De la carta al whatsApp

 

Es curioso ver cómo ha cambiado el mundo en tan sólo un par de decenios. Ha cambiado en muchas cosas, pero sobre todo en la forma en que las personas nos relacionamos. Aún recuerdo mi adolescencia, cómo funcionaban las relaciones personales, los jóvenes nos comunicábamos cara a cara, organizábamos fiestas a las que nos invitábamos unos a otros , bien directamente o bien con una llamada al único teléfono que había en las casas. Después nos reuníamos y nos presentábamos a personas hasta ese momento desconocidas, ampliando así nuestro círculo de amistades. Las cosas han cambiado, verdad? Hoy día, a través de las redes sociales, es posible establecer contacto con personas, con las que en otro contexto no hubiéramos cruzado ni una palabra.

La tecnología avanza y va introduciéndose cada vez más en nuestra vida cotidiana. Internet, las redes sociales, los teléfonos móviles con whatsApp…nos hacen vivir en un mundo más conectado, lo que ha generado un importante cambio en nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos. Para los que ya casi rondamos la cuarentena, es alucinante observar a nuestros hijos que casi de manera instintiva manejan con destreza el mundo tecnológico. El contacto con las nuevas tecnologías desde edades tempranas hace que las nuevas generaciones se manejen con soltura en este ámbito.

Hoy día a nadie le resulta extraño ni llamativo pasar por delante de una terraza, en la que te encuentras a un grupo de jóvenes sentados en torno a una mesa, donde sus ocupantes no se miran entre sí, sino que tienen sus retinas pegadas a la pantalla que sostienen entre sus manos. Para algunos la era de la nueva comunicación está creando una generación de dependientes tecnológicos, con una imperiosa necesidad de estar permanentemente conectados, principalmente a las redes sociales. Algunos por ello, alertan que las redes sociales y el desarrollo tecnológico están afectando a las relaciones humanas y a la salud mental de quienes lo utilizan en exceso. El propio Enrique Echeburúa, catedrático de psicología clínica dice que ” el cambio de la vida social por la vida virtual a través de las redes sociales como Facebook o Twitter, es uno de los mayores peligros que el uso abusivo de las nuevas tecnologías entraña para los jóvenes”.

Pero no todos son detractores, también hay quien piensa que las redes sociales son un fenómeno social que ha revolucionado la forma en que nos comunicamos e interactuamos ofreciendo muchas posibilidades en distintos ámbitos de nuestra vida. Por ejemplo, gracias a estas redes, millones de personas pueden hoy acceder a servicios y al establecimiento de lazos con otras personas con necesidades e intereses comunes que hasta hace bien poco hubiera sido impensable para ellos, o también que, el aislamiento geográfico o la distancia ya no es un impedimento para mantener un contacto próximo con familiares y amigos.

Al margen de opiniones personales, está claro que las oportunidades y los riesgos de las nuevas formas de comunicación están ahí, y que la sociedad tiene el reto de determinar qué controles y restricciones hay que aplicar a los jóvenes y a las redes sociales para su crecimiento y desarrollo saludables. Las redes sociales, como otras muchas cosas, no son ni buenas ni malas , sino que todo depende de cómo se utilicen.


Ladrones del tiempo

Es habitual escuchar ¡voy corriendo, que no tengo tiempo! o ¡todo el día a carreras!, pero lo cierto, es que aunque hoy en día nuestros horarios están a  tope y las agujas del reloj van marcando nuestros pasos, es importante que intente ser consciente de cuáles son mis ladrones del tiempo.

El levantarse por la mañana con el piloto automático no me ayuda a disfrutar lo que vivo en el presente, todo lo contrario, me lleva a angustiarme por un futuro que interpreto como tremendamente negativo, de ahí que aparezca la temible ansiedad.

Seguramente no me resulta fácil saber qué me hace perder el tiempo, pero  ¡si lo tengo  ya todo encajado!, no problem, para eso estamos en Cips Psicólogos, para ayudarte a buscar.

1. El Tengo que. Tengo que hacer…tengo que pensar…las mujeres somos las reinas de los tengo que (a poder ser para antes de ayer), de las listas mentales interminables, en las cuales da igual lo que vayas quitando porque siempre habrá algo para sustituirlo. Con lo cual es fácil sentir que en mi cabeza siempre hay cosas, es como una nebulosa constante que por supuesto me roba tiempo de descanso y disfrute.

2. Querer hacerlo todo. ¿A caso estas preparando unas olimpiadas o vas a recibir un premio por ser una persona todopoderosa? No verdad, pues entonces sé consciente del tiempo real que tienes para hacer las cosas, no del que te gustaría tener. Hay factores externos que se escapan a tu control y que te pueden impedir hacer las cosas en el tiempo que deseas. Aprende a delegar,  y te contaré un secreto, no todo es urgente, no todo es importante, y gracias a dios hay cosas que no son ni urgentes ni importantes.

3. No saber decir no. No hay problema cuando yo mismo me digo un no, y sé que me sobrepondré cuando alguien me lo dice, pero ¡vaya cómo me cuesta decirlo! , es que si se enfada, si le parece mal…con lo cuál cedo ante mis necesidades, mis deseos y por supuesto mi tiempo.

4.Buscar la perfección. No es que sea perfeccionista, es que quiero hacerlo bien…ya ya, pero la mayoría de las veces es lo mismo. La perfección es subjetiva, ¿realmente necesito controlar hasta el mínimo detalle para estar tranquilo? Ojo con eso porque es un arma de doble filo, quizá doy demasiado  valor a las cosas de fuera, cuando lo realmente importante he de buscarlo dentro.

5. El Teléfono móvil. Hoy en día parece impensable vivir sin teléfono, si te lo olvidas en casa o lo pierdes, madre de vida, y si me llaman…cómo no voy a contestar al whatsapp…pero de lo que no me doy cuenta es que cuando alguien me llama, el otro si está controlando su tiempo, lo hace cuando él decide, por tanto yo también estoy en mi derecho de no contestar o no.

6.La redes sociales. El cotillear, el buscar, el pasar el rato a veces se puede convertir en más tiempo del que creo, por eso párate un momento a pensar cuánto tiempo le dedicas, puede que te sorprendas.

Cada uno de los ladrones de tiempo que aquí aparecen suelen ser habituales en nuestras vidas, por eso iremos escribiendo distintos post en las sucesivas semanas de cada uno de ellos.