Para ver y hablar con tus hijos

El tema del bulling es algo que, por desgracia, está a la orden del día. Muchas veces pensamos que si mi hijo está siendo agredido o él está agrediendo a alguien me voy a enterar, pero ¿estás completamente seguro de eso?

Tal vez no te lo diga porque no quiera preocuparte, porque no esté acostumbrado a ver que en casa se hablan las cosas importantes, porque piensa que le vas a reñir o quizá ya haya intentado decírtelo (de forma explícita, “mamá/papá no quiero ir al cole”; o implícita, se empieza a comportar de forma diferente, se enfada más, contesta más, habla menos…) y no te has dado cuenta.

Si en casa de vez en cuando al niño se le da un bofetón, nalgada, colleja, zarandeo …cuando no obedece, será normal también que no diga que en el cole le están pegando porque si en la familia se hace, pensará que es lo normal.

A veces es fácil sacar un tema de conversación a raíz de algo que se lee o se ve, por eso voy a compartir con vosotros este corto de pixar sobre el bulling para que lo veáis con vuestros hijos y así les podáis hacer preguntas del tipo ¿qué hace ese niño?, ¿por qué crees que lo hace?, ¿cómo se siente el niño que hace eso?, ¿y los niños a los que les quita las cosas cómo se sentirán?, ¿alguna vez te ha pasado a ti?, ¿alguien te ha dicho o hecho algo que te ha hecho sentirte mal?, ¿le has dicho algo feo a alguien o le has pegado?… y seguro que se os ocurren más (qué tampoco sea un interrogatorio que le resulte pesado).

Algo a destacar del corto es que se ve también como el niño que molesta a los demás , en el momento en el que recibe cariño, cambia de comportamiento. Yo eso es algo que le dejo siempre claro a mis hijos (“cariño piensa que ese niño seguro que hace esas cosas porque a lo mejor tiene algún problema en casa o con algún compañero…”) para que no piensen que si alguien me agrede es porque yo estoy haciendo algo mal o hay algo en mí que hace que los demás tengan derecho a hacerme daño, rotundamente NO.

https://www.youtube.com/watch?v=l-OIl2i6YH8


Los niños ante la separación de sus padres

Cuando existen niños de por medio ante una ruptura de la pareja, es fundamental tener en cuenta que ésto puede afectarles de manera sustancial y que somos los propios padres los que hemos de hacer todo lo posible para manejar de forma adecuada y responsable la situación para no lastimar a nuestros hijos.

Las reacciones emocionales que se dan en los hijos no están predeterminadas. Dependen de un número importante de factores, como la historia del niño y la manera y habilidad que tiene para enfrentarse a la nueva situación. No resulta sencillo determinar unas consideraciones generales. Hay demasiadas variables que pueden determinar la forma con que cada niño expresa su malestar ante la ruptura de sus padres. Podemos señalar, sólo de forma orientativa, algunas de las reacciones que se pueden observar en los niños en función de la edad:

Infancia (de los 2 a los 6 años)

En los más pequeños son habituales conductas regresivas como volverse a hacer pipí en la cama, chuparse el dedo,  querer dormir con los padres, miedos, ansiedad, etc. También rabietas, necesidad de llamar la atención constantemente, ansiedad de separación (al dejarlo en la escuela u otros). Vinculación excesiva normalmente con la madre que se ve desbordada y no entiende lo que pasa. En ocasiones, el niño, pasa de la agresividad o al menosprecio a la búsqueda de un afecto incondicional (abrazos, besos, promesas de que se portará bien, etc.).

-Alteraciones en el patrón de las comidas y el sueño.

-Quejas somáticas: dolor de cabeza, estomago, etc. no justificadas.

-Negarse a ir a casa de uno de los progenitores (normalmente el padre).

-Apatía, introversión, mutismo ante nuevas personas. Dificultades para relacionarse o jugar.

Niños (de los 7 a los 12 años)

En esta franja de edad, los niños ya disponen de mayores recursos verbales lo que en cierto modo les ayuda a exteriorizar sus sentimientos.

Pueden seguir presentes los diferentes síntomas antes expuestos en uno u otro grado. No obstante, hay que añadir, según las características del niño las siguientes:

-Comportamientos y conductas de recriminación a los padres con la esperanza de intentar unirlos de nuevo si siguen sin aceptar la realidad.

-Conductas manipulativas, de menosprecio o rencor a alguna de las figuras paternas paralelamente a la idealización de la otra (asimetría emocional).Esto puede agravarse según las actitudes que tomen los adultos que rodean al niño.

-Sentimientos de culpa, conductas de riesgo, baja autoestima, dificultades en las relaciones con sus iguales, baja tolerancia a la frustración, agresividad.

-Pueden aumentar la hiperactividad e impulsividad.

-Deterioro en el rendimiento escolar. Niños que habitualmente eran buenos estudiantes empiezan a tener dificultades.

Adolescentes

Es una época complicada para los jóvenes y en la que se suelen amplificar los diferentes problemas que se arrastran o producen.

Durante esta etapa, los jóvenes que afrontan la separación de los padres pueden incrementar sus conductas de riesgo (alcohol, sustancias, drogas).

-En niñas parece que puede producirse, en algunos casos, precocidad o promiscuidad en las relaciones sexuales y también conductas de riesgo. Necesidad de vincularse afectivamente a una pareja pero con poca capacidad para mantener una relación estable y equilibrada.

-Dificultades en las relaciones con los iguales. Predominio de la impulsividad y poca capacidad para la resolución de conflictos de forma dialogante.

-Baja autoestima, agresividad, baja tolerancia a la frustración. En los casos más severos puede derivar a un trastorno disocial.

Desde Cips psicólogs queremos aportar algunos consejos para orientar a los padres y madres en el manejo de las situaciones de separación para proteger a sus hijos:

  1. Explícale de manera clara qué está sucediendo. Los niños, sobre todo cuando son pequeños, pueden tener algunas dificultades para comprender qué significa divorciarse. Por eso es importante que le expliques de manera sencilla y concreta qué pasará. Lo ideal es que ambos padres estéis presentes y que os centréis en hacerle comprender los cambios prácticos que conllevará el divorcio.
  2. Dile que sus padres le quieren incondicionalmente. El niño comprende el divorcio a través de la imagen del mundo que se ha formado por lo que a veces es normal que tema que sus padres dejen de amarle. Por eso es importantísimo que le quede claro que el progenitor que se va de casa no le está abandonando y continuará queriéndole.
  3. No dejes que se culpabilice. Aunque nunca le hayas dicho al niño que la culpa del divorcio es suya, a veces los pequeños creen que sus padres se separaron por algo que él hizo. Recuérdale que él/ella no es responsable del divorcio.
  4. Responde a todas sus preguntas con seguridad. Quizás cuando le des la noticia del divorcio el niño necesitará algún tiempo para procesarla pero apenas lo haga comenzará a hacerte preguntas. La clave está en responderlas con seguridad y centrarse siempre en los detalles prácticos. En esos momentos de incertidumbre es fundamental que le transmitas confianza al pequeño, este debe saber que todo está bajo control.
  5. No dejes que sus fantasías de reconciliación se desboquen. Casi todos los niños fantasean con la posibilidad de que sus padres se reconcilien y vuelvan a vivir juntos. En ese caso, no debes alterarte ni gritarle, simplemente le debes explicar que eso no va a suceder porque vosotros ya habéis tomado una decisión.
  6. No le obligues a tomar partido. Algunos padres hablan mal de su ex pareja, a veces lo hacen delante del niño sin darse cuenta pero en otras ocasiones incluso le obligan a ponerse de uno u otro bando, como si se tratase de una guerra. Esta petición es muy injusta  y perjudica al niño, que necesita poder confiar en ambos padres.
  7. Mantén las rutinas. El divorcio de por sí ya implica muchos cambios para el niño por lo que es importante que sigas un horario regular y mantengas todas las rutinas posibles. Eso le ayudará a sentirse tranquilo y confiado porque sentirá que aún tiene cierto grado de control sobre su entorno.

A padres y profesores…

Cuando algo en nuestra vida no va como desearíamos e intentamos solucionarlo, en ocasiones, lo que puede aumentar aún más la dificultad, es continuar haciendo lo mismo. Insistimos e insistimos pero inevitablemente llegamos al mismo punto. Para salir de ese callejón sin salida, tal vez la solución esté en escapar de las premisas autoimpuestas. Si quiero obtener resultados distintos tendré que hacer cosas diferentes.

En el ámbito de la educación es sencillo caer en todo lo dicho anteriormente, pero atreverse a cambiar no es tarea fácil. ¿Qué profesor no desea que sus alumnos vayan motivados al colegio?, ¿qué padre no quiere que su hijo aprenda?, ¿qué alumno no desearía ir al cole con la sensación de “voy a un sitio que me gusta”?, entonces, si todas las respuestas a estas preguntas son obvias, ¿por qué eso no ocurre?.

Claudio Naranjo, en una de sus entrevistas dice que “hoy en día se estudian las competencias que están ligadas al HACER, a lo productivo y hay poco del desarrollo humano. Hoy se educa para pasar exámenes”.

Entendemos que una persona adulta  en un trabajo de ocho horas, termine agotada, estresada y frustrada si en este hay objetivos semanales a cumplir, tiene que entregar cada poco evaluaciones a sus jefes y además llevarse trabajo a casa casi todos los días. Es más, nos parecería lógico que quisiera cambiar de empleo. ¿Por qué es sencillo entender esto en un adulto, y no en un niño y adolescente cuando quizá lo que está viviendo es lo mismo?

Si la educación es lineal y sin cambios, los resultados tampoco variarán. Es más fácil que me apetezca estudiar, aprender, atender si siento que en clase puedo participar y me enseñan a hacerlo y no a aprender por repetición, si siento que cómo niño/adolescente que soy, es decir, como persona, se me escucha y se tiene en cuenta lo que digo y pienso, no se me etiqueta en función de unas notas y si las clases no fuesen tan previsibles seguramente mi curiosidad entraría en juego haciendo que apareciese la motivación para ir al colegio.

En todo esto padres y profesores tenemos una responsabilidad fundamental. Los profesores pueden ser esas personas a las que sus alumnos admiren y consideren un referente. ¿Y si soy yo quien descubre que ese niño al que se le dan mal las matemáticas tiene un talento asombroso para la narrativa? ¿cómo se sentiría ese alumno? Seguramente estaría muy agradecido por el descubrimiento y por sentir que alguien confió en él y vio algo que nadie más tuvo en cuenta. Esa es la razón por la que cada niño merece ser educado de la manera en la que él lo va a aprovechar mejor.

Todos tenemos un talento, algo que comprendemos con facilidad y que nos gusta, algo que nos hace únicos; y la educación es la generadora de ese talento, como explica Jose Antonio Marina, por eso es tan importante que yo aliente a mis alumnos, a mis hijos a encontrarlo, y si descubro algo que me apasiona, el tiempo que dedico tomará una cariz diferente e ir al colegio se convertirá en algo que elija.


Llega el verano…¿Qué tal las notas?

Queda poco menos de una semana para que los niños y niñas se queden de vacaciones. La verdad que no se si celebrarlo y compartir su alegría o llorar amargamente ante la tan cercana y difícil conciliación trabajo-familia de los próximos dos meses y medio. La verdad que reconozco en mis hijas el cansancio de los meses pasados, de los madrugones, de las largas jornadas escolares y aunque ellas aún son pequeñas y no les ha tocado todavia, seguro para muchos las largas tardes de deberes, tareas, actividades y otras obligaciones. Y todo ello me hace reflexionar. Aunque ya peino alguna que otra cana y han pasado muuuuuuchos años de mi salida del colegio, aun tengo memoria y no me resulta complicado retrotraerme a  mi mas tierna infancia y volverme a situar en un mes de junio de mil novecientos ochenta y tantos… Y ¿qué veo?…pues que las cosas no han cambiado tanto. Que han pasado muchos años pero que el sistema sigue funcionando igual. El curso acaba. Y más de 9 meses de trabajo quedan  reflejados en un boletín de notas que resumen si cada alumno ha alcanzado o no los objetivos establecidos para todos. Seguimos utilizando las notas (o las caritas) o las calificaciones como reglas que nos permiten cuantificar los objetivos. La lógica es la misma que hace más de treinta años, comparar al sujeto frente a una escala estandarizada. Y, ¿Qué ocurre? que cada niño acaba el curso y se va a casa con un número que lo define: 10= excelente, 7=aceptable, 5=regular….y lo que viene detrás. Y vemos a mamás orgullosas alardeando de las buenas notas de sus hijos….mientras otras avergonzadas justifican o castigan los bajos resultados. En definitiva, la estructura básica del sistema educativo sigue promoviendo la competencia, el individualismo, la discriminación…

Se me viene a la cabeza cuando pienso en el aprendizaje de los niños un racimo de tomates. Todos salen a la vez, en el mismo momento cronológico, pero no todos maduran al mismo tiempo. Mientras unos lucen un color rojo expléndido y un punto de maduración óptimo, otros aún están verdes e inmaduros. Y es que hoy sabemos que los niños aún teniendo  la misma edad cronológica no aprenden de la misma manera, sino que cada cerebro tiene una forma única de procesar la información y de aprender. Sabemos que las formas, o los estilos de aprendizaje estándar, que fueron pensados desde la creencia de que todos los niños de una misma edad cronológica aprenderían de igual forma, pueden resultar muy dañinos para algunos. Hay niños que sufren mucho en las aulas, y lo hacen en silencio, porque consideran que sus  aptitudes no son normales porque no responden a los estándares que se consideran adecuados al curso en concreto , a la edad, al nivel curricular, etc. Y no considero eso lo peor, sino que mas peligroso me parece que detrás de ese alumno no haya un profesor cualificado capaz de descubrir y potenciar el talento de ese alumno conduciéndole al fracaso escolar y al pozo de la inseguridad, el aislamiento y finalmente el abandono escolar.

Y lo más triste de todo, ¿cuánto recordamos de lo que aprendimos en la enseñanza básica? Pooooco. Seguimos basando el aprendizaje en la repetición. Y eso no motiva. Si no se disfruta del aprendizaje…no hay aprendizaje.

A medida que van creciendo los niños empezamos a educarles cada vez más de cintura para arriba, y luego nos enfocamos en sus cabezas… Reflexionemos


¡¡¡Corres como una niña!!!

¡No llores que pareces una niña!,  ¿cómo te va a gustar el rosa si es un color de niñas?, ¡nenaza!, ¡corres como una niña!…seguro que estas frases te resultan conocidas, y el problema es que estamos tan acostumbrados a escucharlas que ya las hemos interiorizado como si tal cosa.

Yo me pregunto, ¿por qué todo lo que tiene que ver con el ser niña se utiliza como algo despectivo, inferior o negativo?

El otro día fui con mi familia a una pizzería, y el camarero cuando trajo unos bolis infantiles que regalaban con los menús, sin pensarlo o preguntar, dio por hecho que mi hijo quería el de star wars y mi hija el de frozen, a lo que mi pequeña replicó que ella no quería el rosa y prefería el mismo que su hermano. O ¿por qué se ve raro que un niño juegue con un carricoche y un muñeco?, ¿no puede ser que tal vez haga lo mismo que papá cuando lo lleva a él y lo esté imitando?

Comparto este vídeo que encontré porque me hizo pensar mucho…yo también fui niña y nunca me consideré más débil que mis compañeros varones. Aprendamos a educar a nuestros hijos en la igualdad y el respeto; después de los últimos acontecimientos sociales que todos hemos visto en los telediarios creo que es más que necesario.

 


Madre de un héroe, no de una víctima

El otro día una madre cercana a mí, me dio una carta con la intención de poner voz a los que no pueden.  Aseguro que cada palabra que en ella aparece es tan real como dolorosa. Con su permiso la comparto.

Cuando tu hijo de 7 años se despierta llorando sin consuelo una fría noche de enero diciendo que no aguanta más que no quiere volver al Colegio, que su vida es un infierno que le hacen la vida imposible “mi vida es insoportable e injusta” … una nube negra recorre mi mente, mi voz enmudece intentando consolar tan desgarrador despertar, con sudores fríos una mirada llena de lágrimas me pide “no dejes que me hagan más daño, mamá”.

Lo que menos te esperas que pueda pasar en tu casa…  llegó sin más… mil preguntas me atormentan, pero lo que más me dolía es porque no fui capaz de ver que mi hijo no era feliz en su Colegio…

Mi hijo que actualmente tiene 8 años, ha sufrido Acoso escolar durante 1º y 2º de primaria (6 y 7 años respectivamente), tras todo el lastre que llevamos; no sólo hemos tenido que cambiar de Colegio, sino que también nos hemos mudado de ciudad, han sido unos meses muy duros e intensos, ya que él se atrevió a verbalizarlo el sábado 21 de enero de 2017.

Mi mundo se desmoronó.

Fue la noche más larga de mi vida, oír relatos de crueldad que han estado pasando durante meses ¿Por qué no me di cuenta?… he estado llevando a mi hijo a una sala de torturas donde otros alumnos, por el mero gusto de divertirse le hacían daño gratuitamente; y lo que es más grave, la comunidad educativa del centro hacia caso omiso de las situaciones.

Desde el primer momento que lo supimos estuvimos rodeados de muchas espaldas y pocas manos que tendiesen ayuda. El equipo directivo del Colegio ni siquiera nos llamó ni se reunió con nosotros. Desde el lunes 23 de enero de 2017 subía todos los días al Colegio mañana, mediodía y tarde sin apenas ser escuchada por su tutora, que lo único que consiguió en que se ganase más palizas y vejaciones, ya que quedó de chivato en el patio del Colegio. El 3 de marzo en una de las múltiples consultas al pediatra, descubrimos que tenía y aún tiene una mina de lápiz clavada en su muslo derecho por que los niños se dedicaron a jugar utilizándole a él como diana. El pediatra llamo al Colegio para pedir explicaciones… el niño tenía terrores nocturnos, (aún tenemos episodios) apenas dormía, no quería salir de casa por si se los encontraba, había dejado de comer por sus burlas…. El director del Centro afirmó no tener conocimiento de la situación (aún habiendo notas manuscritas y mails a la tutora), dijo que activaría Protocolo…. Hasta hoy no se nada más de él.

Como madre, oír de la boca de tu pequeño que tal y como le tratan en el Colegio no desea vivir, que prefiere suicidarse que volver a ese sitio; ver y oír la pasividad de los miembros de la Comunidad educativa hacía  lo sucedido, diciendo que eran “chiquilladas”, tener que acudir a urgencias porque a esos “chiquillos” se les ocurrió hacer una competición a ver quién hacia sangrar antes a mi hijo clavándole lápices por los muslos, salir ensangrentado del Colegio, que le tiren por la escalera y la tutora afirmar que en ese momento no estaba mirando por lo que ni vio ni escucho nada, aunque estaba a su lado…es indescriptible.

 Lo que tuvo que sufrir mi pequeño…., nosotros somos afortunados, hemos abandonado el infierno con gran sacrificio, mi marido, viene y va todos los fines de semana para estar con nosotros, yo estoy de excedencia en mi trabajo, con la total certeza que no volveré jamás; porque nuestro hijo es nuestra prioridad, lo que implica un sueldo menos, una casa más abierta… pero eso es lo de menos.

Ver como él se va recuperando y ganando confianza en sí mismo, eso es lo único que quiero.

Hemos retornado a nuestra ciudad de origen Oviedo. Va  tranquilo al nuevo Colegio, han dejado de ser tan frecuentes las migrañas, que empezó a tener cuando la situación se hizo insostenible.

Me gustaría que algún día, se hablase de ello, ya que hay mucho silencio al respecto y muchos niños estarán asustados y no sabrán como contarlo, no todos los moratones se los hacen jugando en el patio, no todos los niños bajan su rendimiento escolar…. Simplemente tienen miedo de contarlo.

Muchísimas gracias de antemano por leerme.

Un abrazo.

María Manso Rodríguez

Madre de un héroe, no de una víctima.

 

 


Agáchate para hablar con tus hijos

En un curso que hice no hace mucho sobre la importancia del lenguaje no verbal (la entonación que utilizamos al hablar, el volumen, los gestos que empleamos), uno de los ejercicios que tuvimos que realizar hizo que viviera en mis propias carnes la incomodidad que en muchos momentos sufrían y sufren mis hijos cuando cualquier adulto habla con ellos.

Por parejas teníamos que mantener una conversación, pero de una manera poco habitual. Mi compañera estaba de pie subida en una silla mientras yo permanecía sentada en el suelo. Teníamos que  mirarnos a los ojos al hablar y por supuesto no reírnos (he de reconocer que esto último nos costó un pelín).

Me sentí incomoda casi desde el principio. Me dolía el cuello y me cansaba estar todo el rato mirando para arriba, sólo me apetecía que aquella conversación finalizara. Me costaba estar atenta y necesitaba cambiar de postura. Al acabar el ejercicio pensé ¡¡¡mis hijos!!!, esto es lo que ellos viven constantemente, con lo cual no me extraña que se cansen al escuchar y que dejen de mirar a la persona que les habla. De verdad, si te parezco exagerada haz el experimento en casa. Dile a alguien que se suba a una silla, tú siéntate en el suelo e intentando mantener la mirada hablar por ejemplo de cómo han ido las navidades.

Normalmente ya me ponía a su altura al hablar, pero ahora lo hago mucho más. Cuando me agacho, mi hija me suele coger del cuello, se sienta en mis rodillas y aprovechando nos damos unos besines…todo esto me lo perdería si yo estuviera de pie. Con lo cual se genera una cercanía física que ayuda a que la comunicación sea diferente, más cercana.

Además si estamos a la misma altura es más fácil para ellos prestarme atención ya que estoy en su campo visual. Así que si tienes hijos pequeños te animo a que te agaches, seguro que tus peques te lo agradecerán.


Hasta el próximo año majestades….os esperaremos con la misma ilusión….

Cuando tenemos niños, la Navidad cobra un significado especial, incluso los adultos disfrutamos como niños, viviendo a través de nuestros hijos la ilusión con la que viven la llegada de los Reyes Magos…escribir la carta, los nervios de la cabalgata, los preparativos para la llegada, (en cada casa unos u otros: agua para los camellos, un vasito de leche para que cojan fuerzas y la zapatilla debajo del árbol para que Sus Majestades dejen los regalos a cada miembro de la familia …),la cara de sorpresa al ver los regalos…Y nosotros capaces de todo, capaces de hacer largas colas o recorrer miles de tiendas y gastarnos un dineral en ese juguete que nuestro hijo desea….
Y es que los niños tienen limitado el tiempo para fantasear, para creer en personajes mágicos….después el pensamiento racional gana peso y la realidad se impone a la ficción, y los padres conscientes de ello, tratamos de estirar al máximo estos años, siendo conscientes de que tarde o temprano llegará la temida pregunta….¿mamá, papá …vosotros sois los reyes magos?.
Es posible que aún todos recordemos el día en el que alguien nos desveló este secreto, un secreto que va pasando de generación en generación con el objetivo único de crear y mantener la magia y la ilusión. Todos recordamos la gran decepción cuando nuestros padres reconocían que ellos eran los Reyes Magos…..
Unos niños preguntan antes, otros más tarde, los más precoces dejan de creer a los 7 años, una vez que pasa la fase de pensamiento mágico…los más tardíos pueden llegar a creer hasta los 11 u 12 años. Factores como el grado de madurez, la influencia del grupo de iguales, el cuidado de los padres al esconder los regalos…hace que sea antes o después.
Y, ¿qué hacer cuando nos preguntan?…
No es aconsejable desvelar a los niños este secreto mientras se encuentran en una etapa evolutiva temprana y no pueden entender todo lo que rodea a «este misterio». Más allá de los regalos, los Reyes Magos representan una tradición cultural o religiosa llena de emociones, magia e ilusiones.
Si los niños son más maduros, podemos la oportunidad para charlar un rato con él. Es aconsejable que antes de precipitaros a responder intentéis averiguar qué es lo que ya sabe preguntándole “¿tú qué crees?”, y tanto si os dice que sí o que no, seguid con un: “¿Y por qué?”. Puede que vuestro hijo aún no esté preparado para descubrir la realidad por lo que estaríais cometiendo un error si, apelando a la honestidad, les contarais toda la verdad, pero por el contrario, si él ya tiene una edad suficiente y en su clase todos sus compañeros no paran de repetirle lo mismo quizás necesite que sus padres se lo confirmen.
La respuesta de los niños al conocer el secreto puede ser muy diferente, algunos reaccionan con enfado, otros con tristeza, indignación, desilusión, y otros se emocionan sabiendo que ahora ellos pueden participar en el juego preparando los regalos para sus hermanos pequeños e incluso alguno demuestra una gran sorpresa al descubrir que sus padres han sido capaces de darles tantos regalos durante tantos años.
No debemos temer el momento, si vuestros hijos acuden a vosotros es porque sienten confianza.
Para atenuar el impacto, desde Cips Psicologos os recomendamos una historia para contar a los niños en ese momento en el que descubren la realidad de los Reyes Magos…

Los Reyes Magos existen


Todos los niños son especiales

Hoy me gustará compartir con vosotros un cortometraje de poco más de 5 minutos, basado en el cuento de Isabelle Carrier. Es un emotivo relato en el que la autora plasma el  día a día de un niño con necesidades educativas especiales….sus dificultades, sus cualidades y los obstáculos que tiene que afrontar ….y la importancia del apoyo, el cariño y la dedicación que necesitan estos niños para llevar una vida autónoma y feliz.

Me gustaría rendir un homenaje a todos aquellos maestros y maestras de educación especial, que dedican su día a día a enseñar a tantos niños y niñas que una discapacidad no debería impedirnos vivir y que se esfuerzan por enseñarles a convivir con sus limitaciones y a exprimir al máximo sus capacidades.

https://www.google.es/url?sa=t&source=web&rct=j&url=https://www.youtube.com/watch%3Fv%3DxQ_rbKMOzag&ved=0ahUKEwirzebx2v_XAhVD6xQKHbNYDGwQyCkIHjAA&usg=AOvVaw0GY5WMcjU4bwsvEcBVRQvX