Terapia para la depresión. Psicólogos en Oviedo

Psicoterapia para la depresión. Un tratamiento eficaz

La depresión es un trastorno que nos afecta física y mentalmente en nuestro modo de sentir y de pensar. La depresión nos puede provocar deseos de alejarnos de nuestra familia, amigos, trabajo, y escuela. Además, puede causarnos ansiedad, pérdida del sueño, del apetito, y falta de interés o placer en realizar diferentes actividades.

La depresión es un trastorno que se caracteriza por la presencia de tristeza persistente. Cuando una persona está deprimida se siente incapaz de realizar las tareas más sencillas. Actividades que en condiciones normales hace de manera cotidiana se vuelven imposibles.

También se pierde el interés por las actividades con las que normalmente se disfruta. Todo ello conlleva una sensación importante de angustia tanto en la persona que la padece como en su entorno sociofamiliar.

Para saber detectarla es importante estar atentos a la aparición de signos que indiquen su presencia.

Los síntomas de depresión incluyen:

  • Estado de ánimo irritable
  • Dificultad para conciliar el sueño o exceso de sueño
  • Cambio grande en el apetito, a menudo con aumento o pérdida de peso
  • Cansancio y falta de energía
  • Sentimientos de inutilidad, odio hacia uno mismo, culpa
  • Dificultad para concentrarse
  • Sentimientos de desesperanza
  • Inactividad y retraimiento de las actividades usuales
  • Sentimientos de desesperanza o abandono
  • Pensamientos repetitivos de muerte
  • Incapacidad para obtener placer o disfrutar

En Cips Psicólogos, como psicólogos en Oviedo con una larga trayectoria profesional, consideramos que la psicoterapia es el tratamiento de elección para la depresión.

Estar triste no necesita terapia, un estado depresivo si precisa de tratamiento y afortunadamente se puede tratar. Cuando una persona pasa por un proceso de tristeza no es necesario que acuda a un profesional. En ocasiones la vuelta a la rutina y el apoyo de familiares y amigos es suficiente para volver a la normalidad. La depresión sí es un problema más serio que sí debe ser tratado por un psicólogo.

¿Tienes dudas a cerca de lo que te pasa?. ¿no sabes si estás triste o te encuentras deprimido?. Veamos algunas diferencias entre la tristeza y la depresión:

  • Una diferencia entre depresión y tristeza es en el marco conceptual. La tristeza es un mero estado de ánimo, mientras que la depresión es un trastorno del estado de ánimo.
  • Cuando una persona está deprimida, muchas veces, no es capaz de identificar el hecho que le genera malestar. En el caso de la tristeza, normalmente, sabemos por qué estamos así.
  • La tristeza es un estado mental relativamente pasajero. Es normal sentirse triste ante sucesos negativos de la vida. La depresión es un estado crónico de malestar y desazón.
  • La presencia de abulia es característico de la depresión. La abulia es la falta de voluntad o energía para hacer algo. Una persona con trastorno depresivo suele sentir que no existe nada por lo que merezca la pena actuar. Tienen falta de iniciativa para lo más básico, desde arreglarse a realizar cualquier tipo de actividad como realizar la compra. Esta apatía tiene que durar durante semanas e incluso meses.

Si protesta el corazón…pastillas de colores

Curioseando por internet, llegó a mis manos un estudio, verdaderamente interesante realizado en Asturias, por la universidad de Oviedo en colaboración con la Comisión de conductas adictivas del Colegio Oficial de Psicólogos del Principado de Asturias y el Servicio de Salud del Principado de Asturias, que me ha llevado a la reflexión. Reflexión que me gustaría compartir con todos vosotros.

En este estudio se analiza el consumo de psicofármacos en los pacientes que acuden a los centros de Atención Primaria del Principado de Asturias, así como las variables relacionadas con el uso de estas sustancias.

El objetivo del mismo es analizar la situación actual de la utilización de psicofármacos entre la población adulta que acude a los centros de Atención Primaria en Asturias. En particular, se trata de conocer: la prevalencia de consumo de psicofármacos en esta población, el tipo de psicofármacos que se consumen, los trastornos asociados al uso de dichos medicamentos, el nivel de dependencia a estos fármacos y los factores asociados a su utilización.

Dejando aspectos metodológicos a un lado (interesados Psicothema 2003. Vol. 15, nº 4, pp. 650-655), vamos directamente a los resultados hallados:

Respecto a la prevalencia del consumo de psicofármacos, el 37,9% de los encuestados consume actualmente psicofármacos o lo ha hecho en el último mes, el 4,5% ha consumido en el último año pero no en la actualidad ni en el último mes, y el 57,6% no ha consumido nunca o hace más de un año que no consume. Entre las personas que consumen psicofármacos en la actualidad o los han tomado en el último año, el 60% sólo toma ansiolíticos o hipnóticos, el 9% sólo toma antidepresivos y el 31% combina el uso de un ansiolítico o un hipnótico con un antidepresivo. Dentro del grupo de ansiolíticos, cuatro medicamentos engloban cerca del 80% de los usuarios: Bromazepán (Lexatín), con el 30%, Lorazepán (Orfidal), con el 22%, Alprazolam (Trankimazín), con el 17% y Diazepán (Tranxilium), con el 9,4%.

El grupo de antidepresivos más usado es el de los ISRS, Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina, con un 87,2 % de los usuarios de antidepresivos, mientras que sólo el 12,8% consume fármacos tricíclicos. Del grupo de los IMAO y el Litio no ha habido usuarios entre la muestra. Por principios activos, destaca la Paroxetina (Seroxat), utilizada por el 24% de los consumidores de antidepresivos, seguida de la Fluoxetina (Prozac)

con un 18%. Entre el grupo de los hipnóticos, el más usado es el Lormetazepan, con un 29% de los usuarios de estos fármacos, seguido por el Zolpidem con un 25%.

 

Nerviosismo o ansiedad, trastornos de sueño, ataques de pánico o crisis de angustia, síntomas depresivos, problemas de trabajo, problemas familiares, un acontecimiento traumático, drogodependencias, son los trastornos que motivan el uso de los psicofármacos.

 

En relación con otras variables el estudio refleja que el consumo de psicofármacos es significativamente superior en las mujeres en comparación con los hombres (el 44,56% de las mujeres consume fármacos frente al 27,35% de los hombres).

Respecto a la relación entre la edad y el consumo de psicofármacos, en el grupo de edad entre 46 y 64 años hay mayor consumo de estos medicamentos en comparación al resto de los grupos de edad. Los sujetos que menos consumen son los que tienen entre 18 y 25 años.

 

Según el estudio existe una relación inversa entre consumo de psicofármacos y nivel formativo. A mayor formación, menor consumo. Las amas de casa y las personas desempleadas son los dos grupos más consumidores.

 

Por último, el 44,3% de las personas viudas y el 43,7% de las divorciadas consumen más psicofármacos que las personas solteras (31,8%) o casadas (37,4%).

 

En los últimos 20 años se ha experimentado un incremento significativo del uso de psicofármacos en nuestro país, principalmente ansiolíticos y antidepresivos. En el Sistema Nacional de Salud, el grupo de los tranquilizantes ocupa el tercer lugar entre los más prescritos, solamente superado por los analgésicos y anti-inflamatorios.

Los psicofármacos provocan efectos residuales indeseables y nadie pone en duda que los tranquilizantes o benzodiacepinas poseen un alto poder adictivo y que su uso prolongado puede generar problemas importantes de salud. Por otra parte, aunque se discute sobre el potencial adictivo de los antidepresivos, se presume que los nuevos antidepresivos, Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina (ISRS), tienen un claro potencial de abuso y dependencia, ya que dada su acción anticolinérgica, sus características farmacodinámicas son semejantes a las de las anfetaminas y la cocaína. Aparecen frecuentemente síntomas de abstinencia en la retirada de estos fármacos, principalmente la paroxetina, como mareo, alteraciones del equilibrio, insomnio, ansiedad, etc., síntomas que los laboratorios los denominan «síndromes de discontinuidad».

Por otra parte, parece existir un consenso general de que estos fármacos tomados durante períodos largos producen efectos secundarios importantes y que no existe evidencia de que sean efectivos durante más de 3-4 meses. A esto hay que añadir el gasto ingente de recursos que la extensión del uso de psicofármacos supone.

Los profesionales de la medicina han reconocido que los tratamientos farmacológicos actuales resultan insatisfactorios en muchas ocasiones y que sólo son efectivos en la mitad de los pacientes y que su administración o elimina cierta patología residual que se mantiene en el tiempo.

En contrapartida, y si tenemos en consideración la evidencia científica de los últimos años, la terapia psicológica y, específicamente, la terapia cognitivo-conductual, ha demostrado ser una alternativa más eficaz y económica que los fármacos para el tratamiento, por ejemplo de la ansiedad y de la depresión y, a diferencia del tratamiento farmacológico, no supone ningún riesgo para la salud y no presenta ningún efecto secundario adverso.

Además de reducir los síntomas de ansiedad y depresión y mantener estos cambios terapéuticos a largo plazo, el tratamiento psicológico proporciona otros beneficios en comparación con el tratamiento farmacológico, tales como una mayor adherencia al tratamiento, una disminución significativa del riesgo de recaídas y una elevada tasa de recuperación (es decir, a diferencia de los fármacos, no deja ninguna «patología residual»), evitando la cronificación del trastorno y disminuyendo, consiguientemente, el número de visitas al médico y los días de hospitalización.

De hecho, las principales guías de práctica clínica basadas en la evidencia científica, tanto internacionales como nacionales, recomiendan la terapia cognitivo-conductual como el tratamiento de primera elección para el trastorno depresivo leve y moderado, el trastorno de angustia, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de ansiedad generalizada y las fobias específicas.

Asimismo, el tratamiento psicológico es aconsejable por encima del farmacológico cuando el problema de salud mental que presenta el paciente está complicado por otras condiciones médicas, como abuso de alcohol o drogas, o problemas crónicos de salud física, así como en el caso de niños, adolescentes y mujeres embarazadas, debido al riesgo elevado para la salud que supone el consumo de psicofármacos en estos grupos de pacientes. Sólo en los casos severos se recomienda el uso de medicación, pero siempre en combinación con tratamiento cognitivo-conductual, e informando al paciente sobre los objetivos terapéuticos, la duración del tratamiento farmacológico, los posibles efectos secundarios y los riesgos que conlleva una interrupción brusca de la medicación.

Todos estos datos, me llevan a plantearme una pregunta, si la psicoterapia es más eficaz y efectiva y además no supone ningún riesgo para la salud y por si esto fuera poco numerosos organismos competentes han señalado las ventajas económicas y psicosociales de la implementación de las terapias psicológicas en los servicios de atención primaria, ¿por qué esta tendencia a recetar fármacos de manera tan abusiva? Pongamos en tela de juicio a los psicofármacos y abramos camino a la psicoterapia.

Desde Cips Psicólogos, te invitamos conocer nuestra forma de trabajo y los tratamientos que realizamos.