Ay los complejos…

¡Qué ganas de vacaciones!… de playa, piscina, sol, calor… ¿pero que llega con el calor?, ¿quién lo sabe, quién lo sabe?…algo que da vértigo… ¡quitarse ropa! “Buff que pereza, con lo blanca que estoy donde voy con ese pantalón corto; no quiero ni pensar en ponerme en bañador con toda la celulitis que tengo; pero mira como marco barriga… qué vergüenza”.

Y es que el verano puede traer de la mano un montón de complejos que no es que en invierno no aparezcan, pero están literalmente tapados, y ya lo dice el refranero español, ojos que no ven corazón que no siente.

Qué difícil es no gustarse, cuanto enfado, tristeza, miedo al rechazo y desgaste trae consigo, por eso yo quiero preguntarte si tan solo te ves con los ojos de la crítica, de lo que te falta, de lo que aborreces…si es así, siempre saldrás perdiendo, por eso voy a rescatar un vídeo que ya colgué hace unos años pero que vuelvo a compartir porque me encanta. No todo el mundo te ve como lo haces tú.


El verano ya llego…¿qué hago con los niños?

Se acerca  el verano y de nuevo muchos padres y madres nos volvemos a enfrentar al mismo problema de siempre: que hacer con nuestros hijos e hijas en vacaciones. Y se ha hablado y escrito mucho sobre la utopía de la conciliación y es aquí, en el periodo estival, donde más dificultades encontramos para poder mantener nuestra vida laboral y al mismo tiempo cuidar de nuestros hijos.

Se acaba el curso y los niños tienen por delante tres meses sin colegio. Tanto tiempo da para mucho, pero en muchos casos, también supone un gran esfuerzo para los padres, que tendrán que compatibilizar estos meses su horario laboral con la nueva situación de los más pequeños, además de algunas dudas: ¿qué actividad deberían hacer los niños durante el verano? ,¿debemos mantener las rutinas en casa, o les damos más libertad? ¿Podemos olvidarnos de los deberes?, ¿que hacer para que no se aburran?…

La oferta de actividades de verano dirigidas a los niños cada vez es más amplia: talleres, campamentos, estancias deportivas… cualquier actividad de verano dirigida a niños es una gran oportunidad para que los más pequeños hagan nuevos amigos y tengan nuevas experiencias. También existe la opción de los abuelos para aquellos que los tienen cerca, o para los que tienen la suerte de que sus abuelos pasen el verano en un apartamento en la playa, en el camping o simplemente en el pueblo (ayyyyy…que buenos recuerdos).

Desde Cips Psicólogos queremos proponeros algunos consejos a tener en cuenta para conciliar en verano:

  1. Trata de no sentirte culpable: Compatibilizar la vida laboral y familiar es todavía una utopía, no es culpa tuya. Tus hijos pueden disfrutar del verano a pesar de que tu trabajes, sobre todo si estás con ellos cuando llegas a casa.
  2. Organízate con antelación y establece prioridades.  Planifica  según tu horario durante esos meses y no te apures demasiado. Quizás necesitas de alguien que los lleve o recoja durante esos días, pide ayuda si la necesitas. Y si al salir del trabajo te sientes agotado tómate un tiempo para descansar antes de pasar a la acción que los niños te pedirán. Está bien que vean que no tienes superpoderes o una energía inagotable: tu no estás de vacaciones.
  3. Escucha los deseos de tus hijos para escoger una actividad u otra. Siempre es mejor que esté acorde con sus preferencias, de esta manera se implicará y disfrutará mucho más. Pero sé razonable, si la actividad que le gustaría hacer a tu hijo supone un gasto que no puedes asumir, habla con él y razona los motivos. No tienes que ceder a todos sus deseos.
  4. ¿Mantener las rutinas en casa o ser más flexibles en verano? La clave es el equilibrio, de manera que los niños puedan tener una rutina (aunque sea diferente a la que tienen mientras van a la escuela) como las horas de levantarse, comidas, ir a la cama, etc, junto con momentos que tengan más libertad y no estén programados. No podemos ignorar que las características del verano nos obligan a llevar cierto ritmo, distinto al que tenemos en invierno: el excesivo calor en las horas centrales del día, la noche llega más tarde, lo agradable que es pasear con el fresco del atardecer. Está bien que te adaptes.
  5. ¿Deberes en verano? Depende del niño y de los padres: si consideran que ha realizado un buen curso, es lógico que le dejen “descansar” de los contenidos académicos, pero siempre es interesante mantener otros hábitos más relajados como leer un buen libro, o jugar con un libro de matemáticas que estimule su interés y diversión por ejemplo. Está bien desconectar de la escuela y disfrutar de todas las posibilidades distintas que nos ofrece el verano.
  6. En verano también se aprende. Durante las vacaciones, los niños tienen la oportunidad de aprender y ejercitar otro tipo de habilidades: las sociales, juegos espontáneos, actividad física, creatividad… Es importante valorar esto y no solo ver  los contenidos académicos como aprendizajes. Además, el tiempo más libre y relajado que nos ofrece el verano para que los niños pueden explorar y mostrar cuales son sus verdaderos intereses e inquietudes. También podemos aprovechar para transmitir otro tipo de valores igual de importantes en un ambiente más relajado, como los que tienen que ver con el ámbito familiar y personal. Por ejemplo, la colaboración en las tareas domésticas y el mantenimiento del hogar o la planificación de actividades.
  7. Si se aburren un poco, no pasa nada. No es necesario que el tiempo que pasan en casa esté programado, ¡aburrirse está bien! Los niños tienen que aprender a encontrar alternativas cuando están aburridos. Los padres no somos animadores que les tenemos que ofrecer diversión a cada momento.
  8. Cuidado con las pantallas: son el recurso fácil para llenar el tiempo. Es una buena idea limitar su uso en verano, esto significa fijar un período razonable en que la vamos a usar al día (1 hora, 2 horas…) y lo mejor es hacerlo con ellos al principio del verano y ser coherentes con ello.
  9. Padres e hijos podemos realizar muchas actividades juntos después del trabajo, como leer, jugar a juegos de mesa, ver alguna película, disfrazarnos, salir en bicicleta, preparar juntos la cena o incluso solo conversar. Basta con ponernos a su altura, demostrarles que estamos interesados en ellos y acompañarlos.Es recomendable encontrar actividades que fomenten la colaboración y participación de los padres, estimulando la comunicación y la proximidad de todos los miembros de la familia. Incluso descubriendo juntos nuevas actividades y entornos, estimulando la curiosidad innata de los niños. Muchas ciudades ofrecen actividades para hacer con niños en verano (visitar museos, conciertos al aire libre, talleres para familias …etc)

Feliz verano!!


Nuevo propósito, ser constante.

Hemos nacido en una sociedad competitiva, una sociedad que premia a los mejores, que recompensa los más aptos. A día de hoy, para poder conseguir cualquier cosa debemos competir: para un puesto de trabajo, para obtener la mejor nota, para ganar algo (un concurso, una carrera), incluso con tus amigos compites más a menudo de lo que puedas imaginar…

Pretendemos ser los mejores, o por lo menos, mejores que los demás y por ello competimos, pero, muchas veces ser los mejores en algo no depende de nuestra capacidad intelectual, física… sino de un valor que es muy importante: la constancia.

 

La constancia es una cualidad que nos enseña que hay que mantener en el tiempo con firmeza las resoluciones y la línea de conducta que nos hemos fijado. La constancia trata entonces de aprender a adquirir hábitos pero con esfuerzo.

Si observamos a nuestro alrededor es muy común encontrarnos con personas con muchas condiciones y con muy buenos propósitos y no logran sacar provecho de todas sus cualidades y la razón es, porque son inconstantes, sus resoluciones no tienen firmeza carecen de carácter y de fuerza de voluntad para mantenerlas en el tiempo.

La Constancia por lo tanto es imprescindible no sólo en la formación y en la superación moral de una persona sino en todos los aspectos de la vida. Y es muy importante saber que la constancia puede trabajarse, y de esta manera podremos lograr todo lo que nos propongamos.


Para ver y hablar con tus hijos

El tema del bulling es algo que, por desgracia, está a la orden del día. Muchas veces pensamos que si mi hijo está siendo agredido o él está agrediendo a alguien me voy a enterar, pero ¿estás completamente seguro de eso?

Tal vez no te lo diga porque no quiera preocuparte, porque no esté acostumbrado a ver que en casa se hablan las cosas importantes, porque piensa que le vas a reñir o quizá ya haya intentado decírtelo (de forma explícita, “mamá/papá no quiero ir al cole”; o implícita, se empieza a comportar de forma diferente, se enfada más, contesta más, habla menos…) y no te has dado cuenta.

Si en casa de vez en cuando al niño se le da un bofetón, nalgada, colleja, zarandeo …cuando no obedece, será normal también que no diga que en el cole le están pegando porque si en la familia se hace, pensará que es lo normal.

A veces es fácil sacar un tema de conversación a raíz de algo que se lee o se ve, por eso voy a compartir con vosotros este corto de pixar sobre el bulling para que lo veáis con vuestros hijos y así les podáis hacer preguntas del tipo ¿qué hace ese niño?, ¿por qué crees que lo hace?, ¿cómo se siente el niño que hace eso?, ¿y los niños a los que les quita las cosas cómo se sentirán?, ¿alguna vez te ha pasado a ti?, ¿alguien te ha dicho o hecho algo que te ha hecho sentirte mal?, ¿le has dicho algo feo a alguien o le has pegado?… y seguro que se os ocurren más (qué tampoco sea un interrogatorio que le resulte pesado).

Algo a destacar del corto es que se ve también como el niño que molesta a los demás , en el momento en el que recibe cariño, cambia de comportamiento. Yo eso es algo que le dejo siempre claro a mis hijos (“cariño piensa que ese niño seguro que hace esas cosas porque a lo mejor tiene algún problema en casa o con algún compañero…”) para que no piensen que si alguien me agrede es porque yo estoy haciendo algo mal o hay algo en mí que hace que los demás tengan derecho a hacerme daño, rotundamente NO.

https://www.youtube.com/watch?v=l-OIl2i6YH8


Ser solidario te ayuda

La definición de solidaridad dice que “es la toma de conciencia de las necesidades ajenas y el deseo de contribuir a su satisfacción”, pero, para mí, encierra muchos otros aspectos que en ocasiones pasamos por alto: ser solidario contribuye directamente a que tu autoestima mejore y a que te sientas mejor persona. Ayudar a los demás implica ayudarnos a nosotros mismos, al ser solidarios, es posible que descubramos algunas capacidades que tenemos y que desconocíamos, en definitiva, ser solidario es una buena forma de conocerte más a ti mismo

  • Las personas que dan reciben, y esto es una realidad. Probablemente la persona a la que ayudes no pueda devolverte el favor, pero si eres una persona generosa y, en algún momento, necesitas de los demás, el karma actuará en tu favor.
  • Ayudar a los demás nos convierte en seres más felices. El feedback positivo que recibimos por parte de la persona a la que tendemos nuestra mano, aumenta considerablemente nuestra autoestima y, además, el hecho de saber que estamos realizando una buena acción nos hace sentir muy bien.
  • Nuestra confianza en nosotros mismos aumenta porque nos sentimos útiles. Creemos que es la forma más gratificante de demostrar nuestra presencia en el mundo, dedicando una parte de nuestra vida a hacer la de los demás más fácil y mejor.
  • Y ¡mejora nuestra salud! Según diversos estudios estadounidenses, las personas solidarias son menos propensas a sufrir estrés o depresión, su presión sanguínea es menor e incluso son más longevos que las que son insensibles al sufrimiento ajeno… Curioso ¿verdad?

 


Mi experiencia como psicóloga

Si por cada vez que he oído “yo es que no creo mucho en los psicólogos” me dieran una moneda, a estas alturas creo que tendría para comprarme un coche y pagarlo a toca teja.

También está el “si vas al psicólogo es que estás pirado”, “¿pero el psicólogo para qué sirve?”, o mi favorita “el psicólogo sólo escucha, para eso me tomo un café con un amigo”.

Cada vez que escucho alguna de estas cosas siento como si me dieran un campanazo en la cabeza, pero bien es cierto  que no se puede culpar a nadie por pensar así, está claro que el miedo es libre, y a pesar de que hoy  en día vivimos en la era de la tecnología y la información, sigue existiendo un gran desconocimiento sobre la figura del psicólogo.

No voy a contar qué es un psicólogo, para eso está el señor Googel que seguro que dará una respuesta estupenda; voy a compartir mi experiencia como profesional.

En primer lugar he de decir que cada vez que alguien se sienta en la silla que tengo delante me siento una privilegiada. Que una persona me haga participe de su vida contándome todo aquello que le hace daño, que le preocupa, que le da miedo…cosas que a veces no ha contado nunca a nadie…me parece que es uno de los mayores regalos que alguien puede hacerte, por que compartir “tus miserias” de primeras te hace sentirte muy vulnerable.

Cuando uno expresa en voz alta lo que le pasa, en ese momento lo hace real, y no todo el mundo está preparado para dar ese paso, a veces uno está acostumbrado a “tengo que tirar para adelante” o a “no pasa nada, lo que me hace daño lo meto debajo de la alfombra, si no se ve es que no es real”. Por eso hay que respetar los tiempos que tiene cada uno e ir al psicólogo cuando es decisión  propia.

Yo no doy consejos de café, para eso no hice 5 años de carrera más años y años y años de formación de cursos, masters, talleres…es más sigo formándome (de ello pueden dar fe mi marido y mis hijos) porque la vida va cambiando y trabajo con personas que también cambian y se merecen que el profesional en el que confían esté como mínimo actualizado.

He de reconocer que no es un trabajo fácil, que en muchos momentos tengo que tragar saliva y que hay historias, personas que tocan mi corazón. Por eso cuando alguien me dice “Miriam gracias por lo que me has ayudado” siempre pienso “no, gracias por lo que me has ayudado tú a mí”, porque yo soy la primera en aprender.

A veces pienso que menos mal que mi cabeza no es transparente, porque en el momento en el que alguien empieza a hablar, mis neuronas comienzan a trabajar para ver como encajarlo todo y qué camino hay que seguir. No todo vale para todos, cada persona es distinta y también lo son sus necesidades.

Me parece muy valiente que alguien decida cambiar, por eso todas las personas a las que intento ayudar tienen mi respeto y admiración.

¿Cuál es el objetivo para mí? Pensar de qué manera puedo cuidar y cómo se va a sentir cuidada la persona que en ese momento está desnudando su alma. Sigo y seguiré aprendiendo.


Los niños ante la separación de sus padres

Cuando existen niños de por medio ante una ruptura de la pareja, es fundamental tener en cuenta que ésto puede afectarles de manera sustancial y que somos los propios padres los que hemos de hacer todo lo posible para manejar de forma adecuada y responsable la situación para no lastimar a nuestros hijos.

Las reacciones emocionales que se dan en los hijos no están predeterminadas. Dependen de un número importante de factores, como la historia del niño y la manera y habilidad que tiene para enfrentarse a la nueva situación. No resulta sencillo determinar unas consideraciones generales. Hay demasiadas variables que pueden determinar la forma con que cada niño expresa su malestar ante la ruptura de sus padres. Podemos señalar, sólo de forma orientativa, algunas de las reacciones que se pueden observar en los niños en función de la edad:

Infancia (de los 2 a los 6 años)

En los más pequeños son habituales conductas regresivas como volverse a hacer pipí en la cama, chuparse el dedo,  querer dormir con los padres, miedos, ansiedad, etc. También rabietas, necesidad de llamar la atención constantemente, ansiedad de separación (al dejarlo en la escuela u otros). Vinculación excesiva normalmente con la madre que se ve desbordada y no entiende lo que pasa. En ocasiones, el niño, pasa de la agresividad o al menosprecio a la búsqueda de un afecto incondicional (abrazos, besos, promesas de que se portará bien, etc.).

-Alteraciones en el patrón de las comidas y el sueño.

-Quejas somáticas: dolor de cabeza, estomago, etc. no justificadas.

-Negarse a ir a casa de uno de los progenitores (normalmente el padre).

-Apatía, introversión, mutismo ante nuevas personas. Dificultades para relacionarse o jugar.

Niños (de los 7 a los 12 años)

En esta franja de edad, los niños ya disponen de mayores recursos verbales lo que en cierto modo les ayuda a exteriorizar sus sentimientos.

Pueden seguir presentes los diferentes síntomas antes expuestos en uno u otro grado. No obstante, hay que añadir, según las características del niño las siguientes:

-Comportamientos y conductas de recriminación a los padres con la esperanza de intentar unirlos de nuevo si siguen sin aceptar la realidad.

-Conductas manipulativas, de menosprecio o rencor a alguna de las figuras paternas paralelamente a la idealización de la otra (asimetría emocional).Esto puede agravarse según las actitudes que tomen los adultos que rodean al niño.

-Sentimientos de culpa, conductas de riesgo, baja autoestima, dificultades en las relaciones con sus iguales, baja tolerancia a la frustración, agresividad.

-Pueden aumentar la hiperactividad e impulsividad.

-Deterioro en el rendimiento escolar. Niños que habitualmente eran buenos estudiantes empiezan a tener dificultades.

Adolescentes

Es una época complicada para los jóvenes y en la que se suelen amplificar los diferentes problemas que se arrastran o producen.

Durante esta etapa, los jóvenes que afrontan la separación de los padres pueden incrementar sus conductas de riesgo (alcohol, sustancias, drogas).

-En niñas parece que puede producirse, en algunos casos, precocidad o promiscuidad en las relaciones sexuales y también conductas de riesgo. Necesidad de vincularse afectivamente a una pareja pero con poca capacidad para mantener una relación estable y equilibrada.

-Dificultades en las relaciones con los iguales. Predominio de la impulsividad y poca capacidad para la resolución de conflictos de forma dialogante.

-Baja autoestima, agresividad, baja tolerancia a la frustración. En los casos más severos puede derivar a un trastorno disocial.

Desde Cips psicólogs queremos aportar algunos consejos para orientar a los padres y madres en el manejo de las situaciones de separación para proteger a sus hijos:

  1. Explícale de manera clara qué está sucediendo. Los niños, sobre todo cuando son pequeños, pueden tener algunas dificultades para comprender qué significa divorciarse. Por eso es importante que le expliques de manera sencilla y concreta qué pasará. Lo ideal es que ambos padres estéis presentes y que os centréis en hacerle comprender los cambios prácticos que conllevará el divorcio.
  2. Dile que sus padres le quieren incondicionalmente. El niño comprende el divorcio a través de la imagen del mundo que se ha formado por lo que a veces es normal que tema que sus padres dejen de amarle. Por eso es importantísimo que le quede claro que el progenitor que se va de casa no le está abandonando y continuará queriéndole.
  3. No dejes que se culpabilice. Aunque nunca le hayas dicho al niño que la culpa del divorcio es suya, a veces los pequeños creen que sus padres se separaron por algo que él hizo. Recuérdale que él/ella no es responsable del divorcio.
  4. Responde a todas sus preguntas con seguridad. Quizás cuando le des la noticia del divorcio el niño necesitará algún tiempo para procesarla pero apenas lo haga comenzará a hacerte preguntas. La clave está en responderlas con seguridad y centrarse siempre en los detalles prácticos. En esos momentos de incertidumbre es fundamental que le transmitas confianza al pequeño, este debe saber que todo está bajo control.
  5. No dejes que sus fantasías de reconciliación se desboquen. Casi todos los niños fantasean con la posibilidad de que sus padres se reconcilien y vuelvan a vivir juntos. En ese caso, no debes alterarte ni gritarle, simplemente le debes explicar que eso no va a suceder porque vosotros ya habéis tomado una decisión.
  6. No le obligues a tomar partido. Algunos padres hablan mal de su ex pareja, a veces lo hacen delante del niño sin darse cuenta pero en otras ocasiones incluso le obligan a ponerse de uno u otro bando, como si se tratase de una guerra. Esta petición es muy injusta  y perjudica al niño, que necesita poder confiar en ambos padres.
  7. Mantén las rutinas. El divorcio de por sí ya implica muchos cambios para el niño por lo que es importante que sigas un horario regular y mantengas todas las rutinas posibles. Eso le ayudará a sentirse tranquilo y confiado porque sentirá que aún tiene cierto grado de control sobre su entorno.

El eterno debate: deberes sí o no

Los deberes han existido en los colegios desde sus inicios, sin embargo, durante los últimos años ha surgido un gran debate que ha enfrentado a las familias con los centros escolares y los profesores: deberes, ¿sí o no?

Es cierto que los deberes ayudan a adquirir hábitos de estudio, rutinas, desarrollan la responsabilidad de los niños y ayudan a consolidar los conocimientos adquiridos. Pero, la realidad del día a día de los niños es muy distinta: salen de clase tarde, en ocasiones saturados de tantas horas en el cole, tienen diversas actividades extraescolares, y, sobre todo, quieren y deben jugar.

En numerosas ocasiones los deberes provocan conflictos entre padres e hijos: los niños, como es normal, quieren jugar y no quieren hacer los deberes, esto hace que los padres tengan que imponer su autoridad, enfrentarse a los niños y obligarlos a que hagan los deberes; alguna que otra vez, esta situación desemboca en un castigo. Por lo tanto, ¿hasta qué punto son buenos los deberes?, ¿debemos eliminarlos por completo?, ¿mantener la línea que hasta ahora se venía realizando?

Aquí es donde se encuentra el debate, existiendo posturas extremistas de deberes sí y deberes no. En mi opinión, debemos contemplar un término medio. Uno de los derechos que tienen los niños es jugar, mediante el juego conocen, descubren, socializan, se divierten… Los deberes no deben irrumpir con este derecho de los niños. Por tanto, una posible solución sería que los niños solo tuvieran deberes, por ejemplo, los fines de semana (donde suele haber más tiempo libre); también otra posible solución sería un acuerdo entre profesores, mandando cada semana deberes de una materia para así evitar una acumulación excesiva de deberes por cada materia. Otra buena solución que podemos plantear es dedicar una hora del horario lectivo a los deberes, de esta manera, los niños trabajarían los contenidos aprendidos, desarrollarían hábitos de estudio y todo ello, sin entorpecer su rutina diaria.

Mientras se mantenga este debate, debemos mantener una postura intermedia, evitando los conflictos con nuestros hijos e intentando combinar de la mejor manera posible su tiempo libre (de juegos, de actividades, de parque…) con los deberes.