¿Qué música aparece en tu cabeza cuando hablas con tu hijo?

“Pero éste que me está echando un pulso…”, “me está escuchando fijo pero no le da la gana contestarme”, “si sí te crees muy listo, pero más lo soy yo”, “me está retando”, “pero qué se ha creído”, “quiere pasar por encima de mí, pero anda que no le queda nada”, “está claro que es un desobediente”. ¿Te suena este repertorio?

Seguramente, si no hubieras leído el título, puede que pensases que todas esas frases van dirigidas a un enemigo, a alguien que nos está haciendo la vida imposible y que busca provocarnos con la única intención de fastidiar porque sí, una especie de villano al más puro estilo Gargamel (los pitufos). Pues nada más lejos de la realidad, todas esas señales se disparan en nuestra cabeza como un resorte en muchas ocasiones, como si de luces de neón se tratasen, y van dirigidas nada más y nada menos que a ¡¡nuestros hijos!!. Pero a quién creo que estoy criando, ¿a Chucky la semilla del mal?

Te propongo un ejercicio. Visualiza un paisaje, un bosque…un bosque de árboles verdes, frondosos, todo lleno de vegetación, y al final un pequeño lago de agua cristalina…a eso añádale música de Enya por ejemplo, ay que tranquilidad…

Ahora imagínate ese mismo paisaje pero escuchando la banda sonora de tiburón… ¿asusta eh?, a que tus sensaciones corporales han cambiado y estás alerta por si detrás de un arbustillo aparece el asesino (si quieres experimentar realmente lo que te digo refresca tu memoria y escucha la música de tiburón).

¿Sabes quién es el responsable de que aparezca esa melodía en tu cabeza? Tú, no tu hijo.

¿Sabes quién atrae a tu mente todo el repertorio de “pero si sabe que no puede para qué lo hace”? Tú, no tu hijo. Y ojo, que no digo yo que nuestros retoños no sean agotadores en ocasiones, pero ¿quién paga las consecuencias de tus creencias? Tus hijos ( y yo ahí es cuando me siento la peor madre del mundo).

Por eso es importante que conozcas cuáles son tus disparadores, qué es lo que consigue que vayas de cero a cien en milésimas de segundo. Quizá el cansancio, el estar agobiado por cosas del trabajo, discusiones con tu pareja, el pensar que tu hijo tiene que ser perfecto o quizá sientas que la forma en la que los educas la pueden estar juzgando otras personas como los abuelos u otros papás.

Sea lo que sea, si lo sabes identificar, poco a poco la intensidad de esos enfados irá disminuyendo y tú y tus hijos estaréis más tranquilo. ¡Mucho ánimo, lo de ser padre es una carrera de fondo, no un spring!