¿Infidelidad, puedo sobrevivir a ella?

¿Podemos perdonar una infidelidad? Esta es la pregunta del millón, ojala tuviéramos la respuesta…

Las parejas llegan a nosotros buscando la “receta mágica”que solucione su problema: la infidelidad. No somos conscientes de que este hecho ya no tiene solución,  de que no podemos cambiarlo, y nosotros, como profesionales, únicamente podemos enseñar a asumirlo y a tomar una decisión: continuar o no con la pareja.

Perdonar una infidelidad es  muy personal, porque cada uno decide qué es lo correcto para él y para su vida. Sin embargo, es cierto  que cuando opinamos qué haríamos si nos fuesen infieles, la mayoría de las personas afirmamos que dejaríamos a nuestra pareja, pero cuando este hecho se produce de forma real, nuestra reacción cambia, y nos surgen entonces dudas sobre qué hacer.

En la mayoría de los casos la decisión que se toma es la de perdonar, sobre todo, en relaciones estables y de larga duración cuando son muchas las vivencias, confidencias, proyectos en común, sueños… e hijos.

Romper la relación significa tirar por la borda toda una vida y comenzar una nueva, llena de incertidumbres. Es un cambio radical, por lo que por regla general, intentamos seguir el camino, que a priori parece más fácil: el de reconstruir y perdonar a nuestra pareja.

Esta es una buena decisión pero está llena de dificultades: para comenzar no podemos engañarnos; si perdono debo hacerlo en el sentido estricto de la palabra, es decir, haciendo de verdad borrón y cuenta nueva. Porque nadie puede decir que perdona una infidelidad si a partir de ese momento va a estar controlando a su pareja en cada paso que dé. En caso de actuar así, serán la desconfianza y el agobio los que maten la relación.

Una vez superado el primer paso (el perdón), iniciaremos el difícil camino de reconstruir la relación de pareja. Es una situación complicada, tanto para el que engaña como para el engañado, ya que ambos presentaran una gran vulnerabilidad emocional.

Es el momento de trabajar para recuperar la confianza, la credibilidad en la pareja, la autoestima, la comunicación, el cariño… En la mayoría de las ocasiones este proceso tiene que estar supervisado por un profesional que nos ayude y que nos sirva de guía.


Mi hijo quiere una agenda rosa

Para muchos padres el inicio de curso es algo agotador, encajar horarios de cole y extraescolares, comprar uniformes, zapatos, libros y como no, empezar con las carreras mañaneras para que se levanten y las nocturnas para que se acuesten.

En todo esto, en lo que por supuesto yo también estoy en vuelta, ocurrió una situación con mi hijo mayor (8 años) que paso a compartir.

Ya desde el año pasado, una de las cosas que necesita para el cole es una agenda escolar. En ella va poniendo lo que ha visto en clase y lo que hay para hacer en casa, así se va habituando a estar atento y a tener las cosas en un relativo orden. Hasta ahí todo bien.

En la primera tienda en la que estuvimos, había varias…de trenes, de colores, de camuflaje…. Y al momento me dijo “mamá me gusta esta”; era una agenda fucsia y ponía “Girls Rock”. Aquí viene la parte negativa…me sorprendí a mi misma diciéndole “hijo, ¿no prefieres otra?”, “y si vamos a otra tienda a ver si hay más…” y él “no mamá, me gusta esta”. Lo primero que se me vino a la cabeza fue “se van a reír de él”. Ese miedo es el que hizo que yo le insistiera en que cambiara algo que él quería, y que no suponía bajo su visión ningún problema.

Cuando me di cuenta de todo esto (menos mal que sólo pasaron unos minutos), me reseteé y entendí que la forma de protegerlo era decirle lo que podía pasar para que él así eligiera.

“Cariño, por mi puedes llevarte la agenda que quieras, la que tú elijas me parecerá perfecta, pero si te llevas esta fucsia y que pone girls, quizá algún niño del cole se ría de ti y te diga que eres una niña, como si eso fuese algo negativo, o alguna otra cosa que se fea. A veces las personas reaccionan así ante algo que es menos habitual” después de está conversación su respuesta fue “mamá,si eso pasa no me importa, me sigue gustando la misma agenda”.

Comparto esto porque me sorprendió mi primera reacción…nunca lo hubiera dicho, y es que el miedo a que un hijo sufra puede limitar a los padres muy fácilmente. Por eso antes de evitarles cualquier situación, es mejor hablar con ellos para prepararlos y confiar en que pondrán en practica lo hablado…no podemos estar de forma constante en cada situación que viven.


La depresión, una enfermedad incomprendida.

La depresión es una de las enfermedades psicológicas más comunes en nuestros días. Las previsiones estadísticas afirman que para el año 2020, una  de cada 6 personas sufrirá depresión, convirtiéndose en la segunda causa de incapacidad a nivel mundial. Desgraciadamente, el hecho de que la depresión sea un problema común no significa que sea comprendido y aceptado a nivel social.

Muchas personas no acaban de creerse que la depresión es una enfermedad producto de un trastorno psicológico. Muchas personas lo que creen es que es una debilidad de carácter cuando no una opción personal. Sentirse mal, cansado, sin ganas de hacer nada, sentirse triste, con dolores por todo el cuerpo, no tener ganas de vivir…es el estado que produce una depresión. No es una elección de vida, sino un estado inevitable fruto de una depresión.

¿Quién no ha escuchado alguna vez expresiones del tipo?…”la depresión es de débiles”, “el que está deprimido es porque quiere…yo jamás podría estar deprimido/a”. No nos engañemos, si bien las personas resilientes, con vínculos afectivos sólidos y sensación de control sobre su propia vida, son menos proclives a sufrir una depresión, nadie está exento de sufrirla.

Son varios los errores que cometemos al enfrentarnos a esta enfermedad. El primero es confundir la depresión con la tristeza. La tristeza no es un estado patológico, es una reacción ante determinadas circunstancias de impronta negativa que desaparece con el paso de los días. Al contrario, la depresión es una patología , una enfermedad en la que es necesario recurrir a los psicofármacos y por supuesto a la psicoterapia para tratarla. Otro error muy extendido es pensar que la fuerza de voluntad es suficiente para combatir la depresión. La persona deprimida no quiere sentirse mal pero a menudo su voluntad no le basta. Debemos tener presente que la depresión no solo es un estado emocional sino que también sienta sus raíces en cambios en el funcionamiento del sistema nervioso. Por tanto, pedirle a la persona deprimida que “ponga de su parte” o tacharla de “floja” y “perezosa” no será de gran ayuda. Y sin duda no nos olvidemos, la inercia que nos lleva muchas veces a proponer a la persona deprimida a “poner de su parte” sugiriéndole ir a fiestas o participar en actividades divertidas. Todo esto, acaba por generar en la persona deprimida un sentimiento de frustración y culpabilidad, ya que cuando el tiempo pasa y no hay mejoría ni cambios positivos tanto los demás como la propia persona enferma se tiende a responsabilizar de que no desea curarse.

Algunos pacientes expresan como se sientes de esta manera:

“Yo no elegí que el sufrimiento entrara a mi vida, ni la depresión es esa etiqueta que me hace menos apto para la vida. Yo lucho mis batallas y no deseo tu compasión ni tu indulgencia, solo tu comprensión y un apoyo sin juicios ni reproches.”

“¿Y si te pones en mis zapatos y sientes lo que yo siento? Mi mundo está roto en pedazos y no sé como reconstruirlo, he perdido el control sobre todo y avanzo entre tinieblas. Solo entiéndeme, solo por hoy, ponte en mi lugar…”

A veces, nuestras propias limitaciones y desconocimiento nos incapacita para ayudar a una persona deprimida. Muchas veces apoyando, acompañando, y por supuesto no juzgando ni responsabilizando, puedes convertirte en una guía en esa batalla de la persona deprimida.


El final del verano…

La época más esperada por todos llega a su fin. Pasamos la mayor parte del año pensando en el verano, haciendo planes de cara a él, pensando en nuestras esperadas vacaciones, en ese período del tiempo que nos permite no estar atados a un horario predeterminado. El verano pasa más rápido de lo que nos podemos imaginar: poco a poco el ocaso se adelanta, los grados disminuyen, y las vacaciones se acaban…

Llega la vuelta a la rutina, al trabajo, al colegio, a la universidad, a madrugar, a los horarios, al tráfico de la ciudad etc.  Pero no todo es malo, la rutina nos beneficia en gran medida: muchas veces vivimos las vacaciones como un estrés constante, y la rutina nos devuelve a la realidad, hace que recuperemos nuestros hábitos… El verano supone un paréntesis en nuestra vida, y debe hacer que volvamos a la rutina con más fuerzas y más ganas.

 


El móvil, ¿mi amigo?

Ay el móvil, ese aparato que sirve para comunicarse con gente que no tengo al lado en ese momento, y a la vez puede provocar distancia hacia las personas que sí tengo a mi vera de forma literal,curioso ¿verdad?.

En estos últimos meses he vivido varias situaciones que me han hecho sentirme incomoda y hasta mosquearme, porque me apetecía decir “¡Holaaa, estoy aquíii!”… y es que a veces el mal uso del teléfono, puede provocar como en mi caso, el pensar “¿estaré desarrollando el gran poder de la invisibilidad?”.

Situación 1, comida familiar…si es un momento en el que tenemos la suerte de juntarnos todos, estamos pasando un rato agradable charlando, disfrutando de la comida…¿por que cada poco una persona mira el móvil?, ¿tan importantes son las noticias, o esas conversaciones no pueden esperar a ser contestadas hasta que se acabe la comida?…en ese momento yo me siento mal porque algo así genera distancia y rompe el buen clima… me siento de menos en ese instante y si me apetecía compartir algo ya no lo hago porque pienso ¿para qué?

Situación 2, viaje en coche con mis hijos y otras personas adultas. En casa mi hijo tenía muchísimas ganas de coincidir con la persona con la que luego se sentó, para ir jugando y hablando de cosas, pero para mi sorpresa y también para la de mi retoño, el adulto se pasó más de la mitad del viaje mirando el teléfono, con lo cual ni juegos ni confidencias ni ná, sólo distancia y el mensaje subliminal de “no me molestes, lo que estoy haciendo es más importante que tú”, porque señores, ese es el mensaje que enviamos, y sí, para acallar la conciencia puedes pensar que estoy siendo exagerada que lo hace todo el mundo, etc…pero lo cierto es que sea mi intención o no, lo que le llega al otro es, primero el móvil y después si eso ya te atiendo.

Os dejo un vídeo que me gustó y que refleja un poco todo esto que estoy diciendo.

 

 

 


“Yo tenía un perro negro”

Me gustaría compartir con vosotros un cortometraje educativo, producido por la Organización Mundial de la Salud sobre la depresión. El objetivo es ayudarnos a comprender lo que verdaderamente supone la depresión para las personas que la padecen. La pérdida de capacidad para disfrutar de las actividades de las que antes disfrutábamos, el ver la vida con negatividad, la pérdida de apetito, la interferencia de pensamientos negativos y repetitivos en la vida cotidiana, la sensación de cansancio y vacío, los problemas de memoria y concentración, la falta de confianza en uno mismo, la tristeza, el abatimiento, la falta de motivación….en definitiva la falta de alegria por vivir, son algunos de los síntomas que las personas deprimidas presentan y quedan reflejados en este vídeo.

Fue Winston Churchill quien utilizó la metáfora del perro negro para describir su depresión, mal que afecta a muchas personas y cuya presencia nos afecta y nos agobia, haciéndose cada vez más grande y  llevándonos a un sentimiento de profunda tristeza e irritabilidad.

Creo que este cortometraje puede ser de gran utilidad no sólo para las personas afectadas que sin duda se verán perfectamente reflejadas en el protagonista, sino también para los allegados que podrán comprender como se siente una persona deprimida.

Compartimos el enlace con todos vosotros:

https://www.youtube.com/watch?v=FIEDhEmcLP4

 

 


Ay los complejos…

¡Qué ganas de vacaciones!… de playa, piscina, sol, calor… ¿pero que llega con el calor?, ¿quién lo sabe, quién lo sabe?…algo que da vértigo… ¡quitarse ropa! “Buff que pereza, con lo blanca que estoy donde voy con ese pantalón corto; no quiero ni pensar en ponerme en bañador con toda la celulitis que tengo; pero mira como marco barriga… qué vergüenza”.

Y es que el verano puede traer de la mano un montón de complejos que no es que en invierno no aparezcan, pero están literalmente tapados, y ya lo dice el refranero español, ojos que no ven corazón que no siente.

Qué difícil es no gustarse, cuanto enfado, tristeza, miedo al rechazo y desgaste trae consigo, por eso yo quiero preguntarte si tan solo te ves con los ojos de la crítica, de lo que te falta, de lo que aborreces…si es así, siempre saldrás perdiendo, por eso voy a rescatar un vídeo que ya colgué hace unos años pero que vuelvo a compartir porque me encanta. No todo el mundo te ve como lo haces tú.


El verano ya llego…¿qué hago con los niños?

Se acerca  el verano y de nuevo muchos padres y madres nos volvemos a enfrentar al mismo problema de siempre: que hacer con nuestros hijos e hijas en vacaciones. Y se ha hablado y escrito mucho sobre la utopía de la conciliación y es aquí, en el periodo estival, donde más dificultades encontramos para poder mantener nuestra vida laboral y al mismo tiempo cuidar de nuestros hijos.

Se acaba el curso y los niños tienen por delante tres meses sin colegio. Tanto tiempo da para mucho, pero en muchos casos, también supone un gran esfuerzo para los padres, que tendrán que compatibilizar estos meses su horario laboral con la nueva situación de los más pequeños, además de algunas dudas: ¿qué actividad deberían hacer los niños durante el verano? ,¿debemos mantener las rutinas en casa, o les damos más libertad? ¿Podemos olvidarnos de los deberes?, ¿que hacer para que no se aburran?…

La oferta de actividades de verano dirigidas a los niños cada vez es más amplia: talleres, campamentos, estancias deportivas… cualquier actividad de verano dirigida a niños es una gran oportunidad para que los más pequeños hagan nuevos amigos y tengan nuevas experiencias. También existe la opción de los abuelos para aquellos que los tienen cerca, o para los que tienen la suerte de que sus abuelos pasen el verano en un apartamento en la playa, en el camping o simplemente en el pueblo (ayyyyy…que buenos recuerdos).

Desde Cips Psicólogos queremos proponeros algunos consejos a tener en cuenta para conciliar en verano:

  1. Trata de no sentirte culpable: Compatibilizar la vida laboral y familiar es todavía una utopía, no es culpa tuya. Tus hijos pueden disfrutar del verano a pesar de que tu trabajes, sobre todo si estás con ellos cuando llegas a casa.
  2. Organízate con antelación y establece prioridades.  Planifica  según tu horario durante esos meses y no te apures demasiado. Quizás necesitas de alguien que los lleve o recoja durante esos días, pide ayuda si la necesitas. Y si al salir del trabajo te sientes agotado tómate un tiempo para descansar antes de pasar a la acción que los niños te pedirán. Está bien que vean que no tienes superpoderes o una energía inagotable: tu no estás de vacaciones.
  3. Escucha los deseos de tus hijos para escoger una actividad u otra. Siempre es mejor que esté acorde con sus preferencias, de esta manera se implicará y disfrutará mucho más. Pero sé razonable, si la actividad que le gustaría hacer a tu hijo supone un gasto que no puedes asumir, habla con él y razona los motivos. No tienes que ceder a todos sus deseos.
  4. ¿Mantener las rutinas en casa o ser más flexibles en verano? La clave es el equilibrio, de manera que los niños puedan tener una rutina (aunque sea diferente a la que tienen mientras van a la escuela) como las horas de levantarse, comidas, ir a la cama, etc, junto con momentos que tengan más libertad y no estén programados. No podemos ignorar que las características del verano nos obligan a llevar cierto ritmo, distinto al que tenemos en invierno: el excesivo calor en las horas centrales del día, la noche llega más tarde, lo agradable que es pasear con el fresco del atardecer. Está bien que te adaptes.
  5. ¿Deberes en verano? Depende del niño y de los padres: si consideran que ha realizado un buen curso, es lógico que le dejen “descansar” de los contenidos académicos, pero siempre es interesante mantener otros hábitos más relajados como leer un buen libro, o jugar con un libro de matemáticas que estimule su interés y diversión por ejemplo. Está bien desconectar de la escuela y disfrutar de todas las posibilidades distintas que nos ofrece el verano.
  6. En verano también se aprende. Durante las vacaciones, los niños tienen la oportunidad de aprender y ejercitar otro tipo de habilidades: las sociales, juegos espontáneos, actividad física, creatividad… Es importante valorar esto y no solo ver  los contenidos académicos como aprendizajes. Además, el tiempo más libre y relajado que nos ofrece el verano para que los niños pueden explorar y mostrar cuales son sus verdaderos intereses e inquietudes. También podemos aprovechar para transmitir otro tipo de valores igual de importantes en un ambiente más relajado, como los que tienen que ver con el ámbito familiar y personal. Por ejemplo, la colaboración en las tareas domésticas y el mantenimiento del hogar o la planificación de actividades.
  7. Si se aburren un poco, no pasa nada. No es necesario que el tiempo que pasan en casa esté programado, ¡aburrirse está bien! Los niños tienen que aprender a encontrar alternativas cuando están aburridos. Los padres no somos animadores que les tenemos que ofrecer diversión a cada momento.
  8. Cuidado con las pantallas: son el recurso fácil para llenar el tiempo. Es una buena idea limitar su uso en verano, esto significa fijar un período razonable en que la vamos a usar al día (1 hora, 2 horas…) y lo mejor es hacerlo con ellos al principio del verano y ser coherentes con ello.
  9. Padres e hijos podemos realizar muchas actividades juntos después del trabajo, como leer, jugar a juegos de mesa, ver alguna película, disfrazarnos, salir en bicicleta, preparar juntos la cena o incluso solo conversar. Basta con ponernos a su altura, demostrarles que estamos interesados en ellos y acompañarlos.Es recomendable encontrar actividades que fomenten la colaboración y participación de los padres, estimulando la comunicación y la proximidad de todos los miembros de la familia. Incluso descubriendo juntos nuevas actividades y entornos, estimulando la curiosidad innata de los niños. Muchas ciudades ofrecen actividades para hacer con niños en verano (visitar museos, conciertos al aire libre, talleres para familias …etc)

Feliz verano!!