¿Conciliación familiar? ay que me da la risa…

Este es  mi despacho, el lugar de trabajo en el que paso muchas horas.  Lo cierto es que me encanta. Tiene muchísima luz, es acogedor, cálido, espacioso y tranquilo, pero ¿sabes a quién no les gusta tanto? a mis hijos, ¿la razón? tienen que compartirme con él.

En estas últimas semanas he vivido dos hechos que han reforzado ese sentimiento de culpa que muchas madres trabajadoras arrastramos por el hecho de dejar a nuestros retoños con padres, abuelos, cuidadores, guarderías, etc. El primero de ellos fue con mi hija Lara de 4 años. Un día mientras me preparaba para ir a trabajar por la tarde, cuando ella se dio cuenta, empezó a perseguirme literalmente por toda la casa, era como mi sombra, se enganchó a mi pierna a la vez que con una vocecita susurrante que te parte el corazón me iba repitiendo “mamá no quiero que te vayas, voy a echarte de menos”. En esos momentos da igual lo que intentes hacer, abrazarla, besarla, decirle que llegarás en cuanto puedas…nada sirve, y automáticamente a esa voz que te traspasa el corazón se le añade el puchero que luego se convierte en lágrimas de tristeza. Y ala, allá me voy yo sintiendo que soy la peor madre del mundo y mi corazón se encoge al tiempo en que trago saliva para intentar no dejarme llevar por la tristeza que a mí también me ha contagiado.

Y sí, ya sé que luego se le pasa, que ella va a estar bien y que no hay que dramatizar… pero el atragantón y el comedero de cabeza me lo llevo yo, ¿por qué? por ir a trabajar, por hacer algo que me apasiona y con lo que me gano la vida, ¡¡¡que no me voy de fiesta!!! (que ojo, también podría eh).

El segundo episodio ocurrió ayer. Mi hijo Samuel de 7 años me dio un par de malas contestaciones sin venir a cuento, y como no le vi yo mucho sentido a aquello, le pregunté si estaba enfadado conmigo  o si tal vez yo había hecho algo que le hubiese molestado sin darme cuenta. Después de unos minutos me respondió “mamá, pasas menos tiempo con nosotros porque vas a trabajar y eso no es justo” (durante el curso no lo notan tanto pero ahora que están de vacaciones…), ay dios, me mató; y pensé, yo tengo suerte porque paso mucho tiempo con ellos, pero ¿cómo se sentirán esos niños que pasan poco tiempo con sus padres?, y ¿cómo se sentirán los padres por no poder pasar más tiempo con sus hijos?

Esta es la conciliación familiar, NO EXISTE. Por eso este blog va dedicado con todo mi amor, respeto y admiración hacia esas madres que trabajan también fuera de casa y tienen que hacer encaje de bolillos y un millón de malabares para que todo funcione. Me centro en las madres porque culturalmente es “normal” que el padre trabaje, no pasa nada, pero que lo haga la madre no siempre se entiende. Así que va por vosotras.


Querido Rey Melchor, soy padre y te pido…

Ni puenting, ni crossfit, ni saltar en paracaídas, si quieres emociones de verdad ten un hijo y verás que sin duda ese es el deporte más agotador y peligroso que existe.

Cuando te planteas ser padre hay una parte que en la imaginación no aparece y en eso he de decir que la publicidad tiene bastante culpa. En la tele los bebes duermen, no lloran cuando se les cambia el pañal, se comen lo que se les da y abrazan a sus padres con un amor que enternece. ¿Eso es real? Si por supuesto, pero yo añadiría las noches de insomnio que te dan para escribir la tesis, ese momento de sacar los mocos en que se mueven tanto que es como si estuvieran poseídos, todas las veces que parecen tener la boca cosida por que no la quieren abrir y te acaban tirando el plato, las salidas de casa en las que llevas tantas cosas que realmente parece que te mudas, los momentos de pataleta por la calle en las que todo el mundo te mira, los ríos de dalsy y apiretal que corren por casa debido a los cambios de tiempo, como se te parte el alma cuando tu hijo está preocupado o angustiado por algo y no hablemos de si se ha perdido el chupete o el muñeco con el que duermen, entonces compañero, que dios reparta suerte.

Cuento todo esto no porque esté en contra de los niños, todo lo contrario, me encantan, de hecho tengo dos y son sin duda la razón por la que intento ser mejor persona, pero cuando idealizas mucho una situación, el que de repente te notes cansado, con ganas de que alguien te releve y se lleve a los niños, o que es todo más complicado de lo que esperabas porque desde que nació el retoño discutes con tu pareja, eso puede llevarte a sentirte culpable e incluso a pensar que no lo estás haciendo bien y que eres un mal padre. Nada más lejos de la realidad, todo lo dicho anteriormente es normal y las dudas y la incertidumbre también.

En estas fechas casi navideñas en las que estamos, me gustaría compartir una de las cartas más bonitas que he leído y con la que si eres madre o padre, seguro que te sientes identificado; es un pelín larga pero merece la pena. Mucho ánimo en esta difícil tarea que es educar y no lo olvides, todo se resumen en pasar tiempo con ellos .

Queridos Reyes Magos:

Les escribo esta carta con un lápiz rojo de mi hijo, en el dorso de un recibo, sentada al lado de la lavadora entre un lavado y otro, y quien sabe cuando volveré a tener un poco de tiempo libre en los próximos 18 años.

He sido una buena madre durante todo el año.

He alimentado, aseado y cuidado a mis hijos todos los días.

He visitado al pediatra muchas más veces de lo que he visitado a mi propio médico aún encontrándome mal.

He vendido sesenta y dos papeletas de lotería de navidad del fútbol de mi hijo, he cambiado cromos, comprado chuches…..

Llevo a mis hijos al cole, a las actividades extraescolares, les ayudo con los deberes, a preparar los exámenes, juego con ellos, les llevo al parque con sus amigos, a montar en bicicleta y patinar…

Recojo y ordeno su habitación, que queda como una leonera tras pasar por ellos allí un ratito, es increíble cómo se trasladan los juguetes de las estanterías al suelo porque ¡ninguno los ha cogido!!.

Les preparo la ropa, sus mochilas, el almuerzo para el recreo… para que todo esté listo y no les falte nada…

En fin, me esfuerzo en hacer que su vida sea lo más feliz posible, sin problemas ni preocupaciones.

Pensaba que quizás, visto que no les he pedido nunca nada, este año podrían traerme algunas cositas…

Aquí tienen mis deseos:

Me gustaría una barriga plana, de esas de las artistas de Hollywood, unos brazos que no dolieran y fueran lo suficientemente fuertes como para apartar a mi hijo del estante de las golosinas, mientras hace una rabieta en medio del supermercado.

También quisiera una cintura, ya que en algún sitio perdí la que tenía, hacia el séptimo mes de mi último embarazo.

También me gustarían unos cristales y paredes resistentes a las huellas y a las pintadas, un rinconcito secreto donde poderme esconder para hablar por teléfono.

En el aspecto práctico, quisiera una muñeca que hable y diga, “Sí, Mamá” para ayudarme en mi autoestima como madre, así como dos niños que no peleen, y tres pares de vaqueros que se abrochen sin necesidad de tanta fuerza.

También me gustaría una voz nueva, ya que mi voz parece estar fuera del alcance auditivo de mis hijos ya que por mucho que me esfuerce no parece que me escuchen.

Sería maravilloso si consiguiera que mis hijos ayudaran en casa sin necesidad de pedir un premio a cambio.

Si fuera tarde para encontrar todo esto, quisiera al menos el tiempo suficiente para mí, para cepillarme los dientes, peinarme decentemente, para maquillarme, ir de tiendas a la sección femenina y no sólo a la infantil.

Tiempo para tener el lujo de sentarme y comer la comida caliente, y no fría o sin que tenga que comerla antes o después de que mi familia cene.

Me gustaría experimentar, qué se siente durmiendo una noche entera del tirón, sin interrupciones de ninguna clase…

Bueno, Queridos Reyes, la alarma de la secadora me indica que ha terminado su ciclo y mi hijo se ha dado cuenta que estoy aquí encerrada. Creo que quiere que le devuelva su lápiz. Que tengan un buen viaje y recuerden sacarse el polvo de sus sandalias antes de entrar.

Pueden comerse las galletas que les dejamos en la mesa, pero cuidado con echar migas a la alfombra.

Con cariño…… MAMÁ!!

P.D. Ah!… otra cosa, pueden anular todos mis deseos con tal de que hagan que mis hijos crezcan felices, sanos y se conviertan en personas de bien.