¿Cómo te han enseñado a medir el éxito?

Qué es lo importante para tí

Cuando estoy en consulta, escucho muchas veces la palabra fracaso… “si no consigo esto, para mi es un fracaso”.“No puedo contar que estoy así porque lo sentiría como un fracaso”.“Nunca creí que esto me sucediera a mí, me siento fracasado”… lo cual me lleva a pensar,  ¿cómo se mide el éxito?, ¿cómo mides tu éxito?, ¿cómo te han enseñado a medir el éxito?.

Como soy generosa voy a dar algunas respuestas que me he encontrado al realizar esta pregunta. El éxito es: tener estudios superiores con buenas notas, tener un buen trabajo, una buena casa, comprar objetos de marca… Estar delgado, tener pareja, tener hijos, no separarme, que mis hijos estudien bien.  Llevarme bien con todo el mundo, tener mucha gente que me sigue en las redes sociales, cumplir ciertos cánones de belleza…

Por supuesto que no voy a decir si todo lo anteriormente escrito es o no adecuado como para considerar a alguien exitoso. Pimero porque no me corresponde afirmar o desmentir algo tan personal. Y segundo porque las prioridades de cada uno suelen venir de aprendizajes adquiridos.  Y eso, hay que respetarlo.

Mas bien yo me centraría en si esa concepción de lo que es adecuado hace que te sientas sujeto a normas morales estrictas que te obligan a no ser tú. Por ejemplo, si para mí el éxito es llevarme bien con todo el mundo, quizá no me atreva a decir que no por miedo a la reacción de la otra persona. O tal vez tienda a pensar antes siempre en los demás por temor a que se alejan y quedarme solo.

¿Acaso tienes en cuenta tu salud mental y emocional, lo importante que es hacer lo que te gusta y tener tiempo para ti?

Si la respuesta a esta pregunta es no, decirte que aún estas a tiempo; y si te cuesta y no sabes como, en Cips Psicólogos estaremos encantados de acompañarte y ayudarte.


Terapia para la depresión. Psicólogos en Oviedo

Psicoterapia para la depresión. Un tratamiento eficaz

La depresión es un trastorno que nos afecta física y mentalmente en nuestro modo de sentir y de pensar. La depresión nos puede provocar deseos de alejarnos de nuestra familia, amigos, trabajo, y escuela. Además, puede causarnos ansiedad, pérdida del sueño, del apetito, y falta de interés o placer en realizar diferentes actividades.

La depresión es un trastorno que se caracteriza por la presencia de tristeza persistente. Cuando una persona está deprimida se siente incapaz de realizar las tareas más sencillas. Actividades que en condiciones normales hace de manera cotidiana se vuelven imposibles.

También se pierde el interés por las actividades con las que normalmente se disfruta. Todo ello conlleva una sensación importante de angustia tanto en la persona que la padece como en su entorno sociofamiliar.

Para saber detectarla es importante estar atentos a la aparición de signos que indiquen su presencia.

Los síntomas de depresión incluyen:

  • Estado de ánimo irritable
  • Dificultad para conciliar el sueño o exceso de sueño
  • Cambio grande en el apetito, a menudo con aumento o pérdida de peso
  • Cansancio y falta de energía
  • Sentimientos de inutilidad, odio hacia uno mismo, culpa
  • Dificultad para concentrarse
  • Sentimientos de desesperanza
  • Inactividad y retraimiento de las actividades usuales
  • Sentimientos de desesperanza o abandono
  • Pensamientos repetitivos de muerte
  • Incapacidad para obtener placer o disfrutar

En Cips Psicólogos, como psicólogos en Oviedo con una larga trayectoria profesional, consideramos que la psicoterapia es el tratamiento de elección para la depresión.

Estar triste no necesita terapia, un estado depresivo si precisa de tratamiento y afortunadamente se puede tratar. Cuando una persona pasa por un proceso de tristeza no es necesario que acuda a un profesional. En ocasiones la vuelta a la rutina y el apoyo de familiares y amigos es suficiente para volver a la normalidad. La depresión sí es un problema más serio que sí debe ser tratado por un psicólogo.

¿Tienes dudas a cerca de lo que te pasa?. ¿no sabes si estás triste o te encuentras deprimido?. Veamos algunas diferencias entre la tristeza y la depresión:

  • Una diferencia entre depresión y tristeza es en el marco conceptual. La tristeza es un mero estado de ánimo, mientras que la depresión es un trastorno del estado de ánimo.
  • Cuando una persona está deprimida, muchas veces, no es capaz de identificar el hecho que le genera malestar. En el caso de la tristeza, normalmente, sabemos por qué estamos así.
  • La tristeza es un estado mental relativamente pasajero. Es normal sentirse triste ante sucesos negativos de la vida. La depresión es un estado crónico de malestar y desazón.
  • La presencia de abulia es característico de la depresión. La abulia es la falta de voluntad o energía para hacer algo. Una persona con trastorno depresivo suele sentir que no existe nada por lo que merezca la pena actuar. Tienen falta de iniciativa para lo más básico, desde arreglarse a realizar cualquier tipo de actividad como realizar la compra. Esta apatía tiene que durar durante semanas e incluso meses.

Felicidad. El secreto para encontrar el sentido de la vida

¿Dónde se encuentra el secreto de la vida feliz?

¿Cómo encontrar la felicidad? Según la OMS, Japón es  el país en el que la gente vive más años.  Pero, ¿Cuál es el secreto de la longevidad del país nipón? En general se ha relacionado con la dieta, si bien parece que los japoneses no sólo son campeones en el arte de vivir más tiempo. También son maestros en tener ganas de vivir.

En Japón se encuentra la isla de Okinawa, una de las zonas azules del planeta. Un lugar donde se concentra la mayor población de centenarios del mundo. Se cree que la causa es por su forma de vivir: estar en comunidad y dedicándose a lo que les gusta hasta que su salud les pida parar. El sentimiento de sentirse útiles y de poder ayudarse los unos a los otros les proporciona la felicidad que los mantiene activos.  Y es que, los japoneses tienen un concepto para definir la satisfacción vital: IKIGAI, que viene a significar “el sentido de la vida”. Su representación gráfica no es piramidal (como la conocida pirámide de Maslow), sino más parecida a los pétalos de una flor. Ikigai se basa en cuatro conceptos principales:

  1. Lo que amas ( tu pasión)
  2. Lo que necesita el mundo (tu misión)
  3. En lo que eres bueno (tu vocación)
  4. Por lo que te puedes pagar ( tu profesión)

Dice la filosofía nipona que la confluencia de estos cuatro elementos básicos, te ayudará a encontrar la verdadera felicidad y contribuirá a que vivas más años. Encontrar tu ikigai implica autoanálisis, implica prueba y error. La reflexión y la acción te van a ayudar a revelar tus valores. tus fortalezas y tus habilidades para que puedas encontrar el significado de tu vida y de tu trabajo.

Y tú, ¿conoces tu ikigai? Responde a estas preguntas:

1.- ¿Cuál es tu pasión?

¿Qué te gusta hacer? Qué es aquello que haces con lo que las horas te pasan volando. Algo que no te cuesta hacer. Es más, algo que te gusta hacer, disfrutas haciéndolo y no puedes esperar para volver a hacerlo.

2.- ¿En qué eres bueno?

Todos tenemos algo en lo que somos buenos aunque nadie nos haya ayuda a pensar en ello. No es soberbia, es autoconocimiento. Si todavía no sabes en qué destacas por encima de los demás, este es el momento para pararte un momento y pensarlo. No tienes que decírselo a nadie. Sé honesto contigo mismo y descubre cuáles son tus puntos fuertes.

3.- ¿Qué necesita el mundo?

Tu ikigai no puede ser algo egoísta, algo que aporte beneficio solo a ti mismo. Tu ikigai se debe basar en algo que te guste. En lo que seas bueno pero que además aporte algo a la comunidad. Así que si tu respuesta a las dos preguntas anteriores no aporta nada bueno al mundo que te rodea, vuelve a pensarlo y a buscar algo que tu entorno necesite.

4.- Aquello por lo que te pueden pagar

El ikigai se completa encontrando aquello que te gusta, en lo que eres bueno, que aporta algo al mundo y por lo que, además, te pueden pagar.

Todos tenemos un ikigai.  Para descubrirlo debemos buscar en nuestro interior pacientemente, sin prisas, conocernos en profundidad y asi sacarlo a la luz.


Medicina para la depresión. No pares de reír

La importancia del humor en los momentos difíciles

El humor y la risa cambian la química de la sangre y protegen contra la depresión. Una de las mejores terapias para eliminar la depresión es el sentido del humor. La risa sirve para enfrentar las penas y también curar enfermedades, al fortalecer el sistema inmune.

PERO… ¿QUÉ HACE REALMENTE LA RISA?

Aumenta las defensas: La risa potencia el sistema inmunológico. Eleva anticuerpos como los linfocitos T y la inmunoglobulina A, que nos ayudan a combatir infecciones.

-Oxigena:  Reírse puede prevenir diferentes enfermedades cardiacas. La sonrisa impacta en el funcionamiento de los vasos sanguíneos, facilitando la fluidez circulatoria de la sangre.

Desestresa y quema calorías: la risa relaja los músculos tensos, reduce el cortisol, baja la tensión arterial y ayuda a quemar calorías al hacer que movilicemos alrededor de 400 músculos.

-Nos hace sentir mejor: Y es que aumenta la dopamina, la hormona relacionada con el bienestar.

-Sube la autoestima: Desdramatiza las situaciones; nos pone en perspectiva y así flexibiliza nuestros puntos de vista. Podemos enfrentar lo que ocurre desde otro ángulo, buscar nuevas soluciones.

-Respiramos mejor: Cuando hacemos ejercicio, respiramos profundo. Lo mismo pasa durante una risa larga. Ayuda a descongestionar las vías respiratorias y mejora la inhalación y la absorción de oxígeno.

Y podríamos seguir buscando virtudes y bondades de la risa.

Si algo tenemos claro de la vida es que consiste en un vaivén de momentos buenos y malos. Ante las situaciones adversas hay quienes resurgen de sus cenizas y se enfrentan a la circunstancia cogiendo el toro por los cuernos, mientras que otras personas se vienen abajo. Seguro que conoces a alguien que se ahoga en un vaso de agua, que hasta un día de lluvia puede mermar su estado de ánimo… Estoy segura también de que conoces a personas que aun pasando uno de los peores momentos de su vida, sonríen. Y es que el ser humano cuenta con un arma poderosa para enfrentarse a situaciones adversas: el humor.

Depende de nosotros utilizar esta arma que poseemos o no.  Reírse es vida, y hacer reír es dar vida. Y es que, párate a pensar: ¿no son los momentos más memorables, aquellos protagonizados por la risa?

La depresión es una de las principales razones por las que una persona decide ir a la consulta con el psicólogo. La terapia puede ayudar a conocer los motivos de este estado y ofrecer las herramientas para que el que lo sufre pueda salir de él. En Cips Psicólogos contamos con un equipo de profesionales especializados en el tratamiento de la depresión. Conócenos en www.cipspsicologos.com

Es el momento de empezar a reír, quizá la situación de pandemia no nos ayuda pero que mejor forma de demostrarnos que la risa es imbatible.


Los jóvenes en tiempos de pandemia.

El nuevo desafío de nuestros jóvenes: la pandemia

Hace un año que comenzaba esta terrible situación  de pandemia producida por el SARS-COV19. Una situación que derivaba en un confinamiento domiciliario de más de un mes y unas posteriores restricciones. Alguna de las cuales siguen vigentes.

La fatiga que resulta de la pandemia es una realidad de la que la mayoría somos conscientes y sufridores en mayor o menor medida. Se ha hablado mucho de los colectivos afectados, de los niños, las personas mayores… Pero tenemos otro colectivo que se ha visto muy afectado ante esta pandemia: los jóvenes.

La vida nos ha cambiado a todos tras la pandemia, pero, sobre todo, a los jóvenes. Su vida gira en torno a lo social: conciertos, fiestas, quedadas, rutas, cine…  Y todo se les ha truncado, incluso muchos de ellos no tienen ni clase presencial. Por lo que su vida se basa en estar en clase online, estudiar y vuelta a empezar.

Una encuesta realizada a nivel mundial sobre la pandemia y sus efectos en los jóvenes revela que el impacto que esta ha tenido en ellos es sistemático, profundo y desproporcionado. Los jóvenes cuya educación o trabajo se había interrumpido o había cesado totalmente tenían casi dos veces más probabilidades de sufrir ansiedad o depresión que los que continuaron trabajando o aquellos cuya educación siguió su curso.

Nos encontramos ante un panorama en el que los jóvenes apenas pueden socializar. Ésta es una actividad esencial en esta etapa para el desarrollo de su personalidad y su autoconcepto.  No ver el fin de la pandemia. No saber cuándo van a recuperar su vida tal y como era antes de la pandemia, también contribuye a que los jóvenes sientan desánimos y estén alicaídos. Ante esto, debemos intentar empatizar con la situación que están viviendo. No debemos dejar que los medios gestionen nuestro estado de ánimo. Debemos apoyarlos hablar con ellos y comprenderlos. Haciéndoles ver que el final cada vez está más cerca.


El arte de reparar(se). Sanando el trauma

Aceptando nuestros defectos e imperfecciones

Hay países expertps en el tratamiento del trauma. Existe una práctica milenaria en Japón, que nació  en el siglo XV. Cuenta la leyenda que  Shōgun Ashikaga Yoshimasa (gobernador de Japón entre 1449 y 1473), tenía predilección por un cuenco de cerámica que utilizaba especialmente para su ceremonia del té.  Un día, la vasija se quebró y dado su valor sentimental la envió a China  con la esperanza de que arreglasen la pieza. El cuenco volvió con unas grapas que unían las piezas. Lejos de satisfacer al Shōgun, hizo que mandara buscar otra solución más estética a los artesanos de la época.

Finalmente, la solución que encontraron fue mezclar resina con oro en polvo para rellenar las grietas y huecos. Arreglando la pieza al mismo tiempo que estas cicatrices doradas aportaban ese toque especial que hacía única a cada pieza. Mediante el encaje y la unión de los fragmentos con un barniz espolvoreado de oro, la cerámica recuperó su forma original. Si bien las cicatrices doradas y visibles transformaron su esencia estética. En lugar de disimular las líneas de rotura, las piezas tratadas con este método exhiben las heridas de su pasado, con lo que adquieren una nueva vida. Se vuelven únicas y, por lo tanto, ganan en belleza

De ahí surgió una filosofía que va más allá de simplemente arreglar menaje roto. Podemos trasladar su esencia a nuestra forma de vivir la vida: «Aceptar los defectos o imperfecciones. Respeta y restaura las cosas rotas»

 A lo largo del tiempo conocemos fracasos, desengaños y pérdidas. Con todo, aspiramos a esconder nuestra naturaleza frágil. Esa que nos hace más humanos y auténticos, bajo la máscara de la infalibilidad y éxito. La lección que nos enseña esta milenaria técnica nipona es que la verdadera perfección, tanto estética como interior, puede surgir de la imperfección y las heridas. Algunos estudiosos han llamado a esta técnica «el arte de aceptar el daño». En el que no se debe avergonzar ni ocultar las heridas, sino realzarlas. Sólo cuando somos capaces de reconocer la belleza de nuestras imperfecciones, esa belleza se vuelve única e irrepetible.

 La filosofía kintsugi, nos anima a aceptar nuestras debilidades  para hacernos mejores personas, dotadas de mayor sabiduría y sensibilidad. Entonces, el significado de roto pasa a alcanzar un valor trascendental. El kintsugi considera que sólo al identificar en tu historia personal las heridas emocionales (traumas) mediante un proceso de introspección, podrás sanarlas con dedicación y cuidado. Luego, podrás honrarlas e incluso celebrarlas. La lección del Kintsugi es convertir las heridas  y  el trauma en aprendizajes, exhibiendo la belleza de lo que alguna vez estuvo roto. Ahí reside la fortaleza del ser humano.


Adolescencia en tiempos de pandemia

El nuevo reto de la adolescencia: una pandemia

La pandemia a puesto la vida de todos paras arriba. Todos, independientemente de nuestra edad hemos tenido que aprender a enfrentarnos a esta nueva situación. Modificando nuestros hábitos y nuestra manera de relacionarnos. ¿y qué pasa con la adolescencia?

8 meses van ya desde que comenzó esta pesadilla de la pandemia. 8 meses en los que además de un riesgo para nuestra salud e integridad física, hemos tenido que asumir un puñado de situaciones incómodas, restricciones o pérdidas. Y  todo ello, claro está, puede resultar muy estresante y traer como consecuencia un sinfín de reacciones, sensaciones y emociones, molestas, desagradables e incluso incapacitantes.

La adolescencia siempre ha sido una etapa de cambio, que implica una crisis. En ella que hay tener que enfrentar  un montón de trasformaciones que  se producen en el cuerpo, en la relación con los padres y con la autoridad. Ahora además de todos los desafíos a los que el adolescente se enfrenta tienen que hacerlo en medio de una pandemia.

Al margen de las diferencias individuales, si hablamos de la adolescencia como etapa evolutiva,  es una etapa en la que las relaciones sociales son básicas y super necesarias. Son una fuente de satisfacción y desarrollo muy importante. Y con esta pandemia todo esto está muy limitado.

El distanciamiento social como medida para disminuir la propagación del covid-19 puede ser muy difícil para los adolescentes. Los hace sentir desconectados de sus amigos. Muchos también tienen que hacer frente a desilusiones por la cancelación de eventos para ellos importantes, como graduaciones, viajes de estudios, fiestas, conciertos, temporadas deportivas… Los adolescentes viven una continua contención. El adolescente necesita amplitud, libertad, poder expresar su propia identidad…y ahora todo son restricciones y normas. En este contexto surge la frustración, una emoción con la que los adolescentes encuentran dificultades para lidiar.

Y todo este ambiente de frustración lo trasladan a las casas, donde los padres y madres se sienten también frustrados y desbordaos por la situación. Generándose un caldo de cultivo ideal para miles de conflictos y tensiones. Los padres debemos convertirnos en un modelo de gestión emocional. Debemos poner en práctica nuestras habilidades, sin duda más desarrolladas y eficaces. Hacer un ejercicio de responsabilidad personal y utilizar nuestros recursos para manejar la situación de la manera mas constructiva posible. Como padres es conveniente ser capaces de identificar nuestras emociones, aceptarlas y verbalizarlas. Este ejercicio invitará a nuestros jóvenes a hacer lo mismo. Y también  como padres  debemos  ayudar a nuestros hijos a identificar sus emociones y a desarrollar la capacidad de autocontrol.

Esta situación esta suponiendo un reto a muchos niveles. El confinamiento y todas las restricciones impuestas está aumentando las tensiones familiares y supone un esfuerzo por parte de todos. Necesitamos grandes dosis de paciencia y apoyo mutuo para afrontar las dificultades. Ninguna edad es buena para vivir una situación tan excepcional como la que estamos viviendo.


¿¿Alguien dijo Prudencia??…

Ayer viví una situación que interpretaría como “extraña” y  que me apetece compartir con la intención de intentar que seamos conscientes de las consecuencias que puede tener  lo que digo o hago en otras personas.

Soy madre de dos hijos, uno de 9 años y la pequeña de 6. Tanto mi marido como yo intentamos educarlos en la igualdad de género, haciéndoles ver que independientemente de que estés con un niño o una niña, lo que hay debajo de eso siempre es una persona.

En base a eso intentamos, cuando  se puede, respetar las decisiones que ellos van tomando y que no siempre entran dentro de los cánones rígidos y estereotipados de lo que se espera tiene que hacer un niño o una niña. En primer lugar porque queremos que ellos se sientan libres para elegir, en segundo lugar porque nos parece fundamental que  aprendan a ver más allá  de “esto es de niños” o “esto es de niñas” y tomen decisiones basándose en las necesidades que ellos tengan y no en agradar a los demás. Así que no hay problema si mis hijos están jugando y los dos deciden pintarse las uñas, si el mayor quiere una agenda rosa, o si la pequeña quiere llevar el pelo corto porque está harta de secárselo con el secador o decide elegir pantalón en lugar de falda al comprar el uniforme del colegio.

Siendo perfectamente consciente de cuál es, por desgracia en muchos casos,  la sociedad en la que vivimos, les preparo para que sepan qué pueden encontrarse en la calle. A mi hija le dije “cariño, como llevas el pelo cortito y además vas a ir con pantalones, que sepas que algunos compañeros, algunas personas pueden confundirte con un chico o decirte que pareces un chico como si eso fuese algo malo”, su respuesta fue “mamá no me importa, no me gustan las faldas”.

Mi error fue pensar que esos comentarios vendrían de sus iguales, no de los adultos…

Ayer por la tarde, mi marido fue a recoger a los niños al colegio, y esperando a que saliera mi hija , una madre, a la que no conocíamos ni habíamos visto antes,  se le acercó y le preguntó “¿qué tal lleváis que vuestra hija sea trans?”…  mi marido ha sido bendecido con un sentido del humor que le hace tener una correa tremenda para saber gestionar este tipo de situaciones en las que te quedas sin sangre por la incoherencia tan grande que estás viviendo; le respondió muy educadamente y la cosa quedó ahí.

Cuando me lo contó a mí, tardé un poco en reaccionar porque mis ojos inyectados en sangre no me lo permitieron.

No creo que el pelo corto y llevar pantalones ya te convierta en transexual. A día de hoy pienso que mi hija no lo es, pero si así fuera tendría el apoyo incondicional de unos padres  que la adoran por lo que es y no por su envoltorio. Lo importante no es si es o no trans, si no las etiquetas que los adultos ponemos en los niños de forma tan alegre sin ser conscientes de lo que esas palabras pueden suponer “es la guapa”, “la lista”, “el travieso”, “el desastre”, “el bueno”, “el malo”… mucho cuidado con eso….tengo la consulta llena de adultos que luchan con etiquetas que han llevado durante toda una vida. Además, si una persona a la que no conozco se atreve a preguntar algo que es tan delicado, me hace pensar que no sé qué comentarios hará delante de sus hijos, y qué pensaran estos cuando vean a mi pequeña.

Por eso me decidí a a poner una foto mía de cuando yo era niña y una foto de mi hija, porque según algunas mentes yo también debía de ser transexual.


¡Ay que no me da tiempo!…¡ qué estrés!

Cuando el estrés nos invade la vida

¿Te has fijado alguna vez, en que lo primero que seguramente haces al despertar es mirar la hora? y en función de ésta, decides levantarte, o si tienes suerte, dormir un poco mas.  Es decir, desde ya bien tempranito es el reloj el que marca nuestro día. Y lo que es peor, la velocidad con la que hacemos las cosas. ¿O a caso te son ajenas perlas como, «siempre ando pendiente del reloj», «odio ir a carreras», «¡venga, que llegamos tarde!» o el archiconocido «¡no me da tiempo!»? Seguro que en algún momento han pasado por tu mente. ¡Dios mío …qué estrés!

Es gracioso, pero en una ocasión me descubrí a mi misma haciendo la compra a tal velocidad que talmente parecía que me estuvieran persiguiendo, era cómo si mi mente fuese a la velocidad de la luz y mi cuerpo quisiera alcanzarla, ¡y eso que iba con la lista hecha!. Y es que es tan fácil contagiarse por la prisa y el estrés… Si he llamado al ascensor pero creo que tarda, vuelvo a picar (como si eso hiciera que viniese mas rápido), si me conecto a internet y he de esperar unos segundo, ¡buff que lento va esto!, si voy en coche y ya se ha puesto verde el semáforo pero el de delante tarda unas milésimas en arrancar, mi mano ya busca el claxon y no hablemos de lo que todos conocemos por comida rápida, ¡rápida!.

¿Cuál es el problema de ir siempre a carreras? Cuando hablo de rapidez, ya no me refiero tanto a ir cual alma que lleva el diablo. A veces lo de correr es literal. Lo digo porque en ocasiones así salgo del trabajo para llegar a casa y poder darles a mis hijos el beso de buenas noches.  Si no más bien a la velocidad mental que llevan mis pensamientos. Es como si mi cabeza estuviera siempre centrada en el futuro, en lo que me falta por hacer. Demasiado estrés.

Te propongo una cosa. Durante el día de hoy intenta observarte en cualquier situación cotidiana, en el trabajo, en la ducha, con los niños, en la comida, dando un paseo, haciendo algún recado…en la que tú quieras. Párate unos minutos a averiguar qué ronda tu cabeza. ¿Estás en lo que celebras o quizá tan sólo está tu cuerpo y tu mente pertenece a las obligaciones?. Pongo un ejemplo: imagínate que estas en una terraza tomando algo y disfrutando de la compañía de unos amigos. La conversación es agradable y el buen tiempo acompaña. Pero si tuviéramos acceso a tu mente, lo que aparecería es «buff con todo lo que tengo que hacer...», o «me tengo que acordar de…», «ay no sé cómo hacer esto…», «qué pensarán de mi…» y así podría seguir hasta el infinito y mas allá. Estrés y más estrés.

El problema, por el que mas arriba pregunto, es muy simple, y es que si esa es mi tendencia, me va a costar muchíiiiiiisimo disfrutar del momento. No voy a percibir las pequeñas cosas, los detalles que enriquecen mis días haciéndolos diferentes y por tanto mi vida. No voy a sentir la tranquilidad que aparece cuando el sol calienta mi rostro. El descanso que me da el abrazo de esa persona a la que quiero. La liberación de las risas con los amigos o el amor cuando ves jugar a tus hijos. Todo eso y mucho más está en tu vida, no lo pases por alto.

En Cips Psicólogos te animamos a que centres tus sentidos en lo que estas haciendo. Para eso los niños son geniales, nunca tienen prisa, salvo que nosotros los contagiemos. Se paran a mirar, a escuchar, a tocar. Intenta hacerlo tú también, eso te ayudará a tener una visión más real del presente, y por tanto, a ir más despacio.

Mañana ya es futuro y tan sólo puedo saber qué voy a hacer  (y no siempre se cumple).  Pero desconozco cómo voy a vivir lo que hago, así que piensa en hoy, en lo que estas haciendo y gana en calidad de vida.