Así pienso, así me siento

Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta el martillo. «Quizá mi vecino tenga uno», piensa. Así pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda. «¿Qué, y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada.; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada una herramienta, yo se lo dejaría encantado. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como éste le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo. «

Así que nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir «buenos días», nuestro hombre le grita furioso….
«!Quédese usted con su maldito martillo, so penco!»

Estoy segura que después de leer esta metáfora, muchos de vosotros no habéis podido evitar dibujar una sonrisa en vuestros labios…y es que sin duda alguna, resulta tremendamente irónico y divertido ver los mecanismos que utilizamos los seres humanos para vivir nuestra vida agónicamente, ya sea con enfados desproporcionados, preocupaciones, o miedos exagerados.
Es la vida, quien a veces nos plantea experiencias y momentos que nos hacen sentir tristes o deprimidos, pero hemos de reconocer,que en muchas ocasiones, somos nosotros mismos los responsables de nuestras amarguras. Y en esto de amargarse la vida, algunos somos verdaderos expertos….
Ya decía el filósofo griego Epiceto, hace muchos miles de años, que «No nos afecta lo que sucede sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede». ¿Cómo es posible?, ¿acaso no todos vivimos y sentimos las situaciones que nos ocurren de la misma manera?, ¿ acaso no existe una única realidad objetiva? Espero que después de leer este post tú mismo encuentres la respuesta.
De manera inconsciente hemos ido configurando una determinada identidad, con nuestros valores y creencias sobre la vida, con una valoración positiva o negativa sobre nosotros mismos y sobre el mundo. Dicho de otro modo, desde nuestra más tierna infancia vamos haciendo valoraciones, afirmaciones y evaluaciones sobre nosotros mismos, el mundo y el futuro que van formando unos «filtros» a través de los cuales interpretamos todo lo que nos sucede. Si esos «filtros» están limpios tendremos creencias racionales, basadas en la realidad, que se acompañarán de emociones sanas, sin embargo si están sucios dispondremos de creencias irracionales, distorsionadas, que no se ajustan a la realidad y que provocarán un gran sufrimiento a la persona.
De esta manera es sencillo concluir, que realmente no son las situaciones que vivimos y que la vida nos plantea las responsables de nuestro malestar, es decir, no hay una conexión directa entre esas situaciones y como nos sentimos, sino que existe un elemento importante entre la situación y la emoción que es nuestro pensamiento, el diálogo interno, la manera que tenemos de hablar con nosotros mismos.
Y si por tanto, mi objetivo es deshacerme del malestar, mis esfuerzos quizás no han de ir dirigidos a cambiar la situación ( algo imposible en muchas ocasiones) , sino a tratar de identificar qué es lo que pasa por mi cabeza , lo que me estoy diciendo a mí mismo, y una vez identificadas las creencias irracionales a través de las cuales estoy filtrando la realidad, pelearme con ellas, combatirlas mediante la confrontación y demostrarme a mí mismo que son irracionales y cambiarlas por otras más racionales y adaptativas.

Ideas irracionales hay muchas. Albert Ellis, uno de los psicólogos fundador del cognitivismo, planteó las siguientes ideas irracionales básicas:

  1. “Necesito amor y aprobación de cuantos me rodean” o “tengo que ser amado y tener la aprobación de todas las personas importantes que me rodean”.
  2. “Para ser valioso debo conseguir todo lo que me propongo” o “si soy una persona valiosa, tengo que ser siempre competente, suficiente y capaz para conseguir todo lo que me propongo”.
  3. “Los malos deben ser castigados por sus malas acciones”.
  4. “Es horrible y catastrófico que las cosas no salgan, no sean o no vayan como yo deseo o quiero”.
  5. “Las desgracias humanas se originan por causas externas y no puedo hacer nada o casi nada para evitar o controlar la pena y el sufrimiento que me producen”.
  6. “Debo pensar constantemente que puede ocurrir lo peor”.
  7. “Es más fácil evitar que enfrentarse a las responsabilidades y los problemas de la vida”.
  8. “Hay que tener a alguien más fuerte en quien confiar”.
  9. “Mi pasado es determinante de mi presente y de mi futuro”.
  10. “Debo preocuparme constantemente de los problemas de los demás”.
  11. “Cada problema tiene una solución acertada, y es catastrófico no encontrarla”

Por lo tanto, la clave para convertirnos en personas emocionalmente fuertes es aprender a pensar bien. La clave está en controlar lo que nos decimos a nosotros mismos sobre las cosas que nos pasan en la vida. Hay que intentar cambiar nuestra manera de pensar, nuestro diálogo interno.