas en el error de excluir al otro de lo que piensas, quieres o necesitas.


Cuando la pasión falla…

Muchas parejas se lamentan de que la pasión y el amor intenso que había entre ellos al principio se ha ido desvaneciendo hasta quedar convertido en una sombra de lo que fue o ha degenerado hasta transformarse en un continuo enfrentamiento plagado de rencores, distanciamiento y luchas de poder. Sin embargo, aún queda mucho de lo que fue y el amor sigue todavía vivo y deseando poder expresarse plenamente de nuevo. En estos casos hay cosas que podemos hacer para mejorar nuestra relación:

– Acepta a tu pareja tal y como es, con sus defectos y virtudes. Es posible que tu pareja tenga costumbres o comportamientos que no te gustan y tienes todo el derecho a pedirle que cambie, pero si te empeñas en que debe cambiar a toda costa, en que es inadmisible ese comportamiento, lo más probable es que sólo consigas enfadarte. Muy pocas personas van a cambiar si alguien les exige que debe hacerlo, les reprocha, les regaña, les insulta, etc. Lo más probable es que en vez de cambiar se enfaden y sigan en sus trece. Tendrás más probabilidades de éxito si primero aceptas que tu pareja es como es y estableces una diferencia entre sus comportamientos y la persona.

– Deja que tu pareja ejerza una influencia sobre ti, al igual que tú deseas influir en tu pareja. Ten en cuenta que influencia no es lo mismo que control o dominancia. La influencia es algo que eliges voluntariamente cuando aceptas una sugerencia de otra persona o cuando haces un cambio en tu comportamiento tras una petición. Por ejemplo, si alguien te pide un favor y se lo concedes, has dejado que esa persona ejerza una influencia sobre ti porque así lo has querido. Si confundes esto con la dominación o el control vas a tener problemas en tus relaciones, pues puedes acabar llevando la contraria a tu pareja en todo momento o veros envueltos en luchas de poder para ver quién domina a quien. Por supuesto, cuando tu pareja te pida que hagas (o cambies) algo, tienes derecho a negarte si consideras que es una petición poco razonable o atenta contra tu integridad o libertad personal, pero si no es así y si entiendes que su postura es lógica y razonable pero te estás negando por principio o por egoísmo, estarás poniendo en peligro tu relación.

– Autonomía. No establezcas relaciones de dependencia de tu pareja hacia ti. Pregunta a tu pareja cuáles son sus metas y sus deseos, las cosas que son importantes para ella o él, tanto en vuestra relación como en la vida en general y dale tu apoyo y tus ánimos en su intento de lograrlo. Reconoce que tiene su propia vida, y sus propios sueños, aparte de los sueños que ambos compartáis.

– No establezcas relaciones basadas en el miedo al abandono. Si piensas que amas tanto a tu pareja que te morirías si te dejase y sientes celos a menudo o ansiedad ante la posibilidad de un abandono, recuerda que eso no es amor, sino dependencia. Empieza a pensar que sí podrías soportar un abandono, que puedes vivir sin esa persona y sin pareja, como hace tanta gente tras las rupturas, y que podrías encontrar a alguien de quien volver a enamorarte. Si pierdes ese miedo tendrás más posibilidades de que vuestra relación funcione y serás más feliz, mientras que si vives la relación con ansiedad, celos y posesividad, estarás comprando todas las papeletas para que eso que más temes ocurra de verdad. Deja libre a tu pareja.

– Expresa aprecio y cariño. Hazle cumplidos, dile lo que te gusta de él o ella, dile que te ha parecido interesante algo que ha dicho, sé detallista, etc. Incluso si hace algo que te desagrada, trata de buscar un aspecto de esa conducta que sí te gusta. Por ejemplo, si grita demasiado a tus hijos, puedes decirle que aprecias su interés y su esfuerzo por educar a los niños, y luego dile lo que te molesta de esa conducta y sugiérele otras alternativas.

– Aceptar las críticas. Cuando tu pareja te critica, considéralo como una crítica constructiva. Ten en cuenta, que las críticas suelen darse cuando estás haciendo algo que molesta a otra persona y su crítica es una petición de cambio, no necesariamente un intento de herirte. A veces, tu pareja puede usar un tono que no te gusta para hacer dicha crítica (sobre todo si está enfadao/a). Trata de separar esos dos aspectos:

1) lo que está diciendo.
2) el tono que utiliza.

De este modo podrás decirle algo como: “Me parece razonable lo que estás diciendo, pero me ha molestado (o dolido) el tono con que lo has dicho”. Si te fijas sólo en el aspecto negativo, vas a rechazar una sugerencia que, de otro modo, podría resultar lógica o constructiva. Por otro lado, no veas las críticas como un deseo de control, sino como una propuesta que puedes aceptar o rechazar sin necesidad de sentirte ofendido por ello.

– Concede a tu pareja el derecho a equivocarse. Esto significa que le concedes el derecho a criticarte sin fundamento, a hacerte una petición injusta o a no comprenderte de vez en cuando, del mismo modo que tú también cometes esos errores alguna vez. De este modo tendrás más probabilidades de arreglar los conflictos de manera constructiva. En vez de enfurecerte y atacar a tu pareja por haberse portado injustamente contigo, reconoce que nadie es perfecto y explícale lo que te ha molestado, dile cómo te has sentido y pídele que trate de no volver a hacerlo.


¿Cómo hablo a mi pareja?

Pero, … ¿Qué nos está pasando?, ¿Ya no podemos vivir en pareja?, ¿Por qué discutimos tanto?… son preguntas que últimamente resuenan en mi cabeza, es llamativo el repunte de los casos de pareja que llegan al despacho con la misma queja “Ya no nos entendemos…”, “discutimos por tonterías, pero le quiero tanto…”, “si me quisiera de verdad no me haría…”.

Muchas parejas se lamentan de que la pasión y el amor intenso que había entre ellos al principio se ha ido desvaneciendo hasta quedar convertido en una sombra de lo que fue o ha degenerado tanto que se ha convertido en un continuo enfrentamiento plagado de rencores, discusiones y luchas de poder.Sin embargo, aún queda mucho de lo que fue y el amor sigue todavía vivo y deseando poder expresarse plenamente de nuevo.

El problema de estas parejas es la manera en que se hablan, no el contenido, si no las formas han dejado de ser adecuadas y se han convertido en ataque constantes, por eso quiero compartir mi decálogo personal para una buena comunicación:

  1. Las opiniones solo son opiniones, no Verdades Absolutas
  2. Hablar más alto no hace que se me entienda mejor
  3. Una buena forma de dar una opinión diferente a la de mi pareja: ” puede que tengas razón…”, ” Es verdad… pero yo creo/ opino/ siento…”
  4. Una opinión no tiene por qué excluir a otra, a veces son válidas hasta 100 opiniones
  5. Cuando una parte de la pareja está irritada, lo mejor es darse tiempo para relajarnos, sin intentar solucionarlo, solo lo pondremos peor.
  6. EMPATÍA: ponerme en el lugar del otro, pensando como él y no como yo mismo
  7. Aceptar cuando estoy enfadado, decírselo a mi pareja y pedirle que me dé tiempo para relajarme, esto no significa que la culpa la tenga mi pareja
  8. Un mal entendido es solo eso, no lo demos más importancia

Los celos no tienen edad

Decia Michael de Montaigne (1533-1592) escritor y filósofo francés que, “los celos son, de todas las enfermedades del espíritu, aquella a la cual más cosas sirven de alimento y ninguna de remedio.” Y es que, sentir celos forma parte de la naturaleza humana. Los celos representan una de las emociones más naturales o esenciales y al mismo tiempo, una de las más dañinas e incómodas que existen. Desde nuestra mas tierna infancia es un sentimiento que podemos experimentar ante la llegada de un hermanito y ni que decir tiene como en la juventud y en la vida adulta los celos forman parte de muchas relaciones de pareja. Y es que los celos no tienen edad. La base es la misma, lo que cambia es la razón que los provoca.

En la infancia un momento clave para experimentar esta emoción es la llegada de un hermanito .En cierto modo, el niño se protege y reclama seguir teniendo la misma atención que tenía antes y que ahora tiene que ser compartida. Por tanto, puede tener un cierto valor adaptativo. Se considera que tienen un valor adaptativo en cuanto es un sistema de regulación del niño para afrontar una nueva situación. Lo habitual es que vayan desapareciendo o reduciéndose a medida que el niño se hace mayor.  No obstante, en algunas ocasiones, la respuesta de celos es exagerada, prolongada en el tiempo y cursa con gran malestar y deterioro en las relaciones familiares.

¿Y qué pasa con los celos en las relaciones de pareja?  La Real Academia define los celos como una sospecha, inquietud o recelo de que la persona que amamos haya puesto su afecto en otra, o de que alguien pretenda alcanzar o disfrutar de algún afecto u objeto que sea nuestro.

Cuando sentimos  inquietud, ansiedad y desconfianza, mezclado un poco con inseguridad y miedo de perder algo que amamos, tal vez estemos experimentando los celos. El problema surge cuando aquello que tememos perder es nuestra pareja. En las relaciones de pareja los celos son desconfianza e inseguridad, siempre se sospecha de la otra persona, llega a ser  un sentimiento obsesivo. La baja autoestima nos hace sentir que en cualquier momento la otra persona nos va ha abandonar por alguien mejor que nosotros.

El ordenador está ahí sobre la mesa, solo, se ha dejado la sesión encendida de Facebook. Parece que nos está llamando, incitándonos a navegar rápida y compulsivamente por los mensajes del muro, privados, chat, nuevos contactos, … y todo que nos pueda dar un indicio de algo que buscamos y, en el fondo, parece que queremos encontrar…¿Nos reconocemos?.


Hombres, mujeres y sexo

Ahora que no nos oye nadie te contaré un gran secreto, los hombres y las mujeres entendemos el sexo de forma distinta. ¿Sorprendido verdad?, seguro que no lo sabías… Bromas aparte, he de decir que suelen ser habituales las quejas que llegan a mis oídos en cuanto a la frecuencia de las relaciones sexuales se refiere. “Buff, ella no tiene ganas nunca, siempre está cansada, y cuando lo hacemos es por quitarme de en medio”.  “Si por él fuera lo haríamos todos los días…” Si éste no es tu caso, enhorabuena, disfrútalo; pero si lo es o se asemeja, sigue leyendo.

Las mujeres por norma, necesitamos que exista una intimidad emocional para que aparezca el deseo, es decir, si estoy enfadada ¡ni me toques!. Los hombres no; ellos tienen la capacidad de separar emociones y atracción, podemos acabar de discutir pero  eso no hace que no te quiera en mi cama.

En muchos casos, la falta de apetito sexual en la parte femenina de la pareja puede deberse a dos cosas. Una de ellas es que esté enfadada y ni siquiera lo sepa, molesta porque la pareja no la valora, porque la deja sola al frente de las tareas domesticas, porque el peso de los niños lo lleva ella, porque no se siente cuidada o respetada, porque no hay comunicación, porque le da la sensación de que siempre sale perdiendo o tal vez porque en el sexo no recibe la recompensa que espera.  Si eres mujer piensa en lo que acabo de escribir, y si eres hombre pregúntale a tu pareja si eso le está pasando.

La otra razón, es que las mujeres tendemos a tener un ideal para todo,  un ideal de cómo tendría que ser mi pareja (de ahí lo del príncipe azul), un ideal de cómo debería ser mi cuerpo,  un ideal de cómo tendría que ser como profesional, madre, amiga…agotador. De ahí vienen las exigencias constantes en todo, especialmente en la pareja. Quizá le estoy pidiendo a mi chico un imposible, que sepa lo que quiero, necesito y deseo con tan sólo mirarme…pues va a ser que no, no creo que él tenga ese poder por mucho tiempo que llevéis  juntos.

Llegaron a mis manos unas pequeñas líneas que paso a compartir, en las que en tono de humor se habla de esto mismo que estoy contando.

“En algún lugar existen unos grandes almacenes donde las mujeres pueden comprar el marido ideal. Nada más entrar, un cartel con instrucciones advierte que el establecimiento sólo puede visitarse una vez, que consta de cinco pisos y que las características del candidato mejoran a medida que se asciende, pero una vez abandonada una planta no se puede retroceder. Una mujer decide probar suerte. Sube al primer piso y lee: está mal; ti“Estos hombre trabajan y aman a los críos” “No está mal: tienen empleo y les gustan los críos. Pero seguro que puedo aspirar a algo mejor”, se dice y, esperanzada, se encamina a la escalera mecánica.

En el segundo piso el letrero explica: éstos son así, ¿c“Estos hombres trabajan, tienen salarios excelentes, aman a los niños y son muy apuestos.” “Vaya… Si estos son así ¿cómo serán los del tercero?”, se pregunta. Y nuevamente decide ir subiendo.

En esta ocasión, el cartel reza: “Estos hombres trabajan, tienen salarios excelentes, aman a los niños, son muy apuestos y ayudan en las tareas domésticas.” “¡Uau! Realmente tentador…pero mejor sigo, que esto todavía es mejorable”. Y eso hace

Ansiosamente busca el letrero del cuarto piso: “Estos hombres trabajan, tienen excelentes salarios, aman a los niños, son muy apuestos, ayudan con las tareas domésticas y son muy buenos amantes.” “¡Dios mío! Si éstos son la bomba, ¡no veas los que me estarán esperando en el quinto!” Y sin dudarlo, sube al último piso.

La planta está vacía, salvo por un anuncio luminoso en el que se lee:  “Eres la visitante nº 31.675.888 y este piso sólo existe para demostrar que es imposible satisfacer a las mujeres. Gracias por haber elegido nuestro negocio”

Si quieres que tus relaciones sexuales cambien habla con tu pareja, tal vez entre los dos lleguéis a averiguar lo que ocurre y si no pedir ayuda a un profesional, en Cips Psicologos podemos ayudaros.


Mi pareja, la aspiradora y yo…

Puede que al leer el título de este post uno no entienda bien cuál es la idea, pero voy a hablar de algo tan viejo como el pantalón de pana. Y es que a pesar de estar en el año 2016, hay muchas cosas para las que apenas hemos evolucionado. Me estoy refiriendo al inquietante y maravilloso mundo de las tareas domesticas y las parejas.

Resulta sorprendente que el 95% de las mujeres que acuden a consulta, independientemente de cuál sea la problemática por la que vienen, ansiedad, inseguridad, sexo, pareja, maternidad, alimentación, cuando nos ponemos a escarbar un poco, casi siempre me topo con lo mismo “en casa el peso recae sobre mí, yo lo hago prácticamente  todo, el pasa la aspiradora de vez en cuando y baja la basura”, y lo mejor de todo es que ¡¡¡lo ven normal!!!. Nos hemos acostumbrado a que esos sean nuestros roles y de ahí no podemos salir. Y por si fuera poco esto le ocurre a la mujer mayor, pero también a la joven, estudiada y que trabaja fuera de casa. Y sí, somos todos muy modernos, muchas tecnologías, muchas operaciones de estética pero al final en cuanto a la casa se refiere los papeles no han cambiado mucho con respecto a los que tenía mi abuela.

Está claro que partimos de concepciones distintas. La mujer (voy a hablar siempre en general, así que nadie se me ofenda por dios) suele ser más detallista y observadora, por eso nos parece increíble que él no recoja unos calcetines que llevan una semana tirados en su lado de la cama y que dejamos ahí a propósito con la finalidad de que  los recogiera, y ante el grito de “¡¿pero no los has visto?!” su respuesta sea “¿ si no he visto qué?”. Para la mujer eso es impensable. Al igual que no nos coge en la cabeza que no se haya dado cuenta de que las cortinas son nuevas o que la niña si lleva un vestido, la chaqueta a poner no es la del forro polar.

Digo todo esto porque no puedo pretender que mi pareja sea consciente de algo cuando la solución siempre se la doy yo. “Es que tarda tanto en hacer las cosas que al final lo hago yo”, “es que es un desastre”, “ya lo hemos hablado pero como si nada”. Claro que hay que hablar las cosas, pero si él se encarga de algo, se encarga él, no voy yo detrás cual madre hace con su retoño y sobre todo y bajo ningún concepto lo hago yo, porque si no, ya la hemos fastidiado. Realmente el tema de la cosa es importante, asi que valora primero tú misma lo que haces,no lo normalices ni infravalores, asi demuestras que no te quieres y eso no ayudará a que las cosas se arreglen. Y lo sé, lo sé, también los hay muy cucos, con lo de “es que eres una exagerada, para mí la casa está bien, no sé porque te pones asi” solucionan la papeleta dando a entender que el problema lo tiene el otro.

A veces somos muy exigentes y pretendemos que nuestra pareja tenga la misma iniciativa que yo y que le importe la casa lo mismo que a mí. Pero vamos a ver, quizá me estoy excediendo un poco en la petición. Lo importante es que haya un equilibrio en lo que hacemos los dos (cosa complicada porque ya no se trata de hacer, si no de pensar lo que hay que hacer, lo que hace falta, las camas no se cambian solas y las toallas no aparecen limpias, secas y colgadas por arte de magia), pero a veces incluso es bueno que los dos tengamos distintos puntos de vista pues quizá eso me pueda ayudar a mi a aflojar un poco el ritmo.

Igual que habitualmente la mujer no ve el sexo igual que el hombre, no le da la misma importancia (repito, generalizo), y suelen ser ellos lo que tienen que adaptarse a nuestro ritmo, tampoco es justo que sea siempre el hombre el que tiene que adaptarse a todas nuestras visiones. Por eso si no llegáis a un acuerdo en cuanto al hogar se refiere, una de dos, o contratáis a alguien o pide la hoja de reclamación a los padres de tu pareja, está claro que no leíste bien la letra pequeña.


¿Podemos perdonar una infidelidad?

¿Podemos perdonar una infidelidad? Esta es la pregunta del millón, ojala tuviéramos la respuesta…

Las parejas llegan a Cips Psicólogos buscando la “receta mágica”que solucione su problema, la infidelidad, sin ser conscientes de que este hecho ya no tiene solución, no podemos cambiarlo, únicamente podemos enseñarles a asumirlo y a tomar una decisión , continuar o no con la pareja.

Perdonar una infidelidad es  muy personal, porque cada uno decide qué es lo correcto para él y para su vida. Sin embargo, es verdad  que cuando opinamos que haríamos si nos fuesen infieles, la mayoría de las personas afirmamos que dejaríamos a nuestra pareja, cuando este hecho se produce de una forma real, nuestra reacción cambia, y nos surgen entonces dudas sobre qué hacer.

En la mayoría de los casos la decisión que se toma es la de perdonar, sobre todo en relaciones estables y de larga duración son muchas las vivencias, confidencias, proyectos en común, sueños… e hijos.

Romper la relación significa tirar por la borda toda una vida y comenzar una nueva, llena de incertidumbres, es un cambio radical, por lo que en general  intentamos seguir el camino, que a priori,  parece más fácil, el reconstruir y perdonar a nuestra pareja.

Esta es una buena decisión pero llena de dificultades, para comenzar no podemos engañarnos, si perdono supone hacerlo en el sentido estricto de la palabra, es decir, haciendo de verdad borrón y cuenta nueva. Porque nadie puede decir que perdona una infidelidad si a partir de ese momento va a estar controlando a su pareja en cada paso que dé. En caso de actuar así, serán la desconfianza y el agobio los que maten la relación.

Una vez superado el primer paso, el perdón, iniciaremos el difícil camino de reconstruir la relación de pareja, es una situación complicada, tanto para el que engaña como para el engañado, pues ambos presentaran una gran vulnerabilidad emocional.

Es el momento de trabajar para recuperar la confianza, la credibilidad en la pareja, la autoestima, la comunicación, el cariño…en la mayoría de las ocasiones este proceso tiene que estar supervisado por un profesional que nos ayude y sirva de guía.

 

 

 

 


Y de repente un extraño…(la separación en verano)

Seguramente la mayoría de nosotros esperamos las vacaciones estivales como si de una necesidad se tratara. Disfrutar del descanso merecido después de un año de trabajo, el sol, la playa, el tener más tiempo para compartir con la pareja…o quizá esto último no?!.

Y es que las vacaciones pueden provocar verdaderos estragos en una pareja en la que las cosas van aparentemente bien, REPITO, aparentemente.

He escuchado mas de una vez en consulta “nadie se creería que estamos aquí, a cualquiera que le preguntes piensa que somos la pareja perfecta”. Entonces ¿por qué el verano puede pasar factura a mi relación? existen varias razones.

Lo primero, y siento decirlo así, quizá tu relación no era tan sólida como pensabas. A lo mejor ya no tenéis tantas cosas en común como al principio. Los quehaceres diarios, el trabajo fuera y dentro de casa, el no compartir momentos, los niños…y es que no tienen que ser grandes problemas los que separan a una pareja, pero quizá esas cosas han ido provocando el nacimiento de pequeñas brechas en tu relación sin que te dieras cuenta, y durante las vacaciones ya se han convertido en grietas enormes, y para tu sorpresa te das cuenta de que apenas conoces a la persona con la que compartes la cama.

Otra razón muy simple pero real como la vida misma, es que en vacaciones, de repente pasas de estar un ratín al día con tu pareja a disfrutarla o padecerla (según se mire) las 24h, y claro, los conflictos aparecen como setas.

Para intentar prevenir o mejorar esta situación, en Cips Psicólogos te recomendamos algo fundamental. Podría hablar de varias pautas a seguir pero es cierto que a veces cuando nos dicen muchas cosas, nos puede entrar el agobio, “buff es imposible que cambie todo eso, asi que me quedo como estoy” o no suele pasar eso cuando decides bajar unos kilos y empiezas a leer que debes beber no sé cuanta agua, comer tantas piezas de fruta, hacer más ejercicio del que haces, añadir una alimentación…..ay, solo de escribirlo ya me canso.

Lo que voy a decirte seguro que ya lo sabes, pero saber algo no significa que se haga, o no?

Habla con tu pareja, la comunicación es la clave. Que me da la sensación de que estamos distantes, se lo digo; que hay algo que no me gusta, se los digo; que hay algo que me agrada, también se lo digo (no voy a expresar solamente lo negativo, es necesario mantener un equilibrio, y que conste que hablar las cosas no es fácil, soy consciente, pero si necesario).

Cualquier dificultad que haya surgido entre vosotros, en el fondo es porque no se habló en el momento, se dejó pasar. Una infidelidad, un distanciamiento, un cambio en los sentimientos, sensación de soledad, problemas en la organización doméstica y diaria…

Y aquí viene la segunda parte, ¿¿Y cómo hablo con mi pareja para que me entienda y no le parezca mal??, la respuesta aparecerá en otro de nuestros blogs.

Miriam Otero