Las lágrimas de los héroes

Hace una semana que este país se levantaba con la triste noticia del hallazgo en un maletero del cuerpo sin vida de Gabriel y las circunstancias que habían rodeado su fallecimiento. No puedo escribir aquí lo que pensé y sentí en ese momento porque digamos que no es políticamente correcto….aunque no creo que muy diferente a lo que todos vosotros pudisteis experimentar.

Ha sido una dura historia…sin final feliz, en la que montones de personas han trabajado con un único fin. Y cada uno con su duelo… Vaya por delante mi más sentido pésame para toda esa familia valiente, ejemplo de dignidad y buen corazón y de amor…pero me gustaría rendir mi particular homenaje a los intervinientes. Han sido muchos…personas que siempre que alguien sufre o necesita ayuda están dispuestos a ayudar, personas que muchas veces se ven obligadas a correr hacia el mismo lugar del que otros huyen horrorizados, personas a las que el sufrimiento ajeno conmueve, impulsa y motiva a ayudar….personas que en su labor diaria de tratar de entender y aliviar el sufrimiento ajeno ponen en riesgo su salud mental.

Todos pudimos ver en los telediarios las declaraciones del comandante de la UCO, reflejo y evidencia del impacto emocional que el hallazgo del cadáver del pequeño supuso en todos ellos.  Y es que “quien no lloró en el hallazgo lo hizo después…somos humanos”,dijo….¿ a caso no hemos llorado tú y yo? Y es que cuando algo así ocurre hay muchas victimas….algunas públicamente reconocidas (como tiene que ser)…otras ocultas pero también victimas. Y ahí están los intervinientes en emergencias.

El lunes pasado tuve el gusto de poder compartir con ellos una parte de su larga e imposible jornada laboral. De vivir de primera mano su labor diaria de ayuda y entrega a los demás. Y puedo decir que sí, que el fenómeno es real …la suerte del principiante existe…y en plena emergencia me vi envuelta junto con todos ellos….trabajando en su máximo explendor de nuevo con un objetivo común ….salvar vidas. Y este cuento si tuvo un final feliz.

Agradecimientos:

– Gracias Marco y Alejandro, técnicos de emergencias por dejarme acompañaros y enseñarme vuestro trabajo diario. Por ese cariño que profesáis al doliente, por cuidarnos, por preocuparos por nuestro bienestar…Hago extensivo este agradecimiento a todo el personal de emergencias….policías, psicólogos,médicos, bomberos, militares…

– Gracias Patricia y Ángel, por darnos esa lección de entereza y humanidad. Gracias por enseñarnos que el amor puede más que el odio. Nos habéis  dado a todos una lección de cordura.

D.E.P pescaíto.


¿Y un muerto puede tocar el violín?

Si hay algo que con el paso de los años y la experiencia he aprendido, es la capacidad de las personas para superar las adversidades, reinventarnos y salir adelante.

Y es que quien más o quien menos a lo largo de nuestra vida tendrá que enfrentarse a viviencias que supongan la realización de ajustes para poder adaptarse a las nuevas circunstancias.

Ayer tuve la suerte de acudir a unas jornadas organizadas por el GIPEC (Grupo para la intervención psicológica en emergenicas y catástrofes) del Colegio Oficial de Psicólogos del Principado de Asturias sobre “Pérdida y Duelo”. Unas jornadas duras pero muy interesantes, en las que como profesional me fui con más conocimientos y la convicción de que hay muchas personas, más de las que pensamos, con una tremenda capacidad para sobreponerse al dolor emocional que causa una situación adversa y continuar con su vida, saliendo incluso fortalecido.

Me gustaría compartir con vosotros un video, emotivo y emocionante que habla de esta capacidad llamada resiliencia. Espero que os guste.

https://youtu.be/QQPWB6tvqD8

 


Cuando nuestro cuerpo habla

Seguro que no me equivoco si digo que a nadie le sorprende que su corazón se ponga a palpitar a un ritmo frenético si tenemos que escapar de un perro negro y gigante que corre detrás de nosotros a toda velocidad, o que nos tiemblen las piernas cuando tenemos que hablar delante de un montón de gente, ¿verdad?.  Sin embargo, nos cuesta más aceptar que los mismos pensamientos que te encogen el estómago puedan llegar a provocar dolencias tan graves como ceguera, convulsiones o parálisis. Estamos hablando de los trastornos de somatización. Para los que nunca hayáis oído hablar de ello, o para los más escépticos, me gustaría contaros algo sobre este tema.

La somatización es un conjunto de síntomas físicos que producen malestar y que no pueden ser explicados médicamente a partir de una revisión del cuerpo. Es decir, que allí donde hay una somatización hay problemas relacionados con el dolor y el malestar a los que no se les puede encontrar una causa a partir de un examen médico. Las personas que lo padecen  se quejan de forma reiterada de dolores y malestar de diversa índole, los cuales no tienen un origen físico identificable. Dichos síntomas, que además son recurrentes e inexplicables, interfieren negativamente en su vida social, laboral e incluso personal. Cuando alguien padece un trastorno de somatización  sufre dolencias y síntomas desagradables durante mucho tiempo, incluso años, que afectan diversas áreas del cuerpo. El  dolor abdominal,  los dolores de cabeza,  las molestias en el pecho como opresión o palpitaciones y  molestias musculares, articulares e incluso en las vías urinarias son algunos ejemplos.

Por otra parte, los trastornos psicosomáticos también pueden presentarse como enfermedades orgánicas bien definidas y en las que los factores psicológicos juegan un papel muy importante, ya sea en su inicio, evolución o intensidad. Ejemplo de ello es el colon irritable o lo eczemas, las enfermedades cardiovasculares o respiratorias…todas ellas asociados con el estrés.

Si nos prestamos un poco de atención portemos me comprobar que las emociones no sólo se manifiestan a través de síntomas psicológicos. Por ejemplo cuando nos enfadamos nuestro corazón se acelera, además de aumentar la tensión arterial y muscular entre otras muchas cosas. Todas las emociones ( tristeza, miedo, alegría..), tienen un correlativo físicos. La parte psicológica de la emoción se encarga de dar sentido a lo que está ocurriendo y actuar en consecuencia, es decir, yo siento, mi cuerpo reacciona y mi psique le da sentido y actúa. Las afecciones psicosomáticas tienen lugar porque la persona ha bloqueado su parte psicológica, por lo que no permite que sus emociones sean verbalizadas y trabajadas. En definitiva, actúa como si no pasara nada. Niega el conflicto o niega la importancia del conflicto por lo que no puede dar sentido ni elaborar lo que está ocurriendo. En este momento, con la parte psicológica fuera de juego, la parte física se intensifica, se consolida y sigue actuando sobre lo somático, no puede desaparecer sin más.

La clave para no sufrir cualquier problema psicosomático es aprender a manejar nuestros estados emocionales, lo que supone entrenar para ser consciente de cómo me hace sentir aquello que viví o aquello que estoy viviendo. Esto, puede resultar Dificil si eres una persona que desde su infancia aprendió a sobrevivir en en este mundo a base de atar sus sentimientos, de comerse los problemas. Hay entornos familiares y culturales donde la expresión emocional, sobre todo la relativa a las emociones negativas, está severamente censurada. “No estés triste”, “no te enfades” o “no se llora” son expresiones frecuentes que sirven como ejemplo del estilo comunicativo que, si se generaliza, termina creando niños que reprimen sus emociones y su capacidad para canalizarlas. Si esto se dilata en el tiempo, dichos niños se convertirán en adultos que han automatizado el mecanismo: ya no detectan ni expresan sus emociones, simplemente las niegan. He aquí el peligro.

Hemos de aprender a tomar conciencia de nuestras emociones , aprender a escuchar a nuestro cuerpo. Ambos están conectados y tener un cuerpo sano también pasa por cuidar nuestra mente.