¿Soy feliz, o lo seré cuando…?

2 septiembre, 2016

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Hace ya algún tiempo llegó a mis manos este escrito: “Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor después…después de terminar la carrera, después de conseguir trabajo, después de casarnos, después de tener un hijo, y entonces después de tener otro.

Luego nos sentimos frustrados porque nuestros hijos no son lo suficientemente grandes, y pensamos que seremos más felices cuando crezcan y dejen de ser niños, después nos desesperamos porque son adolescentes, difíciles de tratar.

Pensamos, seremos felices cuando salgan de esa etapa. Luego decidimos que nuestra vida será completa cuando a nuestro esposo o esposa le vaya mejor, cuando tengamos un mejor coche, cuando nos podamos ir de vacaciones, cuando consigamos el ascenso, cuando nos retiremos, cuando…”

Y está claro que ese cuando nunca tendrá un tope si yo no lo freno. ¿Y si no hay un después? Y no es que me quiera poner yo melodramática, pero si realmente no lo hubiese, ¿con qué te quedarías?; y digo esto porque muchas veces nos comportamos como si nos fuera la vida en cada cosa que hacemos, a todo le damos la misma importancia sin llegar a tener un filtro que nos ayude a elegir aquello que realmente nos hace felices.

Si te pregunto si eres feliz, tus respuestas pueden ser muy variadas, “la felicidad no existe”, “cómo voy a ser feliz si hay sufrimiento a mí alrededor”, “la felicidad son momentos”, etc.

Como bien dice el psicólogo y escritor Jorge Bucay, hemos convertido la felicidad en algo inalcanzable ya que creemos que ser feliz es estar constantemente riéndonos, pasándolo bien, no teniendo conflictos…cuando lo cierto es que no se trata de eso. Ser feliz es estar en el camino que uno eligió, no que te vaya bien en ese camino.

Y curiosamente la mayoría de cosas que nos hacen sentir bien son aquellas que no se compran con dinero. Yo me derrito cuando llego a casa y mi hija pequeña con su media lengua me dice que me ha echado de menos, o con los abrazos de mi marido que me hacen sentir en casa, o pasear por la playa, hacer unas galletas con mi hijo mayor o ver como mi perra me recibe con la mayor de las alegrías cada vez que llego a casa.

Piensa qué te hace sentir bien, valóralo y disfrútalo, y sobretodo intenta ser consciente de que  este mismo momento, quizá sea un martes a las once de la mañana, es lo que tienes, el presente, lo real, los cuandos pueden llegar o no.