Respira….técnicas de respiración

17 septiembre, 2017

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¿Te has fijado alguna vez en cómo es tú respiración? ¿Has visto que ésta cambia en función de tu estado emocional? Por ejemplo, cuando estás nervioso o cuando algo te da miedo, probablemente notarás que tu respiración se vuelve más rápida, agitada, suspirosa….lo que da lugar a un exceso de oxigenación y provoca una disminución drástica de los niveles de dióxido de carbono….situación frente a la cual el organismo reacciona aumentando las sensaciones de ahogo, provocando sensación de ahogo, opresión en el pecho, calor, hormigueo, visión borrosa, sensación de irrealidad… Fíjate, sin embargo como es tu respiración cuando te encuetras totalmente relajado y tranquilo…¿Notas la diferencia?

Y es que la respiración es fundamental en los seres vivos. La respiración es un proceso de suma importancia en la regulación fisiológica y metabólica del organismo. En los problemas de ansiedad tiene también una incidencia crucial.

A través de la respiración introducimos aire limpio en nuestros pulmones del que extraemos el oxígeno que necesitamos, expulsando anhídrido carbónico de nuestra sangre. Por ello, respirar correctamente tiene gran importancia para nosotros. La correcta respiración nos permite una adecuada oxigenación.

Una correcta respiración es clave para tener una buena salud física y mental. Podemos distinguir diferentes tipos de respiración:

  1. La respiración torácica: el aire entra y sale de los pulmones por efecto de la apertura y cierre de la caja torácica, como si de un fuelle se tratara. Se  eleva el pecho cuando respiramos. El aire ocupa la parte alta y media de los pulmones.  La respiración torácica favorece en el organismo efectos metabólicos que propician la activación fisiológica. Es una respiración que se da preferentemente durante el día , periodo el que el organismo está movilizado o listo para actuar en función de las demandas o exigencias del medio y de sus propias necesidades o intereses, y muy particularmente en situaciones de actividad física, ansiedad y estrés.
  2. La respiración  abdominal o diafragmática: el aire entra y sale de los pulmones por efecto del movimiento ascendente y descendente del diafragma, como si del émbolo de una jeringuilla se tratara. El diafragma es  un músculo en forma de arco situado donde terminan las costillas. Se eleva la zona del abdomen cuando respiramos. El aire ocupa la parta baja, media y alta de los pulmones. Este tipo de respiración favorece procesos fisiológicos que propician la desactivación,  la recuperación y la reparación  del  equilibrio homeostático del organismo, alterado por la actividad diaria. Es una respiración que se da preferentemente por la noche y  a veces en situaciones de reposo durante el día, tanto más cuanto más entrenado se está en practicarla.
  3. Respiraciones mixtas: respiraciones combinadas de movimientos torácicos y diafragmáticos, con posible predominio de uno u otro. Se elevan el tórax y el abdomen cuando respiramos de este modo.

Consideramos que la respiración aporta grandes beneficios, a saber:

  • Lleva gran cantidad de aire a los pulmones
  • Promueve la oxigenación de la sangre
  • Es muy relajante
  • Actúa sobre el plexo solar liberando la ansiedad (y ese “nudo en el estómago”)
  • Estimula el movimiento del corazón y mejora la circulación
  • Con el movimiento constante del diafragma los órganos abdominales reciben un buen masaje
  • Descongestiona el hígado
  • Ayuda al tránsito intestinal

Queremos daros alguna pauta para su práctica:

  1. Para aprender es útil acostarse boca arriba cómodamente, y más adelante practicar la respiración abdominal sentados, de pie, caminando… según practiques la podrás incorporar a tu vida cotidiana.  Procura, para empezar, estar realmente cómodo, así que túmbate colocando un cojín bajo tu cabeza y tus rodillas.  Posa tus manos en el abdomen.
  2. Antes de empezar expulsa a fondo el aire de tus pulmones varias veces, si quieres haciendo algunos suspiros, con el fin de vaciarlos bien de aire residual, lo cual automáticamente provocará la necesidad de inspirar más profundamente.
  3. Una vez provocado este impulso de respiración profunda, inspira llevando el aire “hacia tu abdomen” como si quisieras empujar hacia arriba las manos posadas en él.  Mientras más  extiendas el diafragma y más profundo respires, más se “hinchará” tu vientre.
  4. Retén unos instantes el aire en tus pulmones
  5. Cuando sientas la necesidad de expulsar el aire, hazlo relajando tu vientre (este se “desinflará” y las manos bajarán con él). Y al final de la exhalación empuja voluntariamente el diafragma hacia los pulmones para expulsar todo el aire.
  6. Quédate un instante con los pulmones vacíos, sintiendo cómo te vas relajando, y en cuanto sientas nuevamente el impulso de inspirar, hazlo profunda y lentamente volviendo a llenar tus pulmones mientras tu abdomen sube.

Practica esta respiración durante el tiempo que te plazca.  Puedes usarla para relajarte antes de dormir o para comenzar el día oxigenándote plenamente.