Mi experiencia como psicóloga

9 marzo, 2019

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Si por cada vez que he oído “yo es que no creo mucho en los psicólogos” me dieran una moneda, a estas alturas creo que tendría para comprarme un coche y pagarlo a toca teja.

También está el “si vas al psicólogo es que estás pirado”, “¿pero el psicólogo para qué sirve?”, o mi favorita “el psicólogo sólo escucha, para eso me tomo un café con un amigo”.

Cada vez que escucho alguna de estas cosas siento como si me dieran un campanazo en la cabeza, pero bien es cierto  que no se puede culpar a nadie por pensar así, está claro que el miedo es libre, y a pesar de que hoy  en día vivimos en la era de la tecnología y la información, sigue existiendo un gran desconocimiento sobre la figura del psicólogo.

No voy a contar qué es un psicólogo, para eso está el señor Googel que seguro que dará una respuesta estupenda; voy a compartir mi experiencia como profesional.

En primer lugar he de decir que cada vez que alguien se sienta en la silla que tengo delante me siento una privilegiada. Que una persona me haga participe de su vida contándome todo aquello que le hace daño, que le preocupa, que le da miedo…cosas que a veces no ha contado nunca a nadie…me parece que es uno de los mayores regalos que alguien puede hacerte, por que compartir “tus miserias” de primeras te hace sentirte muy vulnerable.

Cuando uno expresa en voz alta lo que le pasa, en ese momento lo hace real, y no todo el mundo está preparado para dar ese paso, a veces uno está acostumbrado a “tengo que tirar para adelante” o a “no pasa nada, lo que me hace daño lo meto debajo de la alfombra, si no se ve es que no es real”. Por eso hay que respetar los tiempos que tiene cada uno e ir al psicólogo cuando es decisión  propia.

Yo no doy consejos de café, para eso no hice 5 años de carrera más años y años y años de formación de cursos, masters, talleres…es más sigo formándome (de ello pueden dar fe mi marido y mis hijos) porque la vida va cambiando y trabajo con personas que también cambian y se merecen que el profesional en el que confían esté como mínimo actualizado.

He de reconocer que no es un trabajo fácil, que en muchos momentos tengo que tragar saliva y que hay historias, personas que tocan mi corazón. Por eso cuando alguien me dice “Miriam gracias por lo que me has ayudado” siempre pienso “no, gracias por lo que me has ayudado tú a mí”, porque yo soy la primera en aprender.

A veces pienso que menos mal que mi cabeza no es transparente, porque en el momento en el que alguien empieza a hablar, mis neuronas comienzan a trabajar para ver como encajarlo todo y qué camino hay que seguir. No todo vale para todos, cada persona es distinta y también lo son sus necesidades.

Me parece muy valiente que alguien decida cambiar, por eso todas las personas a las que intento ayudar tienen mi respeto y admiración.

¿Cuál es el objetivo para mí? Pensar de qué manera puedo cuidar y cómo se va a sentir cuidada la persona que en ese momento está desnudando su alma. Sigo y seguiré aprendiendo.