¿Quién dijo miedo?…

De todas las frases que circulan por internet, “¿qué harías si no tuvieras miedo?” sin duda me impactó desde el principio. Y es que si te paras a pensar un solo instante, probablemente te des cuenta de que el miedo tiene más peso en tu vida del que pensabas.

“No le digo eso por si se enfada, no quiero problemas”( miedo a hacer daño a otra persona), “¿si hago esto y meto la pata?” (miedo a fallar), “y si me echan del trabajo…” (miedo al futuro), “ y si me vuelve a pasar…” (miedo a lo que no puedo controlar), “no me atrevo a decirle que le quiero porque quizá no sea correspondido” (miedo a sufrir), “no como eso por si acaso engordo” (miedo a no tener una buena apariencia), “ y si no les caigo bien…” (miedo a la soledad), “me asusta que algo negativo pueda suceder” (miedo al miedo).

Lo peor de sentir temor es que me limita, dejo de hacer cosas dando por hecho que las consecuencias serán demoledoras. Por eso te vuelvo a preguntar, ¿qué harías si no tuvieras miedo?.

Cierra los ojos un momento y piensa.

Para empezar, seguramente sentirte más liberado y tranquilo. El miedo es una emoción que tapa las verdaderas necesidades y deseos que uno tiene. Quizá me de cuenta de que no dejo a mi pareja, no tengo un hijo, no hablo con esa persona, no me atrevo a ponerme esa prenda de vestir, no hago ese viaje, no quiero ir al médico, no tengo iniciativa por MIEDO.

¿Cuánta vida le estás permitiendo al miedo que te robe?.

La decisión es tuya, y créeme siempre habrá peros y justificaciones, pero busca mas allá o es fácil que acabes viviendo en una cárcel sin barrotes llamada mente.

Si en tu lenguaje habitual el  “Y si…” es el rey, ahí tienes la respuesta a tus males. El “y si…” es una distorsión cognitiva, un error que si está presente de forma constante en mi vocabulario no hará más que conseguir que mi ansiedad aumente una y otra vez. Por eso te aconsejo que para deshacerte de él busques pruebas reales de lo que te estás diciendo porque posible en la vida es todo, pero no probable. ¿Es posible que ocurra todo lo que sigue al «y si…»?, por poder…, pero ¿cuánto hay de cierto?, ahí está la clave y también la realidad.


Cuelga tus problemas

Hoy quiero compartir con vosotros un cuento que hace tiempo encontré y ya compartí, pero hoy me he acordado de él y de lo mucho que me ayudó y me sigue ayudando en la actualidad.  Es de esas historias que sin querer te hacen pensar y replantearte el como afrontar el día a día con decisión, viendo el vaso medio lleno y no medio vacío, con una actitud positiva y seguro de uno mismo.

Os propongo un reto, que al menos una vez por semana, sigamos el ejemplo del carpintero del cuento y dejemos aparcados los problemas, aunque solo sea durante una horas, seguro que cuando volvamos a por ellos habrán cambiado, no sé si mucho o poco, y los resolveremos más fácilmente.

Esta historia es de Adriana Sivolella y la ha titulado El árbol de los problemas. 

«El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se daño y lo hizo perder una hora de trabajo y ahora su antiguo camión se niega a arrancar.

Mientras lo llevaba a casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invito a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos. Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas; abrazo a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa.

Posteriormente me acompaño hasta el carro. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunte acerca de lo que lo había visto hacer un rato antes. ‘Oh, ese es mi árbol de problemas’, contesto. Se que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura, los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego en la mañana los recojo otra vez.

Lo divertido es, dijo sonriendo, que cuando salgo en la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.»


No sé que me pasa pero no estoy bien…

El otro día en el Facebook leí algo que me gustó “La depresión, la ansiedad y los ataques de pánico no son signos de debilidad, son signos de haber intentado ser fuerte durante demasiado tiempo. Nadie lo entiende hasta que lo pasa”. Me llamó la atención por que pensé “cuánta razón tiene… es algo que yo veo a diario”.

Tengo un montón de consultas que suelen empezar así “no se bien en qué me puedes ayudar pero cada vez me siento peor, y lo que más me preocupa es que no me pasa nada que sea importante, seguro que tienes un montón de gente con problemas graves pero yo en teoría no los tengo… sólo se que llevo una temporada muy triste, que lloro, que no me apetece hacer nada aunque lo hago y noto que yo solo no sé salir de esto…” todas estas palabras suelen acabar en llanto o notas que al hablar, sobre todo si es un hombre, traga saliva varias veces para no llorar.

Después de eso empiezan a aparecer “cosillas” que van explicando de dónde puede venir el malestar aunque cómo tal vez sea algo que es habitual la persona sigue sin pensar que eso no le afecta por que como es lo de siempre… “es que mi madre…en el trabajo me pasó…hace tiempo que mi pareja y yo…mi hijo…me siento sólo…” y mientras escucho el dolor de la persona que ha tenido la valentía de sentarse delante de mí y abrirme su corazón me voy dando cuenta de cuantas habilidades ha tenido y tiene para enfrentarse a un montón de cosas; eso nunca deja de sorprenderme.

Normalmente lo que suele haber debajo de este discurso es una persona que lleva sufriendo mucho tiempo sin saberlo, o quizá si es consciente pero ha aprendido a justificar, a no tomarse en serio y a no escucharse.

Le han enseñado (la familia, la pareja…) a que sus necesidades, lo que piensa, lo que siente no es importante, que son tonterías, que hay que ser fuerte y tirar para adelante….y por supervivencia así lo ha aceptado.

La ansiedad, la depresión no son un signo de debilidad, NO y rotundamente NO, todo lo contrario… son un termómetro de cuanto llevas aguantando y sufriendo, y tu cuerpo , que es muy sabio, ya no sabe como decirte que pares y te escuches, aunque sé que eso puede ser doloroso y en ocasiones uno no está preparado para hacerlo, pero sólo hay una vida, no la desperdicies creyendo que no eres digno de ella.


Comiendo nuestras emociones

Comer forma parte de los procesos más básicos de todos los seres vivos, necesitamos comer para vivir. Gracias a este acto nuestro cuerpo mantiene un equilibrio que permite que hagamos actividades tan variadas que van desde realizar ejercicio o estudiar hasta dormir. Es un proceso que a lo largo de nuestra vida hemos ido sofisticando, hemos aprendido cuales son alimentos saludables y cuales no, hemos puesto horarios, en definitiva hemos llegado a ponerle orden y control… pero en algunos casos este proceso se convierte en un caos.

Aprendemos a comer de forma emocional desde la infancia. Ya desde muy pequeños se utiliza la comida para premiar o castigar conductas (por ejemplo dando una chuche para premiar una buena conducta o castignándola quedándonos sin postre). En la vida adulta todo se celebra en torno a la comida, un cumpleaños, una boda, reuniones familiares alrededor de una mesa, encuentros con amigos para cenar… La comida ya no tiene solamente un significado fisiológico sino emocional y cobra un papel protagonista cuando nos sentimos bien. Asociamos la comida con emociones positivas y esta asociación permanece en el tiempo. Gracias a este proceso asociativo labrado a lo largo de toda nuestra vida, cuando nos sentimos mal, frustrados, tristes, enfadados, preocupados… recurrimos a la comida en un intento de recuperar las sensaciones positivas a las que hemos ido asociando a la comida. Elegimos alimentos que en nuestra vida asociamos a algo placentero, de esta manera consumir ese alimento nos retrotrae a la emoción agradable asociada.

Comer algo porque nos apetezca no entraña un problema en si mismo, se convierte en un problema cuando comer es la única vía de gestión emocional que encontramos. Cuando este proceso es algo habitual en nosotros es el momento de plantearse adaptar estrategias que nos hagan controlar nuestra ingesta emocional.

¿Cómo podemos diferencial el hambre fisiológica del hambre emocional?

Resultado de imagen de hambre emocional vs hambre fisiologica

¿Qué podemos hacer para controlar el comer emocional?

  • Analiza la emoción que está sintiendo: nosotros no nos sentimos bien o mal a secas, nos sentimos enfadados, frustrados, decepcionados, tristes, etc. Analizando lo que sientes conseguirás ir a la raíz de tu malestar, y optar por soluciones más adecuadas al problema. Por ejemplo, si te sientes enfadado por que un amigo tuyo fue grosero contigo, la solución de este malestar no la encontrarás en comerte un helado, la encontrarás comunicando tu malestar a tu amigo.
  • Practica ejercicio: el ejercicio te ayudara a asumir control sobre la comida. Cuando hacemos ejercicio disipamos la tensión generada en otras situaciones por lo que no tendrás que recurrir a la comida para hacerlo.
  • Párate y piensa: el comer emocional es impulsivo. Los impulsos tienen dos características: no pensamos en las consecuencias de la conducta que vamos a realizar y como impulso se debe hacer de una manera inminente, inmediata, con urgencia. Por tanto, antes de recurrir a la comida tómate tu tiempo para reflexionar si esa es la solución que estas buscando o solo estás respondiendo a un impulso. Piensa si lo que sientes es hambre o apetencia o si es algo que responde a una emoción concreta que deberías gestionar de otra manera. Si te tomas tiempo para analizar que es lo que pasa, darás el tiempo suficiente para que el impulso no controle tu conducta.
  • No te prohíbas nada: cuando nos prohibimos alimentos, éstos se convierten en un objeto de deseo y por tanto el impulso será más irrefrenable. Si comes algo disfrútalo para ser consciente de ello y no te culpes por hacerlo.
  • Otorga la importancia que se merece la alimentación: Planifica tus comidas de igual manera que organizas otros aspectos de tu vida. Haz una organización de lo que vas a comer y con esto elabora una lista de la compra, así evitarás compras no necesarias de las que puedas echar mano en momentos emocionales negativos. De esta manera además crearas un habito saludable de alimentación.

 


¿Infidelidad, puedo sobrevivir a ella?

¿Podemos perdonar una infidelidad? Esta es la pregunta del millón, ojala tuviéramos la respuesta…

Las parejas llegan a nosotros buscando la «receta mágica»que solucione su problema: la infidelidad. No somos conscientes de que este hecho ya no tiene solución,  de que no podemos cambiarlo, y nosotros, como profesionales, únicamente podemos enseñar a asumirlo y a tomar una decisión: continuar o no con la pareja.

Perdonar una infidelidad es  muy personal, porque cada uno decide qué es lo correcto para él y para su vida. Sin embargo, es cierto  que cuando opinamos qué haríamos si nos fuesen infieles, la mayoría de las personas afirmamos que dejaríamos a nuestra pareja, pero cuando este hecho se produce de forma real, nuestra reacción cambia, y nos surgen entonces dudas sobre qué hacer.

En la mayoría de los casos la decisión que se toma es la de perdonar, sobre todo, en relaciones estables y de larga duración cuando son muchas las vivencias, confidencias, proyectos en común, sueños… e hijos.

Romper la relación significa tirar por la borda toda una vida y comenzar una nueva, llena de incertidumbres. Es un cambio radical, por lo que por regla general, intentamos seguir el camino, que a priori parece más fácil: el de reconstruir y perdonar a nuestra pareja.

Esta es una buena decisión pero está llena de dificultades: para comenzar no podemos engañarnos; si perdono debo hacerlo en el sentido estricto de la palabra, es decir, haciendo de verdad borrón y cuenta nueva. Porque nadie puede decir que perdona una infidelidad si a partir de ese momento va a estar controlando a su pareja en cada paso que dé. En caso de actuar así, serán la desconfianza y el agobio los que maten la relación.

Una vez superado el primer paso (el perdón), iniciaremos el difícil camino de reconstruir la relación de pareja. Es una situación complicada, tanto para el que engaña como para el engañado, ya que ambos presentaran una gran vulnerabilidad emocional.

Es el momento de trabajar para recuperar la confianza, la credibilidad en la pareja, la autoestima, la comunicación, el cariño… En la mayoría de las ocasiones este proceso tiene que estar supervisado por un profesional que nos ayude y que nos sirva de guía.


Mi hijo quiere una agenda rosa

Para muchos padres el inicio de curso es algo agotador, encajar horarios de cole y extraescolares, comprar uniformes, zapatos, libros y como no, empezar con las carreras mañaneras para que se levanten y las nocturnas para que se acuesten.

En todo esto, en lo que por supuesto yo también estoy en vuelta, ocurrió una situación con mi hijo mayor (8 años) que paso a compartir.

Ya desde el año pasado, una de las cosas que necesita para el cole es una agenda escolar. En ella va poniendo lo que ha visto en clase y lo que hay para hacer en casa, así se va habituando a estar atento y a tener las cosas en un relativo orden. Hasta ahí todo bien.

En la primera tienda en la que estuvimos, había varias…de trenes, de colores, de camuflaje…. Y al momento me dijo “mamá me gusta esta”; era una agenda fucsia y ponía “Girls Rock”. Aquí viene la parte negativa…me sorprendí a mi misma diciéndole “hijo, ¿no prefieres otra?”, “y si vamos a otra tienda a ver si hay más…” y él “no mamá, me gusta esta”. Lo primero que se me vino a la cabeza fue “se van a reír de él”. Ese miedo es el que hizo que yo le insistiera en que cambiara algo que él quería, y que no suponía bajo su visión ningún problema.

Cuando me di cuenta de todo esto (menos mal que sólo pasaron unos minutos), me reseteé y entendí que la forma de protegerlo era decirle lo que podía pasar para que él así eligiera.

“Cariño, por mi puedes llevarte la agenda que quieras, la que tú elijas me parecerá perfecta, pero si te llevas esta fucsia y que pone girls, quizá algún niño del cole se ría de ti y te diga que eres una niña, como si eso fuese algo negativo, o alguna otra cosa que se fea. A veces las personas reaccionan así ante algo que es menos habitual” después de está conversación su respuesta fue “mamá,si eso pasa no me importa, me sigue gustando la misma agenda”.

Comparto esto porque me sorprendió mi primera reacción…nunca lo hubiera dicho, y es que el miedo a que un hijo sufra puede limitar a los padres muy fácilmente. Por eso antes de evitarles cualquier situación, es mejor hablar con ellos para prepararlos y confiar en que pondrán en practica lo hablado…no podemos estar de forma constante en cada situación que viven.


La depresión, una enfermedad incomprendida.

La depresión es una de las enfermedades psicológicas más comunes en nuestros días. Las previsiones estadísticas afirman que para el año 2020, una  de cada 6 personas sufrirá depresión, convirtiéndose en la segunda causa de incapacidad a nivel mundial. Desgraciadamente, el hecho de que la depresión sea un problema común no significa que sea comprendido y aceptado a nivel social.

Muchas personas no acaban de creerse que la depresión es una enfermedad producto de un trastorno psicológico. Muchas personas lo que creen es que es una debilidad de carácter cuando no una opción personal. Sentirse mal, cansado, sin ganas de hacer nada, sentirse triste, con dolores por todo el cuerpo, no tener ganas de vivir…es el estado que produce una depresión. No es una elección de vida, sino un estado inevitable fruto de una depresión.

¿Quién no ha escuchado alguna vez expresiones del tipo?…»la depresión es de débiles», «el que está deprimido es porque quiere…yo jamás podría estar deprimido/a». No nos engañemos, si bien las personas resilientes, con vínculos afectivos sólidos y sensación de control sobre su propia vida, son menos proclives a sufrir una depresión, nadie está exento de sufrirla.

Son varios los errores que cometemos al enfrentarnos a esta enfermedad. El primero es confundir la depresión con la tristeza. La tristeza no es un estado patológico, es una reacción ante determinadas circunstancias de impronta negativa que desaparece con el paso de los días. Al contrario, la depresión es una patología , una enfermedad en la que es necesario recurrir a los psicofármacos y por supuesto a la psicoterapia para tratarla. Otro error muy extendido es pensar que la fuerza de voluntad es suficiente para combatir la depresión. La persona deprimida no quiere sentirse mal pero a menudo su voluntad no le basta. Debemos tener presente que la depresión no solo es un estado emocional sino que también sienta sus raíces en cambios en el funcionamiento del sistema nervioso. Por tanto, pedirle a la persona deprimida que “ponga de su parte” o tacharla de “floja” y “perezosa” no será de gran ayuda. Y sin duda no nos olvidemos, la inercia que nos lleva muchas veces a proponer a la persona deprimida a «poner de su parte» sugiriéndole ir a fiestas o participar en actividades divertidas. Todo esto, acaba por generar en la persona deprimida un sentimiento de frustración y culpabilidad, ya que cuando el tiempo pasa y no hay mejoría ni cambios positivos tanto los demás como la propia persona enferma se tiende a responsabilizar de que no desea curarse.

Algunos pacientes expresan como se sientes de esta manera:

«Yo no elegí que el sufrimiento entrara a mi vida, ni la depresión es esa etiqueta que me hace menos apto para la vida. Yo lucho mis batallas y no deseo tu compasión ni tu indulgencia, solo tu comprensión y un apoyo sin juicios ni reproches.»

«¿Y si te pones en mis zapatos y sientes lo que yo siento? Mi mundo está roto en pedazos y no sé como reconstruirlo, he perdido el control sobre todo y avanzo entre tinieblas. Solo entiéndeme, solo por hoy, ponte en mi lugar…»

A veces, nuestras propias limitaciones y desconocimiento nos incapacita para ayudar a una persona deprimida. Muchas veces apoyando, acompañando, y por supuesto no juzgando ni responsabilizando, puedes convertirte en una guía en esa batalla de la persona deprimida.


El final del verano…

La época más esperada por todos llega a su fin. Pasamos la mayor parte del año pensando en el verano, haciendo planes de cara a él, pensando en nuestras esperadas vacaciones, en ese período del tiempo que nos permite no estar atados a un horario predeterminado. El verano pasa más rápido de lo que nos podemos imaginar: poco a poco el ocaso se adelanta, los grados disminuyen, y las vacaciones se acaban…

Llega la vuelta a la rutina, al trabajo, al colegio, a la universidad, a madrugar, a los horarios, al tráfico de la ciudad etc.  Pero no todo es malo, la rutina nos beneficia en gran medida: muchas veces vivimos las vacaciones como un estrés constante, y la rutina nos devuelve a la realidad, hace que recuperemos nuestros hábitos… El verano supone un paréntesis en nuestra vida, y debe hacer que volvamos a la rutina con más fuerzas y más ganas.

 


El móvil, ¿mi amigo?

Ay el móvil, ese aparato que sirve para comunicarse con gente que no tengo al lado en ese momento, y a la vez puede provocar distancia hacia las personas que sí tengo a mi vera de forma literal,curioso ¿verdad?.

En estos últimos meses he vivido varias situaciones que me han hecho sentirme incomoda y hasta mosquearme, porque me apetecía decir “¡Holaaa, estoy aquíii!”… y es que a veces el mal uso del teléfono, puede provocar como en mi caso, el pensar “¿estaré desarrollando el gran poder de la invisibilidad?”.

Situación 1, comida familiar…si es un momento en el que tenemos la suerte de juntarnos todos, estamos pasando un rato agradable charlando, disfrutando de la comida…¿por que cada poco una persona mira el móvil?, ¿tan importantes son las noticias, o esas conversaciones no pueden esperar a ser contestadas hasta que se acabe la comida?…en ese momento yo me siento mal porque algo así genera distancia y rompe el buen clima… me siento de menos en ese instante y si me apetecía compartir algo ya no lo hago porque pienso ¿para qué?

Situación 2, viaje en coche con mis hijos y otras personas adultas. En casa mi hijo tenía muchísimas ganas de coincidir con la persona con la que luego se sentó, para ir jugando y hablando de cosas, pero para mi sorpresa y también para la de mi retoño, el adulto se pasó más de la mitad del viaje mirando el teléfono, con lo cual ni juegos ni confidencias ni ná, sólo distancia y el mensaje subliminal de “no me molestes, lo que estoy haciendo es más importante que tú”, porque señores, ese es el mensaje que enviamos, y sí, para acallar la conciencia puedes pensar que estoy siendo exagerada que lo hace todo el mundo, etc…pero lo cierto es que sea mi intención o no, lo que le llega al otro es, primero el móvil y después si eso ya te atiendo.

Os dejo un vídeo que me gustó y que refleja un poco todo esto que estoy diciendo.

 

 

 


«Yo tenía un perro negro»

Me gustaría compartir con vosotros un cortometraje educativo, producido por la Organización Mundial de la Salud sobre la depresión. El objetivo es ayudarnos a comprender lo que verdaderamente supone la depresión para las personas que la padecen. La pérdida de capacidad para disfrutar de las actividades de las que antes disfrutábamos, el ver la vida con negatividad, la pérdida de apetito, la interferencia de pensamientos negativos y repetitivos en la vida cotidiana, la sensación de cansancio y vacío, los problemas de memoria y concentración, la falta de confianza en uno mismo, la tristeza, el abatimiento, la falta de motivación….en definitiva la falta de alegria por vivir, son algunos de los síntomas que las personas deprimidas presentan y quedan reflejados en este vídeo.

Fue Winston Churchill quien utilizó la metáfora del perro negro para describir su depresión, mal que afecta a muchas personas y cuya presencia nos afecta y nos agobia, haciéndose cada vez más grande y  llevándonos a un sentimiento de profunda tristeza e irritabilidad.

Creo que este cortometraje puede ser de gran utilidad no sólo para las personas afectadas que sin duda se verán perfectamente reflejadas en el protagonista, sino también para los allegados que podrán comprender como se siente una persona deprimida.

Compartimos el enlace con todos vosotros:

https://www.youtube.com/watch?v=FIEDhEmcLP4