Mamá se ríen de mí…

El otro día, cuando fui a buscar a mis hijos al colegio, el mayor que tiene 6 años, me contó que a veces unos niños más mayores se reían de él. Hace varios meses que lleva un parche en el ojo derecho, ya que el izquierdo es vago. Le pregunté que le llamaban y me contó: “mamá no entiendo bien lo que me dicen, pero sé que no es bueno, no me gusta. ¿Qué hay de malo en llevar un parche mamá?”. Después de recoger algún pedacito de mi corazón del suelo que se me había caído tras ver el dolor, la tristeza, la incredulidad y la impotencia con la que mi hijo me contaba todo aquello y aplacar mi rabia, me centré en gestionar la situación.

 

¿Son cosas de niños? claro que sí, pero que lo sea, no es razón para que no se hable o se quite de delante con un simple “tú no les hagas caso” o “esos son tonterías”

Si yo comparto con una amiga que un compañero de trabajo me ha dicho algo que me ha molestado, espero que no se le ocurra decirme “no le hagas caso mujer, esos son cosas que pasan” porque probablemente será la última vez que le haga participe de mi vida ya que me sentiré infravalorada.

 

En ese momento mi hijo se siente mal, triste y eso nunca se puede pasar por alto. Necesita que alguien le explique algo que está sucediendo y que no entiende, y lo más importante necesita comprobar que yo como madre soy un refugio emocional para él, soy en quien puede apoyarse cuando se siente mal, soy quien va a estar ahí siempre, soy el faro que le va a guiar.

 

Puede que crea que hay algo en él que provoca que los demás se mofen, se burlen… “como llevo un parche, o como soy bajito, o demasiado alto, o tal vez tengo sobrepeso, o no se me da bien esta asignatura o no me gusta el fútbol, o soy tímido, o no soy suficientemente bueno en….entonces es normal que los demás se rían”. Como padres, es importante que desmontemos esas ideas a tiempo, si no, es fácil que las creencias de “hay algo malo en mí” nos acompañen toda nuestra vida de formas muy sutiles; “no me atrevo a hablar con esa chica porque sé que no le voy a gustar”, “para que me voy a esforzar en conseguir ese puesto si sé que se lo van a dar a otro” o “es mejor que no diga lo que pienso, son tonterías y además no me se expresar bien”, y suma y sigue.

 

Nadie tiene derecho a reírse de otra persona por considerar que en esta hay algo diferente. El problema está en el que se cree superior en ese momento, en el que se burla. Lo diferente casi siempre genera inseguridad, cierta incomodidad e incluso miedo. Y eso es lo que le hice ver a mi hijo: “cariño, cuando esos otros niños se rían de ti, tu piensa que ellos no lo saben, pero en ese momento sienten miedo.- ¿Por eso se hacen los chulitos mamá?- Exacto, y seguro que ellos también se han sentido diferentes alguna vez”.

 

Ser padres que se implican es una tarea muy complicada, y aun no sabiendo por dónde tirar, el amor, el acompañamiento y la escucha ya solucionaran gran parte del malestar.