Madre+encierro+teletrabajo=Buff!

Si hace seis meses alguien me llega a preguntar que es una pandemia, puede que incluso no hubiese dicho bien su definición… es más, si me llegan a decir que tengo que estar en casa un montón de semanas encerrada haciendo las consultas online metida en mi habitación para que mis hijos tengan el resto de la casa para jugar, saltar, correr, hacer gymcanas (después de tanto tiempo encerrados hicimos de todo) me hubiera reído o llorado, no lo tengo del todo claro (ahora si me dicen que durante el encierro da igual lo que coma que todo lo aprovecha mi cuerpo, hubiera llorado fijo)… y mira ahora…tengo un máster en conocimiento de pandemia por coronavirus…ay que ver como cambian las cosas eh!

Sin duda todo esta experiencia nos ha puesto a prueba de muchas maneras. En mi caso por ejemplo, el tener que combinar trabajo en casa e hijos ha sido complicado, no por ellos (son unos benditos) si no por que el estar concentrada mientras los oyes jugar, gritar, susurrar por detrás de la puerta “¿mamá ya has acabado?” o que mi hija Lara de 6 años cada poco me haga dibujos de amor (son los de la foto) y los meta por debajo de la puerta, no es fácil. El estar constantemente escuchando “mamá, mamá, mamá…”, el que todos los días, sin excepción, te pregunten si quieres hacer una guerra de cojines después del aplauso de las ocho (a esas horas ya estoy agotada, así que hay veces que hay un sí, y muchos otros hay un no), y claro cuando respondes con un tono cansado o dices que no te apetece jugar, ¿sabéis quien aparece? la señora culpa, que unida al vaivén de emociones provocadas por la pandemia son un cóctel perfecto.

Lo mejor fue el otro día cuando mi hijo Samuel me pregunto “mamá , ¿mañana tienes consultas?” y yo dije “sí” y automáticamente su respuesta fue “pues vaya mierda”. Me quedé bastante sorprendida porque no suele responder así. Mi respuesta fue “bueno pues si te molesta que trabaje en casa me tendré que ir al despacho y hacerlas allí”. En ese momento apareció en escena la pequeña y dijo “no mamá, no lo entiendes”, y el mayor apuntilló “no es eso mamá, es que te echamos de menos”… tocada y hundida…creo que en ese momento hasta pude escuchar una saeta…me sentí como un toro al que acaban de atravesar, es más mi marido me miró y me dijo “te han matao eh”...pues si.

Da igual que trabajes en casa, fuera de casa, que haya una pandemia…los hijos no sé si nacen o no con un pan debajo del brazo, pero lo que si se es que cuando llegan a este mundo no vienen solos, también vienen con la culpa para las madres, es algo cultural. Eso sí, cuando duermes con ellos y de madrugada sientes una mini mano que te abraza y te dice con esa vocecina “mamá te quiero”, de repente todo cobra sentido.

Por eso, aprovechando el día de la madre, quiero hacer un homenaje a todas las madres, todas son trabajadoras…pienso en mis pacientes madres, en mis compañeras de trabajo, en mis amigas, en ti que lo estas leyendo….un aplauso enorme por todas vosotras y principalmente a la mía a la que nunca pensé que tuviera tantas ganas de abrazar. Por todas vosotras.


Ser mamá, lo que no nos han contado

 

image

 

«Yo me imaginaba que sería más fácil, no pensaba que María fuera a ser tan dependiente de mi y que requiriera tanta atención. Al principio es difícil, porque no sabes como cogerla, como bañarla… Yo pensaba que era bonito ser mamá, que todo sería de color de rosa. La realidad es más fuerte, porque hay que crecer mucho para ser mamá y hay muchas cosas que hacer cuando tu estás muy cansada…»          

   Lucia Suárez, 34 años, mamá de María 

 

 

 

En general, las mujeres tenemos muchas expectativas respecto a lo que significa ser una buena madre, muchas de ellas influídas por la cultura y la construcción social de lo que son los roles maternales. La abnegación, el amor incondicional, la ternura,el sacrificio…son algunas de ellas. Para muchas mujeres esto es una fuente de tensión, porque tienen miedo a fallar y a no saber cuidar al recién nacido/a, como interpretar su llanto, como amamantarlo, a no tener suficiente leche, como cuidarlo si enferma…en definitiva a fracasar.
Como mamíferos que somos, disponemos de reacciones espontáneas frente a nuestras crías , si bien, debido al entrenamiento y control producido por la socialización, éstas se han perdido y nuestros instintos luchan ante preguntas como, ¿que debo hacer?, ¿hay que dejarlo llorar?, ¿y si le estoy malcriando?, ¿se acostumbrará a mis brazos?,¿cómo va a tener hambre otra vez?, ¿habrá comido bastante?…
Por otro lado, después de dar a luz, la mujer sigue teniendo otras funciones como atender las demandas de la pareja o del grupo social, las tareas domésticas, el trabajo fuera de casa, las actividades para el desarrollo personal o de autocuidado , la necesidad de descanso, etc, las cuales entran en conflicto con el deseo de ser una buena madre. Además, debido al gasto de energía que significa la lactancia y la falta de sueño por las demandas del lactante durante la noche la mujer se enfrenta a todas sus funciones con un tremendo cansancio físico. El resultado es un sentimiento de culpa ante este conflicto de intereses.

Desde Cips psicologos, consideramos que desde un punto de vista psicológico y social, el postparto es una experiencia difícil para las mujeres, por las demandas del recién nacido, el deseo de cumplir con las funciones maternales de la mejor manera posible, sin desatender las otras funciones dentro y fuera de casa, y por la inseguridad que con frecuencia tienen a cerca de la manera en que deben cumplir con ellas.
La mujer vive un periodo difícil ya que experimenta no sólo cambios a nivel anatómico y fisiológico, sino un cambio de roles, en la relación con la pareja y la familia y sobre todo cambios importantes en el plano emocional y en los intereses y prioridades. Esto es especialmente difícil en las primeras semanas, en las que la mamá tiende a tener centrada su atención en el bebé y difícilmente cambia su foco de atención a otras tareas.

El periodo del postparto constituye una etapa de transición, en la que de la estrecha relación que hay entre la madre y el hijo/a durante el embarazo, se da paso a un periodo de mayor autonomía para ambos. Esta transición a ser madre, es de gran importancia para la mujer, para su autoestima, su satisfacción personal y la construcción de una identidad positiva de si misma.
El postparto es por tanto, una etapa fundamental para la madre y para el hijo. En el caso de la madre lo es no sólo para su recuperación física sino también para el aprendizaje de las funciones parentales. En el caso de los hijos, constituye un periodo esencial en su vida y en su desarrollo personal. Pero sin duda es una etapa crucial en el establecimiento del vínculo afectivo entre el recién nacido y sus padres.

Consideramos por todas estas razones, que los profesionales sanitarios, debemos trabajar conjuntamente para prestar una atención integral a la mujer tras el parto, atendiendo no sólo los aspectos médicos sino también los aspectos psicológicos y sociales que surgen en esta etapa. Es nuestra obligación trabajar en proporcionar a la madre, al padre y a los bebés la atención y el apoyo que les permita vivir esta experiencia de una manera saludable y enriquecedora a nivel personal.