No sé que me pasa pero no estoy bien…

El otro día en el Facebook leí algo que me gustó “La depresión, la ansiedad y los ataques de pánico no son signos de debilidad, son signos de haber intentado ser fuerte durante demasiado tiempo. Nadie lo entiende hasta que lo pasa”. Me llamó la atención por que pensé “cuánta razón tiene… es algo que yo veo a diario”.

Tengo un montón de consultas que suelen empezar así “no se bien en qué me puedes ayudar pero cada vez me siento peor, y lo que más me preocupa es que no me pasa nada que sea importante, seguro que tienes un montón de gente con problemas graves pero yo en teoría no los tengo… sólo se que llevo una temporada muy triste, que lloro, que no me apetece hacer nada aunque lo hago y noto que yo solo no sé salir de esto…” todas estas palabras suelen acabar en llanto o notas que al hablar, sobre todo si es un hombre, traga saliva varias veces para no llorar.

Después de eso empiezan a aparecer “cosillas” que van explicando de dónde puede venir el malestar aunque cómo tal vez sea algo que es habitual la persona sigue sin pensar que eso no le afecta por que como es lo de siempre… “es que mi madre…en el trabajo me pasó…hace tiempo que mi pareja y yo…mi hijo…me siento sólo…” y mientras escucho el dolor de la persona que ha tenido la valentía de sentarse delante de mí y abrirme su corazón me voy dando cuenta de cuantas habilidades ha tenido y tiene para enfrentarse a un montón de cosas; eso nunca deja de sorprenderme.

Normalmente lo que suele haber debajo de este discurso es una persona que lleva sufriendo mucho tiempo sin saberlo, o quizá si es consciente pero ha aprendido a justificar, a no tomarse en serio y a no escucharse.

Le han enseñado (la familia, la pareja…) a que sus necesidades, lo que piensa, lo que siente no es importante, que son tonterías, que hay que ser fuerte y tirar para adelante….y por supervivencia así lo ha aceptado.

La ansiedad, la depresión no son un signo de debilidad, NO y rotundamente NO, todo lo contrario… son un termómetro de cuanto llevas aguantando y sufriendo, y tu cuerpo , que es muy sabio, ya no sabe como decirte que pares y te escuches, aunque sé que eso puede ser doloroso y en ocasiones uno no está preparado para hacerlo, pero sólo hay una vida, no la desperdicies creyendo que no eres digno de ella.


La depresión, una enfermedad incomprendida.

La depresión es una de las enfermedades psicológicas más comunes en nuestros días. Las previsiones estadísticas afirman que para el año 2020, una  de cada 6 personas sufrirá depresión, convirtiéndose en la segunda causa de incapacidad a nivel mundial. Desgraciadamente, el hecho de que la depresión sea un problema común no significa que sea comprendido y aceptado a nivel social.

Muchas personas no acaban de creerse que la depresión es una enfermedad producto de un trastorno psicológico. Muchas personas lo que creen es que es una debilidad de carácter cuando no una opción personal. Sentirse mal, cansado, sin ganas de hacer nada, sentirse triste, con dolores por todo el cuerpo, no tener ganas de vivir…es el estado que produce una depresión. No es una elección de vida, sino un estado inevitable fruto de una depresión.

¿Quién no ha escuchado alguna vez expresiones del tipo?…»la depresión es de débiles», «el que está deprimido es porque quiere…yo jamás podría estar deprimido/a». No nos engañemos, si bien las personas resilientes, con vínculos afectivos sólidos y sensación de control sobre su propia vida, son menos proclives a sufrir una depresión, nadie está exento de sufrirla.

Son varios los errores que cometemos al enfrentarnos a esta enfermedad. El primero es confundir la depresión con la tristeza. La tristeza no es un estado patológico, es una reacción ante determinadas circunstancias de impronta negativa que desaparece con el paso de los días. Al contrario, la depresión es una patología , una enfermedad en la que es necesario recurrir a los psicofármacos y por supuesto a la psicoterapia para tratarla. Otro error muy extendido es pensar que la fuerza de voluntad es suficiente para combatir la depresión. La persona deprimida no quiere sentirse mal pero a menudo su voluntad no le basta. Debemos tener presente que la depresión no solo es un estado emocional sino que también sienta sus raíces en cambios en el funcionamiento del sistema nervioso. Por tanto, pedirle a la persona deprimida que “ponga de su parte” o tacharla de “floja” y “perezosa” no será de gran ayuda. Y sin duda no nos olvidemos, la inercia que nos lleva muchas veces a proponer a la persona deprimida a «poner de su parte» sugiriéndole ir a fiestas o participar en actividades divertidas. Todo esto, acaba por generar en la persona deprimida un sentimiento de frustración y culpabilidad, ya que cuando el tiempo pasa y no hay mejoría ni cambios positivos tanto los demás como la propia persona enferma se tiende a responsabilizar de que no desea curarse.

Algunos pacientes expresan como se sientes de esta manera:

«Yo no elegí que el sufrimiento entrara a mi vida, ni la depresión es esa etiqueta que me hace menos apto para la vida. Yo lucho mis batallas y no deseo tu compasión ni tu indulgencia, solo tu comprensión y un apoyo sin juicios ni reproches.»

«¿Y si te pones en mis zapatos y sientes lo que yo siento? Mi mundo está roto en pedazos y no sé como reconstruirlo, he perdido el control sobre todo y avanzo entre tinieblas. Solo entiéndeme, solo por hoy, ponte en mi lugar…»

A veces, nuestras propias limitaciones y desconocimiento nos incapacita para ayudar a una persona deprimida. Muchas veces apoyando, acompañando, y por supuesto no juzgando ni responsabilizando, puedes convertirte en una guía en esa batalla de la persona deprimida.


«Yo tenía un perro negro»

Me gustaría compartir con vosotros un cortometraje educativo, producido por la Organización Mundial de la Salud sobre la depresión. El objetivo es ayudarnos a comprender lo que verdaderamente supone la depresión para las personas que la padecen. La pérdida de capacidad para disfrutar de las actividades de las que antes disfrutábamos, el ver la vida con negatividad, la pérdida de apetito, la interferencia de pensamientos negativos y repetitivos en la vida cotidiana, la sensación de cansancio y vacío, los problemas de memoria y concentración, la falta de confianza en uno mismo, la tristeza, el abatimiento, la falta de motivación….en definitiva la falta de alegria por vivir, son algunos de los síntomas que las personas deprimidas presentan y quedan reflejados en este vídeo.

Fue Winston Churchill quien utilizó la metáfora del perro negro para describir su depresión, mal que afecta a muchas personas y cuya presencia nos afecta y nos agobia, haciéndose cada vez más grande y  llevándonos a un sentimiento de profunda tristeza e irritabilidad.

Creo que este cortometraje puede ser de gran utilidad no sólo para las personas afectadas que sin duda se verán perfectamente reflejadas en el protagonista, sino también para los allegados que podrán comprender como se siente una persona deprimida.

Compartimos el enlace con todos vosotros:

https://www.youtube.com/watch?v=FIEDhEmcLP4