Mi hijo quiere una agenda rosa

Para muchos padres el inicio de curso es algo agotador, encajar horarios de cole y extraescolares, comprar uniformes, zapatos, libros y como no, empezar con las carreras mañaneras para que se levanten y las nocturnas para que se acuesten.

En todo esto, en lo que por supuesto yo también estoy en vuelta, ocurrió una situación con mi hijo mayor (8 años) que paso a compartir.

Ya desde el año pasado, una de las cosas que necesita para el cole es una agenda escolar. En ella va poniendo lo que ha visto en clase y lo que hay para hacer en casa, así se va habituando a estar atento y a tener las cosas en un relativo orden. Hasta ahí todo bien.

En la primera tienda en la que estuvimos, había varias…de trenes, de colores, de camuflaje…. Y al momento me dijo “mamá me gusta esta”; era una agenda fucsia y ponía “Girls Rock”. Aquí viene la parte negativa…me sorprendí a mi misma diciéndole “hijo, ¿no prefieres otra?”, “y si vamos a otra tienda a ver si hay más…” y él “no mamá, me gusta esta”. Lo primero que se me vino a la cabeza fue “se van a reír de él”. Ese miedo es el que hizo que yo le insistiera en que cambiara algo que él quería, y que no suponía bajo su visión ningún problema.

Cuando me di cuenta de todo esto (menos mal que sólo pasaron unos minutos), me reseteé y entendí que la forma de protegerlo era decirle lo que podía pasar para que él así eligiera.

“Cariño, por mi puedes llevarte la agenda que quieras, la que tú elijas me parecerá perfecta, pero si te llevas esta fucsia y que pone girls, quizá algún niño del cole se ría de ti y te diga que eres una niña, como si eso fuese algo negativo, o alguna otra cosa que se fea. A veces las personas reaccionan así ante algo que es menos habitual” después de está conversación su respuesta fue “mamá,si eso pasa no me importa, me sigue gustando la misma agenda”.

Comparto esto porque me sorprendió mi primera reacción…nunca lo hubiera dicho, y es que el miedo a que un hijo sufra puede limitar a los padres muy fácilmente. Por eso antes de evitarles cualquier situación, es mejor hablar con ellos para prepararlos y confiar en que pondrán en practica lo hablado…no podemos estar de forma constante en cada situación que viven.


El verano ya llego…¿qué hago con los niños?

Se acerca  el verano y de nuevo muchos padres y madres nos volvemos a enfrentar al mismo problema de siempre: que hacer con nuestros hijos e hijas en vacaciones. Y se ha hablado y escrito mucho sobre la utopía de la conciliación y es aquí, en el periodo estival, donde más dificultades encontramos para poder mantener nuestra vida laboral y al mismo tiempo cuidar de nuestros hijos.

Se acaba el curso y los niños tienen por delante tres meses sin colegio. Tanto tiempo da para mucho, pero en muchos casos, también supone un gran esfuerzo para los padres, que tendrán que compatibilizar estos meses su horario laboral con la nueva situación de los más pequeños, además de algunas dudas: ¿qué actividad deberían hacer los niños durante el verano? ,¿debemos mantener las rutinas en casa, o les damos más libertad? ¿Podemos olvidarnos de los deberes?, ¿que hacer para que no se aburran?…

La oferta de actividades de verano dirigidas a los niños cada vez es más amplia: talleres, campamentos, estancias deportivas… cualquier actividad de verano dirigida a niños es una gran oportunidad para que los más pequeños hagan nuevos amigos y tengan nuevas experiencias. También existe la opción de los abuelos para aquellos que los tienen cerca, o para los que tienen la suerte de que sus abuelos pasen el verano en un apartamento en la playa, en el camping o simplemente en el pueblo (ayyyyy…que buenos recuerdos).

Desde Cips Psicólogos queremos proponeros algunos consejos a tener en cuenta para conciliar en verano:

  1. Trata de no sentirte culpable: Compatibilizar la vida laboral y familiar es todavía una utopía, no es culpa tuya. Tus hijos pueden disfrutar del verano a pesar de que tu trabajes, sobre todo si estás con ellos cuando llegas a casa.
  2. Organízate con antelación y establece prioridades.  Planifica  según tu horario durante esos meses y no te apures demasiado. Quizás necesitas de alguien que los lleve o recoja durante esos días, pide ayuda si la necesitas. Y si al salir del trabajo te sientes agotado tómate un tiempo para descansar antes de pasar a la acción que los niños te pedirán. Está bien que vean que no tienes superpoderes o una energía inagotable: tu no estás de vacaciones.
  3. Escucha los deseos de tus hijos para escoger una actividad u otra. Siempre es mejor que esté acorde con sus preferencias, de esta manera se implicará y disfrutará mucho más. Pero sé razonable, si la actividad que le gustaría hacer a tu hijo supone un gasto que no puedes asumir, habla con él y razona los motivos. No tienes que ceder a todos sus deseos.
  4. ¿Mantener las rutinas en casa o ser más flexibles en verano? La clave es el equilibrio, de manera que los niños puedan tener una rutina (aunque sea diferente a la que tienen mientras van a la escuela) como las horas de levantarse, comidas, ir a la cama, etc, junto con momentos que tengan más libertad y no estén programados. No podemos ignorar que las características del verano nos obligan a llevar cierto ritmo, distinto al que tenemos en invierno: el excesivo calor en las horas centrales del día, la noche llega más tarde, lo agradable que es pasear con el fresco del atardecer. Está bien que te adaptes.
  5. ¿Deberes en verano? Depende del niño y de los padres: si consideran que ha realizado un buen curso, es lógico que le dejen “descansar” de los contenidos académicos, pero siempre es interesante mantener otros hábitos más relajados como leer un buen libro, o jugar con un libro de matemáticas que estimule su interés y diversión por ejemplo. Está bien desconectar de la escuela y disfrutar de todas las posibilidades distintas que nos ofrece el verano.
  6. En verano también se aprende. Durante las vacaciones, los niños tienen la oportunidad de aprender y ejercitar otro tipo de habilidades: las sociales, juegos espontáneos, actividad física, creatividad… Es importante valorar esto y no solo ver  los contenidos académicos como aprendizajes. Además, el tiempo más libre y relajado que nos ofrece el verano para que los niños pueden explorar y mostrar cuales son sus verdaderos intereses e inquietudes. También podemos aprovechar para transmitir otro tipo de valores igual de importantes en un ambiente más relajado, como los que tienen que ver con el ámbito familiar y personal. Por ejemplo, la colaboración en las tareas domésticas y el mantenimiento del hogar o la planificación de actividades.
  7. Si se aburren un poco, no pasa nada. No es necesario que el tiempo que pasan en casa esté programado, ¡aburrirse está bien! Los niños tienen que aprender a encontrar alternativas cuando están aburridos. Los padres no somos animadores que les tenemos que ofrecer diversión a cada momento.
  8. Cuidado con las pantallas: son el recurso fácil para llenar el tiempo. Es una buena idea limitar su uso en verano, esto significa fijar un período razonable en que la vamos a usar al día (1 hora, 2 horas…) y lo mejor es hacerlo con ellos al principio del verano y ser coherentes con ello.
  9. Padres e hijos podemos realizar muchas actividades juntos después del trabajo, como leer, jugar a juegos de mesa, ver alguna película, disfrazarnos, salir en bicicleta, preparar juntos la cena o incluso solo conversar. Basta con ponernos a su altura, demostrarles que estamos interesados en ellos y acompañarlos.Es recomendable encontrar actividades que fomenten la colaboración y participación de los padres, estimulando la comunicación y la proximidad de todos los miembros de la familia. Incluso descubriendo juntos nuevas actividades y entornos, estimulando la curiosidad innata de los niños. Muchas ciudades ofrecen actividades para hacer con niños en verano (visitar museos, conciertos al aire libre, talleres para familias …etc)

Feliz verano!!


Para ver y hablar con tus hijos

El tema del bulling es algo que, por desgracia, está a la orden del día. Muchas veces pensamos que si mi hijo está siendo agredido o él está agrediendo a alguien me voy a enterar, pero ¿estás completamente seguro de eso?

Tal vez no te lo diga porque no quiera preocuparte, porque no esté acostumbrado a ver que en casa se hablan las cosas importantes, porque piensa que le vas a reñir o quizá ya haya intentado decírtelo (de forma explícita, “mamá/papá no quiero ir al cole”; o implícita, se empieza a comportar de forma diferente, se enfada más, contesta más, habla menos…) y no te has dado cuenta.

Si en casa de vez en cuando al niño se le da un bofetón, nalgada, colleja, zarandeo …cuando no obedece, será normal también que no diga que en el cole le están pegando porque si en la familia se hace, pensará que es lo normal.

A veces es fácil sacar un tema de conversación a raíz de algo que se lee o se ve, por eso voy a compartir con vosotros este corto de pixar sobre el bulling para que lo veáis con vuestros hijos y así les podáis hacer preguntas del tipo ¿qué hace ese niño?, ¿por qué crees que lo hace?, ¿cómo se siente el niño que hace eso?, ¿y los niños a los que les quita las cosas cómo se sentirán?, ¿alguna vez te ha pasado a ti?, ¿alguien te ha dicho o hecho algo que te ha hecho sentirte mal?, ¿le has dicho algo feo a alguien o le has pegado?… y seguro que se os ocurren más (qué tampoco sea un interrogatorio que le resulte pesado).

Algo a destacar del corto es que se ve también como el niño que molesta a los demás , en el momento en el que recibe cariño, cambia de comportamiento. Yo eso es algo que le dejo siempre claro a mis hijos (“cariño piensa que ese niño seguro que hace esas cosas porque a lo mejor tiene algún problema en casa o con algún compañero…”) para que no piensen que si alguien me agrede es porque yo estoy haciendo algo mal o hay algo en mí que hace que los demás tengan derecho a hacerme daño, rotundamente NO.

https://www.youtube.com/watch?v=l-OIl2i6YH8


Los niños ante la separación de sus padres

Cuando existen niños de por medio ante una ruptura de la pareja, es fundamental tener en cuenta que ésto puede afectarles de manera sustancial y que somos los propios padres los que hemos de hacer todo lo posible para manejar de forma adecuada y responsable la situación para no lastimar a nuestros hijos.

Las reacciones emocionales que se dan en los hijos no están predeterminadas. Dependen de un número importante de factores, como la historia del niño y la manera y habilidad que tiene para enfrentarse a la nueva situación. No resulta sencillo determinar unas consideraciones generales. Hay demasiadas variables que pueden determinar la forma con que cada niño expresa su malestar ante la ruptura de sus padres. Podemos señalar, sólo de forma orientativa, algunas de las reacciones que se pueden observar en los niños en función de la edad:

Infancia (de los 2 a los 6 años)

En los más pequeños son habituales conductas regresivas como volverse a hacer pipí en la cama, chuparse el dedo,  querer dormir con los padres, miedos, ansiedad, etc. También rabietas, necesidad de llamar la atención constantemente, ansiedad de separación (al dejarlo en la escuela u otros). Vinculación excesiva normalmente con la madre que se ve desbordada y no entiende lo que pasa. En ocasiones, el niño, pasa de la agresividad o al menosprecio a la búsqueda de un afecto incondicional (abrazos, besos, promesas de que se portará bien, etc.).

-Alteraciones en el patrón de las comidas y el sueño.

-Quejas somáticas: dolor de cabeza, estomago, etc. no justificadas.

-Negarse a ir a casa de uno de los progenitores (normalmente el padre).

-Apatía, introversión, mutismo ante nuevas personas. Dificultades para relacionarse o jugar.

Niños (de los 7 a los 12 años)

En esta franja de edad, los niños ya disponen de mayores recursos verbales lo que en cierto modo les ayuda a exteriorizar sus sentimientos.

Pueden seguir presentes los diferentes síntomas antes expuestos en uno u otro grado. No obstante, hay que añadir, según las características del niño las siguientes:

-Comportamientos y conductas de recriminación a los padres con la esperanza de intentar unirlos de nuevo si siguen sin aceptar la realidad.

-Conductas manipulativas, de menosprecio o rencor a alguna de las figuras paternas paralelamente a la idealización de la otra (asimetría emocional).Esto puede agravarse según las actitudes que tomen los adultos que rodean al niño.

-Sentimientos de culpa, conductas de riesgo, baja autoestima, dificultades en las relaciones con sus iguales, baja tolerancia a la frustración, agresividad.

-Pueden aumentar la hiperactividad e impulsividad.

-Deterioro en el rendimiento escolar. Niños que habitualmente eran buenos estudiantes empiezan a tener dificultades.

Adolescentes

Es una época complicada para los jóvenes y en la que se suelen amplificar los diferentes problemas que se arrastran o producen.

Durante esta etapa, los jóvenes que afrontan la separación de los padres pueden incrementar sus conductas de riesgo (alcohol, sustancias, drogas).

-En niñas parece que puede producirse, en algunos casos, precocidad o promiscuidad en las relaciones sexuales y también conductas de riesgo. Necesidad de vincularse afectivamente a una pareja pero con poca capacidad para mantener una relación estable y equilibrada.

-Dificultades en las relaciones con los iguales. Predominio de la impulsividad y poca capacidad para la resolución de conflictos de forma dialogante.

-Baja autoestima, agresividad, baja tolerancia a la frustración. En los casos más severos puede derivar a un trastorno disocial.

Desde Cips psicólogs queremos aportar algunos consejos para orientar a los padres y madres en el manejo de las situaciones de separación para proteger a sus hijos:

  1. Explícale de manera clara qué está sucediendo. Los niños, sobre todo cuando son pequeños, pueden tener algunas dificultades para comprender qué significa divorciarse. Por eso es importante que le expliques de manera sencilla y concreta qué pasará. Lo ideal es que ambos padres estéis presentes y que os centréis en hacerle comprender los cambios prácticos que conllevará el divorcio.
  2. Dile que sus padres le quieren incondicionalmente. El niño comprende el divorcio a través de la imagen del mundo que se ha formado por lo que a veces es normal que tema que sus padres dejen de amarle. Por eso es importantísimo que le quede claro que el progenitor que se va de casa no le está abandonando y continuará queriéndole.
  3. No dejes que se culpabilice. Aunque nunca le hayas dicho al niño que la culpa del divorcio es suya, a veces los pequeños creen que sus padres se separaron por algo que él hizo. Recuérdale que él/ella no es responsable del divorcio.
  4. Responde a todas sus preguntas con seguridad. Quizás cuando le des la noticia del divorcio el niño necesitará algún tiempo para procesarla pero apenas lo haga comenzará a hacerte preguntas. La clave está en responderlas con seguridad y centrarse siempre en los detalles prácticos. En esos momentos de incertidumbre es fundamental que le transmitas confianza al pequeño, este debe saber que todo está bajo control.
  5. No dejes que sus fantasías de reconciliación se desboquen. Casi todos los niños fantasean con la posibilidad de que sus padres se reconcilien y vuelvan a vivir juntos. En ese caso, no debes alterarte ni gritarle, simplemente le debes explicar que eso no va a suceder porque vosotros ya habéis tomado una decisión.
  6. No le obligues a tomar partido. Algunos padres hablan mal de su ex pareja, a veces lo hacen delante del niño sin darse cuenta pero en otras ocasiones incluso le obligan a ponerse de uno u otro bando, como si se tratase de una guerra. Esta petición es muy injusta  y perjudica al niño, que necesita poder confiar en ambos padres.
  7. Mantén las rutinas. El divorcio de por sí ya implica muchos cambios para el niño por lo que es importante que sigas un horario regular y mantengas todas las rutinas posibles. Eso le ayudará a sentirse tranquilo y confiado porque sentirá que aún tiene cierto grado de control sobre su entorno.

A padres y profesores…

Cuando algo en nuestra vida no va como desearíamos e intentamos solucionarlo, en ocasiones, lo que puede aumentar aún más la dificultad, es continuar haciendo lo mismo. Insistimos e insistimos pero inevitablemente llegamos al mismo punto. Para salir de ese callejón sin salida, tal vez la solución esté en escapar de las premisas autoimpuestas. Si quiero obtener resultados distintos tendré que hacer cosas diferentes.

En el ámbito de la educación es sencillo caer en todo lo dicho anteriormente, pero atreverse a cambiar no es tarea fácil. ¿Qué profesor no desea que sus alumnos vayan motivados al colegio?, ¿qué padre no quiere que su hijo aprenda?, ¿qué alumno no desearía ir al cole con la sensación de “voy a un sitio que me gusta”?, entonces, si todas las respuestas a estas preguntas son obvias, ¿por qué eso no ocurre?.

Claudio Naranjo, en una de sus entrevistas dice que “hoy en día se estudian las competencias que están ligadas al HACER, a lo productivo y hay poco del desarrollo humano. Hoy se educa para pasar exámenes”.

Entendemos que una persona adulta  en un trabajo de ocho horas, termine agotada, estresada y frustrada si en este hay objetivos semanales a cumplir, tiene que entregar cada poco evaluaciones a sus jefes y además llevarse trabajo a casa casi todos los días. Es más, nos parecería lógico que quisiera cambiar de empleo. ¿Por qué es sencillo entender esto en un adulto, y no en un niño y adolescente cuando quizá lo que está viviendo es lo mismo?

Si la educación es lineal y sin cambios, los resultados tampoco variarán. Es más fácil que me apetezca estudiar, aprender, atender si siento que en clase puedo participar y me enseñan a hacerlo y no a aprender por repetición, si siento que cómo niño/adolescente que soy, es decir, como persona, se me escucha y se tiene en cuenta lo que digo y pienso, no se me etiqueta en función de unas notas y si las clases no fuesen tan previsibles seguramente mi curiosidad entraría en juego haciendo que apareciese la motivación para ir al colegio.

En todo esto padres y profesores tenemos una responsabilidad fundamental. Los profesores pueden ser esas personas a las que sus alumnos admiren y consideren un referente. ¿Y si soy yo quien descubre que ese niño al que se le dan mal las matemáticas tiene un talento asombroso para la narrativa? ¿cómo se sentiría ese alumno? Seguramente estaría muy agradecido por el descubrimiento y por sentir que alguien confió en él y vio algo que nadie más tuvo en cuenta. Esa es la razón por la que cada niño merece ser educado de la manera en la que él lo va a aprovechar mejor.

Todos tenemos un talento, algo que comprendemos con facilidad y que nos gusta, algo que nos hace únicos; y la educación es la generadora de ese talento, como explica Jose Antonio Marina, por eso es tan importante que yo aliente a mis alumnos, a mis hijos a encontrarlo, y si descubro algo que me apasiona, el tiempo que dedico tomará una cariz diferente e ir al colegio se convertirá en algo que elija.


Llega el verano…¿Qué tal las notas?

Queda poco menos de una semana para que los niños y niñas se queden de vacaciones. La verdad que no se si celebrarlo y compartir su alegría o llorar amargamente ante la tan cercana y difícil conciliación trabajo-familia de los próximos dos meses y medio. La verdad que reconozco en mis hijas el cansancio de los meses pasados, de los madrugones, de las largas jornadas escolares y aunque ellas aún son pequeñas y no les ha tocado todavia, seguro para muchos las largas tardes de deberes, tareas, actividades y otras obligaciones. Y todo ello me hace reflexionar. Aunque ya peino alguna que otra cana y han pasado muuuuuuchos años de mi salida del colegio, aun tengo memoria y no me resulta complicado retrotraerme a  mi mas tierna infancia y volverme a situar en un mes de junio de mil novecientos ochenta y tantos… Y ¿qué veo?…pues que las cosas no han cambiado tanto. Que han pasado muchos años pero que el sistema sigue funcionando igual. El curso acaba. Y más de 9 meses de trabajo quedan  reflejados en un boletín de notas que resumen si cada alumno ha alcanzado o no los objetivos establecidos para todos. Seguimos utilizando las notas (o las caritas) o las calificaciones como reglas que nos permiten cuantificar los objetivos. La lógica es la misma que hace más de treinta años, comparar al sujeto frente a una escala estandarizada. Y, ¿Qué ocurre? que cada niño acaba el curso y se va a casa con un número que lo define: 10= excelente, 7=aceptable, 5=regular….y lo que viene detrás. Y vemos a mamás orgullosas alardeando de las buenas notas de sus hijos….mientras otras avergonzadas justifican o castigan los bajos resultados. En definitiva, la estructura básica del sistema educativo sigue promoviendo la competencia, el individualismo, la discriminación…

Se me viene a la cabeza cuando pienso en el aprendizaje de los niños un racimo de tomates. Todos salen a la vez, en el mismo momento cronológico, pero no todos maduran al mismo tiempo. Mientras unos lucen un color rojo expléndido y un punto de maduración óptimo, otros aún están verdes e inmaduros. Y es que hoy sabemos que los niños aún teniendo  la misma edad cronológica no aprenden de la misma manera, sino que cada cerebro tiene una forma única de procesar la información y de aprender. Sabemos que las formas, o los estilos de aprendizaje estándar, que fueron pensados desde la creencia de que todos los niños de una misma edad cronológica aprenderían de igual forma, pueden resultar muy dañinos para algunos. Hay niños que sufren mucho en las aulas, y lo hacen en silencio, porque consideran que sus  aptitudes no son normales porque no responden a los estándares que se consideran adecuados al curso en concreto , a la edad, al nivel curricular, etc. Y no considero eso lo peor, sino que mas peligroso me parece que detrás de ese alumno no haya un profesor cualificado capaz de descubrir y potenciar el talento de ese alumno conduciéndole al fracaso escolar y al pozo de la inseguridad, el aislamiento y finalmente el abandono escolar.

Y lo más triste de todo, ¿cuánto recordamos de lo que aprendimos en la enseñanza básica? Pooooco. Seguimos basando el aprendizaje en la repetición. Y eso no motiva. Si no se disfruta del aprendizaje…no hay aprendizaje.

A medida que van creciendo los niños empezamos a educarles cada vez más de cintura para arriba, y luego nos enfocamos en sus cabezas… Reflexionemos


¡¡¡Corres como una niña!!!

¡No llores que pareces una niña!,  ¿cómo te va a gustar el rosa si es un color de niñas?, ¡nenaza!, ¡corres como una niña!…seguro que estas frases te resultan conocidas, y el problema es que estamos tan acostumbrados a escucharlas que ya las hemos interiorizado como si tal cosa.

Yo me pregunto, ¿por qué todo lo que tiene que ver con el ser niña se utiliza como algo despectivo, inferior o negativo?

El otro día fui con mi familia a una pizzería, y el camarero cuando trajo unos bolis infantiles que regalaban con los menús, sin pensarlo o preguntar, dio por hecho que mi hijo quería el de star wars y mi hija el de frozen, a lo que mi pequeña replicó que ella no quería el rosa y prefería el mismo que su hermano. O ¿por qué se ve raro que un niño juegue con un carricoche y un muñeco?, ¿no puede ser que tal vez haga lo mismo que papá cuando lo lleva a él y lo esté imitando?

Comparto este vídeo que encontré porque me hizo pensar mucho…yo también fui niña y nunca me consideré más débil que mis compañeros varones. Aprendamos a educar a nuestros hijos en la igualdad y el respeto; después de los últimos acontecimientos sociales que todos hemos visto en los telediarios creo que es más que necesario.

 


Madre de un héroe, no de una víctima

El otro día una madre cercana a mí, me dio una carta con la intención de poner voz a los que no pueden.  Aseguro que cada palabra que en ella aparece es tan real como dolorosa. Con su permiso la comparto.

Cuando tu hijo de 7 años se despierta llorando sin consuelo una fría noche de enero diciendo que no aguanta más que no quiere volver al Colegio, que su vida es un infierno que le hacen la vida imposible “mi vida es insoportable e injusta” … una nube negra recorre mi mente, mi voz enmudece intentando consolar tan desgarrador despertar, con sudores fríos una mirada llena de lágrimas me pide “no dejes que me hagan más daño, mamá”.

Lo que menos te esperas que pueda pasar en tu casa…  llegó sin más… mil preguntas me atormentan, pero lo que más me dolía es porque no fui capaz de ver que mi hijo no era feliz en su Colegio…

Mi hijo que actualmente tiene 8 años, ha sufrido Acoso escolar durante 1º y 2º de primaria (6 y 7 años respectivamente), tras todo el lastre que llevamos; no sólo hemos tenido que cambiar de Colegio, sino que también nos hemos mudado de ciudad, han sido unos meses muy duros e intensos, ya que él se atrevió a verbalizarlo el sábado 21 de enero de 2017.

Mi mundo se desmoronó.

Fue la noche más larga de mi vida, oír relatos de crueldad que han estado pasando durante meses ¿Por qué no me di cuenta?… he estado llevando a mi hijo a una sala de torturas donde otros alumnos, por el mero gusto de divertirse le hacían daño gratuitamente; y lo que es más grave, la comunidad educativa del centro hacia caso omiso de las situaciones.

Desde el primer momento que lo supimos estuvimos rodeados de muchas espaldas y pocas manos que tendiesen ayuda. El equipo directivo del Colegio ni siquiera nos llamó ni se reunió con nosotros. Desde el lunes 23 de enero de 2017 subía todos los días al Colegio mañana, mediodía y tarde sin apenas ser escuchada por su tutora, que lo único que consiguió en que se ganase más palizas y vejaciones, ya que quedó de chivato en el patio del Colegio. El 3 de marzo en una de las múltiples consultas al pediatra, descubrimos que tenía y aún tiene una mina de lápiz clavada en su muslo derecho por que los niños se dedicaron a jugar utilizándole a él como diana. El pediatra llamo al Colegio para pedir explicaciones… el niño tenía terrores nocturnos, (aún tenemos episodios) apenas dormía, no quería salir de casa por si se los encontraba, había dejado de comer por sus burlas…. El director del Centro afirmó no tener conocimiento de la situación (aún habiendo notas manuscritas y mails a la tutora), dijo que activaría Protocolo…. Hasta hoy no se nada más de él.

Como madre, oír de la boca de tu pequeño que tal y como le tratan en el Colegio no desea vivir, que prefiere suicidarse que volver a ese sitio; ver y oír la pasividad de los miembros de la Comunidad educativa hacía  lo sucedido, diciendo que eran “chiquilladas”, tener que acudir a urgencias porque a esos “chiquillos” se les ocurrió hacer una competición a ver quién hacia sangrar antes a mi hijo clavándole lápices por los muslos, salir ensangrentado del Colegio, que le tiren por la escalera y la tutora afirmar que en ese momento no estaba mirando por lo que ni vio ni escucho nada, aunque estaba a su lado…es indescriptible.

 Lo que tuvo que sufrir mi pequeño…., nosotros somos afortunados, hemos abandonado el infierno con gran sacrificio, mi marido, viene y va todos los fines de semana para estar con nosotros, yo estoy de excedencia en mi trabajo, con la total certeza que no volveré jamás; porque nuestro hijo es nuestra prioridad, lo que implica un sueldo menos, una casa más abierta… pero eso es lo de menos.

Ver como él se va recuperando y ganando confianza en sí mismo, eso es lo único que quiero.

Hemos retornado a nuestra ciudad de origen Oviedo. Va  tranquilo al nuevo Colegio, han dejado de ser tan frecuentes las migrañas, que empezó a tener cuando la situación se hizo insostenible.

Me gustaría que algún día, se hablase de ello, ya que hay mucho silencio al respecto y muchos niños estarán asustados y no sabrán como contarlo, no todos los moratones se los hacen jugando en el patio, no todos los niños bajan su rendimiento escolar…. Simplemente tienen miedo de contarlo.

Muchísimas gracias de antemano por leerme.

Un abrazo.

María Manso Rodríguez

Madre de un héroe, no de una víctima.

 

 


Agáchate para hablar con tus hijos

En un curso que hice no hace mucho sobre la importancia del lenguaje no verbal (la entonación que utilizamos al hablar, el volumen, los gestos que empleamos), uno de los ejercicios que tuvimos que realizar hizo que viviera en mis propias carnes la incomodidad que en muchos momentos sufrían y sufren mis hijos cuando cualquier adulto habla con ellos.

Por parejas teníamos que mantener una conversación, pero de una manera poco habitual. Mi compañera estaba de pie subida en una silla mientras yo permanecía sentada en el suelo. Teníamos que  mirarnos a los ojos al hablar y por supuesto no reírnos (he de reconocer que esto último nos costó un pelín).

Me sentí incomoda casi desde el principio. Me dolía el cuello y me cansaba estar todo el rato mirando para arriba, sólo me apetecía que aquella conversación finalizara. Me costaba estar atenta y necesitaba cambiar de postura. Al acabar el ejercicio pensé ¡¡¡mis hijos!!!, esto es lo que ellos viven constantemente, con lo cual no me extraña que se cansen al escuchar y que dejen de mirar a la persona que les habla. De verdad, si te parezco exagerada haz el experimento en casa. Dile a alguien que se suba a una silla, tú siéntate en el suelo e intentando mantener la mirada hablar por ejemplo de cómo han ido las navidades.

Normalmente ya me ponía a su altura al hablar, pero ahora lo hago mucho más. Cuando me agacho, mi hija me suele coger del cuello, se sienta en mis rodillas y aprovechando nos damos unos besines…todo esto me lo perdería si yo estuviera de pie. Con lo cual se genera una cercanía física que ayuda a que la comunicación sea diferente, más cercana.

Además si estamos a la misma altura es más fácil para ellos prestarme atención ya que estoy en su campo visual. Así que si tienes hijos pequeños te animo a que te agaches, seguro que tus peques te lo agradecerán.