La vida: el aprendizaje constante

Prácticamente desde que nacemos nuestros padres, abuelos, tíos etc., nos dan consejos, lecciones, el que más destaca de entre todos es uno: estudia. “Estudia, que sin estudios no vas a ninguna parte”, “a día de hoy hay que estudiar”, “a día de hoy si no estudias no eres nadie” y una serie de infinitos tópicos acerca de los estudios. Sin embargo, todos y cada uno de los consejos que nos dan están basados en su experiencia a lo largo de la vida.  Es cierto que los estudios son importantes, pero donde realmente aprendemos es en el día a día. El colegio, el instituto, la universidad digamos que es la parte teórica mientras que la vida es la parte práctica. En la vida no existen libros por los que guiarte y actuar sino que la vida es una permanente improvisación y, esta, es la base del aprendizaje. Todos los días, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, tomamos decisiones (desde qué ropa ponernos hasta otras muchas más complejas). Estas decisiones a veces son correctas, adecuadas a la situación pero otras muchas son erróneas y, casi siempre, logramos sacar una enseñanza de ellas. La vida nos enseña a respetar, y a ser respetados,  a sobreponernos frente a las adversidades, a amar, a perdonar, a no juzgar, a valorar todo cuanto nos rodea… Debemos tomarnos la vida con optimismo, sintetizando los problemas y errores, pensando que siempre podemos aprender de ellos. Al fin y al cabo, como decía la escritora estadounidense Louisa May Alcott: “No tengo miedo de las tormentas porque estoy aprendiendo a navegar mi barco”.


Supongo que alguna vez te han preguntado si eres de los que ven el vaso medio lleno o medio vacío…es decir, si te consideras una persona optimista o pesimista. Y es que una de las verdades más profundas de la psicología humana es la que refleja el viejo proverbio de que nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Una misma situación percibida por dos personas diferentes puede adquirir una distinta dimensión.  Al final, la forma en que hemos aprendido a interpretar la realidad va a condicionar nuestro estado de ánimo y éste el enfoque que daremos a nuestra vida. Y no quiero decir con esto que el optimista viva en un estado de felicidad permanente, pero si que es capaz de percibir lo bueno de cada circunstancia y a partir de esa percepción es capaz de mejorar las posibilidades que cada situación plantea.

Y dicho esto, el optimista ¿nace o se hace? Aunque es cierto que hay personas que nacen con una capacidad increíble para pensar de forma positiva desde la infancia y sin prácticamente esfuerzo, también es cierto que otros muchos aprenden a hacerlo con posterioridad. Veamos algunos factores que pueden ayudarte a mejorar tu optimismo:

-Controla tu lado negativo. Aprende a debatir tus pensamientos negativos. Las tecnicas cognitivas te ayudarán a rebatir tus pensamientos irracionales y negativos y a buscar formas más ajustadas de interpretar la realidad. Se trata de aprender a interpretar los acontecimientos de forma más realista y objetiva, intentando encontrar evidencias que contradigan ese discurso pesimista.

-Realiza un entrenamiento en autoinstrucciones positivas. Cambia tu discurso, di ” lo haré, soy capaz” frente a “no puedo…”

-Cuida tu autoestima. Aumenta el autoelogio.  Puedes decirte lo bueno que conseguiste o el disfrute que tuviste. Recuerda tambien las impresiones positivas que otras personas tienen sobre ti.

-Adopta una actitud de superación,  propone metas y esfuérzate por conseguirlas.

-Emplea el sentido del humor. Sonríe con más frecuencia. Proponte realizar todos los dias el esfuerzo de sonreir.

-Trata de ver el lado bueno de lo malo. Aprende a no dramatizar, ni exagerar las consecuencias de los errores o fracasos.

-Vive el aquí y el ahora. Céntrate en la experiencia presente y saboreala conscientemente.

Al final con un poquito de motivacion y algo de esfuerzo, todos podemos aprender a moldear nuestra manera de pensar a fin de hacernos más resistentes a las circunstancias adversas que se cruzan en nuestro camino.


¿Sabes ser optimista?

 

Seguro que la mayoría de vosotros contestará afirmativamente a esta pregunta, pero no tan rápido, comenzaremos  aclarando un par de conceptos básicos para responder a esta pregunta.

Si miramos la definición clásica de optimismo leeremos algo así como: “tener una fuerte expectativa de que en general las cosas irán bien a pesar de los contratiempos y de las frustraciones”. Hasta aquí todo aclarado, el problema aparece cuando el ser optimista viene acompañado de una sensación de “ensoñación”,  haciendo que desarrollemos expectativas exageradas e ilusorias que nos alejan de la realidad.

Existe un término denominado “optimismo positivo” que hace referencia a las personas que presentan un equilibrio entre los retos que les plantea la vida( laborales, deportivos, familiares, sociales…),  y los recursos de que disponen para enfrentarse a los mismos. Estas personas  se enfrentan a los desafíos que les plantea el día día de manera inteligente y equilibrada, consiguiendo así sus objetivos.

Ahora lo difícil es comenzar a ser optimista….pero que no cunda el pánico, desde Cips Psicólogos vamos a proporcionaros algunas claves para desarrollar un estilo optimista positivo:

  • Es una filosofía de vida: “Creer que las cosas pueden mejorar”, si piensas así generaras confianza en ti mismo, y sin darte cuenta, desarrollaras comportamientos para mejorar las cosas.
  • El optimismo no es una cualidad, sino una posición para enfrentar la vida, una posición que puedes aprender, ensayar y por tanto mejorar.
  • Una actitud que eliges tu, no dejes que nadie elija por ti como te enfrentas a ese café, a esa discusión , a ese problema…tú y solo tú tienes el derecho de elegir con que actitud quieres levantarte, al fin y al cabo la vida la puedes jugar a ganar o a no perder, ¡Tu decides!