El móvil, ¿mi amigo?

Ay el móvil, ese aparato que sirve para comunicarse con gente que no tengo al lado en ese momento, y a la vez puede provocar distancia hacia las personas que sí tengo a mi vera de forma literal,curioso ¿verdad?.

En estos últimos meses he vivido varias situaciones que me han hecho sentirme incomoda y hasta mosquearme, porque me apetecía decir “¡Holaaa, estoy aquíii!”… y es que a veces el mal uso del teléfono, puede provocar como en mi caso, el pensar “¿estaré desarrollando el gran poder de la invisibilidad?”.

Situación 1, comida familiar…si es un momento en el que tenemos la suerte de juntarnos todos, estamos pasando un rato agradable charlando, disfrutando de la comida…¿por que cada poco una persona mira el móvil?, ¿tan importantes son las noticias, o esas conversaciones no pueden esperar a ser contestadas hasta que se acabe la comida?…en ese momento yo me siento mal porque algo así genera distancia y rompe el buen clima… me siento de menos en ese instante y si me apetecía compartir algo ya no lo hago porque pienso ¿para qué?

Situación 2, viaje en coche con mis hijos y otras personas adultas. En casa mi hijo tenía muchísimas ganas de coincidir con la persona con la que luego se sentó, para ir jugando y hablando de cosas, pero para mi sorpresa y también para la de mi retoño, el adulto se pasó más de la mitad del viaje mirando el teléfono, con lo cual ni juegos ni confidencias ni ná, sólo distancia y el mensaje subliminal de “no me molestes, lo que estoy haciendo es más importante que tú”, porque señores, ese es el mensaje que enviamos, y sí, para acallar la conciencia puedes pensar que estoy siendo exagerada que lo hace todo el mundo, etc…pero lo cierto es que sea mi intención o no, lo que le llega al otro es, primero el móvil y después si eso ya te atiendo.

Os dejo un vídeo que me gustó y que refleja un poco todo esto que estoy diciendo.

 

 

 


“Yo tenía un perro negro”

Me gustaría compartir con vosotros un cortometraje educativo, producido por la Organización Mundial de la Salud sobre la depresión. El objetivo es ayudarnos a comprender lo que verdaderamente supone la depresión para las personas que la padecen. La pérdida de capacidad para disfrutar de las actividades de las que antes disfrutábamos, el ver la vida con negatividad, la pérdida de apetito, la interferencia de pensamientos negativos y repetitivos en la vida cotidiana, la sensación de cansancio y vacío, los problemas de memoria y concentración, la falta de confianza en uno mismo, la tristeza, el abatimiento, la falta de motivación….en definitiva la falta de alegria por vivir, son algunos de los síntomas que las personas deprimidas presentan y quedan reflejados en este vídeo.

Fue Winston Churchill quien utilizó la metáfora del perro negro para describir su depresión, mal que afecta a muchas personas y cuya presencia nos afecta y nos agobia, haciéndose cada vez más grande y  llevándonos a un sentimiento de profunda tristeza e irritabilidad.

Creo que este cortometraje puede ser de gran utilidad no sólo para las personas afectadas que sin duda se verán perfectamente reflejadas en el protagonista, sino también para los allegados que podrán comprender como se siente una persona deprimida.

Compartimos el enlace con todos vosotros:

https://www.youtube.com/watch?v=FIEDhEmcLP4

 

 


Ay los complejos…

¡Qué ganas de vacaciones!… de playa, piscina, sol, calor… ¿pero que llega con el calor?, ¿quién lo sabe, quién lo sabe?…algo que da vértigo… ¡quitarse ropa! “Buff que pereza, con lo blanca que estoy donde voy con ese pantalón corto; no quiero ni pensar en ponerme en bañador con toda la celulitis que tengo; pero mira como marco barriga… qué vergüenza”.

Y es que el verano puede traer de la mano un montón de complejos que no es que en invierno no aparezcan, pero están literalmente tapados, y ya lo dice el refranero español, ojos que no ven corazón que no siente.

Qué difícil es no gustarse, cuanto enfado, tristeza, miedo al rechazo y desgaste trae consigo, por eso yo quiero preguntarte si tan solo te ves con los ojos de la crítica, de lo que te falta, de lo que aborreces…si es así, siempre saldrás perdiendo, por eso voy a rescatar un vídeo que ya colgué hace unos años pero que vuelvo a compartir porque me encanta. No todo el mundo te ve como lo haces tú.


El verano ya llego…¿qué hago con los niños?

Se acerca  el verano y de nuevo muchos padres y madres nos volvemos a enfrentar al mismo problema de siempre: que hacer con nuestros hijos e hijas en vacaciones. Y se ha hablado y escrito mucho sobre la utopía de la conciliación y es aquí, en el periodo estival, donde más dificultades encontramos para poder mantener nuestra vida laboral y al mismo tiempo cuidar de nuestros hijos.

Se acaba el curso y los niños tienen por delante tres meses sin colegio. Tanto tiempo da para mucho, pero en muchos casos, también supone un gran esfuerzo para los padres, que tendrán que compatibilizar estos meses su horario laboral con la nueva situación de los más pequeños, además de algunas dudas: ¿qué actividad deberían hacer los niños durante el verano? ,¿debemos mantener las rutinas en casa, o les damos más libertad? ¿Podemos olvidarnos de los deberes?, ¿que hacer para que no se aburran?…

La oferta de actividades de verano dirigidas a los niños cada vez es más amplia: talleres, campamentos, estancias deportivas… cualquier actividad de verano dirigida a niños es una gran oportunidad para que los más pequeños hagan nuevos amigos y tengan nuevas experiencias. También existe la opción de los abuelos para aquellos que los tienen cerca, o para los que tienen la suerte de que sus abuelos pasen el verano en un apartamento en la playa, en el camping o simplemente en el pueblo (ayyyyy…que buenos recuerdos).

Desde Cips Psicólogos queremos proponeros algunos consejos a tener en cuenta para conciliar en verano:

  1. Trata de no sentirte culpable: Compatibilizar la vida laboral y familiar es todavía una utopía, no es culpa tuya. Tus hijos pueden disfrutar del verano a pesar de que tu trabajes, sobre todo si estás con ellos cuando llegas a casa.
  2. Organízate con antelación y establece prioridades.  Planifica  según tu horario durante esos meses y no te apures demasiado. Quizás necesitas de alguien que los lleve o recoja durante esos días, pide ayuda si la necesitas. Y si al salir del trabajo te sientes agotado tómate un tiempo para descansar antes de pasar a la acción que los niños te pedirán. Está bien que vean que no tienes superpoderes o una energía inagotable: tu no estás de vacaciones.
  3. Escucha los deseos de tus hijos para escoger una actividad u otra. Siempre es mejor que esté acorde con sus preferencias, de esta manera se implicará y disfrutará mucho más. Pero sé razonable, si la actividad que le gustaría hacer a tu hijo supone un gasto que no puedes asumir, habla con él y razona los motivos. No tienes que ceder a todos sus deseos.
  4. ¿Mantener las rutinas en casa o ser más flexibles en verano? La clave es el equilibrio, de manera que los niños puedan tener una rutina (aunque sea diferente a la que tienen mientras van a la escuela) como las horas de levantarse, comidas, ir a la cama, etc, junto con momentos que tengan más libertad y no estén programados. No podemos ignorar que las características del verano nos obligan a llevar cierto ritmo, distinto al que tenemos en invierno: el excesivo calor en las horas centrales del día, la noche llega más tarde, lo agradable que es pasear con el fresco del atardecer. Está bien que te adaptes.
  5. ¿Deberes en verano? Depende del niño y de los padres: si consideran que ha realizado un buen curso, es lógico que le dejen “descansar” de los contenidos académicos, pero siempre es interesante mantener otros hábitos más relajados como leer un buen libro, o jugar con un libro de matemáticas que estimule su interés y diversión por ejemplo. Está bien desconectar de la escuela y disfrutar de todas las posibilidades distintas que nos ofrece el verano.
  6. En verano también se aprende. Durante las vacaciones, los niños tienen la oportunidad de aprender y ejercitar otro tipo de habilidades: las sociales, juegos espontáneos, actividad física, creatividad… Es importante valorar esto y no solo ver  los contenidos académicos como aprendizajes. Además, el tiempo más libre y relajado que nos ofrece el verano para que los niños pueden explorar y mostrar cuales son sus verdaderos intereses e inquietudes. También podemos aprovechar para transmitir otro tipo de valores igual de importantes en un ambiente más relajado, como los que tienen que ver con el ámbito familiar y personal. Por ejemplo, la colaboración en las tareas domésticas y el mantenimiento del hogar o la planificación de actividades.
  7. Si se aburren un poco, no pasa nada. No es necesario que el tiempo que pasan en casa esté programado, ¡aburrirse está bien! Los niños tienen que aprender a encontrar alternativas cuando están aburridos. Los padres no somos animadores que les tenemos que ofrecer diversión a cada momento.
  8. Cuidado con las pantallas: son el recurso fácil para llenar el tiempo. Es una buena idea limitar su uso en verano, esto significa fijar un período razonable en que la vamos a usar al día (1 hora, 2 horas…) y lo mejor es hacerlo con ellos al principio del verano y ser coherentes con ello.
  9. Padres e hijos podemos realizar muchas actividades juntos después del trabajo, como leer, jugar a juegos de mesa, ver alguna película, disfrazarnos, salir en bicicleta, preparar juntos la cena o incluso solo conversar. Basta con ponernos a su altura, demostrarles que estamos interesados en ellos y acompañarlos.Es recomendable encontrar actividades que fomenten la colaboración y participación de los padres, estimulando la comunicación y la proximidad de todos los miembros de la familia. Incluso descubriendo juntos nuevas actividades y entornos, estimulando la curiosidad innata de los niños. Muchas ciudades ofrecen actividades para hacer con niños en verano (visitar museos, conciertos al aire libre, talleres para familias …etc)

Feliz verano!!


Nuevo propósito, ser constante.

Hemos nacido en una sociedad competitiva, una sociedad que premia a los mejores, que recompensa los más aptos. A día de hoy, para poder conseguir cualquier cosa debemos competir: para un puesto de trabajo, para obtener la mejor nota, para ganar algo (un concurso, una carrera), incluso con tus amigos compites más a menudo de lo que puedas imaginar…

Pretendemos ser los mejores, o por lo menos, mejores que los demás y por ello competimos, pero, muchas veces ser los mejores en algo no depende de nuestra capacidad intelectual, física… sino de un valor que es muy importante: la constancia.

 

La constancia es una cualidad que nos enseña que hay que mantener en el tiempo con firmeza las resoluciones y la línea de conducta que nos hemos fijado. La constancia trata entonces de aprender a adquirir hábitos pero con esfuerzo.

Si observamos a nuestro alrededor es muy común encontrarnos con personas con muchas condiciones y con muy buenos propósitos y no logran sacar provecho de todas sus cualidades y la razón es, porque son inconstantes, sus resoluciones no tienen firmeza carecen de carácter y de fuerza de voluntad para mantenerlas en el tiempo.

La Constancia por lo tanto es imprescindible no sólo en la formación y en la superación moral de una persona sino en todos los aspectos de la vida. Y es muy importante saber que la constancia puede trabajarse, y de esta manera podremos lograr todo lo que nos propongamos.


Para ver y hablar con tus hijos

El tema del bulling es algo que, por desgracia, está a la orden del día. Muchas veces pensamos que si mi hijo está siendo agredido o él está agrediendo a alguien me voy a enterar, pero ¿estás completamente seguro de eso?

Tal vez no te lo diga porque no quiera preocuparte, porque no esté acostumbrado a ver que en casa se hablan las cosas importantes, porque piensa que le vas a reñir o quizá ya haya intentado decírtelo (de forma explícita, “mamá/papá no quiero ir al cole”; o implícita, se empieza a comportar de forma diferente, se enfada más, contesta más, habla menos…) y no te has dado cuenta.

Si en casa de vez en cuando al niño se le da un bofetón, nalgada, colleja, zarandeo …cuando no obedece, será normal también que no diga que en el cole le están pegando porque si en la familia se hace, pensará que es lo normal.

A veces es fácil sacar un tema de conversación a raíz de algo que se lee o se ve, por eso voy a compartir con vosotros este corto de pixar sobre el bulling para que lo veáis con vuestros hijos y así les podáis hacer preguntas del tipo ¿qué hace ese niño?, ¿por qué crees que lo hace?, ¿cómo se siente el niño que hace eso?, ¿y los niños a los que les quita las cosas cómo se sentirán?, ¿alguna vez te ha pasado a ti?, ¿alguien te ha dicho o hecho algo que te ha hecho sentirte mal?, ¿le has dicho algo feo a alguien o le has pegado?… y seguro que se os ocurren más (qué tampoco sea un interrogatorio que le resulte pesado).

Algo a destacar del corto es que se ve también como el niño que molesta a los demás , en el momento en el que recibe cariño, cambia de comportamiento. Yo eso es algo que le dejo siempre claro a mis hijos (“cariño piensa que ese niño seguro que hace esas cosas porque a lo mejor tiene algún problema en casa o con algún compañero…”) para que no piensen que si alguien me agrede es porque yo estoy haciendo algo mal o hay algo en mí que hace que los demás tengan derecho a hacerme daño, rotundamente NO.

https://www.youtube.com/watch?v=l-OIl2i6YH8


Ser solidario te ayuda

La definición de solidaridad dice que “es la toma de conciencia de las necesidades ajenas y el deseo de contribuir a su satisfacción”, pero, para mí, encierra muchos otros aspectos que en ocasiones pasamos por alto: ser solidario contribuye directamente a que tu autoestima mejore y a que te sientas mejor persona. Ayudar a los demás implica ayudarnos a nosotros mismos, al ser solidarios, es posible que descubramos algunas capacidades que tenemos y que desconocíamos, en definitiva, ser solidario es una buena forma de conocerte más a ti mismo

  • Las personas que dan reciben, y esto es una realidad. Probablemente la persona a la que ayudes no pueda devolverte el favor, pero si eres una persona generosa y, en algún momento, necesitas de los demás, el karma actuará en tu favor.
  • Ayudar a los demás nos convierte en seres más felices. El feedback positivo que recibimos por parte de la persona a la que tendemos nuestra mano, aumenta considerablemente nuestra autoestima y, además, el hecho de saber que estamos realizando una buena acción nos hace sentir muy bien.
  • Nuestra confianza en nosotros mismos aumenta porque nos sentimos útiles. Creemos que es la forma más gratificante de demostrar nuestra presencia en el mundo, dedicando una parte de nuestra vida a hacer la de los demás más fácil y mejor.
  • Y ¡mejora nuestra salud! Según diversos estudios estadounidenses, las personas solidarias son menos propensas a sufrir estrés o depresión, su presión sanguínea es menor e incluso son más longevos que las que son insensibles al sufrimiento ajeno… Curioso ¿verdad?