¿Quién dijo miedo?…

De todas las frases que circulan por internet, “¿qué harías si no tuvieras miedo?” sin duda me impactó desde el principio. Y es que si te paras a pensar un solo instante, probablemente te des cuenta de que el miedo tiene más peso en tu vida del que pensabas.

“No le digo eso por si se enfada, no quiero problemas”( miedo a hacer daño a otra persona), “¿si hago esto y meto la pata?” (miedo a fallar), “y si me echan del trabajo…” (miedo al futuro), “ y si me vuelve a pasar…” (miedo a lo que no puedo controlar), “no me atrevo a decirle que le quiero porque quizá no sea correspondido” (miedo a sufrir), “no como eso por si acaso engordo” (miedo a no tener una buena apariencia), “ y si no les caigo bien…” (miedo a la soledad), “me asusta que algo negativo pueda suceder” (miedo al miedo).

Lo peor de sentir temor es que me limita, dejo de hacer cosas dando por hecho que las consecuencias serán demoledoras. Por eso te vuelvo a preguntar, ¿qué harías si no tuvieras miedo?.

Cierra los ojos un momento y piensa.

Para empezar, seguramente sentirte más liberado y tranquilo. El miedo es una emoción que tapa las verdaderas necesidades y deseos que uno tiene. Quizá me de cuenta de que no dejo a mi pareja, no tengo un hijo, no hablo con esa persona, no me atrevo a ponerme esa prenda de vestir, no hago ese viaje, no quiero ir al médico, no tengo iniciativa por MIEDO.

¿Cuánta vida le estás permitiendo al miedo que te robe?.

La decisión es tuya, y créeme siempre habrá peros y justificaciones, pero busca mas allá o es fácil que acabes viviendo en una cárcel sin barrotes llamada mente.

Si en tu lenguaje habitual el  “Y si…” es el rey, ahí tienes la respuesta a tus males. El “y si…” es una distorsión cognitiva, un error que si está presente de forma constante en mi vocabulario no hará más que conseguir que mi ansiedad aumente una y otra vez. Por eso te aconsejo que para deshacerte de él busques pruebas reales de lo que te estás diciendo porque posible en la vida es todo, pero no probable. ¿Es posible que ocurra todo lo que sigue al «y si…»?, por poder…, pero ¿cuánto hay de cierto?, ahí está la clave y también la realidad.


No sé que me pasa pero no estoy bien…

El otro día en el Facebook leí algo que me gustó “La depresión, la ansiedad y los ataques de pánico no son signos de debilidad, son signos de haber intentado ser fuerte durante demasiado tiempo. Nadie lo entiende hasta que lo pasa”. Me llamó la atención por que pensé “cuánta razón tiene… es algo que yo veo a diario”.

Tengo un montón de consultas que suelen empezar así “no se bien en qué me puedes ayudar pero cada vez me siento peor, y lo que más me preocupa es que no me pasa nada que sea importante, seguro que tienes un montón de gente con problemas graves pero yo en teoría no los tengo… sólo se que llevo una temporada muy triste, que lloro, que no me apetece hacer nada aunque lo hago y noto que yo solo no sé salir de esto…” todas estas palabras suelen acabar en llanto o notas que al hablar, sobre todo si es un hombre, traga saliva varias veces para no llorar.

Después de eso empiezan a aparecer “cosillas” que van explicando de dónde puede venir el malestar aunque cómo tal vez sea algo que es habitual la persona sigue sin pensar que eso no le afecta por que como es lo de siempre… “es que mi madre…en el trabajo me pasó…hace tiempo que mi pareja y yo…mi hijo…me siento sólo…” y mientras escucho el dolor de la persona que ha tenido la valentía de sentarse delante de mí y abrirme su corazón me voy dando cuenta de cuantas habilidades ha tenido y tiene para enfrentarse a un montón de cosas; eso nunca deja de sorprenderme.

Normalmente lo que suele haber debajo de este discurso es una persona que lleva sufriendo mucho tiempo sin saberlo, o quizá si es consciente pero ha aprendido a justificar, a no tomarse en serio y a no escucharse.

Le han enseñado (la familia, la pareja…) a que sus necesidades, lo que piensa, lo que siente no es importante, que son tonterías, que hay que ser fuerte y tirar para adelante….y por supervivencia así lo ha aceptado.

La ansiedad, la depresión no son un signo de debilidad, NO y rotundamente NO, todo lo contrario… son un termómetro de cuanto llevas aguantando y sufriendo, y tu cuerpo , que es muy sabio, ya no sabe como decirte que pares y te escuches, aunque sé que eso puede ser doloroso y en ocasiones uno no está preparado para hacerlo, pero sólo hay una vida, no la desperdicies creyendo que no eres digno de ella.


El poder de las palabras

Seguro que al igual que yo has escuchado alguna vez “cuando yo era pequeño mis padres no me decían las cosas con tanto cuidado y mira que bien salí”,  “a quién no le han dado alguna vez un bofetón y no pasa nada”, o “a mí nunca me daban a elegir, directamente me ordenaban, y aquí estoy”. A todas esas personas les quiero dar mi más sincera enhorabuena porque hay mucha gente a la que han educado con el “no puedes”, “eres tonto”, “con lo fácil que es no entiendo como no lo haces bien”, “si haces esto no te van a querer”, que ahora siendo adultos tienen muchos problemas de autoestima, seguridad, confianza y dificultad para tomar decisiones.

Algo que utilizamos todos los días y que tiene un poder tremendo sobre la otra persona son las palabras. Una mamá me contaba como un profesor al entregarle un examen suspenso  a su hijo con TDH, le había dicho delante de toda la clase que él NUNCA iba a sacar un notable porque su capacidad se lo impedía. ¿Cómo se habrá sentido ese niño?

Otra madre me llamó angustiada porque la tutora de su hija le había dicho a ésta “ya me contaron que el año pasado tuviste problemas y creo que la culpa fue tuya”. ¿Qué habrá pensado de sí misma esa niña si el adulto en quien confía la etiqueta de esa manera?

Incluso tú, que estás leyendo esto, puede que no te resulte difícil recordar un momento en el que te hayan dicho algo tan doloroso como recibir un golpe .

Si no cuido mis palabras, puedo provocar un gran daño en la otra persona, por eso te animo a que veas este vídeo y descubras cual puede ser realmente su poder.

 


¿Te pones nervioso ante los exámenes?

Han pasado 20 años, que se dice pronto, de mis exámenes de selectividad. Y me resulta curioso que aún hoy, tanto tiempo después, aún puedo recordar vívidamente las sensaciones que me invadían en los días y horas previas a realizar los exámenes que marcarían en parte mi futuro profesional. Sentimientos encontrados, por un lado deseos de parar el mundo y tener más y más horas para poder estudiar y por otro lado deseos de poder mover el reloj más rápido para terminar cuanto antes con aquella especie de tortura que durante meses me llevaba atemorizando. Y lo curioso es que han pasado los años y aún cuando miro a los jóvenes que hoy día tienen que enfrentarse a la dura prueba de la selectividad aún veo en sus ojos el miedo, la ansiedad, la irritabilidad, las horas sin dormir, los dolores de estomago y los pensamientos del tipo…»voy a suspender», «no lo conseguiré», «no entraré en la carrera que quiero»…..y eso ¿por qué?, ¿por qué nos sigue invadiendo la ansiedad ante los exámenes?

La ansiedad aparece cuando nos enfrentamos a una situación que evaluamos como peligrosa, una situación que puede provocar un cambio no siempre positivo en nuestra vida y que además puede ser definitivo. Y es entonces cuando empiezan a aparecer en nuestra mente pensamientos atemorizantes, anticipatorios, que nos amargan el presente y provocan multitud de desagradables y variadas emociones y respuestas fisiológicas que nos paralizan y hacen sufrir. Y aunque el estrés en su adecuada medida es una reacción normal y positiva que moviliza los recursos del organismo para afrontar los desafíos que nos plantea la vida y que adecuado y regulado contribuye positivamente a la concentración, en algunas ocasiones la ansiedad deja de ser adaptativa y se convierte en un inhibidor del rendimiento, entorpeciendo la capacidad de atención y concentración.
Cuando esa ansiedad incapacitante aparece debemos de tener recursos para poder hacerle frente. En primer lugar es muy importante aprender a relajarse. Cualquiera de las técnicas de relajación que existe puede ser adecuada para controlar las manifestaciones fisiológicas de la ansiedad. La respiración relajada, la relajación muscular progresiva o las actuales y muy utilizadas técnicas de mindfulness pueden ser una alternativa.
Es también muy importante, aprender a controlar nuestros pensamientos. Debemos tomar conciencia de cómo es nuestro discurso interno, de como nos hablamos a nosotros mismos y qué tipo de exigencias nos hacemos ante un examen. Es importante cuestionar y desmontar la validez de tales pensamientos negativos, plantearnos de que nos sirve pensar así y tratar de sustituir esos pensamientos por otros más positivos y que no produzcan malestar.
Por último, cuidar ciertos aspectos de la vida cotidiana como realizar ejercicio físico, mantener una alimentación sana y equilibrada, no abusar de sustancias estimulantes y descansar al menos 7 horas al día son también aspectos a tener en cuenta.
Trata de mantener una buena confianza en ti mismo, en tu capacidad para lograr tus metas y relativiza las consecuencias de una mala calificación y si aún no has realizado los exámenes ¡¡¡¡ muuuuucha suerte !!!!


Es hora de controlar la ansiedad

Todos los que sufráis o hayáis sufrido ansiedad en algún momento estaréis de acuerdo conmigo,la ansiedad es un estado de inquietud, de carácter difuso, como si te sintieras expectante, con una sensación continua, de que algo negativo va a ocurrir, por lo que os mantenéis en un estado de alarma permanente sin poder relajaros.

En la mayoría de los casos sois consciente de que ese estado de sobreactivación no tiene sentido, pero no sois capaces de controlarlo, ni de explicar por qué estamos así, simplemente por momentos creemos que» nos estamos volviendo locos».

Desde Cips Psicólogos os vamos a dar alguna de las claves que pueden ayudaros a combtir y tener bajo control a la ansiedad:
1. La ansiedad es una respuesta innata, acéptala
La ansiedad es dañina, lo sabemos y por eso queremos eliminarla. Por tanto, es normal que nuestro primer impulso sea negarla y rechazarla. Sin embargo, la paradoja radica en que mientras más intentemos combatir la ansiedad, más agobiados nos sentiremos. Cuando negamos una emoción o sensación, esta crece.
2. Correr no nos ayuda, tómate tu tiempo
La mayoría de las personas ansiosas se mueven continuamente de un lugar a otro, comen de pie, sin sentarse a la mesa y realizan diferentes tareas a la vez. Disminuye el ritmo y, sobre todo, dale un orden a las tareas que debes realizar a lo largo del día y prioriza las más importantes. Oblígate a bajar la marcha, verás que logras hacer mucho más, con menos estrés.
3. No dejes tareas pendientes, aplica la regla de los 2 minutos
 Una de las cosas que más aumenta nuestro estado de ansiedad es saber que tenemos tareas pendientes. De hecho, no son las tareas en sí las que nos desgastan y agotan, sino el recordatorio mental constante de que debemos hacerlas.
 Los expertos en productividad personal afirman que para resolver este problema, lo mejor es aplicar la regla de los 2 minutos. En práctica, cuando surja una tarea, si esta no requiere más de 2 minutos, hazla inmediatamente ya que posponerla y recordarla consumirá más energía que llevarla a cabo. Si la tarea demanda más tiempo y no lo tienes, pregúntate si es realmente importante. Si es así, búscale un hueco en tu agenda.
4. Reserva una hora del día solo para ti, y haz lo que te venga en gana
Desconectar y estar a solas consigo mismo es tan importante como ser proactivos. Aunque como las personas ansiosas suelen encontrar difícil estar de brazos cruzados, una excelente alternativa consiste en dedicarle al menos una hora cada día a una actividad que realmente disfruten. De esta forma, el cerebro comienza a liberar una serie de neurotransmisores como las endorfinas, que generan un estado de bienestar y relajación.
5. No le prestes demasiada atención a tus pensamientos, cuestiónalos
La mente de una persona ansiosa es su peor enemigo. De hecho, la ansiedad crece a raíz de los pensamientos poco realistas que la persona va desarrollando. Por eso, es fundamental que aprendas a detectarlos y que detengas su curso.
Por eso, es importante que comiences a cuestionarte esos pensamientos catastrofistas que no se ajustan a la realidad. Pregúntate: ¿Esa preocupación es realista? ¿Cuántas probabilidades existen de que se cumpla? ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Cómo podría manejarlo?
6. Practica un poco de ejercicio físico
 Una de las mejores estrategias para combatir la ansiedad y el estrés es realizar ejercicio físico. No es necesario que le dediques mucho tiempo, apenas media hora todos los días será suficiente. Aunque es recomendable que sean ejercicios intensos, que son los que permiten que se libere una gran cantidad de endorfinas.


Qué hago si tengo ansiedad

Si estas leyendo esto, seguramente es porque en algún momento has sufrido la gran epidemia del siglo XXI, la temida y contagiosa ansiedad. Y es que dejarse llevar por los pensamientos negativos es tan fácil…«esto no me va a salir», «no se qué hacer…», «y si tomo esta decisión y luego sale mal», «no puedo», «no lo voy a conseguir nunca», «y si fallo…», «y si me echan…»,»si le digo que no seguro que se enfada», y así podría seguir hasta el infinito y mas allá.

Para entender bien qué es la ansiedad, voy a dar una explicación de andar por casa porque así es como me gusta que me cuenten las cosas a mi. La ansiedad es una estado emocional, que aparece cuando interpreto que algo tremendamente negativo va a ocurrir. Como dice A. Roche, es un arroyito de temor que corre por la mente, si se alimenta puede convertirse en un torrente que arrastrará todos nuestros pensamientos.

¿Cómo puedo saber si la he padecido o la estoy viviendo? Sus síntomas son múltiples y variados, en nuestra pagina web aparecen algunos de ellos y por desgracia son archiconocidos. La angustia, la preocupación constante, el nudo en el estómago, la inquietud, la dificultad para disfrutar del presente, la presión en el pecho, la incertidumbre… y es que es curioso, pero un tanto por ciento muy muy elevado de las consultas que hoy en día tenemos en nuestro despacho son por ansiedad. ¿Qué es lo peor? que la mayoría de las personas se acostumbran a vivir así, como es lo de siempre ya no se me hace raro, sólo me asusto cuando de repente me cuesta mucho respirar, o dormir, o no puedo dejar de comer, o aprieto mucho los dientes, o aparecen problemas de equilibrio, o ya no sé qué hacer con el estómago…es decir, cuando mi malestar ya es físico y me veo limitado para hacer ciertas cosas. Cuando eso ocurre, créeme, eso significa que llevas mucho tiempo aguantando el malestar, la preocupación, y tu cuerpo, que ya no puede mas, te esta avisando.

Lo primero que te aconsejamos en Cips Psicólogos, es que te centres en el presente, que busques pruebas reales de lo que te atormenta (el miedo, la angustia son emociones, no pruebas) e intenta conseguir otra interpretación de lo que está sucediendo, seguro que la hay aunque de primeras te parezca imposible. Si un amigo te contase a ti lo que te agobia, ¿qué le dirías? quizá eso pueda ayudarte.

Escapa de los «y si…», los «tengo qué…» y el «siempre, todo, nunca», sólo conseguirás meterte en un bucle del que luego es difícil salir.

Dedica unos 10 min a respirar profundamente, inspira mientras te repites la palabra «profundo» y expira diciéndote «lento», ayudará a que tu cuerpo se relaje y tu mente se centre en el ahora.

Y sobre todo, lo más importante, no hagas caso omiso a tu estado actual, no pongas parches a lo que te sucede, si quieres aprender a combatir la ansiedad nosotros podemos ayudarte.