¿¿Alguien dijo Prudencia??…

16 octubre, 2020

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Ayer viví una situación que interpretaría como “extraña” y  que me apetece compartir con la intención de intentar que seamos conscientes de las consecuencias que puede tener  lo que digo o hago en otras personas.

Soy madre de dos hijos, uno de 9 años y la pequeña de 6. Tanto mi marido como yo intentamos educarlos en la igualdad de género, haciéndoles ver que independientemente de que estés con un niño o una niña, lo que hay debajo de eso siempre es una persona.

En base a eso intentamos, cuando  se puede, respetar las decisiones que ellos van tomando y que no siempre entran dentro de los cánones rígidos y estereotipados de lo que se espera tiene que hacer un niño o una niña. En primer lugar porque queremos que ellos se sientan libres para elegir, en segundo lugar porque nos parece fundamental que  aprendan a ver más allá  de “esto es de niños” o “esto es de niñas” y tomen decisiones basándose en las necesidades que ellos tengan y no en agradar a los demás. Así que no hay problema si mis hijos están jugando y los dos deciden pintarse las uñas, si el mayor quiere una agenda rosa, o si la pequeña quiere llevar el pelo corto porque está harta de secárselo con el secador o decide elegir pantalón en lugar de falda al comprar el uniforme del colegio.

Siendo perfectamente consciente de cuál es, por desgracia en muchos casos,  la sociedad en la que vivimos, les preparo para que sepan qué pueden encontrarse en la calle. A mi hija le dije “cariño, como llevas el pelo cortito y además vas a ir con pantalones, que sepas que algunos compañeros, algunas personas pueden confundirte con un chico o decirte que pareces un chico como si eso fuese algo malo”, su respuesta fue “mamá no me importa, no me gustan las faldas”.

Mi error fue pensar que esos comentarios vendrían de sus iguales, no de los adultos…

Ayer por la tarde, mi marido fue a recoger a los niños al colegio, y esperando a que saliera mi hija , una madre, a la que no conocíamos ni habíamos visto antes,  se le acercó y le preguntó “¿qué tal lleváis que vuestra hija sea trans?”…  mi marido ha sido bendecido con un sentido del humor que le hace tener una correa tremenda para saber gestionar este tipo de situaciones en las que te quedas sin sangre por la incoherencia tan grande que estás viviendo; le respondió muy educadamente y la cosa quedó ahí.

Cuando me lo contó a mí, tardé un poco en reaccionar porque mis ojos inyectados en sangre no me lo permitieron.

No creo que el pelo corto y llevar pantalones ya te convierta en transexual. A día de hoy pienso que mi hija no lo es, pero si así fuera tendría el apoyo incondicional de unos padres  que la adoran por lo que es y no por su envoltorio. Lo importante no es si es o no trans, si no las etiquetas que los adultos ponemos en los niños de forma tan alegre sin ser conscientes de lo que esas palabras pueden suponer “es la guapa”, “la lista”, “el travieso”, “el desastre”, “el bueno”, “el malo”… mucho cuidado con eso….tengo la consulta llena de adultos que luchan con etiquetas que han llevado durante toda una vida. Además, si una persona a la que no conozco se atreve a preguntar algo que es tan delicado, me hace pensar que no sé qué comentarios hará delante de sus hijos, y qué pensaran estos cuando vean a mi pequeña.

Por eso me decidí a a poner una foto mía de cuando yo era niña y una foto de mi hija, porque según algunas mentes yo también debía de ser transexual.