¿Cómo te han enseñado a medir el éxito?

Qué es lo importante para tí

Cuando estoy en consulta, escucho muchas veces la palabra fracaso… “si no consigo esto, para mi es un fracaso”.“No puedo contar que estoy así porque lo sentiría como un fracaso”.“Nunca creí que esto me sucediera a mí, me siento fracasado”… lo cual me lleva a pensar,  ¿cómo se mide el éxito?, ¿cómo mides tu éxito?, ¿cómo te han enseñado a medir el éxito?.

Como soy generosa voy a dar algunas respuestas que me he encontrado al realizar esta pregunta. El éxito es: tener estudios superiores con buenas notas, tener un buen trabajo, una buena casa, comprar objetos de marca… Estar delgado, tener pareja, tener hijos, no separarme, que mis hijos estudien bien.  Llevarme bien con todo el mundo, tener mucha gente que me sigue en las redes sociales, cumplir ciertos cánones de belleza…

Por supuesto que no voy a decir si todo lo anteriormente escrito es o no adecuado como para considerar a alguien exitoso. Pimero porque no me corresponde afirmar o desmentir algo tan personal. Y segundo porque las prioridades de cada uno suelen venir de aprendizajes adquiridos.  Y eso, hay que respetarlo.

Mas bien yo me centraría en si esa concepción de lo que es adecuado hace que te sientas sujeto a normas morales estrictas que te obligan a no ser tú. Por ejemplo, si para mí el éxito es llevarme bien con todo el mundo, quizá no me atreva a decir que no por miedo a la reacción de la otra persona. O tal vez tienda a pensar antes siempre en los demás por temor a que se alejan y quedarme solo.

¿Acaso tienes en cuenta tu salud mental y emocional, lo importante que es hacer lo que te gusta y tener tiempo para ti?

Si la respuesta a esta pregunta es no, decirte que aún estas a tiempo; y si te cuesta y no sabes como, en Cips Psicólogos estaremos encantados de acompañarte y ayudarte.


Felicidad. El secreto para encontrar el sentido de la vida

¿Dónde se encuentra el secreto de la vida feliz?

¿Cómo encontrar la felicidad? Según la OMS, Japón es  el país en el que la gente vive más años.  Pero, ¿Cuál es el secreto de la longevidad del país nipón? En general se ha relacionado con la dieta, si bien parece que los japoneses no sólo son campeones en el arte de vivir más tiempo. También son maestros en tener ganas de vivir.

En Japón se encuentra la isla de Okinawa, una de las zonas azules del planeta. Un lugar donde se concentra la mayor población de centenarios del mundo. Se cree que la causa es por su forma de vivir: estar en comunidad y dedicándose a lo que les gusta hasta que su salud les pida parar. El sentimiento de sentirse útiles y de poder ayudarse los unos a los otros les proporciona la felicidad que los mantiene activos.  Y es que, los japoneses tienen un concepto para definir la satisfacción vital: IKIGAI, que viene a significar “el sentido de la vida”. Su representación gráfica no es piramidal (como la conocida pirámide de Maslow), sino más parecida a los pétalos de una flor. Ikigai se basa en cuatro conceptos principales:

  1. Lo que amas ( tu pasión)
  2. Lo que necesita el mundo (tu misión)
  3. En lo que eres bueno (tu vocación)
  4. Por lo que te puedes pagar ( tu profesión)

Dice la filosofía nipona que la confluencia de estos cuatro elementos básicos, te ayudará a encontrar la verdadera felicidad y contribuirá a que vivas más años. Encontrar tu ikigai implica autoanálisis, implica prueba y error. La reflexión y la acción te van a ayudar a revelar tus valores. tus fortalezas y tus habilidades para que puedas encontrar el significado de tu vida y de tu trabajo.

Y tú, ¿conoces tu ikigai? Responde a estas preguntas:

1.- ¿Cuál es tu pasión?

¿Qué te gusta hacer? Qué es aquello que haces con lo que las horas te pasan volando. Algo que no te cuesta hacer. Es más, algo que te gusta hacer, disfrutas haciéndolo y no puedes esperar para volver a hacerlo.

2.- ¿En qué eres bueno?

Todos tenemos algo en lo que somos buenos aunque nadie nos haya ayuda a pensar en ello. No es soberbia, es autoconocimiento. Si todavía no sabes en qué destacas por encima de los demás, este es el momento para pararte un momento y pensarlo. No tienes que decírselo a nadie. Sé honesto contigo mismo y descubre cuáles son tus puntos fuertes.

3.- ¿Qué necesita el mundo?

Tu ikigai no puede ser algo egoísta, algo que aporte beneficio solo a ti mismo. Tu ikigai se debe basar en algo que te guste. En lo que seas bueno pero que además aporte algo a la comunidad. Así que si tu respuesta a las dos preguntas anteriores no aporta nada bueno al mundo que te rodea, vuelve a pensarlo y a buscar algo que tu entorno necesite.

4.- Aquello por lo que te pueden pagar

El ikigai se completa encontrando aquello que te gusta, en lo que eres bueno, que aporta algo al mundo y por lo que, además, te pueden pagar.

Todos tenemos un ikigai.  Para descubrirlo debemos buscar en nuestro interior pacientemente, sin prisas, conocernos en profundidad y asi sacarlo a la luz.


Medicina para la depresión. No pares de reír

La importancia del humor en los momentos difíciles

El humor y la risa cambian la química de la sangre y protegen contra la depresión. Una de las mejores terapias para eliminar la depresión es el sentido del humor. La risa sirve para enfrentar las penas y también curar enfermedades, al fortalecer el sistema inmune.

PERO… ¿QUÉ HACE REALMENTE LA RISA?

Aumenta las defensas: La risa potencia el sistema inmunológico. Eleva anticuerpos como los linfocitos T y la inmunoglobulina A, que nos ayudan a combatir infecciones.

-Oxigena:  Reírse puede prevenir diferentes enfermedades cardiacas. La sonrisa impacta en el funcionamiento de los vasos sanguíneos, facilitando la fluidez circulatoria de la sangre.

Desestresa y quema calorías: la risa relaja los músculos tensos, reduce el cortisol, baja la tensión arterial y ayuda a quemar calorías al hacer que movilicemos alrededor de 400 músculos.

-Nos hace sentir mejor: Y es que aumenta la dopamina, la hormona relacionada con el bienestar.

-Sube la autoestima: Desdramatiza las situaciones; nos pone en perspectiva y así flexibiliza nuestros puntos de vista. Podemos enfrentar lo que ocurre desde otro ángulo, buscar nuevas soluciones.

-Respiramos mejor: Cuando hacemos ejercicio, respiramos profundo. Lo mismo pasa durante una risa larga. Ayuda a descongestionar las vías respiratorias y mejora la inhalación y la absorción de oxígeno.

Y podríamos seguir buscando virtudes y bondades de la risa.

Si algo tenemos claro de la vida es que consiste en un vaivén de momentos buenos y malos. Ante las situaciones adversas hay quienes resurgen de sus cenizas y se enfrentan a la circunstancia cogiendo el toro por los cuernos, mientras que otras personas se vienen abajo. Seguro que conoces a alguien que se ahoga en un vaso de agua, que hasta un día de lluvia puede mermar su estado de ánimo… Estoy segura también de que conoces a personas que aun pasando uno de los peores momentos de su vida, sonríen. Y es que el ser humano cuenta con un arma poderosa para enfrentarse a situaciones adversas: el humor.

Depende de nosotros utilizar esta arma que poseemos o no.  Reírse es vida, y hacer reír es dar vida. Y es que, párate a pensar: ¿no son los momentos más memorables, aquellos protagonizados por la risa?

La depresión es una de las principales razones por las que una persona decide ir a la consulta con el psicólogo. La terapia puede ayudar a conocer los motivos de este estado y ofrecer las herramientas para que el que lo sufre pueda salir de él. En Cips Psicólogos contamos con un equipo de profesionales especializados en el tratamiento de la depresión. Conócenos en www.cipspsicologos.com

Es el momento de empezar a reír, quizá la situación de pandemia no nos ayuda pero que mejor forma de demostrarnos que la risa es imbatible.


El arte de reparar(se). Sanando el trauma

Aceptando nuestros defectos e imperfecciones

Hay países expertps en el tratamiento del trauma. Existe una práctica milenaria en Japón, que nació  en el siglo XV. Cuenta la leyenda que  Shōgun Ashikaga Yoshimasa (gobernador de Japón entre 1449 y 1473), tenía predilección por un cuenco de cerámica que utilizaba especialmente para su ceremonia del té.  Un día, la vasija se quebró y dado su valor sentimental la envió a China  con la esperanza de que arreglasen la pieza. El cuenco volvió con unas grapas que unían las piezas. Lejos de satisfacer al Shōgun, hizo que mandara buscar otra solución más estética a los artesanos de la época.

Finalmente, la solución que encontraron fue mezclar resina con oro en polvo para rellenar las grietas y huecos. Arreglando la pieza al mismo tiempo que estas cicatrices doradas aportaban ese toque especial que hacía única a cada pieza. Mediante el encaje y la unión de los fragmentos con un barniz espolvoreado de oro, la cerámica recuperó su forma original. Si bien las cicatrices doradas y visibles transformaron su esencia estética. En lugar de disimular las líneas de rotura, las piezas tratadas con este método exhiben las heridas de su pasado, con lo que adquieren una nueva vida. Se vuelven únicas y, por lo tanto, ganan en belleza

De ahí surgió una filosofía que va más allá de simplemente arreglar menaje roto. Podemos trasladar su esencia a nuestra forma de vivir la vida: «Aceptar los defectos o imperfecciones. Respeta y restaura las cosas rotas»

 A lo largo del tiempo conocemos fracasos, desengaños y pérdidas. Con todo, aspiramos a esconder nuestra naturaleza frágil. Esa que nos hace más humanos y auténticos, bajo la máscara de la infalibilidad y éxito. La lección que nos enseña esta milenaria técnica nipona es que la verdadera perfección, tanto estética como interior, puede surgir de la imperfección y las heridas. Algunos estudiosos han llamado a esta técnica «el arte de aceptar el daño». En el que no se debe avergonzar ni ocultar las heridas, sino realzarlas. Sólo cuando somos capaces de reconocer la belleza de nuestras imperfecciones, esa belleza se vuelve única e irrepetible.

 La filosofía kintsugi, nos anima a aceptar nuestras debilidades  para hacernos mejores personas, dotadas de mayor sabiduría y sensibilidad. Entonces, el significado de roto pasa a alcanzar un valor trascendental. El kintsugi considera que sólo al identificar en tu historia personal las heridas emocionales (traumas) mediante un proceso de introspección, podrás sanarlas con dedicación y cuidado. Luego, podrás honrarlas e incluso celebrarlas. La lección del Kintsugi es convertir las heridas  y  el trauma en aprendizajes, exhibiendo la belleza de lo que alguna vez estuvo roto. Ahí reside la fortaleza del ser humano.


El reencuentro

Tras más de 60 días confinados, poco a poco la vida vuelve a retomar su transcurso natural. En este tiempo, nos hemos dado cuenta de la importancia de las pequeñas cosas, y, sobre todo, hemos echado de menos. La mayoría de nosotros hemos estado separados de las personas que más queremos: padres, abuelos, hermanos, primos, nietos, sobrinos, amigos, novios… La tecnología nos ha acercado a todos ellos, hemos podido hacer llamadas, vídeollamadas, enviar mensajes, jugar a juegos con ellos, incluso hacer algún que otro brindis. Sin embargo, nos hemos dado cuenta de que esta tecnología jamás podrá sustituir un abrazo, un beso, unas risas frente a frente… Y ahora, ha llegado el momento de juntarnos con todas esas personas que tanto hemos extrañado durante el duro confinamiento. Ahora disfrutaremos como nunca lo hemos hecho: visitaremos a los abuelos, a los padres, a los amigos… y será mágico. Nos sentiremos plenos, felices, alegres, y brindaremos por haber superado una etapa que, sin duda, nos habrá marcado a todos. Es ahora cuando descubrimos que el secreto de la felicidad reside en estar con los nuestros, en compartir momentos, recordar historias, contar chistes, quererse…

Para no perder esta felicidad recuerda que debemos seguir siendo muy responsables con las medidas higiénicas y de distanciamiento para no contagiarnos, juntos lo conseguiremos.


Yo me quedo en casa

Pasamos la mayor parte de nuestra vida haciendo planes de cara al futuro: una comida familiar el próximo fin de semana, un viaje con las amigas en el puente, una actividad con nuestros hijos después de clase… Pero no siempre sale todo como esperamos, de repente los planes se truncan, y como es nuestro caso: el mundo se para.

Nadie imaginaría que en pleno 2020 estuviéramos viviendo esta situación. El confinamiento en el que nos encontramos es duro e incierto, pero debemos aprovecharlo como una enseñanza. Este confinamiento debe hacer que vivamos el presente, que disfrutemos de las pequeñas cosas, de los detalles del día a día. Ahora es el momento de los juegos de mesa, de confesiones, de recordar hazañas, de tomarte un café o una cerveza con tus amigas por vídeollamada, de contarles a tus hijos historietas y de escucharlos, de ordenar ese cajón para el que nunca tienes tiempo, de leer ese libro que dejaste a medias, de empezar esa serie que te recomendaron, de ver esa película que cuando viste el tráiler dijiste que irías al cine a verla, de escuchar las canciones que están en el top ten, o de escuchar las de tu juventud, es hora de reflexionar, de querer, de pensar y también de actuar, así que por ti y por todos: quédate en casa.


Los ladrones de la energía

El Dalai Lama es el líder espiritual del budismo tibetano. Aunque no practiques el budismo, algunas de sus enseñanzas o mensajes pueden ser útiles para sentirte mejor en tu vida diaria. Hay mantras, parábolas y enseñanzas que el budismo puede darnos a todos, no solo a sus seguidores. Este es el caso de los ladrones de la energía. Dalai Lama identificó 10 ladrones de energía que pueden estar desviando tus ganas hacia donde no quieres que estén. Diez ladrones de energía que, según el Dalai Lama, nos atrapan y nos dejan vacíos. No nos damos cuenta, pero vivimos tan pendientes de lo banal que no atendemos a lo realmente importante.

Todos tenemos una cantidad limitada de energía cada día, y es importante utilizarla para ser mejores personas. Sin embargo, hay factores internos y externos que nos roban esa energía y no nos permiten salir adelante. Según el Dalai Lama, estos factores que atentan contra nuestra energía son 10:

1- Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un bote para echar su basura, procura que no sea en tu mente. El Dalai Lama es bastante claro. No dejes que las personas que te rodean te usen como depositario de sus sentimientos negativos.

2- Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle. Tener las cuentas claras significa tener la certeza de que no le debemos nada a nadie y que nadie nos debe nada a nosotros. Las deudas abrasan nuestra tranquilidad. Por ello es esencial que no tengamos cuentas pendientes por ahí, así no tendremos que escondernos o avergonzarnos por no aliviar un compromiso que nosotros hemos contraído. Quien conoce la sensación de ahogo, comprende que adeudar es uno de los mayores ladrones de energía que existen.

3- Cumple tus promesas. Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a re-negociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde el principio. Decir que no cuando realmente no puedes sostener una promesa no te hace peor, al contrario. La honestidad es importante, aunque la respuesta no sea la que los demás esperan. Pero prometer algo y no cumplirlo es uno de los peores ladrones de energía.

4- Elimina en lo posible y delega aquellas tareas que no prefieres hacer y dedica tu tiempo a hacer las que sí disfrutas.

5- Date permiso para descansar si estás en un momento que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad. Cada cual lleva su ritmo pero es importante saber descansar y coger fuerzas. No hacerlo cuanto más lo necesitamos implica perder nuestras fuerzas y cometer irresponsabilidades que acabarán en arrepentimiento.

6- Tira, levanta y organiza, nada te quita más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas. Que tu lugar esté lleno de cosas que no necesitas y muy desordenado no hace más que quitarte energía. Aprende a eliminar lo que sobra, y a mantener organizado lo que quede en tus ambientes.

7- Da prioridad a tu salud, sin la maquinaria de tu cuerpo trabajando al máximo, no puedes hacer mucho. Tómate algunos descansos. Sirve de poco tener mucho trabajo, mucho dinero y mucho patrimonio si no somos capaces de cuidar lo que nos sostiene: nuestro cuerpo.  Es esencial que dediquemos tiempo a relajarnos, hacer deporte, alimentarnos bien y conocernos.

8- Enfrenta las situaciones tóxicas que estás tolerando, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja o un grupo; toma la acción necesaria. Tender a evitar las circunstancias complicadas en tu vida es natural. Sin embargo, es nocivo para nuestra energía.

9- Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar. Pasa a la acción y lucha hasta el final. Pero cuando las cosas no se pueden cambiar, no sirve de nada seguir resistiendo. Sólo servirá para acabar con nuestra energía vital. Aprende a distinguir las cosas por las que vale la pena luchar, y aquellas que debes dejar ir.

10- Perdona, deja ir una situación que te esté causando dolor, siempre puedes elegir dejar el dolor del recuerdo. No hay fuerza más poderosa que el perdón, ni ladrón de energía más grande que el rencor. Guardar rencor es humano, muy humano. Pero también lo es perdonar. Y errar. Dicen que quien no ama, no perdona. De hecho, precisamente es el amor el culpable del perdón. El amor al otro, a la vida, al mundo y a uno mismo.

 


Miedo, ese enemigo de nuestra mente. Cuando todo empieza por …¿Y si?

¿Quién dijo miedo?

De todas las frases que circulan por internet, “¿qué harías si no tuvieras miedo?” sin duda me impactó desde el principio. Y es que si te paras a pensar un solo instante, probablemente te des cuenta de que el miedo tiene más peso en tu vida del que pensabas.

“No le digo eso por si se enfada, no quiero problemas”( miedo a hacer daño a otra persona), “¿si hago esto y meto la pata?” (a fallar), “ si me echan del trabajo…” ( al futuro), “ y si me vuelve a pasar…” ( a lo que no puedo controlar), “no me atrevo a decirle que le quiero porque quizá no sea correspondido” ( a sufrir), “no como eso por si acaso engordo” ( a no tener una buena apariencia), “  si no les caigo bien…” ( a la soledad), “me asusta que algo negativo pueda suceder” (miedo al miedo).

Lo peor de sentir temor es que me limita. dDjo de hacer cosas dando por hecho que las consecuencias serán demoledoras. Por eso te vuelvo a preguntar, ¿qué harías si no tuvieras miedo?.

Cierra los ojos un momento y piensa.

Para empezar, seguramente sentirte más liberado y tranquilo. El miedo es una emoción que tapa las verdaderas necesidades y deseos que uno tiene. Quizá me de cuenta de que no dejo a mi pareja, no tengo un hijo, no hablo con esa persona, no me atrevo a ponerme esa prenda de vestir, no hago ese viaje, no quiero ir al médico, no tengo iniciativa por MIEDO.

¿Cuánta vida le estás permitiendo al miedo que te robe?.

La decisión es tuya. Y créeme siempre habrá peros y justificaciones. Pero busca mas allá o es fácil que acabes viviendo en una cárcel sin barrotes llamada mente.

Si en tu lenguaje habitual el  “Y si…” es el rey, ahí tienes la respuesta a tus males. El “y si…” es una distorsión cognitiva. Un error que si está presente de forma constante en mi vocabulario no hará más que conseguir que mi ansiedad aumente una y otra vez. Por eso te aconsejo que para deshacerte de él busques pruebas reales de lo que te estás diciendo. Posible en la vida es todo, pero no probable. ¿Es posible que ocurra todo lo que sigue al «y si…»?, por poder… Pero ¿cuánto hay de cierto?, ahí está la clave y también la realidad.


Cuelga tus problemas

Hoy quiero compartir con vosotros un cuento que hace tiempo encontré y ya compartí, pero hoy me he acordado de él y de lo mucho que me ayudó y me sigue ayudando en la actualidad.  Es de esas historias que sin querer te hacen pensar y replantearte el como afrontar el día a día con decisión, viendo el vaso medio lleno y no medio vacío, con una actitud positiva y seguro de uno mismo.

Os propongo un reto, que al menos una vez por semana, sigamos el ejemplo del carpintero del cuento y dejemos aparcados los problemas, aunque solo sea durante una horas, seguro que cuando volvamos a por ellos habrán cambiado, no sé si mucho o poco, y los resolveremos más fácilmente.

Esta historia es de Adriana Sivolella y la ha titulado El árbol de los problemas. 

«El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se daño y lo hizo perder una hora de trabajo y ahora su antiguo camión se niega a arrancar.

Mientras lo llevaba a casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invito a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos. Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas; abrazo a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa.

Posteriormente me acompaño hasta el carro. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunte acerca de lo que lo había visto hacer un rato antes. ‘Oh, ese es mi árbol de problemas’, contesto. Se que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura, los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego en la mañana los recojo otra vez.

Lo divertido es, dijo sonriendo, que cuando salgo en la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.»


El final del verano…

La época más esperada por todos llega a su fin. Pasamos la mayor parte del año pensando en el verano, haciendo planes de cara a él, pensando en nuestras esperadas vacaciones, en ese período del tiempo que nos permite no estar atados a un horario predeterminado. El verano pasa más rápido de lo que nos podemos imaginar: poco a poco el ocaso se adelanta, los grados disminuyen, y las vacaciones se acaban…

Llega la vuelta a la rutina, al trabajo, al colegio, a la universidad, a madrugar, a los horarios, al tráfico de la ciudad etc.  Pero no todo es malo, la rutina nos beneficia en gran medida: muchas veces vivimos las vacaciones como un estrés constante, y la rutina nos devuelve a la realidad, hace que recuperemos nuestros hábitos… El verano supone un paréntesis en nuestra vida, y debe hacer que volvamos a la rutina con más fuerzas y más ganas.