¿¿Alguien dijo Prudencia??…

Ayer viví una situación que interpretaría como “extraña” y  que me apetece compartir con la intención de intentar que seamos conscientes de las consecuencias que puede tener  lo que digo o hago en otras personas.

Soy madre de dos hijos, uno de 9 años y la pequeña de 6. Tanto mi marido como yo intentamos educarlos en la igualdad de género, haciéndoles ver que independientemente de que estés con un niño o una niña, lo que hay debajo de eso siempre es una persona.

En base a eso intentamos, cuando  se puede, respetar las decisiones que ellos van tomando y que no siempre entran dentro de los cánones rígidos y estereotipados de lo que se espera tiene que hacer un niño o una niña. En primer lugar porque queremos que ellos se sientan libres para elegir, en segundo lugar porque nos parece fundamental que  aprendan a ver más allá  de “esto es de niños” o “esto es de niñas” y tomen decisiones basándose en las necesidades que ellos tengan y no en agradar a los demás. Así que no hay problema si mis hijos están jugando y los dos deciden pintarse las uñas, si el mayor quiere una agenda rosa, o si la pequeña quiere llevar el pelo corto porque está harta de secárselo con el secador o decide elegir pantalón en lugar de falda al comprar el uniforme del colegio.

Siendo perfectamente consciente de cuál es, por desgracia en muchos casos,  la sociedad en la que vivimos, les preparo para que sepan qué pueden encontrarse en la calle. A mi hija le dije “cariño, como llevas el pelo cortito y además vas a ir con pantalones, que sepas que algunos compañeros, algunas personas pueden confundirte con un chico o decirte que pareces un chico como si eso fuese algo malo”, su respuesta fue “mamá no me importa, no me gustan las faldas”.

Mi error fue pensar que esos comentarios vendrían de sus iguales, no de los adultos…

Ayer por la tarde, mi marido fue a recoger a los niños al colegio, y esperando a que saliera mi hija , una madre, a la que no conocíamos ni habíamos visto antes,  se le acercó y le preguntó “¿qué tal lleváis que vuestra hija sea trans?”…  mi marido ha sido bendecido con un sentido del humor que le hace tener una correa tremenda para saber gestionar este tipo de situaciones en las que te quedas sin sangre por la incoherencia tan grande que estás viviendo; le respondió muy educadamente y la cosa quedó ahí.

Cuando me lo contó a mí, tardé un poco en reaccionar porque mis ojos inyectados en sangre no me lo permitieron.

No creo que el pelo corto y llevar pantalones ya te convierta en transexual. A día de hoy pienso que mi hija no lo es, pero si así fuera tendría el apoyo incondicional de unos padres  que la adoran por lo que es y no por su envoltorio. Lo importante no es si es o no trans, si no las etiquetas que los adultos ponemos en los niños de forma tan alegre sin ser conscientes de lo que esas palabras pueden suponer “es la guapa”, “la lista”, “el travieso”, “el desastre”, “el bueno”, “el malo”… mucho cuidado con eso….tengo la consulta llena de adultos que luchan con etiquetas que han llevado durante toda una vida. Además, si una persona a la que no conozco se atreve a preguntar algo que es tan delicado, me hace pensar que no sé qué comentarios hará delante de sus hijos, y qué pensaran estos cuando vean a mi pequeña.

Por eso me decidí a a poner una foto mía de cuando yo era niña y una foto de mi hija, porque según algunas mentes yo también debía de ser transexual.


¡Ay que no me da tiempo!…

¿Te has fijado alguna vez, en que lo primero que seguramente haces al despertar es mirar la hora? y en función de ésta, decides levantarte, o si tienes suerte, dormir un poco mas. Es decir, desde ya bien tempranito es el reloj el que marca nuestro día, y lo que es peor, la velocidad con la que hacemos las cosas. ¿O a caso te son ajenas perlas como, «siempre ando pendiente del reloj», «odio ir a carreras», «¡venga, que llegamos tarde!» o el archiconocido «¡no me da tiempo!»? Seguro que en algún momento han pasado por tu mente. ¿Cómo no vamos a estar estresados?

Es gracioso, pero en una ocasión me descubrí a mi misma haciendo la compra a tal velocidad que talmente parecía que me estuvieran persiguiendo, era cómo si mi mente fuese a la velocidad de la luz y mi cuerpo quisiera alcanzarla, ¡y eso que iba con la lista hecha!. Y es que es tan fácil contagiarse por la prisa… Si he llamado al ascensor pero creo que tarda, vuelvo a picar (como si eso hiciera que viniese mas rápido), si me conecto a internet y he de esperar unos segundo, ¡buff que lento va esto!, si voy en coche y ya se ha puesto verde el semáforo pero el de delante tarda unas milésimas en arrancar, mi mano ya busca el claxon y no hablemos de lo que todos conocemos por comida rápida, ¡rápida!.

¿Cuál es el problema de ir siempre a carreras? y cuando hablo de rapidez, ya no me refiero tanto a ir cual alma que lleva el diablo (a veces lo de correr es literal, lo sé, lo digo porque en ocasiones así salgo del trabajo para llegar a casa y poder darles a mis hijos el beso de buenas noches), si no más bien a la velocidad mental que llevan mis pensamientos, es como si mi cabeza estuviera siempre centrada en el futuro, en lo que me falta por hacer.

Te propongo una cosa, durante el día de hoy intenta observarte en cualquier situación cotidiana, en el trabajo, en la ducha, con los niños, en la comida, dando un paseo, haciendo algún recado…en la que tú quieras, y párate unos minutos a averiguar qué ronda tu cabeza, ¿estas en lo que celebras o quizá tan sólo está tu cuerpo y tu mente pertenece a las obligaciones? Pongo un ejemplo, imagínate que estas en una terraza tomando algo y disfrutando de la compañía de unos amigos, la conversación es agradable y el buen tiempo acompaña pero si tuviéramos acceso a tu mente, lo que aparecería es «buff con todo lo que tengo que hacer…», o «me tengo que acordar de…», «ay no sé cómo hacer esto…», «qué pensarán de mi…» y así podría seguir hasta el infinito y mas allá.

El problema, por el que mas arriba pregunto, es muy simple, y es que si esa es mi tendencia, me va a costar muchíiiiiiisimo disfrutar del momento, no voy a percibir las pequeñas cosas, los detalles que enriquecen mis días haciéndolos diferentes y por tanto mi vida. No voy a sentir la tranquilidad que aparece cuando el sol calienta mi rostro, el descanso que me da el abrazo de esa persona a la que quiero, la liberación de las risas con los amigos o el amor cuando ves jugar a tus hijos. Todo eso y mucho más está en tu vida, no lo pases por alto.

En Cips Psicólogos te animamos a que centres tus sentidos en lo que estas haciendo.Para eso los niños son geniales, nunca tienen prisa, salvo que nosotros los contagiemos. Se paran a mirar, a escuchar, a tocar…intenta hacerlo tú también, eso te ayudará a tener una visión más real del presente, y por tanto, a ir más despacio.

Mañana ya es futuro y tan sólo puedo saber qué voy a hacer  (y no siempre se cumple) pero desconozco cómo voy a vivir lo que hago, así que piensa en hoy, en lo que estas haciendo y gana en calidad de vida.


Cuidando la salud mental

La pandemia que aún estamos viviendo ha trasformado nuestra manera de vivir. El confinamiento, la diferencia a la hora de relacionarnos con los demás, la nueva normalidad…etc, son aspectos que traerán consecuencias y efectos psicológios en las personas. Superar el duelo por la pérdida de algún ser querido durante el estado de alarma, abordar el llamado «sindrome de la cabaña», el miedo y la incertidumbre ante la vuelta al trabajo, gestionar el cierre de un negocio, una situación de desempleo, la preocupación por nuestra salud física…son algunas de las complejas situaciones que muchas personas debemos afrontar y que van a requerir dosis altas de cuidados en el plano mental.

Debemos empezar por aceptar que las cosas han cambiado, quizás no para siempre, pero si por una larga temporada y aunque no nos guste la situación debemos aceptarla tal y como viene no asentándonos en la queja.

Es importante tratar de tomar conciencia de cuál es la situación real, sin alarmismos catastrofistas, como la mejor manera de empezar a ser resilientes y conocer las características concretas que tiene la nueva realidad a la que nos enfrentamos.

Debemos de tratar de aprender de experiencias vividas previamente para tomar conciencia de nuestras fortalezas y recursos asi como de nuestras debilidades, a la hora de hacer frente a las demandas de la nueva situación.

Es importante realizar tareas que nos mantengan en un nivel de actividad óptimo. Esto es fundamental para mantener el cuidado físico y emocional.

Por último, es preciso que actuemos con control, con responsabilidad, cuidándonos nosotros para también cuidar a los demás, pero debemos también cuidarnos emocionalmente. Solo así conseguiremos una adecuada adaptación a la realidad con la que tenemos que aprender a convivir. No tendría sentido dedicar todos nuestros esfuerzos a proteger la salud física y olvidarnos de nuestra salud mental.


El reencuentro

Tras más de 60 días confinados, poco a poco la vida vuelve a retomar su transcurso natural. En este tiempo, nos hemos dado cuenta de la importancia de las pequeñas cosas, y, sobre todo, hemos echado de menos. La mayoría de nosotros hemos estado separados de las personas que más queremos: padres, abuelos, hermanos, primos, nietos, sobrinos, amigos, novios… La tecnología nos ha acercado a todos ellos, hemos podido hacer llamadas, vídeollamadas, enviar mensajes, jugar a juegos con ellos, incluso hacer algún que otro brindis. Sin embargo, nos hemos dado cuenta de que esta tecnología jamás podrá sustituir un abrazo, un beso, unas risas frente a frente… Y ahora, ha llegado el momento de juntarnos con todas esas personas que tanto hemos extrañado durante el duro confinamiento. Ahora disfrutaremos como nunca lo hemos hecho: visitaremos a los abuelos, a los padres, a los amigos… y será mágico. Nos sentiremos plenos, felices, alegres, y brindaremos por haber superado una etapa que, sin duda, nos habrá marcado a todos. Es ahora cuando descubrimos que el secreto de la felicidad reside en estar con los nuestros, en compartir momentos, recordar historias, contar chistes, quererse…

Para no perder esta felicidad recuerda que debemos seguir siendo muy responsables con las medidas higiénicas y de distanciamiento para no contagiarnos, juntos lo conseguiremos.


Madre+encierro+teletrabajo=Buff!

Si hace seis meses alguien me llega a preguntar que es una pandemia, puede que incluso no hubiese dicho bien su definición… es más, si me llegan a decir que tengo que estar en casa un montón de semanas encerrada haciendo las consultas online metida en mi habitación para que mis hijos tengan el resto de la casa para jugar, saltar, correr, hacer gymcanas (después de tanto tiempo encerrados hicimos de todo) me hubiera reído o llorado, no lo tengo del todo claro (ahora si me dicen que durante el encierro da igual lo que coma que todo lo aprovecha mi cuerpo, hubiera llorado fijo)… y mira ahora…tengo un máster en conocimiento de pandemia por coronavirus…ay que ver como cambian las cosas eh!

Sin duda todo esta experiencia nos ha puesto a prueba de muchas maneras. En mi caso por ejemplo, el tener que combinar trabajo en casa e hijos ha sido complicado, no por ellos (son unos benditos) si no por que el estar concentrada mientras los oyes jugar, gritar, susurrar por detrás de la puerta “¿mamá ya has acabado?” o que mi hija Lara de 6 años cada poco me haga dibujos de amor (son los de la foto) y los meta por debajo de la puerta, no es fácil. El estar constantemente escuchando “mamá, mamá, mamá…”, el que todos los días, sin excepción, te pregunten si quieres hacer una guerra de cojines después del aplauso de las ocho (a esas horas ya estoy agotada, así que hay veces que hay un sí, y muchos otros hay un no), y claro cuando respondes con un tono cansado o dices que no te apetece jugar, ¿sabéis quien aparece? la señora culpa, que unida al vaivén de emociones provocadas por la pandemia son un cóctel perfecto.

Lo mejor fue el otro día cuando mi hijo Samuel me pregunto “mamá , ¿mañana tienes consultas?” y yo dije “sí” y automáticamente su respuesta fue “pues vaya mierda”. Me quedé bastante sorprendida porque no suele responder así. Mi respuesta fue “bueno pues si te molesta que trabaje en casa me tendré que ir al despacho y hacerlas allí”. En ese momento apareció en escena la pequeña y dijo “no mamá, no lo entiendes”, y el mayor apuntilló “no es eso mamá, es que te echamos de menos”… tocada y hundida…creo que en ese momento hasta pude escuchar una saeta…me sentí como un toro al que acaban de atravesar, es más mi marido me miró y me dijo “te han matao eh”...pues si.

Da igual que trabajes en casa, fuera de casa, que haya una pandemia…los hijos no sé si nacen o no con un pan debajo del brazo, pero lo que si se es que cuando llegan a este mundo no vienen solos, también vienen con la culpa para las madres, es algo cultural. Eso sí, cuando duermes con ellos y de madrugada sientes una mini mano que te abraza y te dice con esa vocecina “mamá te quiero”, de repente todo cobra sentido.

Por eso, aprovechando el día de la madre, quiero hacer un homenaje a todas las madres, todas son trabajadoras…pienso en mis pacientes madres, en mis compañeras de trabajo, en mis amigas, en ti que lo estas leyendo….un aplauso enorme por todas vosotras y principalmente a la mía a la que nunca pensé que tuviera tantas ganas de abrazar. Por todas vosotras.


Para un afrontamiento psicológico mas eficaz del covid-19

Ya han pasado unas semanas desde que empezó el confinamiento. Desde Cips Psicólogos queremos daros una serie de pautas para promover un afrontamiento psicológico más eficaz y adecuado en esta situación. Al igual que es importante cumplir todas las medidas de prevención para evitar la trasmisión del virus y proteger así nuestra salud física, creemos también que es importante velar por nuestra salud mental, y conseguir llegar al final del confinamiento con el mínimo coste emocional posible. Y todo esto depende de nosotros mismos.

Nos centraremos en 3 niveles:cognitivo, emocional y conductual.

A nivel cognitivo, es recomendable poner en orden toda la información que tenemos para ir aceptando poco a poco la situación de manera objetiva y gestionar nuestras emociones adecuadamente. Debemos prestar atención a nuestros pensamientos, tratar de identificar aquellos que nos generan malestar, reconocerlos y gestionarlos cuando sean intrusivos y distorsionados. Cuidado con los pensamientos que empiezan por «y si», porque todos ellos son irracionales, es decir, pensamientos sobre los que no tenemos ninguna certeza de que vayan a ocurrir. Hay que hacer una buena selección de los pensamientos que me van a servir para seguir adelante y los que no. Debemos también aprender a desechar algunos pensamientos. El objetivo es detectar los pensamientos intrusivos y racionalizarlos. Lo importante es vivir el momento presente, el aquí y el ahora. Centrarme en el hoy día. Cuestionar en todo momento la validez de nuestros pensamientos y tratar de buscar otros menos catastrofistas.

A nivel emocional, es importante identificar nuestras emociones y aceptarlas. Entender que son EMOCIONES NORMALES DE PERSONAS NORMALES EN UNA SITUACIÓN EXTRAORDINARIA. Tratar de no alimentarnos del miedo y la preocupación . Seleccionar la información que consumimos y compartimos, buscando siempre información oficial y necesaria. Para ayudar en  la gestión emocional también es recomendable compartir nuestras emociones con aquellas personas que nos puedan entender y calmar cuando nos sintamos más ansiosos. Pueden ser herramientas de utilidad para el alivio de los síntomas físicos, las técnicas de respiración relajada y relajación muscular.

A nivel conductual, es importante mantener las rutinas y los horarios.

1. Horarios de trabajo: Seguir trabajando, si es posible, desde casa y sino adoptar nuevas responsabilidades y tareas.

2. Horarios de descanso: Interrumpir lo menos posible el hábito de descanso y sueño que teníamos antes.

3. Horarios y hábitos de comidas: igual que el de sueño, interrumpirlo lo menos posible. Evitar comer de forma compulsiva y sin orden.

4. Horarios de higiene: Tratar de mantener una rutina lo más parecida posible a la que teníamos antes.

5. Horarios de ocio y tiempo libre: Incorporar en nuestra vida esas actividades que no teníamos tiempo a realizar.

En este punto también es muy importante mantenernos conectados. Es muy importante cuidar los vínculos. Somos seres sociales por naturaleza, necesitamos de los demás para identificarnos, construirnos y regularnos. Cuidar nuestras relaciones es de vital importancia siempre, pero en estos momentos de aislamiento va a ser más necesario.

En definitiva, es fundamental mantener el rumbo y no desorientarnos. Cuida tu salud mental.


Yo me quedo en casa

Pasamos la mayor parte de nuestra vida haciendo planes de cara al futuro: una comida familiar el próximo fin de semana, un viaje con las amigas en el puente, una actividad con nuestros hijos después de clase… Pero no siempre sale todo como esperamos, de repente los planes se truncan, y como es nuestro caso: el mundo se para.

Nadie imaginaría que en pleno 2020 estuviéramos viviendo esta situación. El confinamiento en el que nos encontramos es duro e incierto, pero debemos aprovecharlo como una enseñanza. Este confinamiento debe hacer que vivamos el presente, que disfrutemos de las pequeñas cosas, de los detalles del día a día. Ahora es el momento de los juegos de mesa, de confesiones, de recordar hazañas, de tomarte un café o una cerveza con tus amigas por vídeollamada, de contarles a tus hijos historietas y de escucharlos, de ordenar ese cajón para el que nunca tienes tiempo, de leer ese libro que dejaste a medias, de empezar esa serie que te recomendaron, de ver esa película que cuando viste el tráiler dijiste que irías al cine a verla, de escuchar las canciones que están en el top ten, o de escuchar las de tu juventud, es hora de reflexionar, de querer, de pensar y también de actuar, así que por ti y por todos: quédate en casa.


Qué difícil es ser padre…

Si eres un padre o una madre que quiere y se preocupa por sus hijos y su educación, probablemente ronde por tu cabeza de vez en cuando la cantinela de “¿lo estoy haciendo bien?”, pero la pregunta que en un principio parece inofensiva tiene trampa, ya que la respuesta la sabes incluso antes de hacerte la pregunta, y solemos ser tan exigentes con nosotros mismos que ésta suele ser NO. Y digo yo, en esa valoración incluyes las noches sin dormir, los momentos de juego aunque estes agotado, todas las veces que hablas a tu hijo con amor aunque él este chillando, los besos y abrazos o sólo tienes en cuenta ese grito que diste, el momento en el que no pudiste jugar o el pensamiento de “¡ya no puedo mas!».

En Cips Psicólogos queremos compartir contigo algunos errores que en ocasiones cometemos los padres sin darnos cuenta. Pero antes de seguir escribiendo quiero dejar algo claro, y es que cuando leemos sobre niños, es muy fácil ir a la caza del error y “¡ay es verdad, cómo puedo estar haciéndole esto a mi hijo…cómo no me he dado cuenta…si es que soy mala madre!” y casi si me apuras aparece media lágrima en el canto del ojo y una culpa tan grande que me deja echo polvo. No, no, no, no. Intentemos hacer otra lectura, y es que es importante conocer y saber qué puedo cambiar, ya no porque lo este haciendo mal, si no porque quiero hacerlo mejor.

   1.-Creer que los demás, otros padres, profesores, familiares, me están juzgando como padre. Si sí lo pienso, seguramente sea mucho más extremista en las reacciones que tengo con mi hijo, seré muy duro o muy blando. Qué alguien me juzga, puede ser, hay gente para todo, pero el que realmente lo está haciendo eres tú mismo, y si la persona que tengo en frente también es padre, seguro que ya ha vivido lo que te está ocurriendo y te entiende mejor de lo que crees, o sólo me ha pasado a mí el tener que recoger a mi hija del suelo con una perreta tremenda porque no quiere montarse en la silla, seguro que no eh, y yo como madre, bastante tengo con mirar para mí como para andar pendiente de lo que hacen los demás.

   2.-Comparar a mi hijo con su hermano, otro niño, primo, etc. Todos sabemos por experiencia propia que las comparaciones son odiosas, sólo sirven para hacerme sentir pequeño y que hay algo que hago mal, con lo cuál la autoestima de tu peque se  debilitará y aumentará el enfrentamiento, la distancia y la competición con su hermano.

   3.-Pensar que constantemente me toma el pelo. Cada uno conoce a su hijo, está claro, pero normalmente ese pensamiento descansa sobre el miedo que yo como padre puedo tener a perder el control “y si acabamos como los de hermano mayor…”. Tu hijo y tú valoráis las cosas de diferente manera, lo que para ti es perder el tiempo, para él es jugar, y las mil veces que le dijiste que recogiera, que hasta ya pensaste que igual el chiquillo no oía bien, aunque parezca increíble (doy fe cual notario) puede que sólo escuchara una voz de fondo pero le parecía mucho más entretenido lo que estaba haciendo, o sí, simplemente no le apetecía. Pero digo esto, para que nos demos cuenta de que no tiene que haber siempre desobediencia ni mucho menos maldad en la reacción de nuestros hijos.

   4.- Quererlo de forma condicional. Este va unido al anterior, ya que si me dejo llevar por el miedo a que mi hijo se me suba a las barbas, puedo usar el amor como recompensa y la obediencia del niño será entonces el resultado del miedo a no conseguir la aprobación de los padres. Que yo quiera a mi hijo, no significa que él lo sienta. Que las cosas por hacer y los horarios no vayan siempre primero que él, pospón de vez en cuando las conversaciones del móvil, los recados y las tareas domésticas, el tiempo pasa y él no dejará de crecer.

Y sobre todo, tú eres su padre, su madre, nadie lo va a querer como tú, siempre vas a ser fundamental para su vida, así que nada de tirar la toalla ni venirse abajo. ¡Mucho ánimo!


Los ladrones de la energía

El Dalai Lama es el líder espiritual del budismo tibetano. Aunque no practiques el budismo, algunas de sus enseñanzas o mensajes pueden ser útiles para sentirte mejor en tu vida diaria. Hay mantras, parábolas y enseñanzas que el budismo puede darnos a todos, no solo a sus seguidores. Este es el caso de los ladrones de la energía. Dalai Lama identificó 10 ladrones de energía que pueden estar desviando tus ganas hacia donde no quieres que estén. Diez ladrones de energía que, según el Dalai Lama, nos atrapan y nos dejan vacíos. No nos damos cuenta, pero vivimos tan pendientes de lo banal que no atendemos a lo realmente importante.

Todos tenemos una cantidad limitada de energía cada día, y es importante utilizarla para ser mejores personas. Sin embargo, hay factores internos y externos que nos roban esa energía y no nos permiten salir adelante. Según el Dalai Lama, estos factores que atentan contra nuestra energía son 10:

1- Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un bote para echar su basura, procura que no sea en tu mente. El Dalai Lama es bastante claro. No dejes que las personas que te rodean te usen como depositario de sus sentimientos negativos.

2- Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle. Tener las cuentas claras significa tener la certeza de que no le debemos nada a nadie y que nadie nos debe nada a nosotros. Las deudas abrasan nuestra tranquilidad. Por ello es esencial que no tengamos cuentas pendientes por ahí, así no tendremos que escondernos o avergonzarnos por no aliviar un compromiso que nosotros hemos contraído. Quien conoce la sensación de ahogo, comprende que adeudar es uno de los mayores ladrones de energía que existen.

3- Cumple tus promesas. Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a re-negociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde el principio. Decir que no cuando realmente no puedes sostener una promesa no te hace peor, al contrario. La honestidad es importante, aunque la respuesta no sea la que los demás esperan. Pero prometer algo y no cumplirlo es uno de los peores ladrones de energía.

4- Elimina en lo posible y delega aquellas tareas que no prefieres hacer y dedica tu tiempo a hacer las que sí disfrutas.

5- Date permiso para descansar si estás en un momento que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad. Cada cual lleva su ritmo pero es importante saber descansar y coger fuerzas. No hacerlo cuanto más lo necesitamos implica perder nuestras fuerzas y cometer irresponsabilidades que acabarán en arrepentimiento.

6- Tira, levanta y organiza, nada te quita más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas. Que tu lugar esté lleno de cosas que no necesitas y muy desordenado no hace más que quitarte energía. Aprende a eliminar lo que sobra, y a mantener organizado lo que quede en tus ambientes.

7- Da prioridad a tu salud, sin la maquinaria de tu cuerpo trabajando al máximo, no puedes hacer mucho. Tómate algunos descansos. Sirve de poco tener mucho trabajo, mucho dinero y mucho patrimonio si no somos capaces de cuidar lo que nos sostiene: nuestro cuerpo.  Es esencial que dediquemos tiempo a relajarnos, hacer deporte, alimentarnos bien y conocernos.

8- Enfrenta las situaciones tóxicas que estás tolerando, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja o un grupo; toma la acción necesaria. Tender a evitar las circunstancias complicadas en tu vida es natural. Sin embargo, es nocivo para nuestra energía.

9- Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar. Pasa a la acción y lucha hasta el final. Pero cuando las cosas no se pueden cambiar, no sirve de nada seguir resistiendo. Sólo servirá para acabar con nuestra energía vital. Aprende a distinguir las cosas por las que vale la pena luchar, y aquellas que debes dejar ir.

10- Perdona, deja ir una situación que te esté causando dolor, siempre puedes elegir dejar el dolor del recuerdo. No hay fuerza más poderosa que el perdón, ni ladrón de energía más grande que el rencor. Guardar rencor es humano, muy humano. Pero también lo es perdonar. Y errar. Dicen que quien no ama, no perdona. De hecho, precisamente es el amor el culpable del perdón. El amor al otro, a la vida, al mundo y a uno mismo.

 


A veces nos equivocamos

Hoy quiero compartir con todos vosotros un pequeño relato de Jorge Buacy, la historia de las galletitas:

«A una estación de trenes llega una tarde una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren está retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación. Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa al kiosco y compra un paquete de galletitas y una lata de gaseosa.

Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente. La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente.
Por toda respuesta, el joven sonríe… y toma otra galletita.
La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho. El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido.
Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. ” No podrá ser tan caradura”, piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas.
Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.
– ¡Gracias! – dice la mujer tomando con rudeza la media galletita.
– De nada – contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.
El tren llega.
Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: ” Insolente”.
Siente la boca reseca de ira. Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas…  ¡Intacto!»

Jorge Bucay

¿Qué os ha parecido?, ¿sorprendidos con el final?, ¿Cuántas veces en nuestra vida sacamos conclusiones cuando debiéramos observar mejor? ¿Cuántas cosas no son exactamente como pensamos acerca de las personas?

En muchas ocasiones cometemos el error de juzgar a los demás a partir de las sospechas o dudas vagas y nos lo creemos sin más, como si fuera una verdad absoluta. No nos damos cuenta pero a partir de este error comienzan a encadenarse una serie de malos entendidos que suelen terminar en enfado sin motivo.