El reencuentro

Tras más de 60 días confinados, poco a poco la vida vuelve a retomar su transcurso natural. En este tiempo, nos hemos dado cuenta de la importancia de las pequeñas cosas, y, sobre todo, hemos echado de menos. La mayoría de nosotros hemos estado separados de las personas que más queremos: padres, abuelos, hermanos, primos, nietos, sobrinos, amigos, novios… La tecnología nos ha acercado a todos ellos, hemos podido hacer llamadas, vídeollamadas, enviar mensajes, jugar a juegos con ellos, incluso hacer algún que otro brindis. Sin embargo, nos hemos dado cuenta de que esta tecnología jamás podrá sustituir un abrazo, un beso, unas risas frente a frente… Y ahora, ha llegado el momento de juntarnos con todas esas personas que tanto hemos extrañado durante el duro confinamiento. Ahora disfrutaremos como nunca lo hemos hecho: visitaremos a los abuelos, a los padres, a los amigos… y será mágico. Nos sentiremos plenos, felices, alegres, y brindaremos por haber superado una etapa que, sin duda, nos habrá marcado a todos. Es ahora cuando descubrimos que el secreto de la felicidad reside en estar con los nuestros, en compartir momentos, recordar historias, contar chistes, quererse…

Para no perder esta felicidad recuerda que debemos seguir siendo muy responsables con las medidas higiénicas y de distanciamiento para no contagiarnos, juntos lo conseguiremos.


Yo me quedo en casa

Pasamos la mayor parte de nuestra vida haciendo planes de cara al futuro: una comida familiar el próximo fin de semana, un viaje con las amigas en el puente, una actividad con nuestros hijos después de clase… Pero no siempre sale todo como esperamos, de repente los planes se truncan, y como es nuestro caso: el mundo se para.

Nadie imaginaría que en pleno 2020 estuviéramos viviendo esta situación. El confinamiento en el que nos encontramos es duro e incierto, pero debemos aprovecharlo como una enseñanza. Este confinamiento debe hacer que vivamos el presente, que disfrutemos de las pequeñas cosas, de los detalles del día a día. Ahora es el momento de los juegos de mesa, de confesiones, de recordar hazañas, de tomarte un café o una cerveza con tus amigas por vídeollamada, de contarles a tus hijos historietas y de escucharlos, de ordenar ese cajón para el que nunca tienes tiempo, de leer ese libro que dejaste a medias, de empezar esa serie que te recomendaron, de ver esa película que cuando viste el tráiler dijiste que irías al cine a verla, de escuchar las canciones que están en el top ten, o de escuchar las de tu juventud, es hora de reflexionar, de querer, de pensar y también de actuar, así que por ti y por todos: quédate en casa.


Los ladrones de la energía

El Dalai Lama es el líder espiritual del budismo tibetano. Aunque no practiques el budismo, algunas de sus enseñanzas o mensajes pueden ser útiles para sentirte mejor en tu vida diaria. Hay mantras, parábolas y enseñanzas que el budismo puede darnos a todos, no solo a sus seguidores. Este es el caso de los ladrones de la energía. Dalai Lama identificó 10 ladrones de energía que pueden estar desviando tus ganas hacia donde no quieres que estén. Diez ladrones de energía que, según el Dalai Lama, nos atrapan y nos dejan vacíos. No nos damos cuenta, pero vivimos tan pendientes de lo banal que no atendemos a lo realmente importante.

Todos tenemos una cantidad limitada de energía cada día, y es importante utilizarla para ser mejores personas. Sin embargo, hay factores internos y externos que nos roban esa energía y no nos permiten salir adelante. Según el Dalai Lama, estos factores que atentan contra nuestra energía son 10:

1- Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un bote para echar su basura, procura que no sea en tu mente. El Dalai Lama es bastante claro. No dejes que las personas que te rodean te usen como depositario de sus sentimientos negativos.

2- Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle. Tener las cuentas claras significa tener la certeza de que no le debemos nada a nadie y que nadie nos debe nada a nosotros. Las deudas abrasan nuestra tranquilidad. Por ello es esencial que no tengamos cuentas pendientes por ahí, así no tendremos que escondernos o avergonzarnos por no aliviar un compromiso que nosotros hemos contraído. Quien conoce la sensación de ahogo, comprende que adeudar es uno de los mayores ladrones de energía que existen.

3- Cumple tus promesas. Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a re-negociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde el principio. Decir que no cuando realmente no puedes sostener una promesa no te hace peor, al contrario. La honestidad es importante, aunque la respuesta no sea la que los demás esperan. Pero prometer algo y no cumplirlo es uno de los peores ladrones de energía.

4- Elimina en lo posible y delega aquellas tareas que no prefieres hacer y dedica tu tiempo a hacer las que sí disfrutas.

5- Date permiso para descansar si estás en un momento que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad. Cada cual lleva su ritmo pero es importante saber descansar y coger fuerzas. No hacerlo cuanto más lo necesitamos implica perder nuestras fuerzas y cometer irresponsabilidades que acabarán en arrepentimiento.

6- Tira, levanta y organiza, nada te quita más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas. Que tu lugar esté lleno de cosas que no necesitas y muy desordenado no hace más que quitarte energía. Aprende a eliminar lo que sobra, y a mantener organizado lo que quede en tus ambientes.

7- Da prioridad a tu salud, sin la maquinaria de tu cuerpo trabajando al máximo, no puedes hacer mucho. Tómate algunos descansos. Sirve de poco tener mucho trabajo, mucho dinero y mucho patrimonio si no somos capaces de cuidar lo que nos sostiene: nuestro cuerpo.  Es esencial que dediquemos tiempo a relajarnos, hacer deporte, alimentarnos bien y conocernos.

8- Enfrenta las situaciones tóxicas que estás tolerando, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja o un grupo; toma la acción necesaria. Tender a evitar las circunstancias complicadas en tu vida es natural. Sin embargo, es nocivo para nuestra energía.

9- Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar. Pasa a la acción y lucha hasta el final. Pero cuando las cosas no se pueden cambiar, no sirve de nada seguir resistiendo. Sólo servirá para acabar con nuestra energía vital. Aprende a distinguir las cosas por las que vale la pena luchar, y aquellas que debes dejar ir.

10- Perdona, deja ir una situación que te esté causando dolor, siempre puedes elegir dejar el dolor del recuerdo. No hay fuerza más poderosa que el perdón, ni ladrón de energía más grande que el rencor. Guardar rencor es humano, muy humano. Pero también lo es perdonar. Y errar. Dicen que quien no ama, no perdona. De hecho, precisamente es el amor el culpable del perdón. El amor al otro, a la vida, al mundo y a uno mismo.

 


¿Quién dijo miedo?…

De todas las frases que circulan por internet, “¿qué harías si no tuvieras miedo?” sin duda me impactó desde el principio. Y es que si te paras a pensar un solo instante, probablemente te des cuenta de que el miedo tiene más peso en tu vida del que pensabas.

“No le digo eso por si se enfada, no quiero problemas”( miedo a hacer daño a otra persona), “¿si hago esto y meto la pata?” (miedo a fallar), “y si me echan del trabajo…” (miedo al futuro), “ y si me vuelve a pasar…” (miedo a lo que no puedo controlar), “no me atrevo a decirle que le quiero porque quizá no sea correspondido” (miedo a sufrir), “no como eso por si acaso engordo” (miedo a no tener una buena apariencia), “ y si no les caigo bien…” (miedo a la soledad), “me asusta que algo negativo pueda suceder” (miedo al miedo).

Lo peor de sentir temor es que me limita, dejo de hacer cosas dando por hecho que las consecuencias serán demoledoras. Por eso te vuelvo a preguntar, ¿qué harías si no tuvieras miedo?.

Cierra los ojos un momento y piensa.

Para empezar, seguramente sentirte más liberado y tranquilo. El miedo es una emoción que tapa las verdaderas necesidades y deseos que uno tiene. Quizá me de cuenta de que no dejo a mi pareja, no tengo un hijo, no hablo con esa persona, no me atrevo a ponerme esa prenda de vestir, no hago ese viaje, no quiero ir al médico, no tengo iniciativa por MIEDO.

¿Cuánta vida le estás permitiendo al miedo que te robe?.

La decisión es tuya, y créeme siempre habrá peros y justificaciones, pero busca mas allá o es fácil que acabes viviendo en una cárcel sin barrotes llamada mente.

Si en tu lenguaje habitual el  “Y si…” es el rey, ahí tienes la respuesta a tus males. El “y si…” es una distorsión cognitiva, un error que si está presente de forma constante en mi vocabulario no hará más que conseguir que mi ansiedad aumente una y otra vez. Por eso te aconsejo que para deshacerte de él busques pruebas reales de lo que te estás diciendo porque posible en la vida es todo, pero no probable. ¿Es posible que ocurra todo lo que sigue al «y si…»?, por poder…, pero ¿cuánto hay de cierto?, ahí está la clave y también la realidad.


Cuelga tus problemas

Hoy quiero compartir con vosotros un cuento que hace tiempo encontré y ya compartí, pero hoy me he acordado de él y de lo mucho que me ayudó y me sigue ayudando en la actualidad.  Es de esas historias que sin querer te hacen pensar y replantearte el como afrontar el día a día con decisión, viendo el vaso medio lleno y no medio vacío, con una actitud positiva y seguro de uno mismo.

Os propongo un reto, que al menos una vez por semana, sigamos el ejemplo del carpintero del cuento y dejemos aparcados los problemas, aunque solo sea durante una horas, seguro que cuando volvamos a por ellos habrán cambiado, no sé si mucho o poco, y los resolveremos más fácilmente.

Esta historia es de Adriana Sivolella y la ha titulado El árbol de los problemas. 

«El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se daño y lo hizo perder una hora de trabajo y ahora su antiguo camión se niega a arrancar.

Mientras lo llevaba a casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invito a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos. Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas; abrazo a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa.

Posteriormente me acompaño hasta el carro. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunte acerca de lo que lo había visto hacer un rato antes. ‘Oh, ese es mi árbol de problemas’, contesto. Se que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura, los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego en la mañana los recojo otra vez.

Lo divertido es, dijo sonriendo, que cuando salgo en la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.»


El final del verano…

La época más esperada por todos llega a su fin. Pasamos la mayor parte del año pensando en el verano, haciendo planes de cara a él, pensando en nuestras esperadas vacaciones, en ese período del tiempo que nos permite no estar atados a un horario predeterminado. El verano pasa más rápido de lo que nos podemos imaginar: poco a poco el ocaso se adelanta, los grados disminuyen, y las vacaciones se acaban…

Llega la vuelta a la rutina, al trabajo, al colegio, a la universidad, a madrugar, a los horarios, al tráfico de la ciudad etc.  Pero no todo es malo, la rutina nos beneficia en gran medida: muchas veces vivimos las vacaciones como un estrés constante, y la rutina nos devuelve a la realidad, hace que recuperemos nuestros hábitos… El verano supone un paréntesis en nuestra vida, y debe hacer que volvamos a la rutina con más fuerzas y más ganas.

 


El móvil, ¿mi amigo?

Ay el móvil, ese aparato que sirve para comunicarse con gente que no tengo al lado en ese momento, y a la vez puede provocar distancia hacia las personas que sí tengo a mi vera de forma literal,curioso ¿verdad?.

En estos últimos meses he vivido varias situaciones que me han hecho sentirme incomoda y hasta mosquearme, porque me apetecía decir “¡Holaaa, estoy aquíii!”… y es que a veces el mal uso del teléfono, puede provocar como en mi caso, el pensar “¿estaré desarrollando el gran poder de la invisibilidad?”.

Situación 1, comida familiar…si es un momento en el que tenemos la suerte de juntarnos todos, estamos pasando un rato agradable charlando, disfrutando de la comida…¿por que cada poco una persona mira el móvil?, ¿tan importantes son las noticias, o esas conversaciones no pueden esperar a ser contestadas hasta que se acabe la comida?…en ese momento yo me siento mal porque algo así genera distancia y rompe el buen clima… me siento de menos en ese instante y si me apetecía compartir algo ya no lo hago porque pienso ¿para qué?

Situación 2, viaje en coche con mis hijos y otras personas adultas. En casa mi hijo tenía muchísimas ganas de coincidir con la persona con la que luego se sentó, para ir jugando y hablando de cosas, pero para mi sorpresa y también para la de mi retoño, el adulto se pasó más de la mitad del viaje mirando el teléfono, con lo cual ni juegos ni confidencias ni ná, sólo distancia y el mensaje subliminal de “no me molestes, lo que estoy haciendo es más importante que tú”, porque señores, ese es el mensaje que enviamos, y sí, para acallar la conciencia puedes pensar que estoy siendo exagerada que lo hace todo el mundo, etc…pero lo cierto es que sea mi intención o no, lo que le llega al otro es, primero el móvil y después si eso ya te atiendo.

Os dejo un vídeo que me gustó y que refleja un poco todo esto que estoy diciendo.

 

 

 


Ay los complejos…

¡Qué ganas de vacaciones!… de playa, piscina, sol, calor… ¿pero que llega con el calor?, ¿quién lo sabe, quién lo sabe?…algo que da vértigo… ¡quitarse ropa! “Buff que pereza, con lo blanca que estoy donde voy con ese pantalón corto; no quiero ni pensar en ponerme en bañador con toda la celulitis que tengo; pero mira como marco barriga… qué vergüenza”.

Y es que el verano puede traer de la mano un montón de complejos que no es que en invierno no aparezcan, pero están literalmente tapados, y ya lo dice el refranero español, ojos que no ven corazón que no siente.

Qué difícil es no gustarse, cuanto enfado, tristeza, miedo al rechazo y desgaste trae consigo, por eso yo quiero preguntarte si tan solo te ves con los ojos de la crítica, de lo que te falta, de lo que aborreces…si es así, siempre saldrás perdiendo, por eso voy a rescatar un vídeo que ya colgué hace unos años pero que vuelvo a compartir porque me encanta. No todo el mundo te ve como lo haces tú.


Nuevo propósito, ser constante.

Hemos nacido en una sociedad competitiva, una sociedad que premia a los mejores, que recompensa los más aptos. A día de hoy, para poder conseguir cualquier cosa debemos competir: para un puesto de trabajo, para obtener la mejor nota, para ganar algo (un concurso, una carrera), incluso con tus amigos compites más a menudo de lo que puedas imaginar…

Pretendemos ser los mejores, o por lo menos, mejores que los demás y por ello competimos, pero, muchas veces ser los mejores en algo no depende de nuestra capacidad intelectual, física… sino de un valor que es muy importante: la constancia.

 

La constancia es una cualidad que nos enseña que hay que mantener en el tiempo con firmeza las resoluciones y la línea de conducta que nos hemos fijado. La constancia trata entonces de aprender a adquirir hábitos pero con esfuerzo.

Si observamos a nuestro alrededor es muy común encontrarnos con personas con muchas condiciones y con muy buenos propósitos y no logran sacar provecho de todas sus cualidades y la razón es, porque son inconstantes, sus resoluciones no tienen firmeza carecen de carácter y de fuerza de voluntad para mantenerlas en el tiempo.

La Constancia por lo tanto es imprescindible no sólo en la formación y en la superación moral de una persona sino en todos los aspectos de la vida. Y es muy importante saber que la constancia puede trabajarse, y de esta manera podremos lograr todo lo que nos propongamos.